10 de marzo de 2012

Un ecologista en Bullas

Inspirado por aquello de que quizás parte de lo más importante en la relación con los demás es amar el lugar donde uno vive, el alcanzable con la vista y aunque el anhelo te lleve a querer ver todo el planeta de un tirón, bajo a lo más sensible para intentar mantener esa relación sincera con el entorno y sus devenires, las gentes y sus ilusiones, los recursos locales y sus servicios vitales, en una población con algo más de 12 mil almas y de nombre Bullas, en el sureste murciano.


Amar el lugar donde un vive, donde te toca vivir la mayor parte del tiempo en el ahora, aunque suene romanticón es quizás una prueba de fe en el aprecio al resto de lugares, tan cercanos ya, donde habitan el resto de los miembros de la familia humana. Amar el lugar y sus contenidos, puede parecer idealista pero igual sirve como poco para encontrar la identidad y otorgarle personalmente lo mejor que uno pueda dar para el bien compartido, el bien común. el bien que importa.

Porque no atreverse a imaginar que allá donde uno se identifica, se busca la vida, la comparte, se desarrolla entre miedos y euforias, allá donde mirando como al horizonte a la vida se la ve pasar, o bricar, o volar... y allá donde cada cual la acompaña con toda la intensidad que precise y pueda, porque no enamorarse de la imperfecta obra humana legada que te rodea con todas sus taras remendables, o del agua que te llega mágica y limpia, para sobrevivir, o del sol que manda energía a raudales para que se enamoren tensamente de él las plantas alimentarias y las que les acompañan o incluso las tecnologías humanas. Porque no imaginar que acortado las distancias a lo que se alcanza placidamente en pocos minutos a golpe de pedal, es suficiente espacio para descubrir maravillas, para no perdelas, para recuperar las que fueron y para despejar a las que llegarán.

Si uno coge y define a la ecologia como una historia de amor entre lo humano y su entorno, ser ecologista en Bullas se me antoja un hermoso deber y un privilegiado derecho cual novio apuesto. Y ya en onirico sobrepasao llega uno a imaginar que una tropa de amantes de todos los lugares de este hermoso planeta deciden de golpe, cada uno en su lugar, narrar lo hermoso, lo feo, lo mejorable, lo necesario, lo inutil, lo acertado, lo equivocado, lo sorprendente, lo emocionado y mandarlo a una base común de datos de amantes globales, que se emocionan, inspiran o incluso dudan entre ellos. Yo he decidido mirar con amor el lugar donde ahora más me toca estar, y no se porque me han entrao unas ganas desproporcionadas de contar detalles de mi subita pasión. Aquí comienzan pinceladas de una enamorao ecologista en Bullas y en la columna de la derecha, se apilará la relación de ellas. Venga, ponte tu también, que enamorarse de lo imposible deja más fácil hacerlo de lo posible y hay veces que lo pide a gritos.
 
Manolo Vílchez

1 comentario:

René Bijloo dijo...

Allí nos vemos pronto.