21 de julio de 2012

El inventor de las ecomáquinas





John Todd tiene un sueño incombustible desde niño: fundir la ecología y la tecnología. Desde que creó el New Alchemy Institute, allá por 1969, el sueño se ha convertido más bien en un empeño o en una misión de vida, plasmada en estas obras de "ingeniería natural" que él mismo ha bautiza como 'ecomáquinas'...

"Una ecomáquina es una tecnología donde los 'engranajes' son seres vivos", explica el inventor. "Una ecomáquina puede servir para reaprovechar residuos, para generar biocombustibles, para producir alimentos, para limpiar aguas contaminadas... No hay nada comparable a la diversidad de la vida, trabajando por un fin común".
    
Hablamos con John Todd bajo el rumor incesante y relajante de una de sus 'ecomáquinas' más celebradas, la del Centro Omega para la Vida Sostenible en Rhinebeck, a orillas del Hudson. En nuestra anterior entrega nos quedamos en el exterior del edificio "vivo" con el arquitecto Jason McLennan. Ahora nos adentramos en él de la mano de este biólogo y alquimista, nacido en Canad'ay afincado en Nueva Inglaterra...
   
"En la naturaleza no hay residuos sino nutrientes. Los ecosistemas funcionan como  una auténtica sinfonía, con sus propios mecanismos autorreguladores. Ese modelo podemos replicarlo a todos los niveles, desde la actividad económica a la vida en las ciudades, o al funcionamiento de un edificio".
   
Aunque pueda parecer un invernadero, lo que se esconde en este edificio "vivo" en el que estamos en una depuradora "natural", con plantas, algas, peces, hongos, bacterias, microorganismos,minerales y hasta caracoles, unidos con una meta común: reciclar hasta 200.000 litros diarios de agua.
"Frente a las plantas convencionales de tratamiento a cielo abierto, aquí no hay olores", asegura Todd. "El agua sin tratar se contiene en tanques bajo la gravilla. De ahí pasa a los lagos y los estanques, y luego es bombeada hasta la ecomáquina del interior, donde empieza un viaje un ciclos, como si fuera un río. Cuando el agua llega a este extremo, pasa por gravedad hacia el filtro de arena, la última parte del proceso". 
    
"La belleza de la ecomáquina está en lo que no se ve", sostiene John Todd. "La belleza hay que apreciarla bajo el agua, en las raíces, y también en la fotosíntesis, que produce la liberación de sustancias que benefician al agua y al mecanismo general. Algunas plantas fabrican incluso potentes antibióticos naturales que matan los posibles focos de infección. El agua que sale de la ecomáquina es tan pura que lo mejor que podemos hacer con ella es devolverla al bosque para completar el ciclo".
      
El pueblo de Harwich, en Massachusetts, fue el primero en aplicar el "invento" de John Todd al tratamiento de las aguas residuales. Desde entonces, las ecomáquinas se han propagado por California y Florida, y a lo largo del río Mississippi, demostrando su capacidad sin límites.
      
John Todd, enamorado de los océanos, pionero de la biomímesis, insiste en que gran parte de las soluciones a los problemas que hemos creado giran en torno a nuestro elemento más preciado: "La vida en la Tierra es el ciclo del agua. Y nada mejor que usar la puerta "giratoria" entre la ecología y la tecnología para conocerla m'as a fondo y ser capaces de crear al mismo tiempo belleza, economía y funcionalidad".

Carlos Fresneda

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