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Pensamos y sentimos que por qué no lo imposible en tiempos ordinarios se puede convertir en factible en tiempos extraordinarios. Los ejes políticos y economicos, se manejan por una minoría hija predilecta del capitalismo. Indagar en la construcción de la resiliencia, reencontrar valores no rentables para pocos pero vitales para los muchos, anhelar un mundo sin perdedores, escribimos sobre personas y organizaciones que estimulan a cambiar hacia un mundo mejor. Carlos Fresneda y Manolo Vilchez
'Lo ocurrido en Japón puede pasar muy fácilmente en Estados Unidos'
EL "PURGATORIO" DE LOS PELICANOS
Una de las veterinarias durante sujeta un pelícano durante los trabajos de limpieza. | Carlos Fresneda- Los pelícanos pardos son ahora el símbolo lacerante del desastre en EEUU
- En la nave de Fort Jackon el daño es ya bien visible
- En el trailer de 'descompresión' reciben fluidos y alimento
Llegan los pelícanos pringados en ese barniz mortífero. Se quedan fosilizados, con el pico pegado al cuello, y miran a los visitantes con ojos inquisitivos y recriminatorios, como preguntándoles en silencio: "¿Qué nos habéis hecho?".
Los pelícanos pardos, emblema de Luisiana, son ahora el símbolo lacerante del mayor desastre ecológico en la historia de Estados Unidos.
Desaparecieron de estas costas en los años setenta, por el uso y abuso del DDT, y se habían recuperado milagrosamente en las dos últimas décadas. Acababan de salir de la lista de 'especies en peligro', y ahí les tenemos, masticando su suerte mientras esperan turno para ser 'descontaminados'.
En el proceso de limpieza, algunos pelícanos intentan rebelarse
Un operario mantiene el pico del pelícano cerrado.
Estamos en una nave idustrial Fort Jackson, reconvertida en centro de recuperación de las aves afectadas por el vertido del Golfo de México. Por aquí habían pasado hasta este martes 634 pájaros, en su mayoría pelícanos pardos, atrapados sin remedio en esa especie magma marrón que ha golpeado las islas 'barrera' y las marismas del Misisipí.
El parte de 'guerra' del vertido está aún muy lejos del Exxon Valdez: 957 aves muertas, 320 tortugas, decenas de delfines y un cachalote. Los oceanógrafos advierten, sin embargo, que aún no hemos visto nada, y que el daño mayor es el que se está cociendo en las profundidades marinas.
En la nave de Fort Jackon, sin embargo, el daño es ya bien visible. "La oleada empezó hace dos semanas y desde entonces no paramos", reconoce Jay Holcomb, director del International Bird Rescue Center de California, con 200 vertidos de petróleo a sus espaldas (el caso español del 'Prestige' entre ellos).
"En Galicia rescatamos sobre todo alcatraces, cormoranes, frailecillos y gaviotas", recuerda.
Los pelícanos se llevan la peor parte
"Aquí la peor parte se la están llevando los pelícanos, no hay más que verlos. Pero por más malas que sean las condiciones en que nos llegan, siempre hay esperanza. Son unas aves hermosas y resistentes. Lo que necesitan es desprenderse de la capa de petróleo para poder volver a volar y a flotar. Es una labor fatigosa, pero hemos logrado un porcentaje de supervivencia del 80%".
Los pelícanos son rescatados por los equipos de Servicio de Pesca y Vida Silvestre en las zonas más afectadas por el vertido y llegan hasta aquí en jaulas especiales, transportados en barcazas. Un equipo de seis veterinarios los reconoce uno a uno y los etiqueta.
De ahí pasan al trailer de 'descompresión', donde reciben fluidos y alimento, y un tratamiento con Pepto-Bismo para proteger el tracto digestivo (el petróleo, ingerido en grandes cantidades, puede destrozarles los riñones y el hígado).
En un par de días, pasado el 'estrés' inicial, los pelícanos son trasladados a la nave industrial, donde aguardarán su turno en amplios contenedores de madera habitalitados temporalmente como jaulas... Danene Birtell, que forma parte del equipo de 'limpiadores', viene corriendo con el último ejemplar de cinco kilos en sus brazos. La clave, asegura, está en "mantenerles el pico cerrado".
El lavado de los pelícanos: detergente limpiavajillas
En la mesa de preparación se les aplica aceite vegetal. Llegan después los pelícanos la barreño de lavado, y ahí conocen las virtudes espumosas de Dawn, el detegente limpivajillas que ha demostrado no tener rival a la hora de diluir el petróleo. Algunos intentan desplegar sus enorme alas: uno de los cuidadores se encarga siempre de inmovilizarlos, el otro limpia y limpia.
Dos veterinarios introducen al pelícano en un bidón con agua y detergente
Primero, el minucioso lavado de las manchas en el pico y en la cara, con cepillos de dientes y esponjas. De ahí directamente al enjuague, con especial atención al plumaje de las alas, para que no queden restos ni de detergente ni de petróleo.
En 45 minutos, después de una trago largo de fluido para reponer fuerzas, los pelícanos están listos para la secadora, que los dejará como si les acabaran de hacer la permanente.
Harold Doucet se encarga de la parte final, y pone especial interés en no cegarles los ojos con la manguera... "Es increíble la conexión emocional que puedes tener con estos pájaros. Sientes con ellos todo el estrés, y finalmente el alivio. Se rebelan a ratos, pero acaban cediendo. Creo que instintivamente saben lo que les espera".
A las jaulas del exterior se les llama 'Islas Pelícano'. Allí esperan tal día como hoy su destino un largo centenar de pelícanos pardos, con su lustroso plumaje y sus renovadas ansias de volar.
'Nadie sabe lo que pueden tardar en regresar'
Partirán rumbo a las costas de Texas y Florida, donde criarán y harán tiempo hasta que puedan volver a las marismas Luisiana.
"Nadie sabe lo que pueden tardar en regresar", asevera Jay Holcomb. "En el Prestige, como en el Exxon Valdez, sabíamos al menos la cantidad de petróleo que podía salir al mar. En esta catástrofe, plagada de incertidumbres, sólo hay una cosa cierta: la cosa empeorará cada vez más si no logramos cerrar pronto el pozo".
BP, por cierto, paga la factura de los seis veterinarios y los veinte especialistas, más el despliegue de maquinaria y el manjar diario de cientos de sardinas que dejan en el hangar un inconfundible olor portuario. Es la hora de la comida, y los pelícanos 'apestados' salen por fin de su triste inmovilidad y abren de par en par su enorme pico.
"Sé que ha habido mucha polémica recientemente sobre si merece la pena rescatar a las aves, teniendo todas las que mueren y posiblemente morirán", admite Melanie Driscoll, responsable del grupo Audubon en Luisiana.
"Pero mira a estos pájaros a los ojos y dime si no teon, entra una oleada de compasión. Tenemos que hacer todo lo humanamente posible por rescatarlos".
Carlos Fresneda, Fort Jackson (Luisiana)
Publicado en El Mundo América
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EL VERTIDO DEL GOLFO DE MEXICO PUEDE SER 5 VECES MAS GRANDE DE LO ADMITIDO
El vertido de petróleo en el Golfo de México podría ser cinco veces más grande de lo admitido, de acuerdo con los estimaciones realizadas por varios científicos que cuestionan los 5.000 barriles diarios calculados inicialmente por la Guardia Costera y por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA)."Nadie sabe exactamente cómo se ha llegado a esa cifra, pero está cada vez más claro que las estimaciones se han quedado muy cortas", asegura a elmundo.es John Amos, presidente de la ONG Skytruth. "Nuestros cálculos, a partir de las imágenes por satélite y del grosor de la mancha, nos permiten asegurar que estamos más cerca de los 26.500 barriles diarios (equivalente a más de cuatro millones de litros)".
El oceanógrafo Ian MacDonald, de la Universidad Estatal de Florida, refrenda las estimaciones de Skytruth y asegura que la mancha podría ser "cuatro o cinco veces mayor de lo reconocido".
Steven Wereley, profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Purdue, ha ido aún más allá y ha hecho sus propios cálculos a partir de las imágenes de la fuga submarina difundidas por BP. "He pasado dos horas analizando el vídeo y creo que el número más acertado son 70.000 barriles saliendo de esa tubería, con una margen de error del 20%", asegura Wereley.
Variación de cifras
Los directivos de BP, en su primera comparecencia a puerta cerrada en el Senado, admitieron que el pozo podía llegar a bombear hasta 60.000 barriles diarios. La compañía, sin embargo, se aprestó a dar como buenas la estimaciones fluctuantes de la Guardia Costera, que primero calculó la fuga en 8.000 barriles diarios, luego la rebajó a mil y finalmente estipuló que la cifra más aproximada eran 5.000.
El almirante Thad Allen, al frente de las operaciones de "respuesta" del vertido, ha declarado sin embargo que es "probablemente imposible" llegar a un cálculo exacto sobre el petróleo derramado hasta la fecha. La directora de la NOAA, Jane Lubchenco, ha asegurado al 'The New York Times' que la estimación es "razonable" y que tener "una mayor precisión sobre el vertido no sería de mucha ayuda".
"Si no entendemos la dimensión del problema, nuestra capacidad de respuesta se verá comprometida", ha replicado sin embargo el congresista Edward Markey, que ha reclamado a todas las agencias federales que se impliquen a fondo para tener una idea más precisa. "Me preocupa que estemos subestimando el vertido".
'Es urgente llegar a un cálculo preciso'
"Difícilmente vamos a poder contener la fuga si no sabemos la cantidad de petróleo que está saliendo", advierte por su parte John Amos, de Skytruth. "Si queremos contener realmente el vertido, es urgente llegar cuanto antes a un cálculo preciso. De lo contrario, seguiremos dando palos de ciego como hasta ahora".
Amos admite que "la respuesta humana y el factor suerte" se han conjugado hasta ahora para evitar que la marea negra llegue a las playas. "Pero los vientos podrían cambiar, y lo que ahora se percibe como una amenaza lejana podría acabar golpeando de lleno el litoral a lo largo de cientos de millas", advierte.
El director ejecutivo de BP, Tony Hayward, ha contribuido en las últimas horas a la polémica por sus declaraciones al diario 'The Guardian'. "Es una mancha relativamente pequeña, comparada con lo grande que es el océano", dijo Hayward.
El 'The New York Times', por su parte, ha revelado que la propia BP llegó a contactar a dos oceanógrafos norteamericanos, Richard Camilli y Andy Bowen, para evaluar con mayor rigor el vertido. La compañía decidió probar suerte con la campana de contención y nunca más volvió a requerir los servicios de los dos científicos.
De acuerdo con las últimas estimaciones, el del Golfo de México podría figurar ya como el octavo mayor vertido en la historia y el mayor en Estados Unidos. "Si nuestros cálculos son exactos, mucho nos tememos que el Exxon Valdez quedó atrás desde primeros de mayo", sentencia John Amos.
Y la fuga continúa.
Carlos Fresneda
Publicado en El Mundo América
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LA MANCHA DE PETROLEO LLEGA A LAS MARISMAS
Darby Cheramie nos lleva hasta el lugar en su pequeño barco de pesca, guiado por el instinto y por el “tam tam” que circula entre los pescadores de Venice. Tardamos cinco horas en encontrarlo, pero allí está, a menos de un kilómetro de la costa.
No es la mancha rojiza o naranja que ha llegado ya a la islas Chandeleur. Se parece más a la “leche chocolateada” a la que se refería el congresista Gene Taylor. O más bien, a una “diarrea” aceitosa de diesel, de un sospechoso color marrón con grumos blancuzcos, producto tal vez del contacto del petróleo con los disolventes.
La mancha alargada se prolonga aparentemente a lo largo de kilómetros, sin que los barcos de la Guardia Costera reparen en ella. Las marismas, entre tanto, aguardan en la desprotección absoluta. A lo largo de más de 150 kilómetros de recorrido por la costa, tan sólo vimos un amasijo de barreras flotantes, arrastradas e inutilizadas en uno de los brazos del Misisipí.
“Intentan convencernos de que están haciendo todo lo posible, pero la verdad es que hay cientos de pescadores que queremos ayudar y no nos dejan”, se lamenta Cheramie, habituado a pescar barbos y peces aguja en estas mismas aguas. “Pasan los días y nos debatimos entre la frustración y la impotencia. No vemos acción por ningún lado. Vemos cómo avanza el vertido y no podemos hacer nada”.
Al llegar a Pass-a-Loutre, Cheramie nota primero un olor inusual, y luego “una neblina que no es normal en plena tarde y en día soleado como hoy, con ocho millas de visibilidad”. Un pez muerto es al vez el primer aviso, aunque los cierto es que las gaviotas y los pelícanos –posados en las plataformas y en los oleoductos- no parecen percibir la alerta.
Cerca del lugar indicado, siguiendo el rastro que van dejando en el aire una par de helicópteros, el pescador nota en la superficie del mar “un extraño color rojizo”. Llegamos así al “río” de aceite y grumos. Lo recorremos durante más de dos kilómetros, y comprobamos cómo avanza inexorable hacia el oeste, rumbo a las marismas.
La Guardia Costera tardó al menos tres días en reconocer que la mancha había llegado a las islas “barrera” de Charamie. Nos preguntamos ahora cuánto tardarán en certificar que la mancha tóxica ha entrado en el complejo laberinto de canales y brazos pantanosos que dan forma al mayor ecosistema marino de Estados Unidos, amenazado por la soga del petróleo.
Nuestro joven pescador nos puso en antecendentes en Black Bay: la bahía ennegrecida por decenas de pozos petrolíferos, arrasados e inutilizados tras el huracán Katrina. Un pescador le dijo que hasta allí habían llegado también los tentáculos del “spill” (el vertido). Pero Cheramie nos lleva hasta la plataforma Black 35, también conocida como Monkey Cave, otea con redoblada curiosidad el horizonte y certifica: “La misma mierda de siempre. El agua en esta bahía está siempre así de sucia y con burbujas. No noto nada extraño”.
En los pelícanos, a la altura de California Bay, cree distinguir Cheramie algo inusual: “Parece que tienen la panza negra, como embadurnada en petróleo”. Pero no puede estar seguro, ni siquiera cuando tocamos tierra en Shell Island e intentamos acercanos inútilmente a las aves, con la eterna y amenazante silueta de las plataformas marcando siempre el horizonte.
Cheramie, 35 años, nacido en Houma y afincado en Boothville, lleva recorriendo estos parajes impregnados de petróleo toda su vida. “Siempre hemos convivido sin mayores problemas, los pescadores y la gente del petróleo”, reconoce. “Yo tengo muchos amigos que trabajan para la industria. Para los que vivimos aquí es el eterno dilema: o pescamos, o vivimos del petróleo. Muchos no volvieron tras el Katrina”.
El huracán y el agua arrasaron Boothville hacer cinco años. Cheramie lo perdió todo, pero decidió empezar de cero... “Las cosas volvían a irnos bien, y hace un mes me compré este pequeño bote. En un buen mes puedo hacer dos mil dólares, pescando barbos, peces aguja y otros peces grandes. La verdad es que estaba empezando a levantar el vuelo. Pero este desastre nos ha hundido; no sabemos cuándo podremos volver a la mar”.
La frustración de los pescadores del delta de Misisipí crece días tras día, viendo cómo la mancha se les viene encima y BP les mantiene en el dique seco. Oficialmente, son 260 los barcos y 8.500 las personas que participan en las tareas de “respuesta”, pero los pescadores se preguntan dónde están y de dónde salen, mientras el puerto de Venice rebosa de barcos expectantes.
La ira aumenta también con las últimas noticias: no hay suficientes barreras flotantes para proteger las marismas. Se desplegaron un millón de pies (el equivalente a 300 kilómetros) en los primeros días, pero los temporales dejaron inutilizadas el 80% de las protecciones. La franja costera de Luisiana, incluyendo todas las bahías y los brazos pantanosos, se prolongaría a lo largo de una extensión inacabarcable de más de 10.000 kilómetros...
Carlos Fresneda, enviado especial, Venice, Luisiana
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UNA "DIARREA" IMPARABLE DE PETRÓLEO
Primero avistamos los hilillos, que diría Rajoy. Poco a poco, el mar va adquiriendo ese color de leche chocolateada que ha saboreado el congresista Gene Taylor. Hasta que llegamos por fin las islas Chandeleur, estranguladas por las rayas anaranjadas de un gigantesco tigre oleaginoso que arrasa con toda la vida marina.Estamos sobrevolando la mancha de petróleo del Golfo de México, que nunca llegará a ser negra. Desde la avioneta seguimos las idas y venidas de 30 barcos de pesca, revoloteando como moscas alrededor de una auténtica diarrea de crudo, un excremento aceitoso que se extiende ya a lo largo y ancho de 4.600 kilómetros cuadrados y que avanza no se sabe muy bien hacia dónde.
Lo que sí conocemos ahora es el auténtico alcance de esta marea de color sangrante, ante los esfuerzos tardíos, insuficientes e inútiles de una flota desesperada de pescadores que intenta achicar el crudo mientras sigue brotando a raudales. La madre de todos los vertidos queda a más de 50 kilómetros al sur, pero es aquí, en la proa norte, en un día radiante como hoy, donde puede calibrarse la amenaza que se cierne sobre las marismas y las costas que despuntan en el horizonte. Aquí sale también a flote la intoxicación informativa a la que a diario nos somete BP, que hace dos días negaba que el petróleo hubiera llegado a las islas barrera de Chandeleur.
Señores de BP, las islas han sido ya embestidas por la marea roja, naranja y marrón, pese a las barreras flotantes que intentan proteger sus desoladas playas. Se diría que las aves han oteado el peligro y han desertado del paraíso, estrangulado por este empacho de petróleo al que todos hemos contribuido.
Por el camino hemos visto ya las manchas acechando las inmensas marismas de Luisiana, pero la Guardia Costera y BP seguramente lo negarán, como han negado hasta ahora el acceso por mar y aire a los periodistas empotrados que llevamos 10 días esperando. Nos hemos subido finalmente a la avioneta por gentileza del Sierra Club, el mayor grupo ecologista de EEUU, dispuesto a ofrecer una perspectiva real del campo de batalla.
"Nos enfrentamos a uno de los mayores desastres ecológicos causados por el hombre", asegura Michael Brune, director del Sierra Club y compañero privilegiado de viaje. "El daño aún no es visible en tierra, pero estas aguas están llenas de delfines, ballenas y tiburones. Estamos volando sobre la punta norte del vertido, pero la extensión es inmensa y los daños sobre la fauna marina son ya incalculables".
Durante su primer viaje a la mancha, Brune no puede ocultar su desaliento y su estupor. El geólogo Barry Kohl, que trabajó durante 26 años para las compañías petroleras, mira hacia abajo con cierto sentimiento de culpabilidad: "Cuanto más profundo perforamos, mayores son los riesgos... La fuga no pudo evitarse por un doble fallo mecánico. Lo que realmente me preocupa es que todas estas plataformas que siguen funcionando y que estamos viendo tienen los mismos y desfasados sistemas de seguridad".
A Jill Mastrotomaro, organizadora de campo del Sierra Club, le sorprende sobre todo el caos de la respuesta: "Desde el aire se ve todo mucho más claro. Hay pocos barcos y no hay una mínima coordinación. Están desbordados ante la magnitud del desastre".
"Permítanme que les dé mi opinión personal", apunta el piloto, Phillip Krasner. "Respuesta sí que ha habido, pero da la impresión de que no saben qué hacer. Está claro que no tenían ningún plan".
"¿Crees que el petróleo se está dispersando como dicen?", le preguntan a Phillip por la radio. «A mí desde luego no me da esa impresión. Aquí, en las islas Chandeleur, me parece que está más concentrado. Se ven cada vez más manchas".
Tamara Lush, nuestra colega de la agencia AP, acariciaba el sueño (más bien la pesadilla) de aterrizar con el pequeño hidroavión sobre la mancha de petróleo. "No podemos bajar de los 3.000 pies por razones de seguridad", advierte el piloto. "Vamos a virar un poco hacia el sureste: allí hay más acción".
No muy lejos de las islas, en torno a una plataforma petrolífera de un cegador color blanco, puede verse un remolino de barcos con tentáculos naranjas. "Se diría que están intentando absorber el petróleo o acorrararlo de algún modo", apunta el geólogo Barry Kohl. "No creo que aquí estén usando dispersantes. Normalmente los utilizan más cerca del vertido, y ésa es otra de nuestras preocupaciones: no sabemos qué productos están usando y cuál es su toxicidad".
Por la radio nos llega la noticia de una nueva quema controlada. Desde la avioneta, con la calima, no alcanzamos siquiera a ver el humo. Las escasas nubes proyectan su sombra negra sobre el océano. Es entonces cuando las gruesas líneas rojas del vertido cobran su aspecto más hiriente.
A la vuelta, las inmensas marismas nos parecen aún más desprotegidas. Vemos bandadas blancas de aves que vuelan sobre un manto verde, ajenas a esta primavera letal. Dejamos de ver plataformas petrolíferas; ahora contamos por doquier las refinerías, y el último pensamiento de Michael Burne se nos queda rondando la cabeza: "Las empresas petrolíferas invierten mucho dinero en relaciones públicas, incluso en momentos tan graves como éste, para minimizar a toda costa el impacto. Pero creo que los americanos van a salir de su apatía cuando vean los efectos de este desastre. Ha llegado el momento de alinear nuestras acciones con nuestros valores: tenemos que superar nuestra adicción al petróleo".
Carlos Fresneda, enviado especial, Islas Chandeleur (Luisiana)
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LA SOGA DEL PETRÓLEO AMENAZA EN EEUU AL MAYOR ECOSISTEMA MARINO
Zona donde se espera que llegue la amenaza del crudo. | AFPLa soga del petróleo amenaza con estrangular la vida en el mayor ecosistema marino de Estados Unidos. Salvando las distancias, el delta del Missisipí es a Norteamérica lo que Doñana es a Europa, en un clima rigurosamente tropical y a esa escala apabullante de la naturaleza a este lado del Atlántico.
La zona amenazada se extiende entre marismas y brazos inabarcables de agua a lo largo y ancho de 75.000 kilómetros cuadrados (de los que 12.000 km2 pertenecen estrictamente al delta). Por allí pasan cada primavera 500 millones de aves. Se estima que más de 400 especies –como la garza roja, el frailecillo blanco o el pelícano pardo, emblema del estado de Luisiana- se encuentran en grave peligro.
Pero el primer y más contundente impacto de la marea negra es el causado ya sobre la vida marina del Golfo de México. En las últimas horas han aparecido decenas de tortugas muertas en las playas del estado de Missisipí. Aunque aún no está probada la relación del incidente con la mancha de petróleo que avanza hacia las costas, los expertos advierten que puede no ser más que el principio de un desastre ecológico de imprevisibles consecuencias.
La fuga de petróleo ha ocurrido en plena época de cría de los delfines en el Golfo de México, donde también reside una importante población de cachalotes y de atún de aleta azul. Por efecto de la 'bioacumulación', toda la fauna marina se verá irremisiblemente afectada.
Aquí se produce el 40% de los mariscos que se consumen en Estados Unidos, principalmente gambas, ostras y cangrejos azules. Las autoridades locales decretaron el domingo la prohibición absoluta y por un tiempo indeterminado de toda la pesca al este del delta de Missisipí.
Una tierra azotada por los desastres naturales
"Primero fue el huracán Katrina, luego vinieron el Rita y el Gustav, y finalmente el derrame de petróleo", se lamenta Wilma Subra, de la Red de Acción Ambiental de Luisiana. "Estamos hablando de un ecosistema muy frágil que estaba aún convaleciente por los últimos temporales. Ahora llega este desastre causado por el hombre... Vamos a estar pagando sus efectos durante décadas".
La noticia de las tortugas muertas entre el sábado y el domingo en las playas de los condados de Harrison y Hancock, en el estado de Missisipí, dispararon ayer las alertas. Moby Solangi, director del Instituto de Estudio de los Mamíferos Marinos, admitió ayer que es "demasiado pronto" para vincular el incidente con la marea negra, pero no descarta que sea la primera y agorera señal de lo que puede ocurrir en los próximos días en las costas.
"Las tortugas no tienen restos de petróleo, pero pueden haber ingerido peces contaminados o haber respirado el combustible en la superficie", asegura Solangi. "Los peces que entran en contacto con el petróleo serán los primeros en sufrir los daños en el sistema digestivo, y el problema irá creciendo a través de toda la cadena alimenticia".
A Solangi, como a otros expertos, le preocupa especialmente que la acumulación de petróleo en las marismas y en las zonas pantanosas y en las marismas genere "un círculo vicioso que altere por completo la vida silvestre durante años y años".
El Instituto de Estudios de los Mamíferos Marinos en Gulfport ha movilizado a decenas de voluntarios y tiene ya listas varias piscinas de 'rescate' para delfines y otras especies afectadas por la marea negra. La asociación Audubon, con una fuerte e histórica presencia en Nueva Orleans, ha puesto también en marcha un dispositivo de alerta y rescate.
Preparados para lo peor
"Estamos preparados para lo peor", admite Melanie Driscoll, directora de conservación de las aves de Audubon. "Tenemos localizadas las áreas más sensibles en el delta del Missisipí y estamos vigilando la situación minuto a minuto... El impacto sobre las aves aún no ha sido muy visible, pero estamos en una carrera contra el reloj para preservar un habitat único en el mundo".
Hasta el momento, media docena de aves han pasado por el centro de rescate establecido en Fort Jackson, a medio camino entre Nueva Orleans y Venice: el vértice del delta que anteayer visitó Obama y que donde primero se ha sentido el impacto.
"Estamos en compás de espera y nuestra capacidad de acción es muy limitada", admite por su parte Aaaron Viles, de la Red para la Restauración del Golfo. "La zona empezaba a recuperarse cinco años después del Katrina, aunque el deterioro ambiental viene de mucho antes. Todo intento de proteger la zona es inútil ante la presencia ubicua de las explotaciones petrolíferas".
"Las plataformas y las refinerías han sido siempre una amenaza permanente en la distancia; ahora estamos por fin conociendo el auténtico peligro", advierte Viles. "Este desastre ecológico va a dejar aún más desprotegidos a los dos millones de habitantes que viven entre Baton Rouge y Nueva Orleans y que se están quedando sin barreras naturales para protegerse contra las tormentas y los huracanes".
"El Gran Petróleo está a punto de adjudicarse una triste victoria sobre la Gran Naturaleza", sentencia por su parte Jeremy Symons, vicepresidente de la Federación Nacional de la Vida Silvestre. "Llevamos décadas trabajando por la conservación de este hábitat, con las plataformas en el horizonte, y temiendo que cualquier día pudiera pasar lo peor. Lo más lamentable es que nadie vio venir esto".
Symons acudió el domingo a supervisar las labores de protección de las marismas de Hopeland con barreras flotantes, pero perdió toda esperanza al comprobar que el mal tiempo ha dejando totalmente inservibles el 80% de las barreras desplegadas durante la última semana... "Mientras no cerremos el 'grifo' del petróleo no va a haber manera de protegerse contra esto. Estamos siendo testigos de cómo un sistema económico estrangula nuestro medioambiente. Esta tragedia tiene que servirnos de profunda reflexión sobre el futuro del planeta".
Carlos Fresneda, enviado especial a Venice (Luisiana)
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OBAMA "BP PARARÁ" POR UNA CATASTROFE QUE "PODRIA NO TENER PRECEDENTES"
Obama conversa con el gobernador de Luisiana, Bobby Jindal, sobre la 'marea negra'. | Afp- Dijo que va a 'redoblar' todos sus esfuerzos contra la 'marea negra'
- La línea costera desde Luisiana a Florida está amenazada por el derrame
- El tamaño estimado de la mancha es de unos 208 a 112 kilómetros y crece
- El costo de la operación de limpieza y el daño sería de miles de millones
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El presidente Obama ha dicho que la petrolera 'BP pagará' por una catástrofe que 'podría no tener precedentes' en el Golfo de México. Sin embargo, también ha prometido destinar "todos los recursos posibles y durante el tiempo que haga falta" para paliar los efectos de la 'marea negra'.
A su paso por Venice, en las marismas de Luisiana, ante cientos de pescadores y bajo la lluvia intermitente que empañó su visita, el presidente se ha comprometido a "preservar uno de los hábitats más maravillosos del mundo" y a redoblar los esfuerzos para evitar una situación "potencialmente catastrófica".
El mandatario pasó al final más tiempo de lo esperado en el Golfo de México. Tras despachar en Nueva Orleans con el gobernador Bobby Jindal, decidió descender con toda su comitiva hasta la punta sur del delta del Mississippi. En sus dos horas de viaje pudo comprobar los efectos aún visibles del huracán Katrina y la presencia ubicua de las refinerías de petróleo.
El mal tiempo dificultó extremadamente las operaciones de los equipos de 'respuesta' y los vuelos de reconocimiento, incluido el del propio Obama. Decenas de pescadores se quedaron varados en el puerto de Venice y expresaron al presidente su impotencia y su frustración por la tardía respuesta y la falta de coordinación.
Obama conversa con el gobernador de Luisiana sobre la 'marea negra'. | Ap
El portavoz de la Casa Blanca Robert Gibbs admitió que fue el propio presidente quien insistió en descender hasta Venice, en el delta del Mississippi, para conocer de primera mano la situación y trasladar a los equipos de “respuesta” un mensaje: "Se hará todo lo humanamente posible".
Los pescadores locales, que han decidido organizarse por su cuenta, criticaron abiertamente a la compañía BP, que ha firmado contratos con más de 200 pescadores para sumarse a las tareas de 'respuesta' (básicamente proteger la franja costera con barreras flotantes). Muchos de ellos seguían esperando ayer instrucciones para pasar a la acción. Otros decidieron lanzarse a la mar por su cuenta y riesgo.
La mancha sigue creciendo
La línea costera desde Luisiana a Florida está amenazada por el derrame, cuyo tamaño estimado es de unos 208 a 112 kilómetros de tamaño y sigue creciendo. Muchas de las comunidades en el camino de la mancha de crudo son las mismas que fueron devastadas por el Huracán Katrina en el 2005.
El petróleo, que brota sin control de un profundo pozo submarino dañado a unos 68 kilómetros de la costa de Luisiana, es presionado al norte por vientos fuertes y cambiantes.
El sábado, la franja más avanzada de la mancha se extendía frente a Venice, una pequeña comunidad pesquera a unos 121 kilómetros al sudeste de Nueva Orleans. Las costas de Mississippi y Alabama podrían estar en riesgo dentro de tres o cuatro días, dijeron funcionarios.
Sopa aceitosa
En la ruta de la extensa mancha se encuentran grandes canales de navegación, áreas de pesca claves, refugios de flora y fauna nacional, además de populares playas. Hasta ahora, las líneas más importantes de navegación que llevan al Río Mississippi y los grandes puertos de la costa del Golfo no han sido afectados.
La costa del Golfo de México y sus pantanales son hogar de cientos de especies salvajes, incluidos manatís, tortugas marinas, delfines, marsopas, ballenas, nutrias, pelícanos y otras aves.
El Golfo también es uno de los terrenos más fértiles de comida marina, lleno de camarones, ostras, mejillones, cangrejos y pescados. Mantiene a una industria de 1.800 millones de dólares, sólo por detrás de Alaska.
El Servicio de Manejo de Minerales dijo este sábado que dos plataformas estadounidenses frente al Golfo de México debieron cerrar y que una tercera fue evacuada como medida de seguridad. Se esperaban más cierres, agregó, pero la producción afectada hasta el momento era muy pequeña.
Sin embargo, las grandes instalaciones de gas y petróleo del Golfo están en su mayoría al sur y el oeste del derrame y no habían sido afectadas por ella hasta el sábado, según un portavoz de las compañías, que incluyen a BP, Royal Dutch Shell y Chevron.
La filtración, que siguió a la explosión y hundimiento de una torre de perforación la semana pasada, obligó a Obama a suspender planes políticamente delicados para expandir las perforaciones de crudo mar adentro. Los proyectos habían sido desvelados el mes pasado, en parte para atraer el apoyo republicano a una legislación sobre cambio climático.
Miles de millones de dólares
El Gobierno de Estados Unidos está aumentando la presión sobre el gigante energético con base en Londres, propietario del pozo averiado, para que haga mayores esfuerzos por tapar el flujo de crudo y contenga la creciente mancha. British Petroleum, concesionaria de la plataforma, estima que el pozo marino vierte cada día unos 800.000 litros de petróleo al mar.
Se estima que el costo de la operación y el posible daño que podría causar el derrame sería de miles de millones de dólares.
Sin una solución sencilla a la vista para cerrar un pozo que se encuentra a unos 1,6 kilómetros bajo el mar, varios cientos de barcos y aviones están trabajando para contener la mancha en la superficie.
La Guardia Costera extendió barreras flotantes de contención, las que son ubicadas en el agua y absorben el petróleo, en un esfuerzo por impedir que el crudo contamine la costa. Pero las marejadas han interferido con esos esfuerzos.
El Gobierno de Obama ha dicho que no se permitirán nuevas zonas de perforación hasta después de una revisión sobre el derrame.
Carlos Fresneda, enviado especial a Venice (Luisiana)
Publicado en El Mundo
¡ TODA NUESTRA VIDA, ARROJADA POR LA BORDA!
Reuters
Shone compró el barco –The Grinder- hace un año y estaba empezando a sacarle partido. Un buen día podía cerrarse con el equivalente a 5.000 dólares en gambas en las redes. Ivan, 40 años, curtido en la pesca del salmón, había decidido cambiar los Grandes Lagos por el delta del Mississippi, atraído entre otras cosas “por la atmósfera de este Nueva Orleans que se me metió en vena tras el Katrina”.
“La historia se repite al cabo de cinco años”, se lamenta Ivan. “Pero la gran diferencia esta vez es que estamos ante un desastre causado por el hombre. Todo esto se podía haber evitado. Todo esto es fruto de la complacencia del Gobierno con el lobby del petróleo. Las cosas han cambiado bien poco con Obama...”.
Ivan y Shone mastican el tiempo en el puerto pesquero de Venice, la desolada “Venecia” entre marismas de Luisiana, donde decenas de barcos permanecen anclados y en inquietante silencio ante la adversidad. Aquí se capturan la mitad de la gambas y el 40% de las ostras que se comercalizan en Estados Unidos. Las pérdidas anuales podrían llegar a los 2.500 millones de dólares...
El petróleo ha llegado ya a una playa cercana, pero la esperanza de ver las redes llenas es lo último que se pierde. Ivan y Shone tienen la certeza de que aún se puede pescar hacia el oeste, “aunque mucho nos tememos que la mancha va a llegar desde Galveston hasta Tampa”.
Galería de imágenes de Issac Hernández: LA CATASTROFE DE LOS PESCADORES
Los dos meditan si merece la pena lanzarse por última vez a la mar o si es mejor unirse al cónclave de pescadores, convocado por las autoridades locales y por la companía BP, dispuesta a contratar a las flotillas locales para las tareas de protección y limpieza.
De la reunión viene precisamente otro pescador local, Donald Cheramie, con una mezcla de sarcasmo y cabreo: “Nos ofrecen hasta 1.200 dólares diarios, pero el contrato tiene trampa. Nos dicen: poneros en la lista de espera y ya os llamaremos. Aún no sabemos cuándo ni cómo os podemos necesitar. Eso sí, el combustible y todo lo demás los pagáis por adelantado vosotros”.
Donald Cheramie fue sin duda el animador del conciliábulo de pescadores en el colegio de Venice. Con su gesto afable y descreído, se plantó en el centro de la cancha de baloncesto, “haciendo las funciones del tonto del pueblo”. Su silla estaba justo encima del logotipo del equipo local: una plataforma escupiendo petróleo...
“El equipo se llamaba en mis tiempos los Redbulls y ahora se llaman Venice “Oilers”, con eso te haces una idea de la poderosa influencia del petróleo”, relata Cheramie, que llegó a presentarse a las elecciones como congresista local. “Los políticos están “untados”, ése es el gran problema. No hay sitio para gente honesta en Luisiana, nadie se preocupa realmente por los problemas del pueblo”.
Al cónclave asisten más de 500 pescadores llegados de todo el delta del Mississippi. La mitad de ellos firmarán “porque no nos queda más remedio”. Ronald Billiot, afincado en Houma, está harto de “palabras y demoras” y se ofrece a salir con su barco –el Lady Dizzy- “esta misma noche si hace falta”.
“¿No era Obama quién decía aquello de “¡Listos para marchar!”?”, recuerda Billiot. “Pues no sé a qué espera el presidente. Aquí estamos hartos de esperar: decídselo bien claro”.
“El Gobieno es como una mujer después del matrimonio: lento, siempre lento...”, se lamenta el croata Sime Tomasovic, 58 años, más de media vida en el delta. “Sólo se dan prisa para cobrar los impuestos. Por lo demás ya ves... Salimos a duras penas adelante después de haberlo perdido todo en el Katrina y ahora volvemos a tener la misma sensación. Estamos totalmente desprotegidos y a punto de perderlo todo”.
La neblina nocturna se instala en las marismas de Venice como si fuera la soga de un futuro incierto. El olor a petróleo se hace más denso por la noche, y al día siguiente la frustración crece... “Lo que este país necesita no es un “despertar” sino una revolución”, se lamenta Ivan Halvorson, pescador, activista y “libertario”. “Fíjate en Noruega: exporta su petróleo, pero su energía procede cada vez más del viento. Aquí, en Luisiana, tenemos mucho viento y apenas verás una turbina. Todo son refinerías y plataformas”.
Carlos Fresneda, enviado especial / Venice / Luisiana
LA MAREA NEGRA TOCA TIERRA
La mancha de petróleo en el Golfo de México amenza a más de 400 especies y a la industria pesquera y turística
“La mancha ha tocado el delta del Mississippi”, (enlace a gráfico) certificó ayer el presidente del distrito de Plaquemines, Billy Nungesser, tras el último vuelo de reconocimiento en la zona afectada. Plaquemines y St. Bernard, dos de las zonas más devastadas por el huracán Katrina, vuelven a estar en primera línea de fuego por el desastre en la plataforma de BP, que ayer seguía bombeando al mar el equivalente a 5.000 barriles de petróleo al día.
Un fuerte olor a combustible llegaba ayer a la franja costera de casi un centenar de kilómetros entre Nueva Orleans y las marismas de Venice, pasando por la refinerías de Port Sulphur. Las barreras flotantes desplegadas por la Guardia Costera para proteger las zonas más fágiles del Delta del Mississippi se vieron ayer desbordadas.
“El mal tiempo ha hecho totalmente inefectiva la protección”, certificó Billy Nungesser tras la inspección aérea. “El petróleo ha saltado las barreras y está ya entrando en el delta”.
“Nos estamos preparando para lo peor”, advirtió por su parte el director de la Guardia Costera, Rob Birdwell. A falta de confirmación oficial sobre la llegada a tierra del crudo, Birdwell confesó: “Nuestro esfuerzo ahora es tratar de minimizar el impacto”.
Las imágenes del primera alcatraz embadurnado en el distrito de Plaquemines sirvieron para certificar los peores temores. Se estima que 25 millones de aves acuáticas pasan al día por el delta del Mississippi en plena época migratoria. Especies como el pelícano pardo, la garza roja, el pato jaspeado o el fraile blanco están gravemente amenazados por el impacto de la marea negra que podría afectar a 20 reservas de vida silvestre.
La mancha de petróleo podría diezmar también los bancos de atún de aleta azul y afectar a las poblaciones de mamíferos marinos como los cachalotes y a varias especies e tortugas marinas que desovan en las playas de Alabama, Florida y Mississippi. El Departamento de Fauna, Flora y Vida Marina de Luisiana estima que más de 400 dependen del ecosistema costero y se pueden ver afectadas.
El impacto en la industria pesquera local puede ser también devastador. En las aguas del Golfo de México se encuentra el 50% de la producción anual de gambas, el 40% de ostras y el 35% de cangrejos azules en Estados Unidos. Según estimaciones de la firma de inversiones Bernstein, las pérdidas económicas para el secto podrían superar los 2.500 millones de dólares. Dos industrias locales han denunciado ya BP ante los tribunales y han reclamado daños compensatorios de 5 millones de dólares.
El sector turístico podría perder también más de 3.00 millones de dólares, tras el estado de emergencia que se ha propagado a la costas de Alabama y Florida, donde se espera que la marea negra pueda llegar a las playas a partir del lunes.
“Estoy asustado: la magnitud del desastre es muy, muy grande”, admitió David Kennedy, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. “Los esfuerzos que van a hacer falta para hacer frente a esto, sobre si la fuga de petróleo continúa, van mucho más allá de los que podamos imaginar”.
“Estamos ante el peor vertido de petróleo desde el Exxon Valdez”, advirtió por su parte el director de la sección oceánica de Greenpeace en Estado Unidos, John Hocevar. “Y aunque las cantiades derramadas sean menores, es posible que acabe siendo aún peor en términos de impacto ambiental, sobre todo si BP es incapaz de cerrar la fuga durante meses, y teniendo en cuenta el habitat en el que ha producido”.
El accidente del Exxon Valdez en 1989, en la bahía de Prudhoe en Alaska, acabó con un vertido de 40 millones de litros de crudo (el equivalente a 250.000 barriles) y afectó a un área estimada de 3.400 kilómetros cuadrados. La mancha del Golfo de México cubre ya una zona cuatro veces mayor (del tamaño del estado de Connecticut), aunque la cantidad de derramada de petróleo es de momento sustancialmente menor: unos 800.000 litros (a razón de 5.000 barriles al día).
“Si no logramos contener la mancha, el vertido puede ser catastrófico”, reconoció el comandante Thad Allen, portavoz de la Guardia Costera y al frente de los esfuerzos intentar “controlar” la marea negra.
Carlos Fresneda, enviado especial, Nueva Orleans
Publicado en El Mundo, 1 mayo 2010,
MAS DE 400 ESPECIES EN GRAVE PELIGRO
La marea negra amenaza a más de 400 especies que dependen del frágil ecosistema del delta del Mississippi, duramente castigado hace cinco años por el huracán Katrina.
La mancha de petróleo ha causado hasta ahora pocos estragos en las inmensas marismas al sur de Nueva Orleans �epartidas por 12.000 kilómetros cuadrados- pero los expertos advierten que los efectos pueden ser devastadores a partir de la próxima semana.
Las imágenes del primer alcatraz en el centro para la recuperación de las aves en Fort Jackson no serán más que el preámbulo. Se calculan que hasta 25 millones de aves pueden pasar al día por el "corredor" migratorio del Golfo de México en esta época del año (500 millones a lo largo de toda la primavera, según un estudio de la Universidad Estatal de Luisiana).
Especies como el pelícano pardo, la garza roja, el pato jaspeado o el fraile blanco están gravemente amenazados por el impacto de la marea negra que podría afectar a 20 reservas de vida silvestre. En un pequeño vertido que llegó hace siete años a la isla de Breton llegaron a morir 800 pelícanos pardos, el ave por excelencia de Luisiana.
"La época de cría empieza precisamente por estas fechas, y muchas parejas se encuentran incubando huevos", advierte Melanie Driscoll, de la Iniciativa Costera de Luisiana. "Para los pájaros, el desastre no ha podido ocurrir en peor momento; muchos de ellos están anidando en la zona donde puede acumularse el petróleo al llegar a la orilla. Tenemos que estar preparados para lo peor; nos enfrentamos a una auténtica catástrofe en las costas de Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida".
"Más de 5.000 delfines se encuentran en estos momentos en la zona del Golfo de México, a punto de dar a luz a sus crías", alerta por su parte Moby Solangi, director del Centro para el Estudio de los Mamíferos Marinos en Gulfport.
La mancha de petróleo podría diezmar también los bancos de atún de aleta azul y afectar a las poblaciones de cachalotes y a varias especies e tortugas marinas que desovan en las playas del golfo por esta época. El Golfo de México es también el principal "suministrador" de gambas, ostras y cangrejos azules en Estados Unidos.
Carlos Fresneda, enviado especial a Venice (Luisiana)
Publicado en El Mundo.es



