8 de febrero de 2013

De la queja a la acción

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   Julian Baggini | C.F.
  • Llevamos cincuenta años quejándonos más o menos de lo mismo
  • Las 'buenas' quejas tienen que ser específicas y proporcionadas

Y al principio fue la queja... "No podemos tener un cambio positivo si alguien no se levanta y dice: '¡Esto no funciona!'. Al fin y al cabo, eso es lo que hicieron Martin Luther King o Nelson Mandela".
Hablamos con Julian Baggini, autor de 'La Queja', '¿Se creen que somos tontos?' y otros manuales impagables de filosofía para los tiempos modernos (nuestro favorito sigue siendo 'El cerdo que quería ser jamón', todos ellos en la editorial Paidós). El pensador británico le hinca esta vez el diente no sólo a lo que hay detrás de las protestas reivindicativas, también a los "pequeños lamentos" cotidianos.
Pues resulta que de lo que más se queja la gente en general es de "la mala suerte o el destino", seguido de los "achaques" y de "lo que ha empeorado el mundo". Después vienen los esposos y los compañeros, y a continuación el mal tiempo, los líderes, el coste de la vida, la corrupción y la televisión.

Llevamos cincuenta años quejándonos más o menos de lo mismo, aunque en su reciente visita a España (donde llegó a vivir un par de años) pudo comprobar Baggini el cariz que están tomando las cosas por nuestras tierras, con el paro superando el 25% y la cesta de la compra cada vez más parca.
De lo que más se queja la gente en general es de "la mala suerte o el destino", seguido de los "achaques" y de "lo que ha empeorado el mundo", y después de los esposos y los compañeros.
"Estuve recientemente en Castell de Ferro, un pueblecito en la costa granadina, investigando para mi próximo libro sobre la comida", confiesa el filósofo. "Y pude percibir la preocupación que existe por la marcha de la economía. He seguido las protestas de los 'indignados', y me ha traído el recuerdo de cuando la gente se manifestaba en el País Vasco cuando viví allí. Las protestas reivindicativas son al fin y al cabo quejas organizadas y colectivas".
"En el origen de toda queja late la sensación de que las cosas no son como deberían ser", escribe Baggini en su último libro. "Quejarse es denunciarlo, y podemos hacerlo con irritación, agresivamente, con calma, sin motivo o de una forma constructiva".

"Lo más fácil es expresar la frustración: no estás contento, te indignas... El propio Martin Luther King dijo aquello de "Liberaos de vuestro descontento". Pero con eso no basta, está claro. Hay que canalizar el descontento o todo seguirá igual. Quejarse es bueno... siempre y cuando venga acompañado de una acción positiva". Baggini distingue precisamente las "buenas quejas" de las "quejas erróneas", que suelen ser las que se pierden en generalidades y no van al grano. O las que están "mal canalizadas" y no alcanzan su objetivo. O las que se estrellan contra el muro implacable de la realidad (luego hablaremos de la "queja imposible").

 

La cultura de la queja

"Hay que canalizar el descontento o todo seguirá igual. Quejarse es bueno... siempre y cuando venga acompañado de una acción positiva".
El filósofo británico se lamenta también de la "cultura de la queja" implantada por influencia del "comportamiento legalista" de lo norteamericanos. "Nos quejamos por las cosas más nimias y recurrimos al pleito legal por sistema. Si no culpamos al otro, tal vez nos culpen a nosotros. Así es como funciona mucha gente, y todo esto acaba socavando las relaciones humanas y provocando una desconfianza mutua".

Volvemos sin embargo al terreno de la protesta reivindicativa, y le preguntamos a Baggini por la "queja" de los 'indignados' y del movimiento 'Occupy'. Su valoración es ambivalente: "El mensaje ha llegado sin duda a la sociedad y a los políticos. Pero creo que ha faltado un plan de acción. Está muy bien fijarse como meta que "la pobreza pase a la historia" o que haya menos desigualdad económica. ¿Pero cómo llegamos hasta allí? No se puede ignorar la complejidad de los problemas, ni dejarnos las energías en quejas genéricas".

¿Cómo hacer pues que una queja funcione? "Las 'buenas' quejas tienen que ser específicas y proporcionadas. Si no, pueden quedarse en lamentos generalizados e inútiles, dirigidos no se sabe muy bien contra quién. Otras veces, el problema es su envergadura: son totalmente desproporcionadas y no están a nuestro alcance. Por ejemplo, en vez que quejarse contra el capitalismo o contra el comercio sin más, tiene más sentido reclamar cambios para que los ricos y las multinacionales no puedan eludir impuestos. O se pueden pedir más ventajas fiscales y comerciales para las cooperativas, para impulsar otro tipo de economía más colaborativa y menos hipercompetitiva".

 

'Todas las luchas comienzan por una queja'

Entramos ya en el terreno de la "queja imposible", y Baggini se remite a la oración para la serenidad del teólogo norteamericano Reinhold Niebuhr: "Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, y la sabiduría para distinguir entre ambas".
"Nos quejamos por las cosas más nimias y recurrimos al pleito legal por sistema. Si no culpamos al otro, tal vez nos culpen a nosotros. Así es como funciona mucha gente, y todo esto acaba socavando las relaciones humanas y provocando una desconfianza mutua".
Como contrapunto, Baggini nos recuerda los lemas al estilo de "Lo imposible nos llevará un poco más de tiempo", de George Santayana. "Todo eso está bien como inspiración y pensamiento positivo, pero no nos llevan a ningún resultado concreto. En un mundo imperfecto como el que vivimos, el mensaje debería ser: "Quéjate de aquello que realmente pueda cambiar".
Ahora bien, entre el idealismo utópico y la resignación religiosa, Baggini se queda casi con el primero: 

"Yo me considero como un ateo no dogmático y he criticado muchas veces el papel de las religiones ante cuestiones sociales. El cristianismo ha ensalzado la resignación, de la misma manera que el budismo inculca la aceptación. La idea que tienen en común las religiones es que el sufrimiento es nuestro destino por orden divina, que tenemos que aceptar las cosas como son y que podemos esperar a la otra vida o la rencarnación para tener justicia".
"La queja, en todo caso, es un acto secular, universal y humanista", concluye Baggini. "Así es como se ha forjado muchas veces el progreso social: todas las luchas comienzan por una queja".

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

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