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Banco de semillas de Biosegura

La palabra banco me genera al pronunciarla un poco de alarma, en ellos se trafica con el dinero, se invierten los depósitos variados lo mismo en fabricar y vender armas que en acaparar alimentos básicos para especular más adelante sin importarles un bledo las repercursiones sobre los pueblos que los producen y les cuesta cada vez más caro comerlos.

En los bancos, visto lo visto, se trafica con sentimientos, se engaña a los débiles, se reconforta a los ávaros, se coge la pasta como sea para con ella inflar burbujas, o se protege dinero no limpio, por supuesto el limpio también. Los bancos en los paraísos fiscales, pues eso, paraísos para el dinero sucio o el dinero que no paga lo justo y acordado. Miren Chipre, donde las oligarquías y mafias rusas tienen pasta para entrar en Europa a hacer de las suyas, o miren Suiza, y entre muchos de cuello blanco, a un tal que fue tesorero y currante hasta hace unas semanas del partido que ahora gobierna el destino de un país que bien conoces. En fin, que no es lo mismo un banco de trapicheos con dineros que de los mismos pero con semillas.

Las semillas son el gran activo de la humanidad. Quien no se ha maravillao con lo que evoluciona de ellas tiene un problema. Que de una bellota pete una encina que puede llegar a dar sombra a 300 humanos bajo ella, o que las lechugas, los brócolis, las zanahorias y los tomates, como representantes del gran manjar alimentario, sean todo lo que son desde una semilla que cuesta ver, y que con la magia de la fertilidad de la tierra, la bendita agua y el siempre bondadoso sol y su energía junto con la del noble agricultor que la planta, cuida y cosecha, vamos, si todo ese ciclo no se acerca a ser valorado como magia natural, luego pasa lo que pasa, somos lo que comemos y, si nos descuidamos, comemos lo que no toca.

Ayer, recogiendo los bártulos de la gratificante jornada "La energía en tus manos", organizada por los ecoactivistas de Bullas y colegas, me da por entrar por segunda vez en la oficina de gestión de la Cooperativa de Consumidores y Productores Ecológicos Biosegura, con sede en noble villa y almacén en la capital, y allá me veo una puertecica entreabierta con cartel infantil celebrando la alegría del lugar.
Me asomo y, toma, cientos de botes reutilizaos llenos de bombas de paz y vida. Después de la exclamación acuden en mi ayuda los cuidadores de lugar, Heidi y Paco, que gestionan la coope, reparten las cestas por la región y sacan tiempo para cuidar el germen de la biodiversidad patrimonio de la humanidad, y en este caso la que toca en la región murciana, delante de mí, un banco de semillas organizado, controlado, depositado con cariño, y todo para especular solo con el mejor futuro, aquel donde la soberanía alimentaria y la libertad humana no dependan de los delirios de estructuras que gustan de bancos que no son de semillas. ¡¡A la mierda Montsanto y parecidos...!!

Si la energía está en nuestras manos, la biodiversidad nos compete a todas, y si valoras, en el acceso libre a ellas radica la libertad humana...

Una cosa, que abundan los "bancos de semillas", aquí puedes comenzar la busqueda de tu particular oficina, desde la red de semillas Resembrando e Intercambiando.

Manolo Vílchez
Publicado en el blog En Ruta Solar de El Correo del Sol

El jardín de los sofritos

 
                     Foto: Isaac Hernández


En el jardín de los sofritos, el cilantro es el rey. A su alrededor hay plantados ajos y cebollas, pimientos y tomates, pero el olor de la hierba aromática se hace irresistible en esta época del año...  
    
Todo nos remite en un abrir y cerrar de boca al Caribe, aunque estemos realmente en las afueras de Boston, en Roxbury, abriéndonos paso entre el verdor del noreste americano y siguiendo el rastro de la verdadera artífice de este paraíso culinario: Patti Moreno, más conocida como la “Garden Girl”.
     
La “Chica del Jardín” se ha convertido en el símbolo más sabroso de la agricultura urbana en Estados Unidos gracias a sus videos en la red. Nacida hace 39 años en Nueva York, con sangre puertorriqueña, Patti Moreno ha sabido darle el toque vistoso y práctico a lo que empieza a ser ya una tendencia imparable en los patios traseros...
   
“Cultivar en tu jardín no es ya una cosa de “hippies”. También hay que quitarle el estigma de que es algo del pasado, de épocas de escasez y pobreza. Ahora ya vemos, hasta Michelle Obama tiene un huerto en la Casa Blanca... La verdad es que no hay nada comparable a la experiencia de comer algo que tú mismo has cultivado, con tus manos y sin pesticidas. Tu salud y tu bolsillo son los primeros en beneficiarse. Y por supuesto tu estómago...”.
     
Patti cultiva siempre pensando en la cocina. “Gardening by Cuisine” se titulará precisamente su próximo libro y su serie en la televisión pública. A caballo entre las dos lenguas, aún anda dándole vuelta a cuál será el título en español. ¿“Del huerto al plato”?
   
“Mi experiencia me dice que lo que combina bien en el plato combina bien en la tierra”, sostiene Patti, que nos hace un recorrido por el “jardín” de las ensaladas (lechugas y espinacas), por el “jardín” meditarráneo (calacines, berenjenas, eneldo y otras hierbas), por el “jardín” de las salsas (tomate, albahaca) o por el “jardín” de las hierbas medicinales (equinácea, melisa, salvia).
    
Los “jardines” son en realidad camas elevadas de cultivo, la mejor opción posible en la ciudad, “donde es fácil que la tierra esté contaminada por productos tóxicos”. La calidad de la tierra, alimentada por su propio compost, es su primer principio básico. La segunda regla es cultivar de manera ecológica, sin pesticidas ni productos químicos. La tercera es “parcelar” la siembra pensando ya directamente en la cocina.
    
Patti reconoce “un montón de influencias” en los trece años que lleva experimentando como agricultora urbana... “Pero mi método de aprendizaje ha sido la prueba y el error. Al principio todo era un desastre; se me morían todas la plantas. He probado hasta con 600 variedades en todo este tiempo, hasta dar con lo más apropiado para este clima y con la mejor manera de cultivarlo. Aunque mi momento “eureka” fue sin duda cuando mis dos primeros manzanos dieron sus frutos. El sabor de aquella primera manzana no se me olvida en la vida”.
     
Antes que hortelana en casa, Patti Moreno se había curtido como cineasta, de ahí su éxito como comunicadora y el empeño en la calidad de sus vídeos, con la ayuda de su marido, Robert Patton-Spruill, el primero en grabarla en acción en este frondoso jardín comestible en el que no faltan las gallinas y los conejos.
     
Y el caso es que hasta los 26 años, Patti no sintió la menor curiosidad por lo natural... “Para una “niuyorican” como yo, lo más parecido a la naturaleza había sido siempre Central Park. Todo cambió cuando tuve a mi hija, y engordé 30 kilos. Necesitaba hacer una actividad para volver a mi peso, y que fuera a cielo abierto. Así fue como me entró la curiosidad por cultivar”.
     
“Empieza chiquito”, es el primer consejo que suele dar Patti a quien esté pensando en seguir sus pasos. “Y con algo que requiera poco espacio y que sea fácil de cultivar, como las lechugas, que en un mes estarán listas. Las hierbas también crecen con facilidad y son tremendamente agradecidas al olfato y en el plato... Y por último intenta que participe la familia. El trabajo en el huerto es duro, pero es mucho más llevadero si se comparte. Para los niños es como un juego, además de una gran lección: “¿Qué queremos comer hoy? ¿Pasta al pesto? Vamos a por la albahaca en el jardín de las salsas...”.

Carlos Fresneda, Nueva York

EL IMPUESTO DE LA COCA-COLA

Varias ciudades de EEUU se plantean gravar el consumo de bebidas refrescantes para prevenir la obesidad

Un impuesto “de salud” en las bebidas refrescantes. Por su generosa contribución a la obesidad de los norteamericanos. Para cubrir los gastos sanitarios y reducir su consumo, sobre todo en los niños. Y para sanear de paso las maltrechas arcas públicas...

La “descabellada” idea, que mereció la condena unánime de la Asociación Nacional de Bebidas, está ganando cada vez más fuerza en ciudades como Nueva York o Filadelfia, que podrían ser las primeras en pasar factura.

“En estos duros momentos económicos, el impuesto de la “soda” tiene sentido”, ha dicho el alcalde Michael Bloomberg en una reciente conferencia monográfica sobre el tema en Nueva York. “Serviría para salvar salvar vidas, nos ayudaría a reducir los costes sanitarios y mantendría a miles de profesores y enfermeras donde deben estar: en las escuelas y en los hospitales”.

Culminada pues la ofensiva contra el tabaco, vencida también la batalla contra las grasas trasgénicas, Nueva York se dispone ahora a apretar el cinturón a sus ciudadanos haciéndoles pagar de un 10% a un 15% más por una lata de Coca-Cola o por un bote de bebida edulcorada. La ciudad está partida en dos ante la resbaladiza posibilidad, pero se muestra descaradamente a favor –por encima del 70%- si la medida sirve para “prevenir la obesidad” o para “ajustar el presupuesto”, tanto monta.

El impuesto de la Coca-Cola y similares podría reportar a la ciudad unos ingresos extras de mil millones de dólares al año, y contribuir de paso a una reducción del consumo de un 10%, lo que a su vez se traduciría en un ahorro de gastos sanitarios derivados de la obesidad (se calcula que las bebidas edulcoradas aportan el 7% de las calorías que se meten diariamente en el cuerpo los americanos).

El propio Obama, en declaraciones a la revista Men’s Health, ha admitido que el controvertido impuesto “es una idea que deberíamos explorar”. “No hay ninguna duda de que nuestros niños beben demasiada soda”, ha dicho el presidente, dispuesto a hacer causa común con su esposa Michelle en lucha contra la obesidad infantil.

Las autoridades sanitarias, con los doctores Thomas Frieden y Thomas Farley a la cabeza, han expresado su total apoyo a la medida alegando los estudios que demuestran cómo el consumo de bebidas que contienen azúcar, sirope de maíz u otros edulcorantes contribuyen al aumento de peso y aumentan el riesgo de contraer diabetes de tipo 2.

La industria de las bebidas refrescantes ha cerrado filas y ha prometido una resistencia numantina. “Nunca he visto que funcione cuando un Gobierno le dice a la gente cómo debe comer o beber”, ha declarado el presidente de Coca-Cola, Muhtar Kent. “Si llegara a funcionar algo así, aún tendríamos a la Unión Soviética”.

Con el fuego aún reciente de la reforma sanitaria, una nueva y burbujeante batalla llama pues a las puertas y a las mesas de los norteamericanos. ¡Salud!

Carlos Fresneda, Nueva York
Publicado en el blog Crónicas desde EE.UU. de El Mundo

LA GRANJERA EN EL TEJADO

En un tejado de Brooklyn, el cinc caliente ha dejado paso a la felicidad de la tierra, y encima han brotado las lechugas, las coliflores y las tomateras. La cosecha palpita a cinco pisos de altura, con el “skyline” de Manhattan al fondo, y Annie Novak se dispone a llenar las primeras cajas de verduras ecológicas, con destino a los restaurantes locales.


“Esto era una tejado inhóspito como cualquier otro hace apenas cuatro meses”, recuerda la granjera urbana. “Lo más fatigoso fue subir hasta aquí la tierra, pero con un buen aislamiento y un puñado de semillas, cualquier tejado puede convertirse en un vergel. Y no sólo tendremos comida, sino que estaremos absorbiendo el agua de lluvia, y cotribuyendo a la refrigeración de los edificios, y mitigando la “isla de calor” tan frecuente en las ciudades”.


Dos mil metros cuadrados tiene el tejado/granja de Brooklyn, creado por Annie Novak y Ben Flanner en lo más alto de un viejo edificio industrial en Greenpoint, reconvertido en estudio de cine independiente. Decenas de voluntarios se han pasado en las últimas semanas para echar una mano con la cosecha, y celebrar de paso el solsticio de verano, o quedarse extasiado con las vistas.


“Siempre me atrajo poderosamente Nueva York”, confiesa Annie Novak, 26 años, curtida en la agricultura en Ghana y en Suramérica (pasó también un tiempo en Sevilla y habla español con gracejo andaluz). “La gente joven hemos descubierto que no hace falta renunciar a la ciudad para estar en contacto con la tierra. Estamos en los albores de un movimiento para traer hasta el asfalto lo mejor del campo”.

Annie Novak en la granja/tejado de Brooklyn


El movimiento se llama Greenhorns y cuenta ya con una película que rastrea la nueva generación de granjeros urbanos, desde la legendaria Berkeley (donde se gestó el Back to The Land de la era hippie) a la “revolucionaria” Brooklyn, con parada obligada en Portland, paraíso de la agricultura “en el patio trasero”.


Robyn Streeter y Donna Smith son las artífices de esa singular idea –“Hortelanas a Domicilio”- que está cuajando en otros puntos del país. Por 1.575 dólares al año, las dos granjeras urbanas convierten el típico jardín con césped en una frondosa huerta que alimentará a una familia de cuatro personas durante ocho meses al año.

Robyn Streeter y Donna Smith, hortelanas a domicilio, Portland


"La tierra, las semillas, el riego, la cosecha... todo corre de nuestra parte”, aseguran las creadoras de Your Backyard Farmer, que nos muestran con orgullo dos de las 30 granjas/jardines a su cuidado. “Lo bueno es que este trabajo es que con el tiempo vas calando en tus “clientes”, y aprenden a hacer “compost”, involucran a sus hijos y deciden cultivar ellos mismos un terrenito”.
Salvando la distancia, Robyn, Donna y Annie agradecen el gesto de la primera dama, Michelle Obama
, que con unas botas negras y un golpe de azadón ha conseguido convertir la agricultura urbana en mucho más que una moda pasajera.

Carlos Fresneda, Nueva York
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MICROHORTELANOS URBANOS

Ver crecer una semilla hasta convertirse en una magnífica planta es, además de una tarea muy gratificante, una forma de proteger el patrimonio alimentario del planeta.
Los germinados no son sólo el alimento vivo más antiguo, sino un manantial de clorofila, enzimas, vitaminas y aminoácidos (proteínas). Están indicados en cualquier tipo de alimentación y para todas las edades, y su obtención es muy sencilla y económica. Su listado de virtudes es impresionante: favorecen la regeneración celular, ayudan a perder peso, bajan los niveles de colesterol, ayudan a la eliminación de toxinas, incrementan la concentración, mejoran la calidad de piezas dentales, piel y cabello, aportan la energía suficiente para la práctica de deportes exigentes, mejoran el olor y el sabor de los fluidos corporales (semen, saliva y transpiración), ayudan en la digestión, incrementan la potencia sexual...
La pregunta es por qué algo que pinta tan seductor no es más conocido y utilizado masivamente en nuestra sociedad. O ¿cómo se explica que no forme parte de la ayuda internacional para los poco nutridos? Porque hay que señalar que el germinado, además de ser uno de los superalimentos con menos huella ecológica que existen, es de muy fácil obtención y aporta una gran cantidad de nutrientes. Eso por no hablar de la enorme disponibilidad de su materia prima. Por otra parte, es más barato que cualquier otro alimento si calculamos la cantidad de energía y dinero invertido antes de que podamos comer el producto (química, maquinaria, transporte, empaquetado, publicidad, frigoríficos, personal, intermediarios, residuos...) Y es que comer brotes germinados nos permite participar del cuidado del planeta y cuando los obtenemos nosotros mismos en la ciudad, nos sensibiliza ante los procesos vitales que se desarrollan en la naturaleza.
el terreno de cultivo no ocupa más de 200 centímetros cuadrados; la inversión en infraestructuras puede ser nula o no mucho más de lo que vale un café y las semillas, esos tesoros patrimonio de la humanidad, además de comidas, quizás lleguen a ser mejor valoradas por todos. Porque proteger y conservar el patrimonio alimentario del planeta no debería estar en manos de agroespeculadores de corbata y laboratorios de dudoso valor para el bien común que no son más que ladrones industriales agroquímicos que manipulan el supernegocio global.
Si buscamos entre la enorme oferta de emocionantes experiencias que nos brinda este curioso mundo que hemos montado, lo de germinar una semilla es una de las más mágicas y sorprendentes. Ir sintiendo cómo de lo más minúsculo brota una energía viva capaz de irse convirtiendo enlamaravillosa estructura de una planta, una nueva vida que puede transferirse en portentosa energía vital para el cuerpo humano y animal.

Como consumidor de fórmula magistral de cápsula multivitamínica para mantener el equilibrio nutricional y el cuerpo en óptimo estado a todos los niveles, he de decir que me estoy pasando sin dudarlo a esas cápsulas naturales llenas casi de lo mismo, pero con mucho mejor sabor. Además, por fin he encontrado el espacio zen matinal y, justo después del aseo, me voy directo al microhuerto, donde el riego y el control de humedad se han convertido en tareas apasionantes. Cada día observo cómo la pequeña porción de semillas va abriéndose camino hacia la vida energética, algo que no tiene precio en este mundo multimedia que habito.
Ahora me considero un microhortelano vinculado directamente a todos los trabajadores que sacan de la tierra nuestros demás nutrientes y me gustaría animar a todos los posibles lectores a pasarse con alegría a la revolución micro-hortelana urbana; a la labor de sembrar y recoger. Yo ya me considero un activista que, además de cultivar una pequeña parte de sus necesidades nutricionales, valora las semillas como algo supremo y, por lo tanto, presto toda la atención que puedo para evitar que las manos sucias las alteren y controlen. Y pienso, que si germinan las semillas y nos nutren equilibradamente, quizás pueda también germinar una mayor autogestión alimentaria de los pueblos.
"Me considero un activista que,además de cultivar una parte de sus necesidades Nutricionales,valora las semillas como algo supremo"
El plan de acción para convertir un pedacito de la cocina o de la oficina en una microhuerta ecológica productiva y sin riesgos transgénicos es muy sencillo.
1-Ilustrarse en los conocimientos básicos de la nueva tarea, localizando a otros microhortelanos que nos formen en unos agradables ratos degustando su producción si es posible. Ellos también pueden facilitarnos los truquillos de este trabajo y los enlaces con los suministradores de las mejores semillas de vida.
2-En el caso de no conocer ninguno, acudir a la gran red del conocimiento y buscar foros y páginas de sabiduría, preguntar a los distribuidores, o bien, en la ecotienda del barrio.
3-Localizar el terreno que deseamos ocupar, acondicionar en cuestión de minutos y preparar las herramientas para el microhuerto: ilusión, constancia y paciencia junto con los recipientes.
4-Adquirir una pequeña cantidad de la semilla que más nos guste: alfalfa, lentejas, pipas de girasol... y que requiera las mínimas atenciones. Luego, con la experiencia, podremos dejarnos llevar por todo lo germinable sano que esté a nuestro alcance. Las semillas deben adquirirse en las ecotiendas y es recomendable que procedan de cultivo ecológico para asegurar que estén libres de químicos y pesticidas.
5-Elegir alguno de los métodos universales microhortelanos: jarra o tarro de cristal con gasa de tela en la boca del recipiente, bolsa de plástico automultiperforada, plato con tela o papel secante, germinadora simple o apilable y, por ultimo, germinador de barro.
6-Prepararse para cultivar la atención, la constancia, el cuidado amable de las cosas sencillas, el valor de hacerlas uno mismo y recoger salud, superalimentos, bondad de la naturaleza y sus seres y una acción directa contra todo lo que quiere modificar los genes de nuestro mayor patrimonio natural: las semillas de la vida. ¡Stop transgénicos! ¡Stop al robo de nuestra vida de calidad! 

Manolo Vílchez, publicado en Integral 352, abril 2009
Artículo original en pdf


Integral Práctica
Microhortelanos en la ciudad
Batlle, decana empresa comercializadora de semillas, apuesta por sobres de brotes de rabanito sango, col lombarda, alfalfa, soja verde, lentejas y la combinada Mix Vita Plus, con tres raciones de germinados. En el sector de jardinería –y pronto en supermercados (consultar web)– se pueden adquirir los sobres de semillas y una promoción de unas ingeniosas germinadoras de plástico, incluidas en la compra de varios lotes de sobres. Laura Kohan, experta nutricionista y colaboradora de Integral, ha participado en este proyecto para acercar los germinados al gran público. Pdf con datos distribuidores.
En catalán, reportaje sobre la practica de brotes Batlle:


Biospirit: Tel.: 972 428 685; E-mail:info@luzdevida.com. Ofrece multitud de semillas de cereales y plantas con alto poder germinativo. Propone realizar pruebas con algunas variedades y, si alguna no germina, siempre estará disponibles para cocción.
Biocop ofrece germinadoras y sobres de semillas para germinar. Tel.: 93 843 65 17

Luisa Martín Rueda, Más energía y salud con los germinados, (Ed. Océano/Ámbar). Oda práctica para animar a germinar, conocer las cualidades y virtudes nutricionales de los brotes y sus procesos, con recetario de elaboración y consejos prácticos para germinar en casa, con casi todos los métodos.

me uno a la FAO en el año de la patata

Ilustración de Luis Parejo

Cómo son las cosas que, siendo adicto a las patatas en todas sus formas culinarias, se me ha pasado el año sin realizar elogio a ellas en el suyo internacional, el de la papa, que así la llaman muchos en las cercanías y también en las lejanías americanas. Lo anima la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). En su web oficial (enlace al final) se puede acceder a todo tipo de información y ha sido tal el impacto que me ha causado que me he propuesto convertirme en un activista ecopapaísta en casa y en la terraza y donde pueda.

En casa sigo consumiendo las patatas más locales posibles y cultivadas ecológicas, para comérmelas tranquilo con su piel nutritiva, cuando son jóvenes, siempre bien lavadas y nunca enverdecidas o con brotes, que afectan a lo nervioso al contener solanina. Para aprovechar sus cualidades no nutritivas, las cataplasmas con patata hervida y aplastada con piel van de perlas para tratar tos, dolores de hombros y cervicales, según dicen. Con una rodaja de patata fresca hay alivio garantizado sobre quemaduras y ojos cansados. Pero lo más innovador que se hace con ellas son las bolsas de plástico elaboradas con su almidón y que ya no son de petróleo, sino de biopolímeros que vuelven al compost, a la tierra, quizás a nutrir nuevas patatas, como hacen en Sphere Spain.

El llamado Pan de los Andes está lleno de historias desde su primer cultivo hace 8.000 años hasta nuestros días, cuando es la cuarta cosecha mayor del planeta. No es extraño, pues es el vegetal que más energía produce en menos tiempo. En los Andes, históricamente, se tomaban deshidratadas, y me he propuesto prepararlas así, usando para ello el calor de la cocina solar, cerrando un ciclo perfecto de energía alimentaria sin emisiones. Y, además, propongo un último homenaje: sembrarlas en la terraza, algo muy fácil de hacer que explicaré en la próxima ocasión.

enlaces:
Año Internacional de la Patata

Sphere Spain

alSol tecnologías solares S.L.

Manolo Vilchez
Publicado en Natura nº30, el 8/11/2008

De la granja a la Gran Manzana



Lo que comenzó siendo la tímida iniciativa de un puñado de agricultores se ha convertido en la trastienda más sana de Nueva York

Huele a cilantro en el centro de Nueva York. Y a hierbabuena, albahaca, perejil recién cortado. Y a puerros silvestres, coles rizadas, bardanas arrancadas de la tierra la noche anterior y llegadas hasta el asfalto en el camión del granjero, que lleva tres décadas trayendo lo mejor de lo mejor hasta el Greenmarket.

Quienes vienen de fuera se frotan los ojos cuando caminan entre el paisaje y el paisanaje de Union Square, con sus puestecillos blancos y su olor a campo, en las antípodas de Times Square. Quienes vivimos aquí lo apreciamos como el regalo más generoso de la Gran Manzana, su trastienda sabrosa y verde.

El Empire State se adivina a lo lejos, marcando el norte de donde viene la cosecha. Porque todo lo que se compra en el Greenmarket ha crecido a menos de 300 kilómetros a la redonda, siguiendo métodos orgánicos o 'no convencionales', con la garantía impagable de ese granjero de piel curtida y manos cuarteadas que se levanta a las tres de la madrugada para que los vegetales lleguen frescos al puesto, y de ahí a la mesa.

John Gorzynski fue de los primeros en desbrozar el bosque urbano de Union Square, allá por 1979... «Cuando llegamos aquí, la plaza estaba tomada por los drogadictos y los maleantes. Los agricultores mirábamos Nueva York con recelo, pero pronto le perdimos el miedo. La gente del barrio no tardó en llegar, el eco recorrió toda la ciudad y así hasta hoy, que nos llegan los mejores 'chefs'... y los turistas japoneses».

Un raudal incesante de 60.000 almas recorre los más de 60 puestos del Greenmarket un sábado cualquiera. Gorzynski, 53 años, se ha afeitado su barba matusalénica a tiempo para la riada y para la cosecha de este año, que alcanza su máximo esplendor en plena canícula estival. Ahí tenemos los rábanos rojos y blancos, y las zanahorias orgánicas, y las berzas, y los bulbos, y el abanico local de coles.

«Te voy a decir una cosa: el 80% de nosotros habría arrojado la toalla si no se nos da esta oportunidad», confiesa. «La única válvula de escape de los pequeños agricultores es ésta: poder llegar directamente a los consumidores y contribuir de paso a la economía local y a la vida en la ciudad».

Hace 30 años, el espacio reservado cuatro días a la semana para el Mercado Verde de Union Square era un triste y desolado aparcamiento donde no crecían ni las malas hierbas. Los granjeros del río Hudson parecían mientras tanto abocados a la extinción, estrangulados por los mayoristas y condenados a los monocultivos. Hasta que el urbanista Barry Benepe tuvo la idea de conectar directamente al agricultor con el urbanita, y encontró este espacio privilegiado que no tardó en germinar.

Hoy por hoy hay ya 45 mercados de granjeros diseminados por Nueva York, y más de 4.000 repartidos por la geografía norteamericana, donde la asistencia semanal al 'greenmarket' es ya mucho más que un acto de rebeldía; más bien una necesidad. El fenómeno de los mercados de granjeros ha saltado ya a esta otra orilla del Atlántico, como respuesta a la oferta insostenible e insípida de los centros comerciales y los supermercados.

«Basta con que los vecinos de un barrio muestren su interés por un mercado verde para que veamos si es posible que los granjeros puedan echar raíces allí», explica Gabrielle Langholtz, del Consejo de Medio Ambiente de Nueva York. «Las tiendas locales reciben con los brazos abiertos a los agricultores porque sirven de reclamo y todos se benefician».

«¡Trina ha vuelto!» es el secreto a voces que van pasándose los asiduos al Greenmarket de Union Square. Y Trina Pilonero, 56 años, con su sombrero de paja, celebra estar de vuelta un año más con el increíble surtido de semillas del Silver Height Farms: más de un centenar de variedades de tomates y pimientos (incluido los de Padrón), veinte tipos diferentes de albahaca, lechugas para las que no existe traducción.

Trina merecería sin duda un premio por su contribución a la biodiversidad. Más allá, Nicole Bishop y la Mountain Sweet Berry Farm tienen la fama ganada por sus puerros silvestres. El 'chef' Bill Telepan se deja seducir por el olor a tierra mojada y no se lo piensa más: «Llevo 15 años comprando aquí y no concibo la vida en Nueva York sin el Greenmarket». Algo parecido opina el famoso Mario Batali: «Todos los 'chefs' saben lo importante que es acortar la distancia entre la tierra y el plato».

Uno de los puestos más concurridos es, sin duda, el de Linda Paffenroth y sus suntuosos 'jardines', donde crecen las ortigas, las chirivías, los cebollinos, las patatas del Yukon y las zanahorias rojas, amarillas y moradas. «La diversidad es uno de nuestros lemas», presume. «La gente viene buscando cosas que seguramente no va a encontrar en otro puesto».

Los ajos de Keith Farm, los calabacines de Cherry Lane, el cilantro de S&SO, los condimentos de Beth's, el sirope de arce de Deep Mountain, el pan biológico de Bread Alone... El maná incesante se prolongará más allá del verano y encontrará su dorado esplendor con las montañas de manzanas y calabazas, señal certera de ese otro otoño neoyorquino, apenas sospechado, que nos espera al sur de Central Park

Carlos Fresneda | Corresponsal de El Mundo en Nueva York

UNA DULCE PLANTA DE ESTEVIA EN MI BALCON

 
 Ilustración de Luis Parejo

Publicado en Natura 25 de El Mundo · 05/2008

Cuidar plantas de interior o exterior, en la sala o el balconcillo, puede ser no poca cosa para personas modernas, activas y veloces en este mundo patas arriba. Y más cuando podemos sembrar plantas como la estevia, famosa por su poder edulcorante.

Llegaron los primeros días de esta primavera, virtuosa como todas en la distancia que nos separa del sol y que da para generarnos placeres térmicos, alquimias energéticas y gozos externos. El año pasado un activista payés, Josep Pàmies de Balaguer (blog), me pasó unas plántulas de la planta dulce ('Stevia rebaudiana') y me comentó que sus compuestos eran 30 veces más dulces que el azúcar (lo comprobé al masticar una de sus hojas). Me dijo que era un regalo para los diabéticos, además de virtuosa en servicios como planta medicinal. La estevia es todo un símbolo del movimiento internacional Slowfood por una alimentación en manos de la gente y no en las de la industria del aceite de girasol envenenado, el arroz especulado, la carne inflada y la pesca esquilmada.

En Japón el 40% de los edulcorantes son de base estevia y no del sospechoso aspartamo. La dulce planta procede de las tierras cálidas de Paraguay y Brasil. Y yo, al igual que cada vez más ciudadanos mosqueados con lo que pasa en la ruleta de los alimentos, a pesar de no estar del todo tolerada en la Europa de los 25 -no está aceptado su uso alimentario- , me planté las tres estevias en mi balconcillo. Precisa de todas las horas de sol posibles, quizás añorando sus orígenes. Se lleva bien con el agua y regala placeres dulces gracias a sus hojas, masticadas o en tisana, con un ligero sabor de regaliz. Está fresca desde la primavera hasta cuando nos alejamos más del sol. Después parece que muere, pero en realidad mantiene en el interior de la tierra la fuerza contenida para brotar de nuevo la siguiente primavera.

Ver resurgir el verde después de cinco meses me ha dado para nombrar mi balcón como el de la dulce independencia, entre lechugas diversas, tomates y habas colgantes. La red de conocidos anda ya enterada de mi oferta de seguir expandiendo los hijuelos de la entrega que me hizo Pàmies, y estoy dándole a la técnica de los esquejes, para multiplicarla.

Me han proporcionado desde un proveedor alemán un kilo de planta seca para experiencias tisaneras, una cajita de capsulillas tipo sacarina y un tubo de pasta de dientes, con la estevia como ingrediente. Está disponible en Biohabitat. Tiene la dulce planta hasta una campaña para ser conocida, Estevia por la Tierra puesta en marcha por buscadores de ecotendencias necesitadas de cultura y activismo. Si después de este breve viaje dulzón no te resistes a cultivar por lo menos una estevia, puedes acudir a Pàmies Horticoles que además produce ecológico: o preguntar a tu vecino, no vaya a estar ya puesto en ello.
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Enlace al espacio web del Natura de El Mundo, desde aqui al pdf completo y desde aqui al pdf del artículo

EL ECOLOGISTA EN CASA
QUIÉN: Manolo Vílchez es facilitador ecológico. Pretende reducir el impacto ambiental en la vida cotidiana. Consejos: En este artículo describe sus experiencia cultivando estevia, una planta cuyas hojas contienen un potente edulcorante natural que no está aprobado por la UE como alimento