29 de junio de 2013

Las aventuras de la mujer pájaro


            Foto: Isaac Hernández

Las montañas de la Sangre de Cristo velan por el pasado y el presente de Arroyo Seco, un poblachón de apenas mil almas, entre la madera y el adobe, con un pie en el valle y otro en el desierto. Doscientos años hace que echaron raíces aquí los hermanos Cristóbal y José Gregorio Martínez, que venían de Río Arriba...
    
Y una década lleva Roberta Salazar agitando las alas de la asociación Ríos y Pájaros, invitando a los niños a que exploren el mundo natural, arrastrando a los visitantes hasta orillas del lago Williams, donde se reflejan los picos más altos e insospechados de este rincón mágico de Nuevo México.
     
"Los niños de hoy en día apenas pasan tiempo a cielo abierto", se lamenta Roberta. "Incluso en un lugar como éste, donde el apego a la tierra ha perdurado durante siglos, se han perdido los lazos con el entorno. Si queremos un futuro saludable y sostenible, tenemos que ayudar a los más pequeños a conectar con la fuente primordial de la vida".
     
Roberta Salazar, 55 años, con sangre hispana y de los indios "pueblo" en las venas, fue elegida en el 2010 como Heroína Nacional de la Vida Silvestre por el Pew Center por su labor educativa. El lema de Ríos y Pájaros lo dice todo: "Aventuras en el aprendizaje".   Lo que más le reconforta a estas alturas a Roberta es recoger la cosecha de esta larga década de "aventuras", intentando contagiar a más de 2.000 niños su pasión por la naturaleza....
    
"El círculo se empezó a cerrar el día en que vino hasta a mí una mujer joven, Claire Cote, decidida a trabajar con nosotros como artista y educadora de medio ambiente. Resultó ser una de las primeras estudiantes que salió del aula con nosotros, y aprendió a identificar los pájaros y a tomar muestras del agua en los ríos y en los lagos. Me confesó que aquella experiencia había marcado su infancia y había servido para que se decidiera a trabajar por la naturaleza".
    
"Vivimos en un planeta mágico", sostiene Roberta. "Y la mejor manera de captar esa magia es aprovechando esa edad de fascinación total por lo que nos rodea. A los niños no hay que explicarles lo que es la "biofilia". Su atracción por el mundo natural es instantánea, y lo único que hay que hacer es alimentarla. No hay mejor aula que el bosque, ni mejor manera de preservar la naturaleza".
    
Roberta recuerda su propia infancia como un sueño bien palpable... "Me crié en una granja aquí, al norte de Nuevo México. A mis padres les veía siempre cultivando o haciendo cosas con las manos. Llevábamos una vida muy frugal y al mismo tiempo muy rica, muy vinculada a la tierra. Imagino que por eso he acabado siempre volviendo. Siento unos lazos yo diría que espirituales con el valle de Taos".
     
A los 22 años, Roberta conoció al que luego sería su marido, el escalador Doug Bridgers, que le ayudó a ensanchar su horizonte. Junto a él subió a las cimas de Grand Teton en Wyoming o el Half Dome de Yosemite. Sobre la marcha se hizo bióloga y trabajó durante 17 años en parques nacionales. La llegada de su hijo, Noah, le hizo sentir de veras "la llamada de la naturaleza"...
"Me di cuenta de lo desconectada que está la biología del mundo real. Tuve la suerte de trabajar en lugares bellísimos, pero toda mi labor consistía en contribuir a la "domesticación" de la vida silvestre, usando herbicidas o contribuyendo a la destrucción de espacios naturales".
     
En 1999 tuvo la idea de insuflar unas dosis de "aventura" en el mundo de la educación.  Junto al ornitólogo Jim Travis, John Otis y un equipo de científicos y pedagogos fundó Rivers & Birds, con ese pájaro de la paz como emblema... "Porque en el fondo la paz no es sino la armonía y la serenidad trasplantada a nuestras relaciones con los seres vivos y con la naturaleza".
     
La propia Roberta Salazar se convierte ante nuestros ojos en mujer pájaro en nuestra subida improvisada hasta el lago Williams, en las estribaciones de las Montañas de la Sangre de Cristo, que cobran repentinamente un aire alpino después de la travesía del alto desierto. Nuevo México es decididamente un territorio proclive a las ensoñaciones. No es extraño que Georgia O´Keeffe (y últimamente Julia Roberts) decidiera echar raíces en estas tierras.
     
No es difícil imaginar las "aventuras" de los niños de Taos y Arroyo Seco, convertidos en ornitólogos con prismáticos por nueve días. O recorriendo como auténticos exploradores los ríos hasta el mismo nacimiento. O midiendo la calidad del agua, ese maná tan venerado en Nuevo México, donde persiste al cabo de más de cinco siglos la cultura de las acequias, acaso el mejor legado de la "ocupación" española...
    
"Agua, aire, tierra, fuego. Los niños tienen que descubrir por sí mismos la interconexión que existe entre los elementos espirituales de la vida. Nuestras culturas ancestrales entendieron claramente que nuestra supervivencia dependía de la sabia combinación de los cuatro para preservar la biodiversidad".
     
"Conservación, frugalidad y simplicidad", es la trilogía con la que se despide Roberta. "Esa fue también otra lección que nos trasmitieron nuestros ancestros, aquí en Nuevo México, y que ahora germina otra vez en los niños. Yo confío mucho en la nueva generación: ellos serán los auténticos custodios de la naturaleza".

Carlos Fresneda

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