5 de diciembre de 2009

ENTREVISTA A JOHN ZERZAN

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Pensador y anarquista, autor de “Contra la Civilización” y “Futuro Primitivo”
“La globalización nos está llevando por un camino suicida”

Se cumplen diez años de la “batalla” de Seattle y John Zerzan mira hacia atrás con justificado orgullo. El pensador anarquista tiene ahora la barba blanca, pero conserva intacto ese espíritu combativo que le convirtió en “padrino” de aquellas hordas que llenaron las calles de cristales rotos y prendieron la mecha del movimiento “antiglobalización”.

Hubo otros grandes protagonistas en las protestas contra la Organización Mundial del Comercio en Seattle, es cierto, pero quienes fuimos testigos de aquella revolución tardía podemos certificar que nada habría sido lo mismo sin la acción contundente y directa de Zerzan y sus secuaces.

Foto: ©Isaac Hernandez/MercuryPress

Uno se imaginaba a John Zerzan viviendo lejos de civilización o en todo caso hostigando el fuego de la rebeldía en Eugene (Oregón). Pero ni el autor de “Contra la Civilización” es tan fiero como hacen pensar sus escritos, ni la cuna del anarquismo en Estados Unidos mantiene viva la llama de la isurrección al cabo de una década.
Zerzan asegura sin embargo que la mecha del descontento social puede volver a prender en cualquier momento “porque el sistema se ha quedado sin respuestas”. A través de Anarchy Radio o de la revista Green Anarchy, el filósofo más radical a esta otra orilla del Atlántico -deudor de Theodor Adorno o Guy Debord- aboga por un giro radical y un replanteamiento de la sociedad desde sus raíces... “Lo que no nos vale es la complacencia”.

PREGUNTA: ¿Cómo se lleva eso de ser anarquista en un país como EEUU, donde ser “socialista” o “comunista” te convierte en sospechoso?
RESPUESTA: Bueno, creo que en el escalafón del miedo los anarquistas estamos un peldaño por debajo (risas)... No es una palabra que cause pavor hoy en día, aunque lo cierto es que después de lo que ocurrió en Seattle persiguieron con saña a los anaquistas, aquí en Eugene y en muchos otros lugares, también en Europa... Nos eligieron como chivos expiatorios para ejercer la represión.

P: ¿Cuál fue realmente el papel de los anarquistas en la “batalla” de Seattle?
R: No se puede entender lo que pasó en Seattle sin remontarse a lo que ocurrió el verano de 1999 en Eugene, Oregón. Más de 200 anarquistas tomaron las calles, arremetieron contra los bancos y comenzaron a romper escaparates. Durante cuatro horas, la plácida ciudad universitaria en la que vivo se convirtió en un “pandemonium”. Fue de alguna manera un ensayo de lo que ocurrió meses después... Digámoslo claro: nadie se acordaría de la “batalla” de Seattle si no hubiera sido por los anarquistas.

P: Hay quienes sostienen que se ha sobrevalorado su protagonismo en las protestas...
R: Quien diga eso es que no estuvo allí. Hay un documental, “Breaking the spell” (“Rompiendo el conjuro”) que cuenta desde muy dentro lo que pasó... Todos los días hay manifestaciones de 40.000 personas que apenas merecen un titular. En Seattle, y gracias a la acción directa, las fuerzas del poder sufrieron el asedio en su propio “castillo” del Centro de Convenciones... Tuvimos la oportunidad de presentar nuestras ideas, y creo que el mundo entero captó el mensaje.

P: ¿Justifica usted el vandalismo y la violencia?
R: Mi punto de vista es éste: la destrucción de la propiedad no es violencia. Romper una ventana no causa dolor físico, no hace daño a ninguna criatura viva... En Seattle, además, los objetivos fueron los bancos y las corporaciones que practicaban un capitalismo depredador. Allí no hubo más heridos que los que causó la policía.

P: ¿Qué queda del espíritu de Seattle al cabo de diez años? ¿Qué ha sido del movimiento antiglobalización?
R: El movimiento se propagó como una mecha en los primeros meses. Después vinieron Génova y muchos otros encuentros en los que los dirigentes y los economistas mundiales sufrieron la contestación masiva de la gente. Pero al mismo tiempo existió una represión muy contundente. Los atentados del 11-S sirvieron finalmente como excusa para reforzar aún más el estado policial... Yo no comulgo con las teorías “conspiracionistas, pero una cosa no quita la otra: el 11-S alteró por completo la trayectoria ascendente del movimiento antiglobalización.

P: Pero entonces ya había un fuerte debate interno sobre la carga negativa del mensaje, sobre la necesidad de ofrecer alternativas...
R: No se puede construir algo radicalmente disntinto sin una carga de negatividad contra el sistema. Las reformas y las medias tintas no nos valen. Esta sociedad globalizada y mecanizada que hemos construido sirve sólo para enriquecer a unos pocos y alienar a la gran mayoría. La globalización nos está llevando por un camino suicida. En este punto de la civilización, la única pregunta colectiva que nos queda por reponder es ésta: ¿En cuánto tiempo queremos acabar con el planeta?

P: ¿Vaticina usted que el apocalipsis está a la vuelta de la esquina?
R: No, creo que aún hay tiempo para un “aterrizaje suave”. Cabe aún la posibilidad de una cambio gradual, no lo descarto. Pero tenemos que empezar a actuar ahora, avanzar hacia modelos radicalmente descentralizados, hacia comunidades autosuficientes que eliminen las estructuras de poder y retomen el contacto con la naturaleza y con la esencia del ser humano. Lo que no nos vale es la complacencia. Tampoco nos basta con cambiar las bombillas o usar la bicicleta... Podemos ser los agentes del cambio, es cierto, pero lo que necesitamos es un cambio de paradigma, un giro radical que convulsione la sociedad. El sistema sigue intacto.

P: ¿Con la llegada de Obama no han empezado a cambiar algunas cosas?
R: Obama no prometió demasiado para empezar; no sé por qué la gente se sorprende a estas alturas. Su promesa de “cambio” era pura retórica. La gente estaba tan cansada de Bush que cualquier “cambio” era bueno. Pero lo cierto es que Obama no es muy diferente a Bush; en todo caso tiene un “estilo” distinto, más agradable... Pero el objetivo al final es el mismo. En el Pentágono mantiene a los mismos hombres, y está decidido a continuar esta guerra en Afganistán que empezó Bush. Obama es al fin y al cabo otro político centrista y va camino de convertirse en otro Clinton, que le ha prestado todos sus asesores económicos. En vez de cambiar de raíz el sistema, Obama se ha puesto de rodillas ante los bancos ¿dónde está el cambio?

P: Usted fue detenido durante las protestas contra la guerra de Vietnam en Berkeley, participó activamente en el movimiento “hippie”, se hizo después sindicalista de izquierdas, simpatizó con los “situacionistas” y acabó haciéndose anarquista... ¿A dónde le llevará esta evolución?
R: La verdad es que ha sido una largo camino hacia el anarquismo (risas)... Lo cierto es que mi pensamiento se ha radicalizado con el tiempo. Me he dado cuenta de que polticamente, si no eres capaz de romper con el sistema, es muy limitado lo que puedes conseguir. Quien quiera trabajar con el sistema es muy libre de hacerlo, pero no llegará muy lejos. La izquierda tradicional ha acabado atrapada en esa madeja.

P: ¿En qué consiste el “anarcoprimitivismo”?
R: Digamos que es un anarquismo de post-izquierda que busca erradicar toda forma de dominación, desmantelar el actual sistema productivista y recuperar la relación perdida con el mundo natural.

P: ¿Y volver a vivir a los bosques?
R: La gente prefiere cada vez más vivir de un modo acomodado en las ciudades, pero las grandes metrópolis de hoy en día son también un producto de la industrialización. Si la civilización sigue su curso actual, los problemas van a seguir agravándose hasta el punto en que muchas ciudades serán invivibles, y van a hacer falta habilidades básicas de autosuficiencia y supervivencia.

P: ¿Entre la complacencia actual y la ruptura total que usted propone no cabe un término medio?
R: Puede que lo haya, pero yo sinceramente no lo veo. La crisis actual no ha servido más que para agudizar los problemas. El sistema se ha queado sin respuestas y está haciendo aguas. Aunque la resistencia al cambio es muy fuerte y preferimos seguir actuando como si no pasara nada.

P: Después de tantas ideologías fracasadas ¿quién necesita a estas alturas un nuevo “ismo”?
R: Es una manera de ponerle un nombre, pero existe indudablemente el riesgo de que el “anarcoprimitivismo” se convierta en una ideología. Hay que evitar a toda costa las rigideces; lo que necesitamos es más apertura... Y el interés en este movimiento es creciente, de Brasil a Rusia, pasando por Barcelona, donde las semillas del anarquismo han estado siempre muy vivas.

P: ¿Cree usted en la utopía?
R: Soy utópico en el sentido en que tengo esperanza en un futuro distinto. Tenemos posibilidades radicales que no estamos explorando y a las que podemos aspirar. Tiene que haber otros modos de vivir dististos al de esta sociedad postmodernista y patológica que hemos creado.

P: Dicen sus críticos que si fuera consistente con sus ideas estaría viviendo en una caverna...
R: Tal vez sea cierto, pero yo no pedí este mundo. Y lo que quiero hacer es contribuir al debate, cuestionar el modo en que vivimos, aunque tenga que incurrir en la contradicción de usar un ordenador y comunicarme por correo electrónico. Mi colega Derrick Jensen me sugiere que me comunique por escrito, pero indudablemente es más fatigoso y menos efectivo. Ya que tenemos estas herramientas, las utilizo. Tarde o temprano tendré que claudicar y usar también un teléfono móvil, porque en el mundo que hemos creado es un inconveniente no tenerlo. También tengo un coche compartido y viajo en avión, pero esa no es la cuestión de fondo, insisto.

P: Desde “El Futuro Primitivo” a “Contra la Civilización” o “El crepúsculo de las máquinas”, sus obras están cuajadas de alegatos antitecnológicos ¿La revolución de Internet, que ayudó a propagar el movimiento antiglobalización, no le ha hecho cambiar de opinión?
R: No, en absoluto. La tecnología nunca es neutra. Desde la invención del reloj, la tecnología ha servido para implantar la industrialización masiva y perpetuar la domesticación de la sociedad. Yo no creo en eso que llaman “el poder liberador de la tecnología”.

P: Usted se carteó con Ted Kaczynski, el “Unabomber”, que declaró la guerra a la tecnología y mandó paquetes-bomba contra científicos...
R: Yo no defiendo las bombas en los buzones ni ninguna forma de agresión que afecte a la vida humana, ahí siempre he trazado una línea muy clara. Es cierto que mantuve contacto con él y conversé durante el juicio. Coincido con muchas de las reflexiones de su “Manifiesto” , pero sus métodos no son justificables. Hay otras maneras de expresar la oposición a este mundo hipertecnológico que nos rodea.

Carlos Fresneda, enviado especial Eugene (Oregon)
Publicado en El Mundo, 5 diciembre
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por esta entrevista

Anónimo dijo...

todo esta cambiando
todo va a cambiar
todos tenemos que cambiar este mundo patas arriba
nos toca hacerlo ya

Anónimo dijo...

PROGRAMA MÍNIMO DEL SER HUMANO LIBRE

1. El mayor enemigo y esclavizador del ser humano es la sinarquía, un grupo de personas dueño del capital financiero - incluida la Reserva Federal de Estados Unidos (FED)-, de las corporaciones, de los monopolios, de los grandes negocios, de los medios de comunicación y, por tanto, del Estado -de izquierda, de centro y de derecha- con lo cual controla el poder económico y político mundial y la vida misma.

2. El Estado con sus "leyes" es el verdugo que la sinarquía utiliza contra los seres humanos para esclavizarlos.

3. Libérese de la sinarquía y del Estado. No participe en su sistema esclavista.

4. No colabore con el Estado. No vote. Apoye la economía informal y una producción a escala humana, artesanal, acorde con el respeto a la naturaleza. No consuma productos de las grandes marcas. Sacúdase del yugo de la sociedad consumista, esto es, "un máximo de bienestar con un mínimo de consumo".

5. No tome créditos bancarios. No sea cuentacorrentista. Cierre sus cuentas bancarias.

6. No utilice el genocida sistema de salud de la sinarquía. Utilice medicinas alternativas.

7. Consuma alimentos orgánicos de pequeña producción campesina. Viva en ciudades pequeñas.

8. No participe del alienante y domesticador sistema educativo, público o privado. Adopte una educación libre, autodidacta.

9. No permita la destrucción de la naturaleza y del medio ambiente. Utilice energías limpias y promuévalas. Evite en lo posible el uso de automóviles.

10. Combata y rechace los venenosos productos transgénicos, la antinatural gran producción agropecuaria, avícola, piscícola, etc. Diga no a las ecocidas multinacionales de la producción petrolera y petroquímica, de la industria manufacturera y de la devastadora megaminería.