6 de septiembre de 2011

Eduardo Lorenzo Pigueiras, ingeniero de lo solar fotovoltaico

Profesor e investigador, está agradecido a la sociedad por permitirle trabajar en su gran pasión, la energía solar

El proyecto de comunicación ambiental Yo cambio empezó al tiempo que esta revista brindó sus páginas y que un viaje épico nos llevó a Carlos Fresneda y a un servidor por tierras de Navarra buscando las obras de lo más sostenible y bien hecho y a los obreros de las mismas. Allí, poco antes, acompañé al equipo del Instituto de Energía Solar. Nuestro ecohéroe no paraba de medir voltios de los diversos tipos de paneles de la gran huerta solar.

Recuerdo perfectamente su repaso –al estilo de entrañable profesor con embobado alumno– a la instalación de uno de los seguidores. Y en pleno mar de azul silicio y entre empacho de cerezas tremendas (en Milagro, dicen que tienen las mejores del mundo), Eduardo se hizo acompañar de una de sus bicis para, al final de la jornada, darle al duro placer de pedalear por aquellos territorios.

 

Eduardo ejerce de catedrático del área de Tecnología Electrónica de la Universidad Politécnica de Madrid, espor tanto profesor de futuros ingenieros y también científico e investigador en el Instituto de la Energía Solar, donde dirige desde 1984 el grupo de Investigación de Sistemas Fotovoltaicos, y, entre otras cosas, es empresario doméstico de inversión en huerta solar y amante de la bici.
Desde hace 23 años, Eduardo anda en bici, que para él favorece la formas sencillas de vida y una buena manera de bajar el consumo energético. Ir en bici le divierte y le resulta cómodo, hace 14 km en total de ida y vuelta de casa al curro y comenta que, de diez cosas que ha creado, ocho las ha pensado montado en la bici: “Las bicis me tranquilizan. Tengo tres, me gusta tener siempre una al lado, me acompaña mucho”. Con la bici de Madrid hace una media de 2.500 km al año; con la nueva de montaña, lleva ya 3.500, y con la de carretera, 2.000. En total, unos 8.000 km año. Gracias a ello, dice, disfruta de buena salud. 

Ha creado proyectos para llevar soluciones solares a pueblos necesitados, como un bombeo de agua en el Magreb

Por todo lo que puede ser en lo profesional, comenta que está agradecido a la sociedad al haberle facilitado el cultivar su pasión, formarse al más alto nivel técnico como ingeniero, compartir con los alumnos desde las aulas, y es por ello que remarca el privilegio de haber dirigido 15 tesis doctorales mientras creaba proyectos para llevar a pueblos necesitados soluciones integrales para elevar agua mediante bombeo electrofotovoltaico (en el Magreb, para 42 mil personas) e iluminar vidas por tierras rurales latinas (en Bolivia 1.500 viviendas, durante muchos años el mayor proyecto de electrificación rural solar del mundo). Todo, echando mano de la ingeniería (remarca que las cosas se tienen que hacer para que funcionen bien hasta el final), y todo lo anterior, realizado con esa mirada técnica y humanista sobre el aprovechamiento de la limpia y democrática energía del sol.

Como profesor, es conocido por la innovación de sacarles las más complejas ecuaciones a las tecnologías más simples. En lo mítico, y para algunos de sus seguidores, está el ejercicio destinado a sus alumnos sobre el cálculo energético de un simple horno solar, donde narra la historia del sencillo ingenio, una ecuación de esas que hay que ser un flecha para sacarla.

Con sus "retratos de la conexión fotovoltaica a la red”, publicados en la revista Era Solar, trata de seducir desde la divulgación científica con eso de la energía solar fotovoltaica, y vuelca incluso sus experiencias como propietario inversor en huerta solar, sin faltar al repaso de la historia y a los versos de Machado y referencias al Quijote.

Fue un placer escucharle su visión de la vida cómoda y su tesis de la felicidad, en la que lo más cercano a ella es la alegría, y donde las personas alegres tienen, según sus observaciones, mejores vidas que los que viven en la comodidad que brinda una sociedad donde las mayorías tienen el gran privilegio, desde la revolución industrial, de decidir sobre su futuro. El poner esfuerzo en las cosas que uno haya decidido realizar, mejor con tono alegre.

Y, desde la alegría, Eduardo narra sus aventuras con los chuños (la patata tradicional del altiplano boliviano), sobre la inflada inevitable por las invitaciones de las familias solarelectrificadas y los elogios a las patatas de su infancia, las gallegas de su bisabuelo en Viveiro –su pueblo en Lugo–, patatas para él de culto.

Y no deja de lado reflexiones de la historia de la energía, como la de que gracias al petróleo aún quedan ballenas, ya que encontrarlo bajo la tierra libró de la extinción a los aceitosos cetáceos, que con sus grasas procesadas iluminaban las casas y calles de las prósperas ciudades. La historia está llena de secuencias donde la lucha, las invasiones y el dominio de unos sobre otros han acompañado los avatares de la humanidad energética.

"No utilizaremos la energía solar masiva debida a un ejército de activistas solares, usaremos en breve energía solar en masa porque no tenemos otra alternativa. En China, los ricos son los dueños fabricantes de la fotovoltaica, mientras que, en EEUU, son los del petróleo, un síntoma para el futuro energético, donde los transitorios que vienen con sus altibajos están dejando víctimas, pero la gráfica marca la tendencia evolutiva hacia el uso inteligente de los recursos energéticos".

En su libro, Eduardo nos lanza directos a entender fases y entresijos de esa fascinante aventura sin fin. Este es un extracto: “A algún lector le habrá extrañado que no sean más que una treintena las líneas dedicadas a la problemática medioambiental, en un texto que pasa de las dos mil. Debo decir que tan escasa atención, en claro contraste con la mucha que reciben en otros medios, de comunicación y científicos, no es reflejo de la importancia que yo pueda conceder a esa problemática. Deriva solo del convencimiento de que no tienen más que una influencia secundaria en el comportamiento energético de las sociedades humanas, a quienes la evolución ha hecho más propensas a regularse por la dificultad en la obtención de recursos que por el temor a las consecuencias de posibles indigestiones.”

Y, como formador, echa mano de uno de sus incunables, encontrado en un anticuario en París con firma del autor. Del ingeniero admirado A. Mouchot y de su libro La chaleur solaire, escrito en 1869, pasa lectura a una de sus páginas, donde, ya por aquel entonces, el autor predecía que aprovechar la energía del sol haría en un futuro cercano mover todas las máquinas...
Aún no hemos llegado, pero Eduardo no duda de que no queda tanto para el sueño técnico compartido con Mouchot.

"Las sociedades, en cuanto a energía, se regulan más por la dificultad en la obtención de recursos que por temor a las consecuencias" 


Sobre su terraza, vemos una de las primeras instalaciones urbanas particulares de fotovoltaica conectada a la red eléctrica de la ciudad, distribuida para que la misma luz solar (ya que genera más de la que consume) entre en su estudio de forma indirecta para iluminarlo cuando prepara las clases y escribe artículos, que manifiesta que no le cuestan poco tiempo y que es lo menos que puede hacer para devolverle a la sociedad el privilegio de la vida profesional que lleva.

Luis Narvate, prologa el libro que Eduardo parió para compartir con las mayorías, Sobre el papel de la energía en la historia. Primero fue su maestro y, luego, amigo e inseparable compañero de curro desde que impulsara el Programa de Sistemas Fotovoltaicos, proveedor de reconocidos avances mundiales al sector, buscando la excelencia de lo solar al servicio de la persona, con la ciencia por delante y el arte ingenieril como eje.

Cita Luis al final: "Lamentablemente, todavía hoy no damos a la energía el valor que tiene. Escasean los quijotes que asuman el deber de convertir el valor de la energía en virtud y abundan los sanchos que reducen el valor de la energía a su precio. En un momento en el que la mayoría habla del valor de la energía pero la malgasta, es necesario dar el salto de la palabra (valor) a la acción (virtud). Virtud procede de una raíz latina vir-, que significa fuerza. El verdaderamente fuerte, moralmente hablando, no es el que valora la energía, sino el que valorándola pasa a la acción. Eso es el virtuoso energético. La vida y obra de Eduardotestimonian esta virtud”.

Y uno, que ha soñado más de una vez sentirse en la senda de la virtud energética, intenta emular el arte de Eduardo, el despacito y buena letra de su admirado Machado, porque gestionar la energía con inteligencia y responsabilidad nos hará más humanos y algo más alegres.

Integral Práctica 
Libros:
  • Sobre el papel de la energía en la historia (2006) comentario 
  • Cuaderno de campo de electrificación rural fotovoltaica (2001)
  • Electricidad solar: ingeniería de los sistemas fotovoltaicos (1994) agotado. En preparación nueva edición actualizada
    Editados por Editorial Progensa 
Artículos de divulgacion cientifica y técnicos publicados en la decana revista del sector, Era Solar y accesibles desde el espacio de Censolar 

Manolo Vilchez
Publicado en Integral nº 380 de agosto 2011

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