Pensamos y sentimos que por qué no lo imposible en tiempos ordinarios se puede convertir en factible en tiempos extraordinarios. Los ejes políticos y economicos, se manejan por una minoría hija predilecta del capitalismo. Indagar en la construcción de la resiliencia, reencontrar valores no rentables para pocos pero vitales para los muchos, anhelar un mundo sin perdedores, escribimos sobre personas y organizaciones que estimulan a cambiar hacia un mundo mejor. Carlos Fresneda y Manolo Vilchez
Las inundaciones del río Missouri amenazan a dos centrales nucleares
"¡Cerremos la central nuclear de Indian Point!"
April del 2011. Tres semanas después del accidente de Fukushima, apenas treinta neoyorquinos acuden en Union Square a la convocatoria “¡Cerremos la central nuclear de Indian Point!”, acorralados entre vallas y vigilados de cerca por el doble de policías.
La noticia no es tanto la manifestación en sí como la indiferencia general de Nueva York ante la “cuestión nuclear”, propiciada en gran parte por el muro de silencio de los grandes medios sobre la seguridad de los reactores en Estados Unidos.
El New York Times, sin ir más lejos, publica una página entera de publicidad -pagada por la compañía Entergy- para defender la seguridad de Indian Point. En sus páginas informativas, sin embargo, el periódico ha pasado de puntillas sobre la central nuclear construida sobre una falla geológica y a menos de 50 kilómetros de la ciudad de los rascacielos (que puede contemplarse a lo lejos desde la cercana Bear Mountain).
“Ha habido un esfuerzo muy grande para vendernos la nuclear como energía “limpia””, se lamenta Ann Roose, que acude a Union Square con un mensaje positivo y directo: “¡Un panel solar en cada tejado!”. “Estamos luchando contra intereses muy poderosos, que utilizan los medios a su placer, y así es muy difícil convencer a la gente para que salga a la calle”.
“Nowhere to run” (“Ningún sitio a donde correr”)... La pancarta que exhibe Tom Syracuse habla por sí misma: “Sólo existe una plan de evacuación para diez millas en Indian Point. Y pese a lo ocurrido en Japón, los expertos en seguridad siguen diciendo que no hay que preocuparse por el hecho de que haya 10 millones de personas viviendo a media hora en coche. Si ocurre un accidente, Nueva York sería una auténtica ratonera”.
“El agua de Tokio está a 140 millas de Fukushima, el agua de Nueva York está a 12 millas de Indian Point”, denuncia por su parte Linda Hamilton. “Lo ocurrido en Japón ha sacado a luz muchos problemas hasta ahora ignorados. En caso de accidente, el primer y gravísimo efecto sería que no podríamos abrir los grifos”.
El gobernador de Nueva York Mario Cuomo ha expresado públicamente sus temores y ha asegurado que hará lo posible para que no se renueven las licencias de los dos reactores de Indian Point, que expiran en el 2013 y el 2015. El fiscal general Eric Schneiderman ha acusado a Entergy de violar las medidas contra incendios y de haber sorteado hasta 100 regulaciones de seguridad, como la necesidad de elaborar un plan de evacuación en un radio de 50 millas.
Entergy pone entre tanto la mano en el fuego por la “seguridad” de su central nuclear y sostiene que las vasijas de contención –las “jorobas” sobre el Hudson- han sido construidas para soportar terremotos hasta cien veces superiores a los registrados en la zona
La larga emergencia
Pronto, demasiado pronto, Japón será un eco lejano en los telediarios, como pasó con el tsunami de Indonesia en el 2004, como ocurrió con el huracán Katrina en el 2005, como sucedió con el terremoto que causó más de 200.000 muertos en Haití, con los temblores de Chile y Nueva Zelanda, con la sequía de Rusia, con el vertido del Golfo de México o con las inundaciones que dejaron sin hogar a cuatro millones de personas en Pakistán hace unos meses.
Cualquiera diría que los desastres naturales suceden cada vez con más frecuencia, y con la misma rapidez decidimos olvidarlos, incapaces de extraer lecciones que podrían sernos bien útiles para mitigar en lo posible futuras catástrofes.
Quienes echen en falta estos días un espacio para calibrar las auténticas dimensiones sociales y humanas de lo ocurrido, quienes estén hartos de los balances estrictamente económicos, quienes quieran responder a la eterna pregunta -¿qué puedo hacer yo ante una tragedia de tal magnitud?-, pueden sumarse a las Voces en Transición, una comunidad global extendida ya por un larga decenas de países con la espinosa misión de cambiar nuestras pautas de producción y consumo y nuestra relación con la Tierra.
Las últimas catástrofes parecen esconder siempre un mensaje cifrado que nos resistimos a escuchar: la combinación devastadora de la pobreza y la degradación ambiental (Haití), cara y cruz del cambio climático (Rusia y Pakistán), la cuenta atrás de la era del petróleo (Golfo de México), los riesgos de la energía nuclear (Japón).
“Todo lo que está ocurriendo revela el margen de fragilidad de la vida moderna”, escribe el ecologista Bill McKibben, autor de “El fin de la naturaleza” y del más reciente “Eaaarth”. Sostiene McKibben que el planeta, por una combinación de causas naturales y humanas, está dejando de ser el paraíso habitable que permitió la “civilización”, y que va siendo hora de que vayamos adaptándonos. “La lección que deberíamos aprender es tal vez que ha llegado el momento de replegarse un poco, que no hay nada suficientemente duradero, estable o robusto”.
En la misma línea, Lester Brown publica estos días “El mundo en el límite”, en el que advierte del efecto combinado de la crisis de la energía y de la crisis de la producción de alimentos, que se está larvando por debajo de todos los desastres y que está teniendo ya un grave impacto en los países en desarrollo.
Estamos tal vez entrando en lo que James Howard Kunstler llama “La larga emergencia”: un período de convulsión económica, política y social estrechamente ligado a la falta de recursos y en un planeta cada vez más hostil y proclive a las catástrofes.
Kunstler ya ha elegido el suyo, al norte de Nueva York, y desde allí interpreta todo lo que está pasando últimamente como síntomas inequívocos de que el momento ha llegado, así le llamen apocalíptico y alarmista... “Cuando me preguntan que cuánto nos queda para entrar en la “larga emergencia”, suelo responder que ya estamos en ella. Están ocurriendo definitivamente muchas cosas”.
EL POSIBLE CIERRE DE UNA CENTRAL NUCLEAR EN VERMONT DEJA EN EVIDENCIA A OBAMA
.El reactor de Vermont Yankee fue construido en 1972 y podría dejar de funcionar en el 2012
.Ha sufrido varias fugas de tritio radiactivo y el desmoronamiento parcial de su torre de enfriamiento
.Los grupos ecologistas reactivan la campaña contra la “resurrección” nuclear
El posible cierre de una vieja central nuclear en el estado de Vermont amenaza con dejar en evidencia al presidente Obama, una semana después de que anunciara su intención de impulsar la construcción de una nueva generación de reactores nucleares “seguros y limpios”.
El Senado local del pequeño estado del noreste, el más progresista del país, votará seguramente a favor del cierre de la central nuclear Vermont Yankee en el 2012 y en contra de su extensión por otros 20 años de vida. La votación se producirá el miércoles y está siendo aprovechada ya por varios grupos ecologistas para reactivar la campaña contra la “resurrección” nuclear en Estados Unidos auspiciada por la Administración Obama.
“A los ciudadanos de Vermont no les interesa prolongar la vida de esta planta más allá de la fecha prevista”, aseguró el portavoz de la mayoría demócrata en el Senado, Peter Shumlin. “La central se está cayendo en pedazos”. El diario local más influyente, el Burlington Free Press reclamó el domingo el cierre de la central en un contundente editorial.
Al cabo de 38 años de funcionamiento, el reactor construido en su día por General Electric ha empezado a dar preocupantes señales de “envejecimiento”. Al desmoronamiento parcial de la torre enfriamiento en el 2007 y el 2008, se unieron el año pasado las tres fugas detectadas de tritio –un isótopo radiactivo que puede provocar cáncer- que pudieron contaminar el río Connecticut y llegar hasta el suministro de agua potable en la zona.
Según la Comisión Regulatoria de la Energía Nuclear, al menos 27 de los 104 reactores nucleares operativos en Estados Unidos han experimentado fugas de tritio que han llegado a contaminar los acuíferos del subsuelo.
El posible cierre de la central nuclear de Vermont, que suministra actualmente el 30% de la energía del pequeño estado de 600.000 habitantes, ha servido en cualquier caso para reactivar el debate de sobre envejecimiento de los reactores en EEUU, todos ellos construidos antes del accidente de Three Mile Island que provocó el parón nuclear en 1979.
El presidente Obama, asistido por el secretario de Energía Steven Chu y por su asesor científico John Holdren, ha decidido sin embargo dar nueva vida a la industria nuclear triplicando los créditos públicos (hasta llegar a los 54.000 millones de dólares) y anunciando el destino de los 8.300 millones al proyecto para la construcción de los dos primeros reactores nucleares de la “nueva generación” en el estado sureño de Georgia.
Carlos Fresneda, corresponsal Nueva York
Publicando en blog Crónicas desde EE.UU de El Mundo
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