Suelo confiar una parte de mi nutrición a varias casas de comida colectiva, osea restaurantes de menú y el que tengo en más aprecio desde que era un chavalín en movimiento dista 6 paradas de metro del lugar de laboreo. Y esta es la distancia buena, no más de 6 km, pero al lío de conexionado a pedales todavía no me enfrentao y echo mano del metro, con la bici siempre, claro.
Comienzo con los cogollos de Tudela a la vinagreta con frutos secos, tremendos, y acabo de leerme de un tirón la entrevista, y me quedao pero que muy satisfecho. Ya liao con el guisao de calabaza y quinoa (exquisito) le pongo a Pàmies un sms (hábito que no pasa de 2 al mes, uno generalmente a mis padres) con un oleeeé en mayúsculas y con na que ver con el primate toreo.
Y que cosas no, yo pensando en irme a verlo a ver como andaba de valor para pasar a la acción e ilusionao con encontrar alguna receta de bizcocho sorprendente para hacer sin emisiones con ligeras reminiscencias de dulce stevia y una nebulosa porción pinchá en palillo de madera aderezada con un sin CO2 tremendo impreso... Pues pa culminar el menú activista del día, no he tardao en estar en el metro de vuelta con el librico en mano.
Remate, anda, el colega Carles me indica por email que el la Boqueria, mercado de culto allá en las Ramblas de BCN, parada 536 (Laura i Marc Bessora) se puede comprar bolsas de 500 gramos del Mesclum Multisabor y si lo encargas, también de 1 Kg. De quién, pues de Pàmies Horticoles. Las, como sin serlo pero queda bien, autoridades cultoecosocialnitarias recomiendan probarlo, por lo menos una vez en la vida.
En fin, stevia mucha para endulzar el cambio, un millón de Pàmies, uno por cada pueblo del mundo como mínimo, y también un La Riera por barrio, tú y los máximos con la conciencia abierta a resolver la que tenemos encima, que nos va a costar una vida, mejor divertida.
¿Qué le ha enseñado la tierra?
Todo. La tierra es el origen, y por tanto cuando no la he escuchado me he perjudicado a mí mismo y a mis tierras. Cuando por fin comprendí que era un ser vivo y la he tratado como tal, han mejorado mis ingresos, mi salud y la de mis hijos.
¿Fue presa de la revolución verde?
Sí, de la imposición de técnicas de cultivo superintensivo mediante abonos químicos, pesticidas, fungicidas...
Y contra ella ideó la Dulce Revolución.
Dulce, porque con violencia no se va a ninguna parte, y dulce, también, en honor a la planta que a mí me despertó.
La dulce stevia.
Mi vida y mis tierras eran un desastre, ya no producían. Utilizaba todos los insecticidas, fungicidas, bactericidas y antibióticos legales en aquellos momentos (hoy ya muchos ilegales). Decidí investigar y puse la palabra de mi proveedor, Monsanto, en Internet.
¿Qué halló?
Una asociación de padres de niños diabéticos muertos en EE. UU. que luchaba contra Monsanto para que prohibieran el aspartamo (de su propiedad) y legalizaran la stevia, un edulcorante natural, que consumida en fresco o en seco podía haber solucionado la vida de aquellos niños.
Y su rebeldía consistió en cultivarla.
Durante diez años he regalado miles de plantas, con la sorpresa de que muchos diabéticos reducían así la toma de insulina. Entendí que detrás de muchas prohibiciones en Europa y en el mundo hay intereses económicos, precisamente los mismos que han hecho posible esta agricultura industrial.
...
Investigué más a fondo el comportamiento de la industria farmacéutica, la que me vendía los productos para rociar mis plantas, y quedé horrorizado.
Y nació un activista.
Si comemos lo que nos da la naturaleza sin rociar químicamente, podemos volver a la salud, lo he experimentado en mi cuerpo.
No habrá sido un proceso sencillo.
Para desintoxicar la tierra necesitas años. Si las universidades se pusieran del lado de la agricultura ecológica y nos asesoraran, en quince años todo el mundo podría cultivar una agricultura superrentable y productiva, más que la actual, sin gastos añadidos de semillas y tratamientos.
La comida ecológica resulta muy cara.
Hay que suprimir intermediación. Si un fin de semana al mes haces el esfuerzo de desplazarte donde están los ganaderos y agricultores ecológicos, el precio está muy ajustado y la comida es de calidad.
Buena idea.
Y si usáramos las plantas medicinales que nuestro entorno nos da, mejoraría de forma radical nuestra salud, y el presupuesto sanitario público bajaría a la mitad en diez años.
¿Cuál es el problema de las plantas medicinales?
Algunos tesoros para la salud son ilegales y la ley de Etiquetaje impide etiquetar con sus propiedades las plantas medicinales, pero pueden poner el extracto de una planta en un yogur y decir que es bueno para regular el colesterol, o añadir omega 3 a la leche estrujando sardinas. La ley de Etiquetaje se ha hecho a favor de las grandes industrias alimentarias.
Lácteos y aguas minerales cantan sus virtudes.
Tienen excepciones de lujo. Nosotros reivindicamos el derecho de poder etiquetar las plantas medicinales con sus demostradísimas propiedades.
... Un saber que se está perdiendo.
Por eso hemos nombrado catedráticos de la naturaleza a los abuelos que todavía guardan conocimientos y estamos recogiendo su sabiduría de autocuración, valores que hay que reincorporar a la sociedad urbana.
¿Cómo?
Con balcones de salud: en lugar de tener sólo flores, hay que tener las plantas medicinales necesarias como botiquín de primeros auxilios: tomillo, romero, salvia, orégano.
Cuénteme.
Por ejemplo, una infusión de tomillo (bactericida) con la flor de saúco (expectorante) y stevia (antioxidante y edulcorante) es extraordinaria contra los resfriados. El romero, el ginseng natural mediterráneo, es potenciador de la energía; y la salvia, para la buena circulación de la sangre. Pero tampoco renunciamos a las plantas tropicales.
Interesante.
La kalanchoe, por ejemplo, un antitumoral muy potente y con resultados pasmosos. Es un crimen que el sistema sanitario no se empape de este conocimiento.
¿Y prohíben su venta?
Aunque demuestres que su uso es milenario en otras zonas del planeta, tienes que presentar estudios millonarios. Hace ocho años que una asociación, que ha podido pagar esos estudios, intenta legalizar la stevia. Se ha sumado Coca-Cola, que ha patentado la stevia para 24 aplicaciones alimentarias.
Entonces se legalizará.
La autosuficiencia de las semillas está desapareciendo a través de híbridos y transgénicos. Las mismas multinacionales que los producen han hecho un túnel de congelado en Svalbard, Suecia, para conservar 5 millones de semillas autóctonas por si viene un desastre: el desastre que están provocando ellas. Las semillas no tienen que estar congeladas, sino en los campos cultivándose.
Un movimiento civil sacude a Alemania desde Stuttgart
El gobierno regional paraliza una obra ferroviaria, que ha desencadenado una especie de 'Tea Party' al revés y lanza señales a todo el país
Rafael Poch - Berlín. Corresponsal - 06/10/2010 - La Vanguardia
En Stuttgart dos tercios de los ciudadanos están en contra del proyecto. Su realización supone derribar un antiguo edificio catalogado de principios de siglo y hacer una nueva estación subterránea en el mismo lugar, liberando una enorme superficie para apetitosos proyectos inmobiliarios en el centro de la urbe. En la región un 54% se opone a este proyecto de 4100 millones de euros, que se sospecha podría llegar a los 10.000 millones, en el que muchos ven una mera oportunidad de negocio incestuoso entre políticos y empresarios. Pero el problema va mucho más allá de lo regional.
El multitudinario movimiento civil de Stuttgart, con una historia de varios meses, sigue creciendo, implicando, sobre todo, a las clases medias locales y a la propia base social del electorado conservador, en una especie de "Tea-Party" como el que sufre Obama pero de signo contrario. Los observadores apuntan que podría degenerar en algo comparable a lo que en el pasado fueron los movimientos antinuclear y pacifista de los años setenta y ochenta: una especie de rebelión contra la manera en la que se hace política.
El viernes las cosas subieron de tono, cuando la policía reprimió con mangueras a presión, gases y porras una protesta, como siempre pacífica, hiriendo a quizás 400 ciudadanos, entre ellos muchos adolescentes y jubilados. Dos personas perderán la visión de un ojo y la opinión pública se ha indignado. Desde entonces la protesta se enroca, con convocatorias cada lunes que movilizan hasta 100.000 personas. El espectro de las "manifestaciones de los lunes" del Leipzig de 1989, que tumbaron al gobierno de la RDA, ha sido evocado.
Muchos se preguntan si en este otoño que Merkel anuncia como "cargado de decisiones" poco populares en diversos frentes (recortes sociales, centrales nucleares, etc), no estará empezando una "nueva politización". Para el sociólogo Oskar Negt, un eminente discípulo del filósofo social Theodor Adorno, lo de Stuttgart es el inicio de una rebelión "contra las falsas leyes de la globalización", una "muestra de la tensión entre globalización y localización", y, sobre todo, "contra la manera en la que los políticos tratan a las personas". Quizás un síntoma, sugiere, de un movimiento europeo anticrisis.







