- La Guarda Costera asegura que se trata de la aparición de algas rojas
- Los pescadores dicen que son similares a las del vertido BP
Pensamos y sentimos que por qué no lo imposible en tiempos ordinarios se puede convertir en factible en tiempos extraordinarios. Los ejes políticos y economicos, se manejan por una minoría hija predilecta del capitalismo. Indagar en la construcción de la resiliencia, reencontrar valores no rentables para pocos pero vitales para los muchos, anhelar un mundo sin perdedores, escribimos sobre personas y organizaciones que estimulan a cambiar hacia un mundo mejor. Carlos Fresneda y Manolo Vilchez
DESCUBREN GRANDES MANCHAS ANARANJADAS EN EL GOLFO DE MEXICO
EL HONOR DE LOS "NUNEZ"

- Jules y Randy Nunez son pescadores de Luisiana descendientes de españoles
- Aunque les cueste reconocerlo, son lo que en el sur de EEUU llaman 'islenos'
- Regentan una de las lonjas más celebres de Bahía Barataria: 'Nunez Seafood'
- El negocio existe desde hace 60 años y ha sobrevivido a muchos huracanes
El petróleo del Pozo Macondo entra en la Bahía Barataria... No se dejen engañar por la carga literaria y asómense a la cruda realidad: el vertido del Golfo de México azota el mayor estuario de Luisiana.
Cientos de pescadores se quedan en el dique seco, y entre ellos los Nunez, que llevan aquí anclados el tiempo suficiente como para haber perdido la 'eñe' y el acento canario.
Aunque les cueste reconocerlo, los Nunez son lo que aquí llaman 'islenos' (nosotros diríamos 'isleños'). Al abuelo Clemente le recuerdan como 'Grandpa Clement'.
No saben a ciencia cierta de qué isla llegaron sus ancestros, ni en qué año recalaron en la Luisiana. Pero es muy posible que lo hicieran entre 1778 y 1783, cuando Carlos III envió a los pobladores canarios que se adaptaron como pez en el agua a las llanuras aluviales de rodean Nueva Orleans.
El caso es que Jules y Randy Nunez, que nunca leyeron el Quijote, regentan una de las lonjas más celebres de la Bahía Barataria: 'Nunez Seafood'. El negocio familiar lleva abierto desde hace 60 años y ha sobrevivido a incontables huracanes.
En plena temporada, entre 50 y 75 barcos depositan aquí a diario su maná de gambas, cangrejos, lenguados y corvinas. El negocio factura al año dos millones de dólares, pero el vertido lo ha arrojado todo por la borda.
"Nos estábamos recuperando finalmente del Katrina y ahora nos llega esto", se lamenta Jules Nunez, 77 años, en esa especie de camarote varado en el tiempo, decorado con mapas antiquísimos y corvinas disecadas.
Era domingo, y tras la misa de rigor (día estatal de 'plegaria' para frenar el vertido), los Nunez se refugiaron en su lonja porque no había nada mejor que hacer... "Esta es nuestra vida, siete días a la semana. Y aquí esperaremos las noticias, buenas o malas. En el mejor de los casos, habrá que esperar uno o dos años. Hemos puesto las demandas contra BP, pero aún no sabemos nada de compensaciones económicas ¿Que si he escuchado el discurso de Obama? Buenas palabras, pero poca acción...".
A la espera
Jules prefiere sin embargo "no hablar mal de nadie" y esbozar una sonrisa de viejo pescador que se las sabe todas. El timón del negocio se lo pasó hace tiempo a su hijo, Randy, que es el que 'está moviendo los papeles'.
Una vez a la semana, los miércoles, el 'consejero de la crisis' se acerca al centro comunitario de Lafitte para despachar con los pescadores y ponerles al día. El dinero no llega, y la paciencia se va agotando, en medio del insoportable bochorno y del quejido estridente de las chicharras.
"Vuelve dentro de unos meses y te diremos", sentencia Jules. "Lo mismo ha ocurrido ya el 'milagro' y ves los muelles repletos con cajas de cangrejos y gambas. O a lo mejor nos ves igual que ahora, desocupados y pendientes del televisor... Pero aquí seguiremos, no lo dudes. Esta es nuestra vida y de aquí no nos vamos".
Dejamos a los Nunez con una sensación amarga allá en su lonja, en uno de tantos canales que rompen en la inmensa Bahía Barataria. El petróleo entró de lleno hace más de dos semanas y ha estrangulado ya la vida de varios delfines, que llegaron precisamente a la bahía huyendo de la mancha.
El gobernador Bobby Jindal, que tiene una especial querencia por el estuario, ha ordenado el despliegue de medio centenar de balsas de contención, para evitar que el crudo entre en los canales y en las zonas pantanosas.
Poco se puede hacer, sin embargo, mientras el realismo 'sucio' siga brotando a espuertas del pozo Macondo. La tragedia se cuece a fuego lento en la Bahía Barataria.
Carlos Fresneda, (Enviado especial) | Bahia Barataria (Luisiana)
Publicado en El Mundo
COMO "TAPONAR" LA VERDAD SOBRE EL VERTIDO
BP está librando desde hace 50 días dos batallas simultáneas. De su lucha desesperada por ponerle un “tapón” al vertido de petróleo en el Golfo de México tenemos constancia sobrada. Poco ha trascendido sin embargo de los denodados esfuerzos de la compañía británica por ponerle un “tapón” a la verdad, por negar sistemáticamente la evidencia, por mantener a distancia a los medios, por movilizar sus influencias políticas y por alistar a los máximos expertos en el dudoso artes de manipular a la opinión pública. BP empezó contratando los servicios de Brunswick Group, uno de los despachos más poderosos de Washington, especializado en “retos críticos de comunicación”. Hace una semana, BP fichó directamente a Anne Womack-Kolton, ex jefa de campaña del ex vicepresidente Dick Cheney. Esta misma semana, el ex estratega de Bush Alex Castellanos se suma a la lista, a través de la firma Purple Strategies.
En un alarde de desfachatez o socarronería, BP parece dispuesta a alistar a los “sospechosos habituales” para deshacer el entuerto al que tan generosamente contribuyeron cuando Bush y Cheney se bajaron los pantalones ante las petroleras. Aunque la mancha de petróleo salpica por supuesto a los demócratas, y los pringosos tentáculos de BP llaman a la puertas del jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Rahm Emanuel; del ex jefe de la transción de Obama, John Podesta, y hasta del fallecido Ted Kennedy (por citar unos cuantos).
BP contraataca por todos los medios posibles para rehacer su imagen, de Facebook a Twitter, donde le ha salido por cierto un “replicante” disparatado. La compañía británica ha colocado también su “enlace patrocinado” en lo más alto de las búsquedas de Google, cada vez que se teclean las palabras malditas: “oil spill”.
En televisión, y en toda página en los periódicos, vemos al controvertido director ejecutivo, Tony Hayward, pidiendo perdón por activa y por pasiva: “El vertido es una tragedia que nunca debería haber ocurrido... Lo siento profundamente”.
Pero lo más lamentable es sin duda el empeño de BP por hacer “invisible” el desastre. Lo pudimos comprobar en carne propia varias veces durante los primeros días, cuando nos topamos con cintas amarillas –como las que usa la policía para delimitar la “escena del crimen”- para bloquearnos el acceso a las playas de Shell Beach o Grand Isle entre otras.
Una semana después del vertido, comprobamos que BP exigía a los pescadores la prohibición de “hablar con los medios” como condición para poder sumarse a las operaciones de “respuesta”. Los pescadores de Venice advirtieron que la Guardia Costera les llegó a amenazar con multas cuantiosas si se atrevían a llevar periodistas a la zona del vertido.
Poco después, los guardias de seguridad de otra compañía petrolera –Shell- nos dieron con las puerta en la narices cuando pretendíamos acceder a deshora a una conferencia de prensa en el fortín de Robert (¿alguien nos explica por qué ponen el centro de información a 200 kilómetros de la costa?). Hace menos de dos semanas asistimos a la patética coreaografía con la que BP agasajó al propio Obama, que dio su rueda de prensa en Grand Isle a menos de 500 metros del cuartel general de Exxon Mobil en el Golfo de México (¡rodeados estamos!).
La agencia AP, la cadena CBS y el diario Times-Picayune denunciaron recientemente los esfuerzos de BP por bloquear el acceso a los medios, aunque la cortina de humo no podía resistir mucho más. Las fotos espeluznantes de los pelícanos embadurnados en la isla de Gran Terre acabaron con la consigna no escrita que funcionó casi a la perfección hasta la fecha: “Prohibido fotografiar animales muertos”.
Se confirma por fin ahora la existencia de manchas submarinas de petróleo, diez días después de que el ubicuo Tony Hayward pusiera la mano en el agua ante la prensa: “El petróleo está en la superficie... El petróleo tiene una gravedad específica, que es la mitad que la del agua, y tiende a salir a la superficie por esa diferencia de gravedad”.
Elemental, querido Hayward... Seguiremos desinformando.
Carlos Fresneda
Publicado en el blog Crónicas desde EE.UU. de El Mundo

