26 de julio de 2015

El Sunny Day by José Andrés

El mayor restaurant solar de la historia


En las películas, Las Vegas, sus casinos y su cachondeo, llevan mucho tiempo siendo icono de una sociedad de consumo de artificios placenteros, y si una parte de la especie se pone con ello, pues se le monta una animada ciudad en medio del desierto. Aunque sus orígenes, según vi en la serie El Padrino, parece que tiene que ver con dar servicios de desahogo a militares de la zona, el devenir hacia el turismo de ocio de está ciudad es espectacular. Con problemas de suministro agua acechando, con millones de visitantes a diario, con hoteles de más de 3000 mil habitaciones que parecen terminales de aeropuerto en su recepción, la que conecta con vuelos directos de alto nivel ludópata en la misma planta baja, y es que tardas lo suyo en atravesar alguno de ellos entre tragaperras, blackjak, ruletas y gente poco feliz a simple vista, salvo cuando se gana a la banca.

El pasado octubre, algo más vinculado al negocio cultural, sector musical, con más felicidad ambiental y digo yo que por aprovechar infraestructuras y servicios de la colosal urbe del entretenimiento y disfrute para una parte de la familia humana, el festival “Live is Beatiful”, cuyo objetivo es que desde las artes, la gastronomía y el activismo cultural, motivar e inspirar a la gente hacia una vida mejor, reunió durante 3 días al mayor número de gente alegre y hispters que un menda podía imaginar en un solo lugar.

Claro, al lado de todo evento musical de calidad y como este, destinado a unos 50.000 ciudadanos, se cuenta con una programación cultural para dar suministro a las mentes inquietas que por allá pululan. Con una organización impecable, las conferencias de popes, las esculturas fascinantes, los grafitis de tamaño como muy americano y las performances fascinadoras, no fueron pocas. Por lo general en estos espacios, ya lo sabes, o te llevas el bocata o te nutres con la oferta gastro, y bueno, no me entretengo en sector cervezas artesanales, que abundaba, con éxito, más de lo que parecía lógico. Entre tanto mostrar, hubo un lugar peculiar e innovador, lo nunca visto¡. Pues, en un espacio donde el Sol llegaba desde las 11:00 hasta las 14.45 en punto el primer día (la puntualidad la marcó el rascacielos que nos cortaba el hilo dorado), allá se decidió llevar a cabo un acto de alta e intensa pasión que propuso un chef especial y una organización muy atenta. Lugar de paso entre los principales escenarios, quizás el que más servicio daba a la idea de José Andrés para que miles de personas vieran en acción a los más destacados chefs de The Think Food Group, su grupo de empresas desde donde se han marcao cambiar el mundo por la vía de los alimentos, procesando comida en artefactos no habituales para los artistas de la alquimía nutritiva, el proyecto fue mostrar las tecnologías más limpias en puntos de calor del mundo para el procesado de alimentos, que desde su fundación World Central Kitchen impulsa con proyectos en varios países en desarrollo y pobreza energética. Echaron mano de los colaboradores y se brindó la oportunidad de que se conociera la labor de varias microempresas dedicadas a fabricar y ofrecer cocinas y hornos solares, y también de combustibles más eficientes, junto a organizaciones que trabajan para que el procesado de alimentos sea, al fin, un placer para todos los miembros de la familia humana.


El chef Rodolfo Guzmán, jefe de cocina en el mítico Jaleo de Washington DC, el primer restaurant que abrió un jovenzuelo español salido del El Bulli hace ya más de 20 años, fue uno, junto con Terri Cutrino, la responsable de proyectos especiales (y este lo era a tope) y Rodrigo Pérez, chef de Oyamel, también en Washington DC, los tres salidos de sus fogones habituales, pero con la misma elegancia y buen hacer, se pusieron al tajo manejando la taquería Sunny Day by José Andrés. El mismo que es embajador culinario de la Alianza Global para las Cocinas Limpias impulsada desde los EEUU para llevar 100 millones de unidades donde más falta hacen, antes del 2020. Este fue un motivo eje para inaugurar el proyecto más solar de la historia de un reconocido cocinero creativo español, influyente en el mundo de la alimentación y la solidaridad. Y vamos si la armó¡


Rodolfo un día antes, yo creo que no se olvida en su vida de como montó 6 máquinas alSol 1.4 en un intensivo e improvisado taller callejero al ladico del chiringo que acogió una de los mayores instalaciones de cocinas solares en servicio público que se han montao en la historia de esta humilde, simple y pedagógica tecnología. Fue fascinante compartir con profesionales de la alta cocina sus visiones hacia el uso de las cocinas solares, y el rigor que utilizaron en lo referente a los tiempos, el manejo, las anotaciones, etc...

Al final, el espacio solar fue único, doce unidades de la innovadora parabólica SolSource, con reflector moldeado de plástico, de alto diseño y giro sobre eje vertical estuvieron dedicadas a los rellenos de los tacos; seis unidades de la, según opiniones, mítica “made in Spain” alSol 1.4 en servicio con las ollas express de los frijoles; tres fascinantes GoSun Sport, más portátil y potentes no se conoce nada y sus dos extraordinarios prototipos de la GoSun Industrial, del que salían patatas enormes cocidas, al poco rato..., 


todas las tecnologías en uso le sacaban al sol servicios energéticos para gozo del equipo de chefs, ayudantes e interesados directos por lo que allá se “cocía”. Acompañó el espacio un campo de tecno para sol concentrado, y las tres unidades de la innovadora cocina mejorada de pequeña leña Biolite Camp Stove (reducción del 95% del humo y que también te recarga la batería del móvil) y dos fogones EverClear de bioetanol para cuando es Sol ya no estaba, y que no pararon de preparar miles de tortitas de maíz para los vegetarianos tacos solares de la oferta. Mientras la espera en la cola se daba, no fueron durante los tres días de sol bondadoso, sino miles las preguntas de comensales que por primera vez en su vida sentían el más sabroso vinculo entre lo comido y la energía del Sol que los cocino, desde los artefactos que los envolvían.

Las mismas recetas para chefs avanzados o para los que preparan la comida en lugares necesitados, confluyen en algo simple y poderoso, la pasión por mejorar la calidad de vida de las personas a las que sirven, desde los más prestigioso restaurantes hasta la más alejada vivienda rural familiar donde la tecnología puede evitar enfermedades pulmonares al quemar biomasa con casi nada de humos, donde el Sol puede facilitar el ahorro de tiempo y dinero a mansalva cuando la perpendicular de la cocina u horno solar con la posición del sol en nuestro orbitar eterno se ajusta para como sentir que “la vida es hermosa” y más simple y que así pueda ser depende de lo que hagamos a partir de ya, sin dejar pasar más tiempo. El Sunny Day animó, hace unos meses, el camino de los que podrían ser, los años más nutritivos y decisivos en nuestra relación con Gaia, su clima ...y entre nosotros.


¡Mucho coche!















Un ciclista, atrapado en un atasco en Finchley Road, Londres. C.F.
No hay salida. Nuestro amigo ciclista se ha quedado atrapado sin remedio en la ratonera de Londres. A partir de ahí tendrá que buscarse la vida pedaleando por las aceras, o metiéndose en dirección contraria, o cargándose de paciencia mientras respira los malos humos, como si fuera un fumador "pasivo" del tráfico.
  Esa misma mañana, nuestro ciclista desayuna con una alarmante noticia: la contaminación provoca más de 9.400 muertes prematuras en Londres. Es el pan de cada día en nuestras ciudades: la contaminación mata y seguimos tragando. Los coches son los principales culpables de ese cóctel tóxico de partículas en suspensión y dióxido de nitrógeno que acaba en nuestros pulmones, pero preferimos mirar hacia otra parte o contener sin remedio la respiración.
   El problema se soluciona con un golpe de audacia, como el "prohibido fumar" en los bares. De la misma manera, un cartel invisible debería colgar ya en nuestras ciudades: "Prohibido quemar petróleo en las calles".
   De poco nos vale seguir poniendo velas a San Cristóbal, patrón de los conductores, para que se consume la metamorfosis de los motores de combustión en una nueva y silenciosa flota de coches eléctricos. Tenemos que reconocer, simple y llanamente, que 1.200 millones de vehículos en circulación por todo el mundo son muchos, y que las ciudades como Londres (pese al peaje de congestión) están totalmente indefensas contra la invasión diaria de la marabunta motorizada (2,6 millones de coches, según el último censo).
    Avanzar hacia las "car free cities", las ciudades sin coches, no es ya una utopía ecologista sino una gestión de salud pública, de sentido común y de ahorro energético y económico. En eso está Hamburgo, que se ha planteado no ya ir peatonalizando tímidamente calle a calle, sino "liberar" el 40% de territorio urbano de la tiranía del coche en el 2034. ¿Cómo? Creando alternativas de desplazamientos sin coche para el común de los mortales.
   En Alemania, sin ir más lejos, se está gestando desde hace tiempo el nuevo modelo urbanístico de los barrios sin coches, con la avanzadilla de Vauban en Friburgo. Y cualquiera que visite Copenhague o Amsterdam comprenderá que el modelo ya está ahí: sólo hace falta perfeccionarlo y seguir avanzando, en bici, en tranvía, en metro, en autobús eléctrico, en patinete o a pie.
   Es fácil superar la adicción al coche en la ciudad. Más fácil que dejar el tabaco...

6 de marzo de 2015

La contaminación mata

La contaminación mata. Más o menos, a siete millones de personas al año en todo el mundo. Y a más de 400.000 ciudadanos en Europa, según el último y preocupante informe sobre el estado del medio ambiente en el viejo continente.
    Y a pesar de todo, ahí seguimos, en nuestro estado natural de "despreocupación ambiental", ajenos a los llamamientos periódicos de Greenpeace (que acaba de denunciar el sangrante papel de los "lobbies" a favor de un aire irrespirable) y a campañas como la lanzada este invierno por Equo en Madrid.
    La contaminación mata, perdonen que insista. Y en pocos lugares lo saben tan a ciencia cierta como en China... "En Beijing, en el 2014, hubo 175 días de alta contaminación. Eso significa que durante la más de la mitad del año no pude sacar a la calle a mi hija y no me quedó más remedio que ése: encerrarla como una prisionera".
   Quien así habla -sin acritud, casi con dulzura- es una famosa presentadora de la televisión china, Chai Jing, que ha aprovechado su experiencia personal (su hija nació con un tumor benigno, posiblemente debido a la mala calidad del aire que respiró su madre durante el embarazo) para concienciar a sus compatriotas y a todo el planeta de la dimensión del problema.
   Más de 200 millones de personas han visto en apenas una semana "Bajo la Cúpula", el documental de Chai Jing que ha sido celebrado como "la otra verdad incómoda" o "la nueva primavera silenciosa". Las autoridades chinas no han sabido o no han podido silenciar el mensaje hasta cierto punto inocuo de Chai Jing ante un problema que salta a la vista y a los pulmones de todos.
    "Hace diez años pregunté cuál era el olor del aire y nadie me pudo responder", afirma Chai Jing en los primeros compases de su documental. "Ahora lo sé: el olor del aire es olor del dinero... Y éste no es un problema que los gobiernos puedan resolver por sí solos. Es un problema al que contribuimos todos con nuestras decisiones diarias".
    "Antes, no me importaba ponerme una máscara los días de alta contaminación", reconoce Chai Jing. "Ahora que tengo una nueva vida en mis manos, me he empezado a preocupar. Todos deberíamos empezarnos a preocupar, porque es nuestra vida y la de nuestros hijos las que están en juego".
    Lejos de caer en el pánico o en el catastrofismo, Chai Jing llama a sus 1.300 millones de compatriotas a la acción. El activista local Ma Jun asegura que estamos posiblemente ante la mayor campaña de concienciación usando el poder de las redes en el país más poblado del mundo. Y la mecha se está propagando por todo el planeta...
    La contaminación mata. ¿Hace falta decirlo más alto?

2 de marzo de 2015

Esto lo cambia todo



    No hay nada que hacer, la batalla está perdida. El camino que seguimos es insostenible. Y el reto es de tal magnitud que ningún cambio va a ser suficiente. Las emisiones de CO2 rebasarán el límite considerado como "peligroso" por los científicos del clima. Y entonces...
       Hasta aquí el presagio fatalista de Bob Dudley, director ejecutivo de BP, la compañía que prometió ir "más allá del petróleo" y que acabó naufragando en un charco de oro negro en el Golfo de México. Las petroleras entonan ahora el "mea culpa" y prometen hacer lo imposible de cara a la galería, aunque en el fondo no han cambiado y siguen alentando la guerra sucia.
        Sólo así se explica que nueve meses antes de la reunión decisiva de París, la última gran oportunidad para decidir si nos tomamos en serio el futuro del planeta, salga a la luz la acusación por acoso sexual contra Rajendra Pachauri, el rostro más visible (y vulnerable) del cambio climático.
        Cuando no se puede matar el mensaje (el 2014 fue el año más caluroso de la reciente historia), se mata al mensajero. Esa fue la estrategia para desacreditar a Al Gore, y ése ha sido el "mantra" hasta el final con Rajendra Pachauri, que en el 2007 compartió el Premio Nobel de la Paz en el nombre del panel científico del cambio climático de la ONU (IPCC).
        Pachauri llevaba en la cuerda floja desde el famoso "Climategate": los emails "robados" de la Universidad de East Anglia que dejaron en evidencia la manipulación de datos sobre el calentamiento global. Como ahora, el "timing" de la noticia fue calculado para sabotear la conferencia de Copenhague, evitar cualquier acción y diseminar el escepticismo
        La presión sobre Pachauri se hizo insostenible, y más aún tras los errores de bulto del informe del IPCC que predijo en el 2010 el deshielo de los glaciares del Himalaya. Lo mejor que podía haber hecho entonces era marcharse y permitir que un viento nuevo atizara la hoguera del cambio climático. Pero aguantó hasta el límite y se convirtió en carne de cañón, y su humillante dimisión amenaza ahora con lanzar por la ventana el terreno recuperado en los últimos meses.
        O a lo mejor no. A lo mejor la partida de Pachauri es el punto definitivo de inflexión.Muerto el mensajero, el mensaje puede tal vez ahora resonar por sí mismo en una polifonía de rostros y voces. Y en esto llega Naomi Klein, con un libro que suena a definitivo: "Esto lo cambia todo: capitalismo contra el clima" (Paidós).
        La autora de "No Logo" y "La Doctrina del Shock" se desmarca con una poderosa llamada a la acción, frente a la complacencia y la resignación de los últimos años...   "Hemos llegado a un punto crítico en el que todo tiene cambiar. Durante 25 años hemos intentando acomodar las necesidades del planeta a la ideología del capitalismo de mercado, que exige el crecimiento constante y el máximo beneficio. Los resultados han sido desastrosos. Lo que necesitamos ahora es una respuesta radical".
         Naomi Klein vendrá a España a finales de marzo con un preocupante diagnóstico: "El sistema económico ha declarado la guerra al planeta". Lejos de perder la esperanza, Klein asegura que "el impacto de esta economía tóxica" y "el hastío contra la clase política" están provocando una reacción contra el sistema que está cuajando "en algo parecido a un movimiento global".
         Aunque aún nos cueste verlo, asegura, estamos asistiendo al principio de un gran cambio que se está propagando por pura polinización y que puede acabar imprimiendo un giro copernicano al planeta.
       Seguiremos informando...

30 de junio de 2014

La red de la vida














Fritjof Capra a su paso por "Educar para la vida" en Mallorca. Foto: Manolo Vílchez.
El todo es más que la suma de la partes. El mundo no es una máquina, sino una compleja red. No hay sustancia material, ni bloques sólidos. Lo que tenemos es una red de relaciones entre procesos,una interacción fundamental que ocurre constantemente a todos los niveles, hasta en las partículas elementales.
   Esa es la lección que lleva impartiendo desde hace más de cuatro décadas Fritjof Capra, autor de 'El tao de la física' y de "La trama de la vida". Las ideas de este físico y "pensador total", nacido en Austria hace 65 años y afincado en California, cobran una especial relevancia en estos tiempos críticos, también para la ciencia.
      Advierte Capra que todas las ramas del saber se tienen que abrir necesariamente a esta concepción del mundo, y de hecho lo están haciendoLa más reticente de todas sigue siendo sin embargo la economíay hasta ahí queríamos llegar...
    "La crisis no se resuelve con esta obsesión por el crecimiento económico. La economía tiene que reconocer tarde o temprano que no se puede crecer indefinidamente en un mundo finito... Tenemos que dejar atrás el mal crecimiento, basado en la acumulación material, la producción ineficiente y los combustibles fósiles. Y hay que apostar por el buen crecimiento, el que usa recursos renovables , fortalece las comunidades locales y restaura los ecosistemas".
     Hablaremos más tarde su visión del "crecimiento cualitativo", y también de su renovada pasión por Da Vinci, al que ha dedicado dos libros ("La ciencia de Leonardo" y "Aprendiendo de Leonardo") y al que considera como el auténtico pionero de la visión ecológica del mundo: "Otro gallo cantaría si las ideas de Leonardo se hubieran impuesto a la visión mecanicista de Galileo, Newton o Descartes".
   El "Tao de la Física", su primer libro de divulgación, se publicó en 1975, justo cuando se estaba produciendo un giro copernicano en su rama del saber: "El éxito de ese libro fue una sorpresa para mí. Creo que su publicación coincidió con un cambio de percepción en el concepto de la física moderna, cuando empezó a hablarse de la física cuántica o de la teoría del caos".
    "De ver el mundo como una máquina, hemos pasado a ver el mundo como una compleja red", advierte Capra. "La idea del mundo como pura materia, o como un bloque sólido, es un concepto newtoniano. Lo que tenemos es una trama compleja de relaciones, y todo eso cobra ahora un valor añadido en este mundo en red que estamos creando".
       "Un sistema vivo es ante todo la "relación" que se establece entre sus partes", asegura el físico y pensador, que también rompió moldes a la hora de tender puentes entre la ciencia y el espíritu. "Admitir esta complejidad nos lleva a cambiar radicalmente de aproximación en eso que llamamos las "ciencias de la vida". La clave está en las interconexiones y en los procesos, y eso pasa también por nuestra visión de la Tierra".
      Capra pertenece a la "escuela" de Gaia de James Lovelock (aunque se desmarca claramente por su oposición a la energía nuclear). "Estamos empezando a entender el planeta como una sistema vivo que se organiza y se autorregula", asegura el físico. "Nosotros formamos también parte de ese todo interrelacionado, y eso entronca con esa necesidad espiritual que no tiene por qué estar reñida con la ciencia".
     Sostiene Fritjof Capra que el cambio de paradigma se está produciendo no sólo en la física, sino en "otras ciencias como la biología o la medicina, aunque es más lento en campos como la economía, que debería dejar atrás esa visión tecnicista y mecanicista del mundo para reconocer que todo está interconectado".
    "Lamentablemente, el Producto Interior Bruto se ha impuesto de una manera tardía como el pensamiento único", advierte el autor de "La red de la vida". "El error se ha propagado durante décadas y aquí estamos, usando como baremo un sistema que no tiene en cuenta los costes sociales y las actividades no monetarias, y que incluye incluso como un valor económico la destrucción del medio ambiente, la contribución al cambio climático o el aumento de la población reclusa".
    "El decrecimiento tampoco es la respuesta", advierte Capra. "El crecimiento es una característica principal de la vida. Una sociedad o una economía que no crece de algún modo, acaba muriendo tarde o temprano. En la naturaleza, todo pasa por períodos de crecimiento, declive y reciclaje.El único crecimiento ilimitado es el del cáncer, que acaba matando el organismo... Ahí tenemos el más claro ejemplo de mal crecimiento".
     "El buen crecimiento es cíclico y permite que los ecosistemas se renueven, de manera que puedan ser reciclados y sirvan de base para un nuevo crecimiento. Este es el proceso que debería emular la economía, aplicando la lección de los sistemas vivos: un crecimiento complejo y con muchas facetas, que reconozca además la profunda relación entre las partes".
     Y aquí entroncamos finalmente con Da Vinci, del que habló largo y tendido Capra a su paso por el último encuentro de "Educar para la vida" en Mallorca... "Leonardo busca afanosamente los patrones, las pautas y las formas que se repiten en la naturaleza. Y descubre que todo está interconectado, que lo importante no es la materia sino las relaciones. Leonardo no es sólo el primer "ecodiseñador", sino también el primer pensador "sistémico". A los que dividen el mundo en partes o en bloques, a los "reduccionistas" de su tiempo, les llamaba incluso con desdén "abreviadores".
Carlos Fresneda
@Cfresneda1
Publicado en EcoHéroes de El Mundo

23 de junio de 2014

La naturaleza tiene un precio

Tony Juniper, en el jardín comestible de su casa en Cambridge. C.F.
Todos sabemos que la naturaleza tiene un valor "incalculable". Pero hasta que no le pongamos números, hasta que no entremos de alguna manera en el engranaje de la economía, la destrucción va seguir como hasta ahora y la ecología va a quedar relegada a los márgenes...
Al menos eso es lo que piensa Tony Juniper, asesor ecológico del Príncipe Carlos y profesor de Sostenibilidad de la Universidad de Cambridge. Su último del libro, What has nature ever done for us? (¿Qué ha hecho la naturaleza por nosotros?) ha abiero la caja de Pandora y ha provocado un intenso debate en el activismo ambiental en el Reino Unido.
   ¿Hasta qué punto debemos poner "precio" a la naturaleza? ¿Cómo medir rigurosamente la fotosíntesis, la captación de CO2, el ciclo del agua, el reciclaje de los residuos, la fertilidad de la tierra o la polinización de los cultivos? ¿No estaremos cayendo acaso en la misma lógica de la vieja economía, incapaz de vez más allá de los números?
     Sostiene Juniper -ornitólogo de vocación, pragmático por convicción- quela ecología tiene que "ganar necesariamente el argumento económico"para seguir siendo relevante en tiempos de crisis. De ahí su empeño en ponerle un valor a todos los "servicios naturales". Aunque los economistas no se ponen de acuerdo, Juniper afirma en su libro que la aportación de la naturaleza se puede cuantificar en una cifra redonda: 100 billones de dólares al año (73 billones de euros). O sea, notablemente por encima del Producto Bruto Mundial, y eso tirando a la baja.
    "El valor de la Naturaleza es hasta cierto punto incalculable y deberíamos apreciarla tal cual es, con toda su belleza y con todo lo que nos aporta", reconoce el ex director de Amigos de la Tierra en el Reino Unido. "Pero por mi propia experiencia puedo decir que ése argumento es el que hemos mantenido durante 30 años y no nos ha servido de mucho. Seguimos destruyéndola como si en realidad no valiera nada".
    Contra esa negación persistente del "capital natural" se rebela Juniper, partidario de "poner los números sobre la mesa". Ése es el primer paso para avanzar hacia la fusión de dos ciencias que parecían condenadas a no entenderse y que, en su opinión, están abonando el terreno a lo que empieza a conocerse ya como la Bioeconomía.
   Y a quienes le critican por caer en la "lógica capitalista", Tony Juniper responde sin ambages: "Respeto ese razonamiento, pero creo sinceramente que los ecologistas debemos ser más pragmáticos. Tenemos que hacer un esfuerzo por defender nuestra postura en estos tiempos críticos. De ahí mi empeño en aportar cifras y datos que demuestren todo lo que naturaleza hace por nosotros".
Ahí van algunos de los números aireados por Tony Juniper, en las 300 páginas que dan sobrada respuesta a la gran pegunta: "¿Qué hace la naturaleza por nosotros?"...
Se estima que dos terceras partes de los cultivos dependen de la polinización a cargo de los insectos y las aves. La venta de esos cultivos suponen un billón de dólares al año. Sólo en Estados Unidos, la labor polinizadora de las abejas equivale a 124 millones de dólares año.
El 90% de la producción de alimentos depende de los nutrientes del suelo y de la actividad de los microorganismos que permiten la fertilidad de la Tierra. Una tercera parte del suelo agrícola se ha degradado en el último medio siglo por el uso de pesticidas y fertilizantes químicos.
Al ritmo actual de deforestación, el planeta habrá perdido una capacidad de absorción de CO2 equivalente a 3,7 billones de dólares de aquí al 2030. En la última década se deforestado un extensión similar a la del territorio de Alemania. El coste estimado de la contaminación por nitrógeno en Europa es de 70.000 millones de euros al año.
Los oceános aportan (gratis) a la economía mundial unos 21 billones de dólares todos los años, en su triple función como suministrador de alimentos, sumidero de CO2 y generador de oxígeno a través del plancton.
  Suma y sigue... Juniper habla también en su libro de la labor de la naturaleza como "protectora de los desastres", desde las barreras coralinas a los manglares destruidos por la acción humana (y que tuvieron efectos devastadores durante el huracán Katrina). Nos recuerda también el valor del ciclo de agua y recalca los beneficios de trabajar con los sistemas naturales de captación y filtración de la naturaleza (que permitieron ahorrar hasta 7.000 millones de dólares en el sistema de abastecimiento de Nueva York).
   La naturaleza es un suministro incesante para industrias como la farmacéutica y la química: el 27% de las grandes compañías admite que una pérdida de la biodiversidad afectaría directamente a sus ingresos. Y eso por no hablar de lo que el propio Juniper ha bautizado como el Servicio Natural de Salud, con todo el ahorro para la sanidad pública que supondría paliar el "déficit de naturaleza", detrás de casi todas las enfermedades de la opulencia: de la obesidad a la depresión, pasando por las afecciones cardíacas y el cáncer.
"He intentado demostrar que la ecología no es un lujo, sino un elemento vital sin el que no puede funcionar una sociedad, y mucho menos una economía", asegura Juniper. "Afortunadamente, muchas empresas han empezado a reconocer esos síntomas y están tomando medidas. Ahora sólo falta que tomen nota los políticos, que siguen reincidiendo públicamente en el error. Parece increíble que muchos de ellos hayan pasado por Cambridge o por Oxford".
Tony Juniper, que llegó a ser candidato por el Partido Verde, arremete especialmente contra los políticos por haberse convertido en adalides de la "falsa economía"... "Y la falsedad estriba en que estamos midiendo muchas veces como "crecimiento económico" lo que en el fondo es destrucción del capital natural. La ONU estima que los daños ecológicos causados por la actividad humana al planeta avanzan a razón de 4,8 billones de euros al año".
"Lamentablemente, seguimos funcionando con la "lógica" de que para crear riqueza hay que destruir la naturaleza", advierte Juniper. "Por esa regla de tres, sólo cuando se ha sacado a la gente de la pobreza y se han creado clases medias es cuando podemos permitirnos el "lujo" de pensar en los problemas ambientales. Ése modelo de desarrollo, que es el que hemos exportado por desgracia a China e India, ya no nos vale".
¿Y cuál es la alternativa? "Lo que necesitamos es cambiar de lógica. Tenemos que reconocer que los problemas ecológicos son en el fondo fallos económicos, y debemos actuar en consecuencia y sobre la marcha. No podemos seguir "externalizando" los costes. Tenemos que incorporar la sostenibilidad como un valor vital en la economía. .
Sostiene Juniper que, frente a la parálisis de Estados Unidos y de la Europa en crisis, el camino lo están marcando países como Costa Rica, invirtiendo en la protección y recuperación de su riqueza natural, o Brasil, el país que más ha reducido sus emisiones desde la Cumbre de Río y que por fin ha admitido el alto coste de la deforestación.
  Juniper ejerce precisamente como asesor en Sostenibilidad Internacional del Príncipe Carlos, con quien escribió el libro Armonía (junto a Ian Skelly). Cruzaron sus caminos hace algo más de una década, por intereses comunes y de una manera "natural", y mantienen la estrecha colaboración desde entonces.
"El Príncipe Carlos lleva 35 años en estos temas y nadie le marca su agenda ecológica", advierte Juniper. "Todo sale de él y su preocupación es sincera, puedo dar testimonio de ello. Su visión es la de un mundo sostenible y en equilibrio, y eso algo muy destacable en alguien que puede llegar a ser Rey. Tiene además la ventaja de que su cargo no está expuesto cada cuatro años al voto popular, y por eso dice muchas cosa que no se atreven a decir los políticos".

15 de junio de 2014

La auténtica transición

Rob Hopkins, en Totnes. Foto: C.F.
"Transición: pasaje de un estado a otro, período de transformación"... Rob Hopkins supo ver antes que nadie los cambios que se avecinaban. A su gentil manera, sin estridencias pero sin pausas, este espigado profesor de permacultura ha puesto en marcha una silenciosa revolución que se despliega ya por 43 países y está empezando a dar una vibrante cosecha de cambio económico, energético y social al cabo de ocho años.
    Lo que empezó como Transition Towns ha acabado cuajando en la Red de Transición, un experimento de ramificaciones múltiples con 1.130 iniciativas en todo el mundo. Nada está escrito en piedra, y la única convicción que une a los 'transicionistas' es ésta: "Si esperamos a que actúen los Gobiernos, será demasiado tarde. Si tomamos la iniciativa en solitario, será demasiado poco. Pero si actuamos comunidades, posiblemente será suficiente y a tiempo".
    Digamos que Hopkins oteó la crisis en los tiempos de las vacas gordas. Y aunque los primeros reclamos del movimiento de Transición fueron el cambio climático y el 'pico' del petróleo, el mensaje ha evolucionado ahora hacia la "regeneración económica", empezando por lo que tenemos más cerca.
"El sistema con el que funcionamos se encuentra en un callejón sin salida", sostiene Hopkins. "Y el problema es que no tenemos ninguna alternativa válida sobre la mesa. En el movimiento de Transición estamos intentando crearla con un abanico de acciones: planes de descenso de consumo energético, cooperativas de energía solar, proyectos de agricultura urbana, apoyo a las economías locales, monedas complementarias. No tenemos todas las soluciones, pero al menos las estamos buscando".
    De todo esto hablará hoy Rob Hopkins por videoconferencia en las jornadas "Despierta: el planeta te necesita" en la Casa Encendida de Madrid, "también estarán el filósofo y pensador Jordi Pigem y el biólogo y educador Juan del Río, uno de los principales impulores de la Red deTransición en España. En las jornadas se proyectará el documental "En transición 2", con la aportació como animador del español Emilio Mula.
   En Gran Bretaña, mientras tanto, el "experimento" sigue creciendo por días. Tan sólo en Londres hay más de 50 grupos conectando los grandos barrios y promoviendo iniciativas de autonomía alimentaria, movilidad urbana o dinero local, como la emblemática 'libra de Brixton'. En el 2012,Bristol dio un tremendo impulso al movimiento de las monedas sociales con la adopción de la nueva divisa electrónica y complementaria en una ciudad de medio millón de habitantes.
"Experimentamos haciendo: no esperamos a que nadie nos dé permiso", advierte Ben Brangwyn, co-fundador del movimiento. "No tenemos una receta mágica para el cambio, y hemos comprobado que la misma fórmula no sirve en todas las partes del mundo. Pero la red se está propagando cada vez más rápido. Del intercambio de experiencias está surgiendo un poder transformador que antes no teníamos".
Totnes, por cierto, es un pueblo bucólico pero no 'utópico' de poco más de 7.000 almas en la campiña de Devon. "Todavía hay coches por las calles y no tenemos a las cabras pastando en los tejados verdes", bromea Frances Northrop, al frente del grupo local de Transición. "Los cambios son lentos, pero el proceso está en marcha y hemos implicado a las autoridades locales. Las placas solares empiezan a ser ubicuas y el plan de descenso de consumo energético se consumará en 2030. Con Transition Streets hemos embarcado en el cambio a gran parte de la población, calle a calle, casa a casa. Y ahora contamos con el impulso de los comercios locales, que son el auténtico motor de nuestra economía".
En el terreno de la energía, Totnes marcó la pauta en el 2003 con el primer Plan de Descenso Energético del Reino Unido, con la mirada puesta en el 2030. Una mirada limpia, desde lo alto del castillo normando desde el que se domina el pueblo, bastará para constatar el destello de las placas fotovoltaicas en los tejados. Más de 65 grupos de transición -con 550 hogares implicados- se han abonado al cambio, con un ahorro medio de 700 euros en la factura de la luz y con una reducción media de 1,3 toneladas de CO2.
La alimentación, tan ligada al pasado y al futuro de esta ciudad-mercado, es sin duda el campo más fructífero. La iniciativa Food Link pone en contacto directo a los productores con los consumidores. Gardenshare ha creado una red de huertos compartidos. Food Hub intenta dar respuesta a problemas como los excedentes alimentarios. Las Seeding Sisters son las animadoras de la agricutura urbana y el grupo local de Incredible Edible, cultivando a discreción en todos los espacios públicos, ha echado raíces en apenas dos años.
"Necesitamos una nueva economía que funcione para la gente y para el planeta", retoma el hilo Rob Hopkins, artífice de la nueva cultura de la transición. "Empezamos como una respuesta directa al cambio climático y al pico del petróleo, pero el mensaje se ha ido enriqueciendo y afecta ahora a todo eso que llamamos 'resiliencia' desde lo local... Cómo reconstruir las economías, cómo respaldar a los emprendedores y crear empleo, cómo aspirar a una mayor igualdad".
Pero puestos a indagar en lo que moviliza a la gente, más allá de los mensajes de urgencia ecológica o de regeneración económica (tanto da), la respuesta es así de simple: la necesidad de conectar. "Es algo que hemos podido comprobar en todas las partes del mundo", admite Hopkins. "La gente quiere conocer a sus vecinos, sentirse parte de algo, compartir inquietudes y vislumbrar soluciones".
"Aunque los cambios más profundos requieren tiempo y paciencia", advierte Hopkins, que puso en práctica su "experimento" en Totnes en 2006, cinco años después de haber urdido su primer plan de 'transición' para Kinsale (Irlanda), cuando ni siquiera se había "acuñado" aún la nueva dimensión del término.
    Hopkins advierte sin embargo del riesgo de tomarse la Transición como un acto de fe: "Cuando empezamos acuñamos los doce pasos, pero ahora hemos dejado atrás esa aproximación porque era demasiado rígida y había quienes lo interpretaban como si fueran los doce mandamientos. No hay siquiera una guía, en todo caso un 'Compañero de Transición', y así es como hemos titulado el libro que recoge las experiencias en todo el mundo".
     Sin salir de Totnes más que ocasionalmente en tren o en barco (se resiste en coger el avión por no aumentar su huella ecológica), Hopkins se acaba de descolgar con un nuevo libro -"The Power of Just Doing Something"- inspirado en una idea así de simple: cómo la acción local puede cambiar el mundo.
     "Los pequeños cambios en nuestro radio de acción pueden acabar cuajando en algo grande y extrordinario", advierte el cofundador de la auténtica Transición, que se despide con una llamada al idealismo práctico: "La visión de otro mundo posible y mejor es totalmente necesaria. Es algo que te pones delante de los ojos y hacia lo que avanzas paso a paso, aunque por momentos pueda parecer imposible".
@Cfresneda1

Tierra, alma y sociedad













Satish Kumar en el Schumacher College. Foto: C.F.
Satish Kumar tiene una sonrisa que desarma. Toda la sabiduría y la humildad acumulada a lo largo de sus 77 años se manifiestan en ese rostro donde se dibuja de un plumazo el "viaje sagrado" que es su vida. Peregrino y pensador, educador y activista, Kumar huye de la etiquetas fáciles y sigue caminando sin parar, y reinventando sobre la marcha su propio oficio.
Pongamos que nació en Rayastán (India). De adolescente fue monje jainista, y a los 18 se convirtió en apóstol de la "no violencia". En 1962 recorrió sin dinero y a pie los 12.000 kilómetros que separan la tumba de Gandhi de la de JFK, invitando a un "té de la paz" a los líderes de las potencias nucleares.
En Gran Bretaña conoció a E.F. Schumacher, el autor de Lo pequeño es hermoso, que le convenció para que echara raíces en las colinas de Devon. Allí fundó The Small School y allí sigue al cabo de cuatro décadas, convertido en "alma" del Schumacher College (la escuela internacional de educación holística). Su otra gran pasión es Resurgence/The Ecologist, la revista que dirige y donde se dan la mano visión más espiritual y la más reivindicativa de la ecología.
    Autor de libros como Peregrino en la Tierra Tú eres luego yo soyKumar ha convertido la compasión y la interdependencia en los dos pilares de sus enseñanzas, que en los últimos años, desde que arrancó la crisis, han derivado hacia la necesidad de tender puentes entre la Economía y la Ecología. Desde hace una década, visita como "peregrino" Mallorca, donde tiene una escuela que lleva su nombre y donde todos los otoños ilumina los encuentros de "Educar para la Vida".
     Su visión espiritual de la ecología suele poner en Mallorca el contrapunto al activismo irrenunciable de Vandana Shiva, bajo los auspicios del ecohéroe local Guillem Ferrer. Sus incursiones mediterráneas han servido de inspiración para su ultima obra, "Tierra, Alma y Sociedad", una proverbial lección de filosofía práctica que destila la esencia de Oriente y Occidente.
     Eterno deudor de la "no violencia" y de la autodisciplina de Gandhi, Kumar se reconoce que el otro gran maestro en su vida ha sido Rabindranath Tagore, que además de poeta fue educador, e impartía sus clases bajo un árbol. El tercer pilar de sus enseñanzas es E. F. Schumacher, a quien debe su peculiar visión del hermanamiento entre economía y ecología...
     "Conviene recordar que las dos palabras tienen la misma raíz en griego: "oikos", que significa casa. La casa, en este caso, es el planeta. Y está claro que necesitamos conocerlo a fondo... De ahí viene Eco-logía, de "logos", conocimiento. Eco-nomía viene de "nomos", que significa "gestión". Luego las dos están indisolublemente unidas".
El problema, según Kumar, es que durante siglos hemos querido empezar la casa por el tejado... "La economía, reducida al mundo de las finanzas y el capital, lo ha terminado dominando todo. Y ése ha sido el gran error:¿Cómo queremos gestionar una casa si antes no la conocemos? O lo que es lo mismo: ¿Cómo puede funcionar la Economía si se deja de lado la Ecología?".
  La solución pasa a su entender por un profundo giro en la noción deEconomía, que tiene que ser "subsidiaria" de la Ecología: "No se puede gestionar una cosa sin antes conocerla, y perdón por la insistencia... Hace poco me invitaron a una conferencia en la LSE y les propuse que se rebautizaran como London School of Ecology and Economics. Creo que será simplemente una cuestión de tiempo. Muchas universidades van ya por ese camino y se han creado campos interdisciplinares como la economía ecológica y la bioeconomía".
     "Sinceramente, creo que no hay otro camino", asegura Kumar. "La riqueza real está en la tierra y en los bosques, en las manos y en las comunidades humanas. Esta crisis es la bancarrota de un sistema que se ha basado únicamente en el capital y en la especulación. Esta crisis está haciendo mucho daño a la gente menos favorecida, pero debe servir también para hacernos despertar".
      Desde las colinas de Devon, Satish Kumar asegura que es capaz de escuchar el rumor de una revolución silenciosa: "Estamos en los albores de un gran cambio desde abajo y desde lo local, sin necesidad de grandes líderes como Gandhi que nos marquen el camino. Nunca sabemos cuándo se producirá el giro definitivo. Pero conviene recordar que a lo largo de la historia, los cambios se han producido a veces de una manera muy precipitada e inesperada, después de una tenaz resistencia"
     Y los tres pilares del nuevo paradigma, asegura, serán la naturaleza, el individuo y la sociedad. "Soil, soul and society"... "En esa trinidad se condensa la esencia de lo que somos, y a partir de ahí seremos capaces de avanzar hacia un nuevo modelo holístico e integador, basado en la participación, en la diversidad y en la profunda interrelación de todo en esta vida".

8 de diciembre de 2013

Hacerlo mejor


"Más es mejor". La regla de oro de la economía vuelve a cabalgar por sus fueros en la última curva de la recesión. La máxima aspiración de los políticos es volver a funcionar como antes, de ahí el empeño por tenernos a todos pendientes del aumento del PIB, aunque no sepamos realmente lo que estamos midiendo.
"Para los economistas, no hay distinción entre el dinero gastado en hacer la vida mejor y el dinero gastado en hacer la vida peor", apunta Annie Leonard, la experta en desarrollo sostenible y cooperación internacional que se hizo mundialmente famosa con el vídeo de 'La historia de las cosas'. "El PIB es un cajón de sastre donde todo cabe por igual, desde el dinero invertido en educación al dinero gastado en cárceles, en armas o en medicamentos".

Arropada por los dibujos de Free Range Studios, los mismos que sirvieron para ilustrar los efectos de la sociedad de consumo en plena era de la vacas gordas, Leonard vuelve estos días a la carga con 'La historia de las soluciones', donde propone un cambio fundamental en la ecuación.
"En el Juego del Más, los políticos celebran el crecimiento de la economía al mismo tiempo que nuestra salud se deteriora, que el bache entre ricos y pobres se agranda y que los casquetes polares de derriten", advierte Leonard. "El PIB se ha convertido en la regla de oro de la economía, pero en realidad no nos dice nada de cómo lo estamos haciendo como sociedad".

"¿Qué ocurriría si cambiáramos el objetivo el juego?", se pregunta la comunicadora ambiental más efectiva y directa de Norteamérica. "¿Qué pasaría si la meta de la economía no fuera más sino mejor: mejor salud, mejores trabajos, mejores posibilidades para sobrevivir en el planeta? ¿No saldríamos ganando todos?".

'La historia de las soluciones' vino precedida de 'La historia del cambio', nacida de la frustración de Leonard tras los primeros cuatro años de presidencia de Barack Obama. Convencida de que el cambio personal no es suficiente, Leonard hacía una llamada a la movilización ciudadana para buscar alternativas reales frente a la parálisis política.

 
"No basta con 'ser el cambio que quieres ver en el mundo', como decía Gandhi", se lamentaba Leonard. "Hemos llegado a un punto en que es imprescindible una acción colectiva para forzar los cambios necesarios en el sistema".

"Las pequeñas acciones están bien, pero no son suficientes, ni van a servir para 'salvar el planeta', como leemos en las portadas engañosas del perfecto consumidor 'verde'", se lamenta la comunicadora californiana. "Si los cambios se quedan en uno mismo, si se limitan a los aspectos materiales, nos van a servir para lavar nuestra conciencia de consumidores y poco más".

En 'La historia de las soluciones', Leonard vislumbra sin embargo los cambios que se están produciendo a nivel local, desde la explosión de cooperativas al auge de la economía colaborativa, pasando por el cúmulo de iniciativas para regenerar el tejido productivo de las ciudades. A escala local, de la ciudad Cleveland al pueblo italiano de Capannori, se está empezando a funcionar con otra ecuación que, a su entender, tendría la capacidad de transformar toda la economía desde la base.

"Será duro cambiar el propósito de la economía de un día para otro", advierte Leonard. "Pero poniendo el énfasis en soluciones transformadoras, se puede llegar a un punto de inflexión y hacer que el nuevo objetivo sea precisamente éste: hacerlo mejor. Creo que el cambio es totalmente posible en una generación, pero antes tendremos que plantarle cara a los predicadores del 'Más es Mejor'".

Como botón de muestra, Leonard habla del vertiginoso avance experimentado en apenas cinco años por los teléfonos móviles. "De la noche a la mañana, los teléfonos son ya ordenadores, cámaras, GPS, aparatos de música y muchas otras cosas más. Si el mismo esfuerzo de cientos de expertos para buscar soluciones y hacerlo mejor, se pusiera en los sectores más apremiantes de nuestra economía, otro gallo cantaría".

Pero los móviles, convertidos también en el último fetiche consumista, son para Leonard el espejo cóncavo al que nos seguimos mirando como sociedad: "Somos mejores jugando, pero hemos elegido el juego equivocado".

En 'La historias de las cosas' -un fenómeno viral en la Red, con 12 millones de pinchazos- Annie exploraba el ciclo completo: de la producción a los residuos, pasando por la distribución y el consumo, para hacernos ver los excesos de un sistema que hace aguas ante nuestros ojos. Aquel vídeo fue un auténtico viaje al fondo de la Tierra (y a todo lo que los humanos estamos haciendo con ella), fruto de su experiencia en cooperación internacional en Bangladesh, India y Haití.

A sus 49 años, Annie Leonard recuerda sin embargo cómo empezó a atar cabos ya de niña, cuando preguntaba por la invisible conexión entre la desaparición del bosque y la expansión de los centros comerciales en su Seattle natal. Su verdadera iluminación ocurrió en el vertedero de Fresh Kills, que durante medio siglo digirió más de 11.000 toneladas diarias de basura en Nueva York.
"Cuando lo cerraron en el 2001, la montaña de desechos era 25 veces más alta que la estatua de la Libertad", recuerda. "Aquella visión impactante me dio mucho que pensar. ¿Quién puede haber concebido este sistema tan monstruoso? ¿Cómo permitimos que esto siga ocurriendo? Yo misma no acababa de entenderlo: tardé 20 años en hacer la conexión".

Después de concentrar sus energías en hacer visible el problema -la cultura del 'más es mejor'-, Annie Leornard se ha propuesto ahora explorar las soluciones con esta nueva serie que arranca con el vídeo 'The story of solutions', traducido para la ocasión por El Correo del Sol. Con su veta crítica habitual, pero con su rabioso y contagioso optimismo, Leonard vislumbra la llegada del nuevo paradigma que podría acabar de un plumazo el modo en que funcionan las empresas y se organizan las sociedades humanas. Hacerlo mejor: ni más ni menos.

Publicado en El Mundo.es