10 de marzo de 2013

El guardián del maíz


               Foto: Isaac Hernández

Como si fuera su tesoro más preciado, Clayton Brascoupé despliega ante nuestros ojos las mazorcas de maíz negro, maíz blanco, maíz rojo, maíz azul... El increíble arco iris de granos y semillas ha pasado de generación en generación desde tiempos inmemoriales. Su labor consiste ahora en preservarlos, ante la invasión de maíz transgénico que acecha a los agricultores nativos de Nuevo México.

"El maíz es algo sagrado para nosotros", asegura Brascoupé, un indio "mohawk" que cambió los bosques del noreste americano por los bancales del río Tesuque, donde también cultiva fríjoles, chiles, guisantes y verdura orgánica. "Nada atenta más contra nuestra cultura que el maíz transgénico. Creemos que una semilla saludable hará a la gente saludable, por eso nos rebelamos instintivamente".
    
El pueblo de Tesuque (apenas mil almas) tiene una larga tradición en esto de las "rebeliones". Cada 4 de agosto se celebra en la plaza la danza del águila, para conmemorar las "revuelta" de 1680 que acabó con la retirada de los españoles y con la supervivencia contra todos los elementos de esta cultura ancestral, que se ha preservado milagrosamente en los 19 pueblos de adobe de Nuevo México.
    
"Vivimos en contacto primordial con la tierra", advierte Clayton Brascoupé, el "guardián" del maíz. "Tenemos una relación espiritual y emocional con las semillas de maíz. Nuestros ancestros mesoamericanos lo llevan usando desde hace 7.000 años. Moler el maíz es algo que seguimos haciendo a mano todos los días. Es la base de nuestra alimentación y lo usamos de mil maneras, para hacer pan, harinas, dulces... Y lo utilizamos también en nuestras ceremonias sagradas".
      
"Por eso no concebimos que alguien venga de fuera con una patente y un contrato para poder usar las semillas. Hemos informado a los agricultores de sus derechos y hemos puesto en marcha campañas para prevenir la "contaminación" de cultivos genéticamente modificados. Queremos preservar a toda costa nuestras variedades de maíz frente a los monocultivos. Y no podemos tolerar que se fuerce a los agricultores a destruir sus semillas, o a quemar una cosecha "ilegal". Para los indios pueblo, quemar el maíz es un sacrilegio".
    
Taos, Picuris, Pojoaque, Cochit, Zia, Acoma, Tesuque... Los pueblos de Nuevo México son territorio fértil para el mestizaje y las ensoñaciones, pero no para las cosechas. Durante más de tres siglos, y gracias a la sabiduría tradicional heredada de la cultura de los "anasazi", los nativos lograron sin embargo sacarle fruto a estas tierras áridas.
    
La "ocupación" española, pese al derramamiento de sangre, dejó también un surco muy profundo. Ahí tenemos a la Asociación de las Acequias (protegiendo las "venas" de agua de Nuevo México), y al grupo Amigos Bravos (velando por los cauces naturales) y a la asociación Tierra Lucero (uniendo a los agricultores ecológicos).
    
El agua es la vida y aquí se la venera como el maná del cielo. "¡El agua no se vende, el agua se defiende!", es el lema de los "parciantes", hermanados por un sistema cooperativo que ha sobrevivido a hambrunas y sequías. El mismo espíritu de independencia y colaboración ha alimentado la Declaración de la Soberanía de las Semillas, firmadas en la localidad de Alcalde por decenas de agricultores "resistentes al sistema de industrialización de los alimentos que corrompe nuestra salud, nuestra libertad y nuestra cultura".
    
Entre los impulsores de la declaración de "soberanía" se encuentra precisamente Clayton Brascoupé, cuyo sueño es la creación de una red de "bancos de semillas" donde se preserve la herencia agrícola de los pueblos. El "guardián" del maíz lleva también las riendas de la Asociación de Agricultores Nativos y Tradicionales, surgida hace 17 años como respuesta a la alimentación industrial y la cultura de los casinos como única fuente de ingresos en las reservas indias...
   
"Hemos decidido reclamar nuestra cultura desde lo más básico y tomar las riendas de nuestro propio destino. Aquí mismo, en Tesuque, cultivamos 17 hectáreas que sirven esencialmente como "agricultura de subsistencia" para el pueblo. El sobrante lo vendemos en los mercados locales, y la agricultura sirve ya para generar empleo".
     
"La mayoría de la gente trabaja fuera del pueblo, pero estamos involucrando muy especialmente a los jóvenes", se jacta Brascoupé, que quiere dejar sus semillas multicolores en buenas manos. La Iniciativa Agrícola de Tesuque se ha convertido entre tanto en un "santuario" de variedades autóctonas, del maíz azul de los indios "hopi" a las judías anasazi, pasando por las calabazas, los chiles o las hierbas medicinales.
    
Decenas de expertos y cientos de escolares pasan por Tesuque todos los años a extraer las lecciones de la tierra, y hasta el Consejo Internacional de las Trece Abuelas eligió este difícil pero mágico lugar para uno de sus recientes encuentros. Las granjas de Tesuque se han incorporado también a otro proyecto auspiciado por los Bioneros, empeñados en convertir este rincón incomparable en el sureste de Estados Unidos en paradigma de lo posible.
    
"Soñando Nuevo México" da nombre a esa visión futurista y sostenible que, con la ayuda de Google Maps, se ha hecho realidad desde el cielo. Hacia ella avanzan.

Carlos Fresneda

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