Mostrando entradas con la etiqueta National Geographic. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta National Geographic. Mostrar todas las entradas

DEL KON-TIKI AL PLASTIKI, LA AVENTURA DE DAVID DE ROTHSCHILD


La Isla de Plástico,en pleno océano Pacífico, dobla la extensión de España. Allí se dirige el Plastiki, para mostrar los estragos de la cultura del 'usar y tirar'

David de Rothschild tuvo un sueño: fletar un barco rumbo a la misteriosa Isla de Plástico, que no figura en ningún mapa pero que está ubicada entre Hawai y las costas de California, extendiéndose ya por una superficie dos veces mayor que la de España sobre las aguas turbias del Pacífico.

Siguiendo“la ecuación de la curiosidad", el sueño premonitorio se convirtió en aventura, y la aventura dará lugar a un mar de historias, que romperán al cabo de 100 días en Australia y crearán –eso espera él– un reflujo mundial: “Todos los años producimos 260 millones de toneladas de plástico, y gran parte de lo que desechamos acaba envenando nuestros océanos”. 


El barco es el mensaje, y a Rothschild –oveja verde de la famosa familia de banqueros– no se le pudo ocurrir mejor nombre que el de Plastiki, en homenaje a su admirado Thor Heyerdahl y al mítico Kon-Tiki.

El Plastiki es un catamarán único en el mundo: el casco está construido con un nuevo material, bautizado como srPET y elaborado a partir de plástico reciclado. Más de 12.500 botellas de plástico comprimidas contribuyen a su flotación y a su ligereza. El iglú que hace las veces de cabina es totalmente reciclado y reciclable, al igual que la vela confeccionada con tela usada.

“La naturaleza no produce desperdicios, y eso es lo que hemos querido demostrar”, nos confió Rothschild en vísperas de la botadura, en la calma chicha y gris de la bahía de San Francisco. El Plastiki había fraguado ya como un sueño tangible y deslizable, y tuvimos el honor de asistir a la izada del mástil (una tubería de riego reciclada) y a los últimos retoques en la cubierta, donde quedaron instalados los paneles solares...

“Digamos que el Plastiki es un gran mensaje en una botella: la actividad humana está estrangulando la vida marina y nosotros mismos somos verdugos y víctimas. Todo viene de la naturaleza y vuelve a la naturaleza. Si el sistema colapsa, nosotros colapsamos con él. Tenemos que reposicionarnos en el ciclo de la vida... y acabar con esta cultura autodestructiva de usar y tirar”. 


A sus 31 años, con su barba perenne y su metro noventa largo de altura, David de Rothschild tiene algo de mesías ecológico, a pesar del apellido... “La gente puede pensar que todo esto es un capricho de niño rico. Pueden pensar también que se trata de un ardid publicitario, pero lo cierto es que no nos mueve otra cosa más que el espíritu de aventura y nuestro aprecio por el planeta”.

Rothschild no reniega de su familia, pero prefiere correr una cortina sobre el lado personal y centrarse en el mensaje. Digamos que la querencia por lo natural le viene de su infancia privilegiada en la campiña inglesa y de su contacto muy directo con los caballos. A los 14 años ingresó en el equipo junior olímpico de equitación. Estudió Ciencias Políticas en Oxford y después se interesó por la naturopatía. En el 2005 fundó Adventure Ecology, con la idea de fundir aventura y activismo.

Se pasó a la militancia dura con su Manual de Supervivencia del Calentamiento Global, visitó la Antártida y cruzó el Artico en 100 días para denunciar lo cerca que estamos de la desaparición del casquete polar... “Pero es difícil emocionar a la gente con el CO2, que a fin de cuentas es un gas inodoro e invisible. Tras esa travesía me pregunté cómo hacer este debate más personal, cómo hacer más visibles también los efectos de la acción humana”.

Llevaba tiempo dándole vueltas al asunto de los residuos. La chispa brotó gracias a Charles Moore, una larga década estudiando la acumulación de basura en el Pacífico Norte. Moore fue el primero en advertirle: “Es muy difícil llegar a la isla, y más difícil aún avanzar. Se trata en realidad de una ciénaga de plástico flotante: puedes quedar peligrosamente atrapado”.

“Digamos que la Isla de Plástico no se ve hasta que estás dentro”, asegura Rothschild, como si ya hubiera estado allí en sueños. “Es lo que tiene el mar: parece tan vasto e inabarcable en el horizonte que podemos pensar que, por mucho que lo contaminemos, nunca llegaremos a alterarlo. Pero la verdad está ahí: del 60% al 80% de la contaminación del mar está causada por los plásticos. Todos los años mueren al menos un millón de pájaros y 100.000 mamíferos marinos por la ingesta de plástico, que también nos tragamos indirectamente los humanos cuando vuelve a nosotros a través de la cadena alimenticia”.

Insistimos en la incertidumbre de la aventura, el miedo a ese mar artificial de los sargazos donde apenas sopla el viento y que no ha sido surcado aún por los humanos. “¿Qué sería de una aventura sin riesgo?”, se pregunta Rothschild, que no ha dejado de pensar en lo que sentiría Thor Heyerdahl cuando zarpó en 1947 rumbo a la Polinesia con el Kon-Tiki, construido a modo de balsa precolombina.

Olav Heyerdahl, nieto del explorador noruego, se ha unido ahora a la travesía del Plastiki, tendiendo un puente imaginario entre las dos expediciones. La capitana es una mujer, Jo Royle, curtida en los mares del sur, comprometida desde hace tiempo con la causa del cambio climático y su efecto en los océanos.

Al timón y a la vela estará también David Thompson, uno de los mayores expertos mundiales en navegación en catamarán. Son seis tripulantes en total, cada uno con una misión especial, argonautas del siglo XXI, seguidos de cerca por las cámaras del National Geographic, que convertirán la odisea en documental.

Entre otras amenidades, el Plastiki cuenta con una bicicleta fija para generar “poder humano” y con un sistema de cultivo por acuaponía que les permitirá saborear verduras frescas en plena travesía.
La cubierta ha sido diseñada para captar y aprovechar al máximo el agua de lluvia. El barco cuenta un sistema natural de depuración de aguas grises y negras. La cabina, construida con plástico reciclado,
tiene forma de iglú geodésico para hacerla resistente a los vientos.

El Plastiki partió de San Francisco viento en popa con la llegada de la primavera y en plena canícula arribará al puerto de Sidney. “El aliciente no está en el destino, sino en el proceso, y en todo lo que iremos aprendiendo e innovando por el camino”, asegura David de Rothschild, que anda dándole ya vueltas a su próxima aventura ecológica: “Tengo una idea aún más loca que ésta”.

Carlos Fresneda

.

Vea en verde - Planet Green, el primer canal de TV dedicado al medio ambiente

No será exactamente la CNN verde, pero marcará un hito en la historia de la televisión norteamericana como el primer canal consagrado 24 horas al medio ambiente. El 4 de junio empieza a girar Planet Green, con la ambición de llegar a 50 millones de televidentes y de hacerles ver la vida con otras lentes.

No será exactamente la CNN verde, pero marcará un hito en la historia de la televisión norteamericana como el primer canal consagrado 24 horas al medio ambiente. El 4 de junio empieza a girar Planet Green, con la ambición de llegar a 50 millones de televidentes y de hacerles ver la vida con otras lentes.

Le preguntamos a Eileen O'Neill, directora de Planet Green, si el gran público está preparado para 250 horas ininterrumpidas de información, entretenimiento, documentales, concursos y 'reality shows' descarademente verdes. "No sólo creo que éste es el momento idóneo para lanzar un canal como éste, sino que considero que es totalmente necesario”, asegura O'Neill. “Todos estamos deseando saber más y hacer más por el medio ambiente".Detrás de Planet Green está Discovery Channel, con más de 20 años de experiencia acumulada en la divulgación de la información científica y con una gran proyección mundial (www.enespanol.discovery.com). De momento, la rama verde del gigante llegará sólo al planeta americano, hermanada con dos webs que son ya las herramientas inustituibles para pasar a la acción (www.planetgreen.discovery.com y www.treehugger.com).

"La televisión intentará llegar a la gran audiencia, y confiamos en que la gente pueda luego saciar su interés y encontrar todas las respuestas en los dos portales de internet", vaticina O'Neill, que recalca el esfuerzo por encontrar el equilibrio "entre información y entretenimiento, entre los expertos y entre los talentos con tirón popular".

Leonardo DiCaprio será el productor ejecutivo de 'Greensburg', la serie documental que narra el renacimiento del pueblo arrasado hace un año por un tornado en Kansas, reconstruido desde sus cenizas con los criterios más ecológicos del momentoy con la ambición de convertirse en la pequeña capital verde (1.500 habitantes) de Norteamérica.

"Greensburg' es también el laboratorio de lo posible, el espejo al que podrán mirarse miles de pequeñas comunidades en EEUU", sostiene la directora de Planet Green. Para reforzar los contenidos informativos, el canal verde ha fichado a un viejo mito de la televisión americana, el ex presentador de la NBC Tom Brokaw y a otros bustos parlantes de renombre, como Bob Woodruff (ABC) y David Sieberg (CNN).

'Greenovate' y 'Renovation Nation' introducirán a los norteamericanos en el arte del bricolaje ecológico. 'Mean Green Machine' explorará los transportes menos contaminantes y 'The Green Life' dará pistas para el consumo verde, mientras los concursantes de 'Wa$ted' competirán por ver quién disminuye más su huella de carbono. Otro rostro famoso, la presentadora SuChin Pack, sevirá de gancho para la gente joven en 'G Word'. Maria Menounos hará mientras tanto incursiones en el Hollywood verde, a la caza de Brad Pitt y otras estrellas sensibles al mensaje.

"Para llegar al gran público hay que combinar información con entretenimiento", se justificada Graham Hill, fundador de Treehugger, el brazo teórico y práctico de Planet Green. "La parte comercial es también necesaria para darle viabilidad económica al proyecto. Aunque el mensaje es también consumir menos, está claro que la gente va a seguir comprando. Lo que prentendemos en este sentido es que la gente vote con sus dólares".

Compañías como General Motors (con el coche de hidrógeno Chevy Equinox), la constructora Caterpillar o SC Johnson se alternan en las filas de anunciantes y patrocinadores con grupos ecologistas como The Nature Conservarcy, la televisión pública PBS o la campaña 'WE' contra el cambio climático auspicida por Al Gore.

Graham Hill, que en cuatro años logró situar TreeHugger en el podio de las webs verdes (2,6 millones de visitas únicas al mes), celebra el hermanamiento con Planet Green y no teme que el mensaje quede desvirtuado por debajo del envoltorio verde: "Mi objetivo estos años ha sido cómo hacer accesible a las masas el mensaje de la ecología, cómo hacer atractivos los contenidos sin bajar el listón y educando al mismo tiempo. Creo que hemos encontrado una fórmula que funciona, con los suficientes incentivos como para captar a la gente corriente, y con la información necesaria para quien quiera profundizar en lo verde".

Tras el impacto de 'Una verdad incómoda', Hill considera que ha llegado el momento de dejar atrás el mensaje apocalíptico y de pasar a la acción "con un mensaje más positivo y soluciones concretas".

Pese a que los norteamericanos puntúan los últimos en 'ecocociencia', según el último baremo mundial de National Geographic, lo cierto es que las webs y los blogs consagrados al medio ambiente gozan de una pujanza inmejorable. Ahí tenemos el éxito de Grist (www.grist.org) aliñando el verde con sanas dosis de originalidad y humor, y por supuesto Wordlchanging (www.worldchanging.com), el punto de encuentro obligado entre la ecología y la tecnología.

Carlos Fresneda. New York
El Mundo. 18/05/2008