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El activista incombustible















Bill McKibben tiene la planta espigada de un pívot baloncesto y el espíritu combativo de un llanero solitario. Se le reconoce desde lejos porque aventaja a todos por una cabeza y porque sabe crear en su entorno una especie de frenesí apremiante y contagioso.

El autor de "El fin de la naturaleza", en su faceta de activista incombustible, nos invita tal día como hoy a hacer la conexión definitiva con la iniciativa Climate Dots... "Necesitamos desesperadamente poner una cara humana al cambio climático. Tenemos que hacer ver a la gente que no se trata de una abstracción, ni de una amenaza en el futuro. Se trata de una crisis presente y real, que requiere acciones urgentes".
Hace tres años, con la campaña 350.org, McKibben puso el planeta en danza en vísperas de la frustante cumbre de Compenhague. Ajeno al desaliento, convencido de que aún es posible rebajar las emisiones hasta el límite recomendado por los científicos, el mensajero del clima se propone unir virtualmente miles de puntos "verdes" de norte a sur, de oriente a occidente...
"Queremos hacer visibles las soluciones que ya existen, a pequeña y a gran escala. De paneles solares a granjas eólicas, de jardines comunitarios a huertos en los tejados, de los barrios sin coche a las "ciclovías"... Tenemos que conectar a la gente y hacerles ver la conexión entre nuestras acciones individuales y el problema al que nos enfrentamos".
Con McKibben nos hemos cruzado una y mil veces en sus infatigables "cabalgadas" de la última década, desde su "patria chica" de Vermont hasta las escalinatas del Capitolio en Washington, pasando por la cumbre de los Bioneros en la bahía de San Francisco. Hasta hace poco llevaba sin embargo la vida ajetreada del ecologista teórico, preocupado en todo caso por disminuir su huella y dedicarle más tiempo a su familia, a sus caminatas por el bosque y a sus excursiones en canoa.
 En sus alforjas cabía el orgullo de haber sido el primero en alertar al gran público sobre los efectos del cambio climático (entonces llamado "efecto invernadero") all'a por 1989, cuando publicó "El fin de la naturaleza". Vinieron luego una larga decena de títulos –"La era de la información perdida", "Esperanza, Humanidad y Naturaleza", "Economía Profunda"- ahondando en el estrecho vínculo entre nuestro estilo de vida y el deterioro del planeta. 
Pero algo le faltaba. Cada regreso a casa, cada artículo publicado, cada charla ante una audiencia más o menos multitudinaria, le dejaban en el fondo una sensación de vacío. Algo en lo más íntimo –coincidiendo casi con la inevitable crisis de los cincuenta- le decía que había llegado el momento de pasar a la acción directa.
Empezó por lo que tenía más cerca, movilizando a un grupo de estudiantes universitarios en Vermont, uno de los estados más progresistas de la unión. Allí prendió la chispa de Step It Up, embrión de lo que con tiempo fraguaría en 350.org. McKibben cree sin duda en el poder de los números, y las 350 partículas por millón de CO2 (la cifra considerada por el climatólogo de la NASA James Hansen como el umbral de peligro) han dejado de ser una abstracción y figuran ya en la agenda de la ONU.
 A la depresión post-Copenjague, siguió la "decepción Obama": McKibben fue de los que se encadenó y se dejó detener a las puertas de la Casa Blanca, en protesta contra el oleoducto para transportar hasta Texas el petróleo de las arenas alquitranadas de Alberta.
La batalla ganada le hizo ver que no todo está perdido. "Pero hace falta un movimiento mucho más grande para forzar a los líderes a actuar",  reconoce. "Nuestra próxima meta es precisamente ésa: lograr cosas prácticas. Y podemos conseguirlo país a país, con acciones llamativas para calar en la opinión pública y mantener viva la llama de la acción ante el cambio climático".
"Organizar, organizar, organizar"... Son los tres consejos que Bill McKibben da a cualquier activista incipiente que quiere ir más allá del cambio personal y tener un verdadero impacto en su comunidad. "Pese a todos los obstáculos de este último año, el movimiento se encuentra más vivo que nunca: no hemos hecho más que empezar".
El activista compulsivo no ha podido sin embargo enterrar al escritor nocturno que sigue llevando dentro y que vuelvi'o a la carga recientemente con "Eaarth", algo así como "Tierrra" (con una "a" o una "r" de más, para recalcar que vivimos ya en otro planeta diferente al que conocíamos).
"El cambio se está produciendo de una manera rápida y furiosa, y no nos queda otro remedio que adaptarnos", advierte McKibben. "En nuestras manos está aún evitar que el clima entre en una espiral autodestructiva y deje el planeta irreconocible ante nuestros ojos".
Carlos Fresneda / Londres

Pintando chicles



           Fotos: Ione Saizar

-Oiga, ¿y usted qué hace tirado en el suelo?
-¿Yo? Pintando chicles...

Puede sonar a broma, pero no hay más que ver la fruición con la que trabaja Ben Wilson a ras de acera para comprobar que la cosa va completamente en serio. Tan en serio, que son ya 10.000 los chicles pintados que salpican las calles de Londres, del Puente del Milenio a su barrio de Muswell Hill, de visita imprescindible para quien quiera "patear" el lado insólito y colorista de la ciudad olímpica...

- ¿Y se puede saber por qué pinta chicles?
- Porque no hay ninguna ley que lo impida, y así es más difícil que me detengan.
   
Dos veces le detuvieron sin embargo a Ben Wilson mientras se volcaba en su afanosa  tarea, que tiene algo de revindicación suprema del espacio público. Le pusieron las esposas, pero no tuvieron más remedio que soltarle sin cargos ante la "presión popular" de sus vecinos de Muswell Hill y del director de Raw Vision, la revista que inmortalizó su arte en las aceras (antes que saltara a la portada del New York Times o al telediario de la BBC). 

   
Ben Wilson vive ahora una especie de fama anónima como "el artista del chicle". Muchos han oído hablar de él, pero creen que forma parte de la leyenda urbana. Otros han descubierto con sorpresa sus miniaturas policromadas, que desde arriba parecen pegatinas y desde cerca sorprenden por sus increíbles detalles: las ventanas del autobús de dos pisos, las alas livianas de los ángeles, las rayas de los tigres bengalíes, las escamas de un dragón...
   
Wilson se inspira en escenas cotidianas de la calle, o en ideas que se trae esbozadas desde su casa-estudio, o en los encargos que le caen sobre la marcha... "Desde que corrió la voz, me piden que pinte chicles como declaración de amor o de matrimonio. Se ve que funcionan bien para reforzar las relaciones o para crear conexiones entre la gente. Esa es precisamente mi intención". 

 
A su manera y a sus 48 años, Ben Wilson se ha convertido en cronista de Muswell Hill, como cuando cerraron el Woolworth de Broadway, y fue capaz de homenajear a todos sus trabajadores escibriendo sus nombres en un chicle, el mayor que pudo encontrar, aplastado, pegado y "fosilizado" casi a las puertas de donde estuvo el supermercado popular. 

- ¿Algún tipo de chicle le atrae en particular?
-  Cuanto más viejos y más duros, mejor...
 
No hay goma de mascar que se resista a Wilson, que descarga de la mochila su inseparable soplete, para ablandar y extender el chicle elegido. Una vez delimitado el "lienzo" sobre la acera, el pintor aplica un barniz y varias capas de esmalte, hasta que la superficie está lista para crear su particularísimo mundo con finísimos pinceles, más la llama del encendedor para fijar y dar esplendor.
    
- ¿Cuánto le lleva cada chicle?
- Unas horas, algunos más de un día...

  
Su jornada empieza a la hora en que arrancan los colegios. Muchas veces se queda tan abstraído en su labor que le sorprende ver a los niños de vuelta, a primera hora de la tarde. Hay quien se ofrece a traerle un café o algo de comer. El agradece todas las muestras de simpatía y entusiasmo, pero casi siempre vuelve a su labor con el impulso incontenible del artista en pleno proceso de creación.
     
Siete años lleva Ben Wilson pintado chicles, aunque sus inicios como artista fueron con la madera, con poderosas instalaciones y esculturas que pululan por el bosque encantado en el jardín trasero de su casa. De ahí pasó a trabajar con basura y desechos, y a pintar subversivamente en las vallas publicitarias ("creo que tuve más coraje aún que Banksy").
     
Hasta que un día, influido quizás por Jackson Pollock (uno de sus artistas predilectos), urdió el estallido de color y libertad en las aceras, y ahí sigue:
"Puedes ver mis pinturas o puedes no verlas. Pueden ser efímeras o aguantar siete años. Hay algo decididamente metafísico en el chicle que no tiene ningún otro medio...". 

 
Carlos Fresneda / Londres

Un ecologista en Bullas

Inspirado por aquello de que quizás parte de lo más importante en la relación con los demás es amar el lugar donde uno vive, el alcanzable con la vista y aunque el anhelo te lleve a querer ver todo el planeta de un tirón, bajo a lo más sensible para intentar mantener esa relación sincera con el entorno y sus devenires, las gentes y sus ilusiones, los recursos locales y sus servicios vitales, en una población con algo más de 12 mil almas y de nombre Bullas, en el sureste murciano.


Amar el lugar donde un vive, donde te toca vivir la mayor parte del tiempo en el ahora, aunque suene romanticón es quizás una prueba de fe en el aprecio al resto de lugares, tan cercanos ya, donde habitan el resto de los miembros de la familia humana. Amar el lugar y sus contenidos, puede parecer idealista pero igual sirve como poco para encontrar la identidad y otorgarle personalmente lo mejor que uno pueda dar para el bien compartido, el bien común. el bien que importa.

Porque no atreverse a imaginar que allá donde uno se identifica, se busca la vida, la comparte, se desarrolla entre miedos y euforias, allá donde mirando como al horizonte a la vida se la ve pasar, o bricar, o volar... y allá donde cada cual la acompaña con toda la intensidad que precise y pueda, porque no enamorarse de la imperfecta obra humana legada que te rodea con todas sus taras remendables, o del agua que te llega mágica y limpia, para sobrevivir, o del sol que manda energía a raudales para que se enamoren tensamente de él las plantas alimentarias y las que les acompañan o incluso las tecnologías humanas. Porque no imaginar que acortado las distancias a lo que se alcanza placidamente en pocos minutos a golpe de pedal, es suficiente espacio para descubrir maravillas, para no perdelas, para recuperar las que fueron y para despejar a las que llegarán.

Si uno coge y define a la ecologia como una historia de amor entre lo humano y su entorno, ser ecologista en Bullas se me antoja un hermoso deber y un privilegiado derecho cual novio apuesto. Y ya en onirico sobrepasao llega uno a imaginar que una tropa de amantes de todos los lugares de este hermoso planeta deciden de golpe, cada uno en su lugar, narrar lo hermoso, lo feo, lo mejorable, lo necesario, lo inutil, lo acertado, lo equivocado, lo sorprendente, lo emocionado y mandarlo a una base común de datos de amantes globales, que se emocionan, inspiran o incluso dudan entre ellos. Yo he decidido mirar con amor el lugar donde ahora más me toca estar, y no se porque me han entrao unas ganas desproporcionadas de contar detalles de mi subita pasión. Aquí comienzan pinceladas de una enamorao ecologista en Bullas y en la columna de la derecha, se apilará la relación de ellas. Venga, ponte tu también, que enamorarse de lo imposible deja más fácil hacerlo de lo posible y hay veces que lo pide a gritos.
 
Manolo Vílchez

¡Por el 'cambio' energético!





Courtney Hight trabajó al otro lado de la verja, como miembro del Consejo Ambiental de la Casa Blanca. Llegó allí a los 29 años, con la sobredosis de idealismo que empapó la campaña de Obama. Pero no tardó en estrellarse contra el muro de las lamentaciones: “El Congreso está en manos de los “lobbies” del carbón y del petróleo, y así no hay manera de cambiar las cosas”.

A los 32 años, Hight volvió a la carga desde fuera, al frente de la Coalición por la Acción Energética. Fue detenida junto con otros 1.253 activistas a los pies de la mansión presidencial, cuando protestaba contra la construcción del oleoducto Keystone XL, de Canadá a Texas. Tuvo que reprimir las lágrimas cuando se la llevaron esposada, pero al cabo de varias semanas cantó victoria: el presidente ordenó la revisión del proyecto y aplazó la decisión al menos un año....
    
“La batalla no está aún ganada, pero hemos dado un gran paso. Los jóvenes han vuelto a movilizarse, esta vez para pesionar y recordarle a Obama su compromiso por un cambio energético real. Se ha dado cuenta de que puede perder definitivamente nuestro voto”.
     
Sin afán de protagonismo, pero sin miedo a hablar, Courtney Hight se ha convertido en el símbolo vivo de la frustración de los activistas norteamericanos por la falta de acción contra el cambio climático. “Mi decepción particular con Obama tiene una fecha, marzo del 2010”, recuerda la ex asesora del Consejo Ambiental de la Casa Blanca. “El suelo se abrió a mis pies cuando el presidente dio el visto bueno a las perforaciones petrolíferas a grandes profundidades... Días después ocurrió el accidente de BP en el Golfo”.
     
Courtney Hight salió como tantos otros por la puerta trasera de la Casa Blanca en plena marcha atrás de la Administración Obama en cuestiones energéticas: “Me tocó vivir desde dentro las negociaciones de la ley del clima. No tardamos en darnos cuenta de que no había mucho que hacer. El presidente dio un par de discursos sobre el tema, pero nunca puso la carne en el asador”.
      
Una vez consumada la experiencia, consciente de las “limitaciones” a la hora de trabajar desde dentro, Courtney Hight volvió al papel de la activista indomable, como codirectora de la Coalición de Acción Energética... “Somos una organizacuón paraguas con más de 50 grupos. Uno de nuestros objetivos es informar y dejar en evidencia a la industria del petróleo y a la del carbón. Si queremos acabar de verdad con las energías “sucias”, tenemos que cortar los 10.000 millones de dólares de subsidios anuales”.
     
Junto a Bill McKibben, se sumó a la campaña de 350.org y participó a primeros de noviembre en los círculos concéntricos de 12.000 activistas que rodearon la Casa Blanca y forzaron la respueta del presidente: “El es el líder elegimos y necesitamos que le plante cara al lobby de la energías fósiles. No podemos permitir nuestra complicidad en un método tan devastador para el medio ambiente como el petróleo de las arenas bituminosas de Alberta. Necesitamos apostar de una vez por todas por las energías renovables”.
     
La batalla del oleducto Keystone XL ha dado fuerzas renovadas al movimiento ecologista, pero le preguntamos a Courtney Hight si no hará falta algo más para calar en la mayoría de la población, si no ha llegado tal vez el momento de “cambiar” el mensaje del cambio climático: “Yo creo que el mensaje habla por sí solo. Estamos poniendo en juego la capacidad del planeta para seguir siendo habitable para los humanos. ¿Hay algo que nos afecte más de lleno como especie?”.

Carlos Fresneda

LA TECNOLOGIA NUCLEAR LISTA PARA MATAR

Bueno, si te echas un vistazo a los cables diplomáticos ofrecidos por el extraordinario servicio informativo sobre la verdad del mundo, WikiLeaks, hoy mismo se informa de trapicheos de la iniciativa MegaPorts, que no es más que coger y meter un scaner parecido a los de los humanos que vuelan pero esta vez para containers sobre trailers a la salida de los puertos. En Barcelona, son más de un millón de unidades al año, y en ellos llegan billones de horas de maquila en forma de ropa y calzado de marca, y todo lo que China tiene a bien fabricar para chinalizar el globo, que les queda poco para llenarlo desbordantemente de mierda de bajo coste económico y alta alegría consumidora, y no te cuento cosillas sobre el coste ambiental. En honor a Wikileaks, El Roto da ejemplar lección.


Pero vamos, no hace mucho pillaron a un ilustre empresario portuario, ahora ya mafioso con torre en la zona alta de la ciudad entrando droga a tope y es que no es difícil imaginar que por los puertos de este mundo se menean mercancías ilícitas a gogo, por muy moderna y democrática que sea la ciudad portuaria. O que se lo digan al sargento de la Benemérita y todos sus secuaces encargados de la seguridad y del control de salida y entrada, cuando eran estos los pirulas de containers completos que volvían a rellenar y colocar en su sitio con el mismo peso pero con piedras y arena, para sorpresa del destinatario. Vamos, que se entiende en parte el interés internacional por cuidar de la buena marcha de nuestro puertos. Es el marino, el medio que permite el transporte más barato y más seguro, y ante un megabarco con miles de containers, pa ver que tienen y llevan, la cosa no parece fácil, además de pesada. Pero ahora están controlados por el gran hermano barquero,, de los 60 mil clichaos creo que son 17 mil los que llevan parriba y pabajo casi todo lo que consumimos los grandes consumidores, venido de otras tierras.

 Último mapa disponible de la posición de 60.000 barcos diferentes, según los datos recibidos en la Estación Espacial Internacional y en el satélite noruego AISSat-1.

Bueno, lo de Megaports va de controlar material radiactivo que entra y sale, si entra en algún puerto y sale en otro. Nada, bombitas de cabeza nuclear y otras mierdas atómicas, fruto de la  tecnología aquella que se llamó Atomos por la Paz, jajaja... y que los macarras terroristas, esos de corbata elegante y presencia dandy, y gracias a los siempre bien pagados cuidadores del orden y concierto, ponen a disposición de sonaillos con ganas y necesidad política de armar follón. Y es que lo puertos van divinos para negocios de gran escala, y pagando todas las puertas se abren, parece ser. También parece que el riesgo es grande y dice el actual embajador yanki aquí en la Iberia, centro histórico y clave de trapicheos mercantiles entre océanos y mares de menor tamaño, dice que en todo el mundo ya se han parado, gracias a los megaescaners (unos 30), una docenilla de hechos peligrosos, ( a ver si pillamos el cable de alguno de ellos, ya vistas las pelis del 007 y leída la prensa local ).

En fin, la proliferación de la tecnología nuclear que nos salvará del cambio climático, dicen los del sector y sus amigos científicos y políticos de renombre, esa tecnología también puede generar una guerra nuclear (desde siempre sabido), o su versión más de moda, un atentado nuclear, parece ser, en cualquier lugar del mundo, y en especial allá donde se presume que se hace más daño a los otros.

Será por eso que lo ideal ante un ataque nuclear sea correr al interior de un edificio y no salir pitando sin rumbo, y quedarnos a la espera de que las autoridades nos digan que podemos volver a ver que ha pasao, vamos así lo acabo de leer en un resumen del manual que estos días han tenido a bien los medios de comunicación publicar gracias a la preocupación del departamento de seguridad nacional de los EE.UU. en su lucha por llamada desde aquello de las Azores, la libertad duradera y añado yo, en un mundo pa cagarse.

A número más alto, más protección frente a la lluvia radiactiva de una bomba atómica. De izquierda a derecha, madera, ladrillo, y ladrillo y hormigón.- DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD NACIONAL DE EE UU

Frente al primer impulso de alejarse de la zona, quedarse en un edificio multiplica las probalidades de supervivencia, según el Gobierno de EE UU y  pa cuando toque, y si quedan ganas y tiempo de elegir, un interesante gráfico indica que tipo de edificios y en que zonas de estos, es más seguro esperar a que la nube radiactiva ya no sea peligrosa. Claro que te vas a Google y pones ataque nuclear, y te aparecen noticias de todos los años de este siglo donde el peligro acecha. Y con todo esto todavía la tecno nuclear necesaria para hacer bombas atómicas no tiene el rechazo suficiente para convertir cada central nuclear y a todos sus expertos, en material del alto riesgo para la vida en la Tierra.



Cuando los activistas alemanes bloquean el paso de un convoy con material nuclear, cuando aquí se pide que antes de un cementerio para la mierda atómica de las nucleares se autorice antes un calendario de cierre de todas, cuando la lucha contra la energía nuclear se manifiesta, es precisamente para evitar entre otros males, que por los puertos del mundo se trapiche con armamento mortal vinculante. Sería un fracaso colosal que un cementario nuclear de vidas humanas fuese noticia. Mejor hoy activos que mañana radiactivos

Muy sostenible y nada radiactivo invierno, y que la suerte nos acompañe.

Manolo Vílchez, desde las pruebas en el refugio nuclear XP32TZ, que no digo donde está para evitar posibles aglomeraciones. (...es broma)

BILL MCKIBBEN, EL ACTIVISTA INCOMBUSTIBLE


 Da todo su aliento y energía al movimiento 350.org y es un divulgador prolífico, con obras como la reciente 'Eaarth'                 

Bill McKibben tiene la planta espigada de un pívot de baloncesto y el espíritu combativo de un llanero
solitario. Se le reconoce desde lejos porque aventaja a todos por una cabeza y porque sabe crear
en su entorno una especie de frenesí apremiante y contagioso.

Con McKibben nos hemos cruzado una y mil veces en sus infatigables cabalgadas de la última década, desde su patria chica de Vermont hasta las escalinatas del Capitolio en Washington, pasando por la cumbre de los Bioneros en la bahía de San Francisco. Hasta hace poco llevaba sin embargo la vida ajetreada del ecologista teórico, preocupado en todo caso por disminuir su huella y dedicarle más tiempo a su familia, a sus caminatas por el bosque y a sus excursiones en canoa.

En sus alforjas cabía el orgullo de haber sido el primero en alertar al gran público sobre los efectos del cambio climático (entonces llamado efecto invernadero) en un libro proverbial que marcó un hito en 1989: El fin de la naturaleza. Publicó luego una larga decena de títulos –La era de la información perdida, Esperanza, Humanidad y Naturaleza, Economía Profunda– ahondando en la conexión entre nuestro estilo de vida y el deterioro del planeta. Colaboró con las publicaciones más punteras e intentó transmitir su pasión por el planeta como conferenciante. Pero algo le faltaba. Cada regreso a casa, cada artículo publicado, cada charla ante una audiencia más o menos multitudinaria, le dejaban en el fondo una sensación de vacío. Algo en lo más íntimo –coincidiendo casi con la inevitable crisis de los cincuenta– le decía que había llegado el momento de pasar a la acción.

Empezó por lo que tenía más cerca, movilizando a un grupo de estudiantes universitarios en Vermont, uno de los estados más progresistas de la unión. Allí prendió la chispa de Step It Up, embrión de lo que con el tiempo fraguaría en 350.org, el movimiento que está redefiniendo el movimiento ecologista a escala planetaria.

Más de 5.300 actos dieron la vuelta al mundo en la fecha clave y mágica (10/10/10). McKibben cree, sin duda, en el poder de los números, y las 350 partículas por millón de CO2 (la cifra considerada por el climatólogo de la NASA James Hansen como el umbral de peligro) han dejado de ser una abstraccióny figuran ya en la agenda de la ONU. 350.org nació precisamente en la antesala de Copenhague, cuando se estaba empezando a forjar –o eso parecía– una conciencia global ante el cambio climático. La cumbre acabó en un “fiasco de proporciones históricas”, nos confesaba recientemente el propio McKibben, que sufrió en sus carnes la humillación.

La depresión post-Compenhague dejó en el dique seco a viejos y nuevos grupos ecologistas. Pero McKibben decidió volver a la carga tras un breve período de reflexión. En enero de este año ya estaba dándole vueltas a todo lo que había que hacer para impulsar “un movimiento real, ruidoso y con gran capacidad de acción en todo el mundo”.

“Si algo aprendimos en Copenhague es que necesitamos un movimiento mucho más grande aún para forzar a los líderes a actuar”, reconoce el activista incombustible, embarcado en una partida a cuatro bandas entre Estados Unidos, Europa, China y el resto del mundo, “con especial hincapié en esa constelación de pequeños países (Samoa, Maldivas, Islas Salomón) que son los más amenazados y que apenas cuentan en la escena internacional.”

“¿Qué cabe esperar del próximo encuentro en Cancún?”, le preguntamos.

Y responde sin evasivas: “Muy poco. El Congreso norteamericano ha decidido no actuar: hemos enviado una señal muy nefasta al mundo. Pero es importante mantener vivo el proceso en Naciones Unidas. Los dos próximos años van a ser vitales”.

“Obama no ha hecho gran cosa, ni se ha mostrado dispuesto a arriesgar su capital político en la cuestión del cambio climático”, admite McKibben. “Ha tenido que lidiar con otros asuntos duros estos dos años y la política energética ha sido la gran sacrificada.”

El presidente ha accedido, al menos, a instalar nuevos paneles térmicos y fotovoltaicos en los tejados de la Casa Blanca, y ése ha sido tal vez el éxito más visible de 350.org. En plena campaña para el día de acción, McKibben encabezó una expedición solar con la idea de entregar a Obama uno de los viejos paneles que instaló en 1979 Jimmy Carter y que dos años después desmontó Ronald Reagan.

La excursión acabó en pinchazo sonoro, con el propio McKibben confesando a sus correligionarios de 350.org su profunda decepción por el intercambio de pareceres con los asesores de Obama.
Tres semanas después, sin embargo, el secretario de Energía, Steven Chu, anunciaba la reconversión de la Casa Blanca en la primavera del 2011 con una instalación que incorporará las últimas tecnologías y que permitirá no sólo proporcionar agua caliente sino también autoabastecer parcialmente de energía a la mansión presidencial.

"Nuestra próxima meta es lograr cosas prácticas, como que la Casa Blanca haya decidido reinstalar paneles solares" 

McKibben no pudo ocultar su satisfacción en vísperas de la movilización del 350.org: “Si ese hecho sirve para impulsar la energía solar de la misma manera que el huerto de la Casa Blanca ha impulsado la agricultura urbana, creo que podemos darnos por contentos”.


“Nuestra próxima meta será precisamente ésa: lograr cosas prácticas”, asegura. “Y podemos lograrlo país a país, con acciones llamativas para calar en la opinión pública y forzar a los políticos a tomar medidas contra el cambio climático, pese a todo el dinero invertido por el lobby de los combustibles fósiles y por las personas más ricas del planeta para abortar cualquier posibilidad de cambio”.

“organizar, organizar, organizar”... Son los tres consejos que Bill McKibben da a cualquier activista incipiente que quiere ir más allá del cambio personal y tener un verdadero impacto en su comunidad. “Pese a todos los obstáculos de este último año, el movimiento se encuentra más vivo que nunca: no hemos hecho más que empezar.”

El activista compulsivo no ha podido sin embargo enterrar al escritor nocturno que sigue llevando dentro y que vuelve a la carga estos días con Eaarth, algo así como Tierrra (con una “a” o una “r” de más, para recalcar que vivimos ya en otro planeta diferente al que conocíamos).


“Lo ocurrido este verano en Pakistán y Rusia son manifestaciones de ese clima extremo, que es una de la consecuencias más evidentes del calentamiento global”, concluye McKibben. “El cambio se está produciendo de una manera rápida y furiosa, y no nos queda otro remedio que adaptarnos. En nuestras manos está aún evitar que el clima entre en una espiral autodestructiva y deje el planeta irreconocible ante nuestros ojos.” 

Integral práctica


¡QUE VIENEN LOS BIONEROS!


Los Bioneers son un heterogéneo grupo de activistas, científicos, pensadores e inventores con un fin común: buscar soluciones inteligentes, éticas y naturales para devolver la salud al planeta. En octubre se reúnen en Escocia y ‘abren’ sus conferencias y talleres al gran público.

Todos los hongos son mágicos”... La proclama de Paul Stamets, el micólogo más revolucionario de la galaxia, ha calado bien hondo desde aquella cumbre de los Bioneros, cuando anunció a bombo y platillo el lanzamiento de “la caja de la vida”, el invento con el que aspira a reforestar el planeta.

Imaginemos a Paul Stamets subido a lo alto de un escenario, con su sombrero fabricado con hongos y calado hasta las orejas, como un duende recién escapado de un cuento. Viajemos con él a lo más profundo del bosque y dejémonos guiar por el instinto y por sus sabias palabras: “Las soluciones están literalmente bajo nuestros pies”.

Visualicemos sobre la marcha la inmensa red del micelio que alimenta y protege los árboles y las plantas, y que conecta hasta el último resquicio de vida... “Porque los hongos son los auténticos guardianes de los ecosistemas, la inteligencia natural de la tierra, nuestra última gran esperanza. Y su mensaje es es así de claro: todo está interconectado.”  Acompañemos luego al micólogo mágico por una incursión intergaláctica a toda pantalla, o por los vínculos invisibles que hacen posible Internet, y hagamos finalmente la conexión.

 

Stamets encarna como pocos el espíritu de los Bioneros, pioneros de la biología, veinte años difundiendo las soluciones desde el corazón de la naturaleza. La carpa de los Bioneers se levanta cada otoño en San Rafael (California), y por ella desfilan los científicos, inventores, pensadores, activistas y ecologistas más respetados del planeta.  El invento de Stamets es la ‘caja de la vida’, con semillas de árboles y esporas de hongos para crear un bosque

Fue a primeros de los noventa, más o menos cuando se acuñaba la idea del “desarrollo sostenible”, cuando Kenny Ausubel y Nina Simons decidieron convocar la primera reunión de su genuina tribu con una misión inaplazable: restaurar la natutaleza y devolverle el equilibrio perdido. La misión de los Bioneros es ahora más apremiante que nunca, y con ese espíritu acaban de tender puentes hacia Europa (la pasada primavera en Holanda; este otoño, en Escocia) como preámbulo de esa red global que se está propagando como el micelio de Stamets.
La idea del cradle to cradle (reutilización total) de William McDonugh se gestó precisamente en una de las primeras reuniones anuales de los Bioneros. Janine Benyus impulsó también desde ahí su visión de la biomímesis, que ha dado la vuelta al mundo. Paul Hawken habló por primera ver del capitalismo natural y Fritjof Capra tejió la red de la vida. John Todd presentó en público a las ecomáquinas (depuradoras naturales de algas y plantas acuáticas) y Jason McLennan sorprendió en la última edición con el reto de los edificios vivos, que aspira a revolucionar la arquitectura.

El reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza, incorporado a la Constitución de Ecuador, fue otra propuesta que brotó de la hoguera incombustible de Bioneros, que pasó por momentos difíciles, pero que encontró una nueva razón de ser a partir del documental La hora 11 –producido y presentado por Leonardo DiCaprio– y en la era del cambio climático. El climatólogo de la NASA James Hansen ha sido una de las estrellas del pasado cónclave californiano (del 15 al 17 de octubre), que ha tenido como hada madrina a Jane Goodall y su visión de los próximos cincuenta años.

Stamets y su reino de los hongos

Pero volvamos con el duende Paul Stamets ahora que le hemos puesto en su contexto y visitémosle en su reino particular de los hongos, bautizado como Fungi Perfecti y a los pies de las impresionantes Olympic Mountains, uno de los parajes más vírgenes del noroeste de Estados Unidos.

Cualquiera diría que el micólogo esperaba nuestra llegada en el momento más mágico, cuando los primeros rayos acarician los parasoles, esas setas de pie esbelto y sombrero deforma asombrillada (a juego con el del propio Stamets) que parecen desperezarse a primera hora del día. Con la cámara en un trípode, Stamets se deleita en la contemplación de su crecimiento (hasta 40 centímetros de altura pueden alcanzar) como un padre que atestigua el estirón de sus hijos.

Fungi Perfecti se dedica sobre todo a la comercialización de hongos medicinales, productos para gourmets (como el puré de trufas blancas o el chocolate CordyChi) y todo lo necesario para el cultivo doméstico (de las setas de ostra al shiitake). Stamets es también un precursor de las aplicaciones de los hongos para romper las toxinas, y entre sus clientes insospechados ha llegado a figurar el Pentágono. La Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) llamó a sus puertas para ayudar a combatir el vertido del Golfo de México con micorremedios naturales.

Casi toda su experiencia está cocentrada en un fascinante compendio, Mycellium Running, aunque está convencido que lo que la gente necesita a estas alturas no son más libros sino herramientas para pasar a las “acciones individuales en masa”. 


Con la habilidad de un prestidigitador, Stamets nos lleva a la parte más recóndita de su reino y nos muestra de pronto su codiciado invento, la caja de la vida...
“Aquí, en una simple caja de cartón reciclado, viajan comprimidas las semillas de un centenar de árboles y las miles de esporas que ayudarán con el tiempo a crear un pequeño bosque. Si seguimos detalladamente los pasos, cada caja plantada en casa y transplantada luego a un lugar permanente servirá para secuestrar al menos una tonelada de CO2 a lo largo de 30 años”.

La idea es repartir un millón de cajas de la vida a un dólar cada una. “Con llegar al 1% de los envíos en Estados Unidos, podríamos reforestar una superficie de 2.500 hectáreas todas la semanas. Si la idea fructifica y se extiende a otras partes del mundo, podría ser la mayor reforestación colectiva de todo el planeta.”
Abetos, secuoyas, fresnos, cedros, olmos... Desde el frondoso noroeste de Estados Unidos, Stamets aspira a adaptar con el tiempo su invento a otros climas, y en eso anda, divulgando su idea de sol a sol, convencido de que “nos queda poco tiempo” para hacer las paces con el planeta.

En las culturas occidentales, recuerda, los hongos han tenido siempre mala fama y se han asociado tradicionalmente con la descomposición o la muerte. “Ahora que estamos empezando realmente
a conocerlos y a valorar su función, nos estamos alineando con la visión oriental, donde las setas se han visto siempre como símbolo de renacimiento y renovación”... Sostiene Stamets que estamos en los albores de una auténtica “revolución micológica”, a la que ya le ha encontrado un lema: “Sana la Tierra y la Tierra te matendrá sano”.

Dolman y el planeta agua
“¡Vaya con Gaia!”, es el saludo en español original (virado al chicano) que nos dispensa otro notable bionero, Brock Dolman, cabecilla la revolución hídrica. Las charlas de Dolman son inmersiones profundas en el Planeta Agua y en todo lo que el venerado líquido significa: “El ciclo del agua es inevitablemente el círculo de la vida”.


Se diría que Dolman tiene algo de zahorí con bigote y que invoca a su paso la lluvia. Un tremendo aguacero, de esos que dan la vuelta al paraguas, se desata a nuestra llegada al Art and Ecology Center de Occidental (California), donde Dolman y su equipo de permacultores, horticultores, educadores, activistas y artistas han creado un espacio de total fusión con la naturaleza, concebido para el mayor deleite de los sentidos y el mayor aprovechamiento del venerado líquido.


“La salud del agua es la medida infalible de la salud de la tierra”, advierte Dolman. “Es básico preservar la calidad y la cantidad del agua, porque nuestra vida depende de ello. Hemos entrado en un período de extremos climáticos, las inundaciones y sequías se alternan cada vez con más frecuencia, y cada comunidad y cada país dene tener su propio bote salvavidas”.

“Conoce tu cuenca de agua”, es otro de sus lemas predilectos. “No nos valen los mismos remedios de adaptación en Australia que en España, pero la filosofía es idéntica en cualquier lugar del planeta... Desde que arrancó eso que llamamos civilización, a la vera del Tigris y el Eufrates, el agua ha sido fuente de innumerables conflictos. Tenemos que dejar las peleas de lado, dejar de competir por y con el agua. Tenemos que hacer equipo con ella.”

Aljibes, cisternas, acequias, bancales, sumideros... La lluvia pone en marcha un flujo que se va canalizando a nuestro paso por el Art and Ecology Center, donde los huertos orgánicos reciben en sabias dosis el maná del cielo. “La agricultura se lleva del 60% al 80% del agua en California”, recalca Dolman. “Tenemos que implantar técnicas de captación y ahorro del agua en las ciudades, y cada uno debemos poner nuestra gota de agua, pero la mayor revolución hídrica es la que tiene que producirse en la agricultura industrial, que es también la mayor contaminadora del agua.”

Andy Lipkis, el hombre-árbol
Dejamos al mensajero del agua en su modélico retiro al norte de San Francisco, y viajamos por la costa oeste siguiendo la vieja senda de las secuoyas, dejando atrás las brumas de Big Sur y adentrándonos en el smog de Los Angeles. “La situación ha mejorado bastante desde los años ochenta”, certifica el bionero local por excelencia, Andy Lipkis. “Pero no podemos olvidar que 5.400 personas mueren todos los años por enfermedades respiratorias en la ciudad, y que el asma es una auténtica epidemia sobre todo entre los niños que viven en las inmediaciones de las autopistas.”
Lipkis sufrió asma de niño y su refugio fue el bosque. A los 15 años ya tuvo claro que lo suyo era plantar árboles y en 1973 decidió alumbrar TreePeople, pionero del movimento de reforestación urbana que, tiempo después, ha sacudido Estados Unidos. Él mismo ha perdido ya la cuenta de los árboles plantados,pero estima que los miles de voluntarios de su oganización han participado en la siembra de dos millones de hermanos vegetales en Los Angeles.


“La gente tiene la idea de que esta ciudad es un enjambre de autopistas”, apunta Lipkis, ”aunque la verdad es que el centro está aquí, en las colinas de Hollywood, y ya ves el vergel en el que estamos”.
La sede de TreePeople está en el mítico Mullholand Drive, en uno de esos sinuosos cañones a los que ocasionalmente llegan los coyotes. Desde aquí, Andy Lipkis, el hombre-árbol, nos invita a asomarnos al futuro de su ciudad –de cualquier ciudad– con otra perspectiva...

“Toda civilización que corta los árboles está condenada a la desaparición, como nos ha recordado Jared Diamond en Colpaso. De la misma manera, un barrio sin árboles es un lugar muerto. Los árboles son nuestro soporte de vida, aunque hasta hace poco su presencia en la ciudad era poco menos que ornamental. No hay dinero en el mundo para pagar su trabajo: absorben el CO2, limpian la contaminación, capturan el agua, nos protegen de las tormentas y de las sequías, nos propocionan sombra, nos dan oxígeno”.

La raíz de TreePeople es el hermanamiento ser humano-árbol, y el tronco es sin duda “esa conexión entre la gente que quiere llevar salud y comunidad a su vecindario”. El ideal de Lipkis es el citizen forester, algo así como el ciudadano forestal, cuidador del ecosistema urbano, familiarizado con el terreno (y, por supuesto, con la cuenca de agua).

Las plantaciones semanales de Tree-People –que cuenta con 15.000 miembros y dos mil voluntarios– se hacen siguiendo un meticuloso ritual que empieza con una fiesta vecinal en la calle y concluye con un círculo alrededor de cada árbol, que se humaniza con un nombre: “Los árboles necesitan a la gente, la gente necesita a los árboles. ¡Bienvenido Herbert!”.

Podríamos seguir a muchos otros bioneros hasta su cuna, como Jerome Ringo, unas de la voces más poderosas de la justicia ambiental en Luisiana, al frente ahora esa Alianza Apolo donde se dan la mano ecologistas, sindicalistas, acitivistas sociales y empresarios comprometidos con las energías renovables. Seguiríamos el periplo por Alaska con Sarah James, de la tribu de los Gwich’in, reclamando los derechos de los pueblos indígenas contra las explotaciones petrolíferas y ante la amenaza del cambio climático.

Volveríamos a California para hacer una parada obligada en Berkeley, donde vive la bionera mayor Annie Leonard –la autora de La historia de las cosas, obligando a los americanos a replantearse sus pautas de producción y consumo–, y también Michael Pollan, autor de El detective en el supermercado, que en la última edición de los Bioneros defendió el valor de la comida local frente al yugo de la alimentación industrial: “La nueva pregunta cada vez que nos sentemos en la mesa debería ser ésta: ¿cuánto petróleo nos estamos comiendo?”.

Haríamos, por supuesto, un alto en Nueva York, siguiendo el ritmo trepidante de Jack Hidary, fundador de Pace, empeñado en acelerar la transición hacia las renovables en los hogares y en el transporte. Y acabaríamos el trayecto en “Soñando Nuevo México”, el proyecto visionario impulsado por los Bioneros y apadrinado entre otros líderes por el hispano Arturo Sandoval.

Los Bioneros tienen precisamente su sede en Sante Fe, y allí fue donde Kenny Ausubel concibió este semillero de cambios e innovaciones que con el tiempo se ha convertido en esta tribu global, unida en torno a las verdaderas biotecnologías.

“Tenemos por delante la ardua tarea de rediseñar el mundo, pero las soluciones están a nuestro al alcance”, advierte Ausubel. “El manual de instrucciones está en la propia naturaleza; no tenemos más que descifrarlo y pasar a la acción”. 

Carlos Fresneda
Publicado en Integral 370, octubre 2010



¿Eres un bionero? por Daniel C. Wahl
Co-director del ‘Findhorn College’. Ha colaborado con Kenny Ausubel para traer los Bioneers a Europa. Junto con Marcello Palazzi, de la Fundación Progressio, organizó el evento Bioneers Global en zeist y ahora preparajunto a otros bioneros el próximo evento en Europa: la conferencia ‘Bioneers at Findhorn’.

El mero hecho de que estés leyendo estas líneas en ‘Integral’ nos lleva a la conclusión probable de que estás involucrado –o, al menos, interesado– en la innovación social y ecológica,la justicia ambiental y social,la educación medioambiental, el liderazgo de las mujeres,la sabiduría indígena,el apoyo a la juventud y el desarrollo sostenible a escala local,o unode losmuchos otros camposde actividad donde la gente desarrolla medidas prácticas para un futuro positivo. Durante más de 20 años, los Bioneers han puesto de relieve las mejores prácticas y procesos en estos ámbitos. Ahora, el movimiento se está expandiendo más allá de EEUU, hacia Europa y Asia, y amplía los círculos de la colaboración.
Como una red de redes que comparte una meta y ética común, el movimiento Bioneers aprovecha el poder de la colaboración y del intercambio de ideas inspiradoras para catalizar un cambio que sea eficaz y profundo. Kenny Ausubel y Nina Simons fundaron Bioneers en 1990 con la convicción de que “los principios de la naturaleza –el parentesco, la cooperación, la diversidad, la simbiosis y la creación de ciclos continuos con ausencia de residuos– también pueden servir como guías metafóricas para organizar una sociedad equitativa, solidaria y democrática”.
La conferencia anual en San Rafael, California, durante la última década, se ha convertido en un oasis de esperanza: más de 3.000 personas se congregan para compartir sus ideas, experiencias y su pasión por la co-creación de un futuro positivo.
El evento es transmitido en directo vía satélite a los festivales y conferencias de todo Estados Unidos, por lo que alrededor de 18.000 personas pueden compartir los discursos inspiradores y educativos.
“No existe una conferencia igual en la Tierra que celebre más las posibilidades de crear un mundo que sea propicio a la vida; Bioneers es fundamental para la re-imaginación de lo que significa ser humano”,dice Paul hawken,autor de Natural Capitalism y Blessed Unrest.
La mayoría del equipo de los Bioneers vive en Nuevo México. Allí han iniciado un proceso de transición que vincula a múltiples interesados en el desarrollo y la creación de sistemas de energías renovables y sistemas de alimentación biorregional y saludable. Este proceso de soñar (Dreaming …) está comenzando a ofrecer un modelo y una metodología para la acción biorregional en otros lugares.Ya existe un grupo en Mallorca trabajando en el plan de “Soñar Mallorca” (Dreaming Mallorca).
Los Bioneers son más que una organización o un grupo de personas que ofrecen conferencias y escriben artículos. Ser un bionero es sobre todo una actitud y una forma de activismo. Como Kenny Ausubel dice: “El movimiento de los Bioneers es una cultura de innovadores sociales y científicos que están imitando las instrucciones de funcionamiento de la naturaleza al servicio de fines humanos, mientras están contribuyendo a la curación de los sistemas naturales, que son la fuente del salud del planeta.”
Entre el 30 de octubre 30 y el 2 de noviembre de 2010, la ecoaldea de Findhorn, en Escocia, será la sede de la primera conferencia abierta al publico de los Bioneros en Europa. Entre los participantes, estarán Vandana Shiva, Peter Harper (del Centro de Tecnologías Alternativas en Gales), Kenny Ausubel y Nina Simons (fundadores de los‘Bioneers’), Ann Pettifor (Fundación de la Economía Nueva), May East (Educación Gaia), Maddy Harland (editora de la revista Permaculture Magazine), Hosken Liz (Fundación Gaia), John P. Milton  y muchos otros. El encuentro ofrecerá conferencias, talleres prácticos, y tiempo para el diálogo, la profundización y la integración. Si te sientes llamado a contribuir y participar en esta reunión única de gente activa en el cambio positivo hacia una vida mas consciente y sostenible, ¡eres un bionero!

EL CAMINANTE "PLANETARIO"

  • John Francis estuvo 22 años caminando por todo el continente americano
  • También pasó 17 años en huelga de silencio como acto de protesta
  • En 1983 hizo las maletas y decidió embarcarse en una travesía de costa a costa
  • Su libro de bitácora, 'Planetwalker', ha despertado el interés de Hollywood
  • Unos 56.000 kilómetros calcula que ha caminado hasta la fecha
7 de enero de 1971. Dos petroleros chocan en la bahía de San Francisco y John Francis siente su parte de culpa cuando cruza en coche el Golden Gate. Se une a los cientos de voluntarios que combaten la marea negra, pero algo le dice que no es suficiente. Meses después decide no volver a usar un vehículo motorizado y moverse exclusivamente a pie.

Su decisión personal causa estragos entre sus amigos. "¿Crees que andando vas a cambiar el mundo?", le preguntan. "¿De veras piensas que una sola persona puede marcar la diferencia?"... Harto de contribuir a discusiones inútiles, John Francis da un paso más allá y hace un 'voto de silencio'. Al principio piensa que su doble decisión -caminar y callar- no durará más de un año, pero conforme van pasando los meses más implacable es su determinación.

John Francis.

 
En 1983 hace las maletas y decide embarcarse en una travesía de costa a costa. Finalmente accede a subirse a un barco y parte rumbo a Cuba y a Antigua (de donde vienen sus ancestros) para acabar en Venezuela y atravesar a pie Sudamérica hasta los vientos huracanados Tierra de Fuego.
Fueron en total 22 años de 'caminata' con la mochila a cuestas, 17 de ellos en total silencio y arropado por su inseparable banjo. No le faltó la compañía anónima de los niños que salían a su encuentro, ni la de los indígenas que le dieron bebida y alimento ("a ellos no hubo que explicarles nada"), ni la de la gente que le miraba extrañada y le señalaba con el dedo: "Ahí va el hombre que 'camina', como si lo normal fuera moverse en coche".
A sus 64 años, con el título de embajador de Buena Voluntad de la ONU en sus alforjas, John Francis sigue andando hasta 32 kilómetros diarios y mira hacia atrás con nostálgica satisfacción.

Interés de Hollywood

Su libro de bitácora, 'Planetwalker', ha despertado el interés de Hollywood y Will Smith podría meterse en sus zapatos. National Geographic hizo un documental sobre él y ahora prepara una serie educativa -'Planetlines'- para enseñar los pequeños a extraer las lecciones impagables del 'camino'...
"Caminar es la mejor manera de calibrar dónde estás, de dónde vienes y hacia dónde avanzas", asegura Francis, con voz parsimoniosa y afable, punteada ocasionalmente por el banjo.
"Una sola persona puede marcar la diferencia, y mostrar a los demás el sendero menos trillado. Pero cada cual debe seguir su propio camino: el mío fue ése, echar a andar como respuesta a un vertido de petróleo. Sobre la marcha aprendí cosas maravillosas".
Unos 56.000 kilómetros calcula que ha caminado hasta la fecha, suficientes para dar la vuelta a la Tierra "y un poco más" (en el caso de que pudiera caminar sobre los mares). Pero su meta no era batir ningún récord; en todo caso "peregrinar" por la causa planetaria.

"El silencio me enseñó a escuchar, y cuando volví a hablar decidí hacerlo en el nombre del planeta", recuerda. "Al fin y al cabo, el Día de la Tierra nació como respuesta al vertido frente a las costas de Santa Bárbara. Mi acción surgió meses después de que ocurriera lo mismo en San Francisco, y no me cabe duda de que surgirán acciones en respuesta al derrame del Golfo de México. BP tiene una tremenda responsabilidad, pero todos nosotros somos también responsables porque no sabemos funcionar sin rápido y barato".
Cuando John Francis empezó su larga marcha, la ecología consistía sobre todo en "preservar los hábitats y velar por las especies amenazadas". Entre caminatas, y en silencio, fue capaz de licenciarse en Estudios Ambientales y Gestión de la Tierra por la Universidad de Madison...
"Pero las principales lecciones me las dio la naturaleza y también la gente. He aprendido que la sostenibilidad no es más que la relación de los unos con los otros. La forma en que nos tratamos los humanos es un indicio de cómo nos relacionamos con nuestro medio ambiente. Mientras exista la opresión, la explotación y las guerras no podemos avanzar. Tenemos que hacer las paces con nosotros mismos para hacer las paces con el planeta".

Carlos Fresneda - Nueva York

alSol cocinando: LENTEJAS CON VERDURAS EN COCINA SOLAR

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Me encuentro preparando la activación en red social de los productos que fabricamos en alSol, y entre uno de los espacios está CocinalSol.es donde echando mano de colegas usuarios de las cocinas parabólicas alSol, se esta montando el recetario visual. Y no he podio resistir la tentación informativa de traerlo aqui, al yocambio, mientras editaba el post, pensando que porqué no unas lentejas sin emisiones son receta para el cuerpo, para el espíritu y para la concienciación de animarse al cambio mental para cambiar este mundo patas arriba. ¡ Que os aproveche !


alSol cocinando: LENTEJAS CON VERDURAS EN COCINA SOLAR, por alSolChef René Bijloo...: ".Estas puede que sean las últimas lentejas que haga hasta el otoño, pues hoy ya está apretando el calor, después de unas lluvias refrescan..."

Manolo Vilchez
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60 MINUTOS ATENTOS AL CAMBIO

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pueden parecer no mucho o poca cosas, pero imagina lo que puede pasar si millones de nosotros concentramos la atención, paramos ese ratillo, dialogamos a oscuras con los nuestros, imaginamos como salir de esta para estar más fuertes para la siguiente, entonces 60 minutos, pueden ser suficientes para comenzar.


información de la acción, aquí
actividad del movimiento 350.org en Barcerlona, aquí
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