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No basta con cambiar las bombillas...

            Foto: Isaac Hernández

Cambiar las bombillas. Comprar biológico o local. Abonarse a una cooperativa de consumo. Compostar la basura en casa. Moverse en bici por la ciudad... Annie Leonard hizo todo eso y mucho más, pero no notó un gran cambio más allá de su entorno personal.
     
Las pequeñas acciones están bien, pero no son suficientes, ni van a servir para "salvar el planeta", como leemos en las portadas engañosas del perfector consumidor "verde". Si los cambios se quedan en uno mismo, si se limitan a los aspectos materiales,nos valdrán en todo caso para lavar nuestra conciencia de consumidores y poco más.
  
Al menos eso es lo que piensa la sagaz autora de "La historia de las cosas" en su última entrega de aún más largo alcance: "La historia del cambio"... "Las soluciones no están a la venta. Comprar mejor y de un modo más consciente no es suficiente. Tampoco basta con "ser el cambio que quieres ver en el mundo", como decía Gandhi. Hay que "hacer" el cambio, y eso sólo es posible pasando a la acción colectiva".
   
A sus 48 años, Annie Leonard se ha ganado a pulso su reputación como la comunicadora más directa, efectiva y popular al servicio de la causa ecológica. "La historia de las cosas" fue un auténtico viaje al fondo de la Tierra (y a todo lo que los humanos estamos haciendo con ella). El agua embotellada, los productos electrónicos o el endeudamiento personal pasaron luego bajo su peculiar y ácido análisis, ilustrado por los dibujos animados de Free Range Studios.
   
Con "La historia del cambio" (nacida de su frustración de estos cuatro años), Leonard se ha propuesto desmontar los últimos mitos de la "Economía Dinosaurio" y hacer una llamada a la movilización ciudadana para buscar alternativas reales.
     
Lo primero: reivindicar nuestra condición de ciudadanos... "Da la impresión de que hay un complot para reducirnos a la categoría de consumidores. Se diría que somos lo que consumimos y que hemos dejado de ejercer por desidia el "músculo" de ciudadanos. Nos olvidamos de que los grandes avance sociales en la historia se han producido precisamente por la presión de los ciudadanos, forzando los cambios políticos que en última instancia han permitido cambiar el sistema".
     
Annie reconoce que su preocupación por todo lo que hay detrás del "sistema" le viene de niña, cuando se preguntaba por la invisible conexión entre la desaparición del bosque y la expansión de los centros comerciales en su Seattle natal. Su verdadera iluminación ocurrió en el vertedero de Fresh Kills, que durante medio siglo digirió más de 11.000 toneladas diarias de basura en Nueva York.
  
"Cuando lo cerraron en el 2001, la montaña de desechos era 25 veces más alta que la estatua de la Libertad", recuerda. "Aquella visión impactante me dio mucho que pensar. ¿Quién puede haber concebido este sistema tan monstruoso? ¿Cómo permitimos que esto siga ocurriendo? Yo misma no acababa de entenderlo: tardé veinte años en hacer la conexión."
  
Su experiencia en Bangladesh, India y Haití fue vital para acabar de atar los cabos sueltos. Annie Leonard se remonta a los estragos de la extracción: de la deforestaciones masivas en el Amazonas o en Indonesia a la decapitación de las montañas Apalaches o las arenas de alquitrán de Alberta. Como ocurre con los desechos, el sistema tiene la virtud de esconder las consecuencias de lo que consumimos desde el lugar de origen, casi siempre remoto, casi siempre a expensas de la explotación laboral, la corrupción política y el deterioro ecológico...
   
"Y, aun así, hay una verdad fundamental que vale en todo el planeta. Lo que llamamos desechos son sobre todo recursos. Así, revueltos, no sirven para nada. Acabamos enterrándolos en un vertedero o, lo que es peor, quemándolos en una incineradora. Si los separamos, podremos volver a usarlos como papel, como metal, como vidrio, como compost para fertilizar la tierra".
     
En "La historias de las cosas", convertido de un auténtico fenómeno en la red con doce millones de "pinchazos", Annie exploraba el ciclo completo, de la producción a los residuos, pasando por la distribución y el consumo. Ya entonces se dio cuenta que, pese a todos los esfuerzos, nuestro poder como consumidores tiene un techo natural.
   
... "Por mucho que nos esforcemos en menguar el cubo de la basura, la mayor cantidad de desechos es la que produce la industria. Y ahí es donde la presión social y la acción política son fundamentales. Necesitamos leyes de responsabilidad productiva en todo el planeta: el 80% del impacto de un producto se decide en la fase de diseño."
      
La distribución es el tercer engranaje del sistema, y Annie Leonard nos recuerda como Walmart, la mayor cadena de supermercados del mundo, tiene un sistema informático de transporte y localización de sus mercancías que rivaliza con el del mismísimo Pentágono: "El movimiento de la relocalización ha empezado con los alimentos, pero se está extendiendo a otros campos, desde la extracción de recursos a la energía, como ocurre con el movimiento de Ciudades en Transición".
    
Llegamos de esta manera al cuarto piso de la pirámide, acaso el más importante, el que da sentido al sistema: el consumo. "No me gusta que me llamen anticonsumista", puntualiza la autora de La historia de las cosas, "pero sí quiero denunciar los efectos del hiperconsumismo, que se produce cuando tomamos más recursos de los que necesitamos y que el planeta puede sostener."

"Con el 5% de la población, Estados Unidos consume el 30% de los recursos y es responsable del 30% de los residuos", certifica Leonard, que posa para las fotos junto a las botellas de plástico compactadas por el Centro Ecológico de Berkeley, su pueblo adoptivo... "No hace falta ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que harían falta de tres a cinco planetas si los 7.000 millones de habitantes de la Tierra imitaran las pautas de consumo del sueño americano".
    
Conclusión: hace falta un nuevo paradigma (o un nuevo planeta), y en eso estamos: "La gente está cambiando su relación con las cosas. Ya no hace falta poseerlas y acumularlas, sino simplemente tener acceso a ellas: compartiéndolas, reusándolas, intercambiándolas, prolongando su uso para que no acaben en un vertedero... Y creando de paso comunidad."
         
El "consumo colaborativo", la tendencia imparable que se está abriendo paso también en España, ilustra precisamente su visión de cambio: una gran idea, compartida por el mayor número posible de gente y puesta en acción... "Así es como realmente construimos el poder para propiciar los cambios reales. Dejando atrás la preocupación, la frustración y el miedo y creando espacios para la acción ciudadana".

 
      
Todo esto lo dice Annie Leonard sin acritud y con una sonrisa abierta, en un tono muy lejano a la verborrea de los políticos al uso, que son gran parte del problema. La autora "La historia del cambio", criticada despiadadamente por republicanos y libertarios, no piensa sin embargo bajar la guardia y quiere seguir tendiendo puentes entre la crítica a la sociedad de despilfarro y la llamada a la acción "por un mundo posible y decididamente mejor".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog EcoHéroes de elmundo.es

SOMOS LO QUE DESECHAMOS

Cada persona genera más de 500 kilos de basura al año o, lo que es lo mismo, una ingente cantidad de recursos naturales desperdiciados. Reducir, reusar y reciclar debiera ser el objetivo de todos, como ya lo es de un buen número de ciudadanos y de activistas que han emprendido el camino hacia los ‘cero residuos’.

Annie Leonard tiene un vicio más bien sucio, pero absolutamente confesable: hurgar en los cubos de la basura... “Es una de mis actividades favoritas cuando viajo. Me gusta ver lo que tira la gente: no conozco una manera mejor de conocer una familia, una comunidad, un país... Deberíamos mirar más en nuestros propios cubos, y darnos cuenta de que muy poco de lo que tiramos es realmente desechable.”

Sigamos, pues, el consejo de la sagaz directora y autora de La historia de las cosas (que ahora nos llega en forma de libro, editado por el Fondo de Cultura Económica) y hagamos un sano ejercicio de autocrítica. O contratemos por un par de horas a un auditor casero de basura como los que ya existen en Estados Unidos.


Tengamos en cualquier caso el valor de mirarnos al espejo de todo lo que desechamos a diario: mondas de fruta y verdura, restos de comida cocinada, envases de plástico, servilletas de papel, trapos sucios... Nos esforzamos en reciclar, pero no es suficiente. El cubo se llena sin remedio. Unas veces por desidia, otras por comodidad. Probamos con la compostera, pero es difícil mantener a raya los olores. Lo del papel y el vidrio lo tenemos solucionado. Nos esforzamos en separar todo lo que podemos, aunque la bolsa se llena inevitablemente. Seis kilos de basura doméstica por una familia media de cuatro personas. Unos 575 kilos al año por cabeza si vivimos en España, 760 si estamos en Estados Unidos...

“Y, aun así, hay una verdad fundamental que vale en todo el planeta”, seguimos con Annie Leonard. “Lo que llamamos desechos son sobre todo recursos. Así, revueltos, no sirven para nada. Acabamos enterrándolos en un vertedero o, lo que es peor, quemándolos en una incineradora. Si los separamos, podremos volver a usarlos como papel, como metal, como vidrio, como compost para fertilizar la tierra. Por eso es tan importante conocer nuestra basura y meter la mano en ella para ver cuánto podemos reutilizar. ¡Es una tarea fascinante!”
A sus 46 años y con un documental de apenas 20 minutos, Annie Leonard ha golpeado las conciencias de millones de ciudadanos en todo el planeta. La historia de las cosas es un auténtico viaje al fondo de la Tierra (y a todo lo que los humanos estamos haciendo con ella), de la mano de esta infatigable activista y comunicadora, que se ha pasado media vida buceando en el cuarto trastero de la sociedad de consumo.

“Soy ambivalente sobre el reciclaje. Lo amo y lo odio... Si reciclamos, quiere decir que tiramos menos cosas y que usamos menos cosas. Pero el problema está cuando la gente piensa que reciclar es la solución. Y no es así: reciclar es el último recurso. Tenemos que respetar el mantra por riguroso orden: reducir, reusar, reciclar.”
Aunque ya de pequeña se preguntaba por esa invisible conexión entre la desaparición del bosque y la expansión de los centros comerciales en su Seattle natal, su verdadera iluminación ocurrió en el vertedero de Fresh Kills, que durante medio siglo digirió más de 11.000 toneladas diarias de basura en Nueva York. 

                       Annie Leonard, autora del documental La historia de las cosas, en el Centro Ecológico de Berkeley.

“Necesitamos leyes de ‘responsabilidad productiva’: el 80% del impacto de un producto se decide en la fase de diseño”

“Cuando lo cerraron en el 2001, la montaña de desechos era 25 veces más alta que la estatua de la Libertad”, recuerda Annie. “Aquella visión impactante me dio mucho que pensar. ¿Quién puede haber concebido este sistema tan monstruoso? ¿Cómo permitimos que esto siga ocurriendo? Yo misma no acababa de entenderlo: tardé veinte años en hacer la conexión.”
Su experiencia en Bangladesh, India y Haití fue vital para acabar de atar los cabos sueltos del sistema. Annie Leonard se remonta a los estragos de la extracción: de la deforestaciones masivas en el Amazonas o en Indonesia a la decapitación de las montañas Apalaches o las arenas de alquitrán de Alberta. Como ocurre con los desechos, el sistema tiene la virtud de esconder las consecuencias de lo que consumimos desde el lugar de origen, casi siempre remoto, casi siempre a expensas de la explotación laboral, la corrupción política y el deterioro ecológico.

El segundo capítulo, la producción, nos toca más de cerca... “Por mucho que nos esforcemos en menguar el cubo de la basura, la mayor cantidad de desechos es la que produce la industria. Y ahí es donde la presión social y la acción política son fundamentales. Necesitamos leyes de responsabilidad productiva en todo el planeta: el 80% del impacto de un producto se decide en la fase de diseño.”

La distribución es el tercer engranaje del sistema, y Annie Leonard nos recuerda como Walmart, la mayor cadena de supermercados del mundo, tiene un sistema informático de transporte y localización de sus mercancías que rivaliza con el del mismísimo Pentágono: “El movimiento de la relocalización ha empezado con los alimentos, pero se está extendiendo a otros campos, desde la extracción de recursos a la energía, como ocurre con el movimiento de Ciudades en Transición”.

Llegamos de esta manera al cuarto piso de la pirámide, acaso el más importante, el que da sentido al sistema: el consumo. “No me gusta que me llamen anticonsumista”, puntualiza la autora de La historia de las cosas, “pero sí quiero denunciar los efectos del hiperconsumismo, que se produce cuando tomamos más recursos de los que necesitamos y que el planeta puede sostener.”

“Con el 5% de la población, Estados Unidos consume el 30% de los recursos y esresponsabledel 30% de los residuos”, certifica Leonard, que posa para las fotos junto a las botellas de plástico compactadas por el Centro Ecológico de Berkeley, su pueblo adoptivo... “No hace falta ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que harían falta de tres a cinco planetas si los 6.800 millones de habitantes de la Tierra imitaran las pautas de consumo del sueño americano”.

Conclusión: hace falta un nuevo paradigma (o un nuevo planeta), y en eso estamos: “La gente está cambiando su relación con las cosas. Ya no hace falta poseerlas y acumularlas, sino simplemente tener acceso a ellas: compartiéndolas, reusándolas, intercambiándolas, prolongando
su uso para que no acaben en un vertedero... Y creando de paso comunidad.” 


CONSUMO COLABORATIVO
A la chita callando, y aprovechando el tirón hacia abajo de la crisis económica, el hiperconsumismo está dejando paso a la era del consumo colaborativo. O al menos eso es lo que sostienen Rachel Botsman y Roo Rogers, autores de What’s Mine is Yours (Lo que es mío es tuyo). “La obsesión por consumir y gastar dejará paso al redescubrimiento de los bienes colectivos”, vaticinan Bostman y Rogers. “Los retos económicos forzarán la creación de un sistema sostenible para servir las necesidades humanas, basado tanto en los viejos principios del mercado como en la conducta colaborativa.”

Deron Beal ha llevado todo eso a la práctica con el mayor grupo de trueque en el mundo, Freecycle: más de siete millones de usuarios repartidos por 85 países y ramificados en 5.000 grupos de intercambio locales. “Todos los días reusamos el equivalente a 700 toneladas de materiales”, se jacta Deal. “Más o menos la carga diaria que recibe una vertedero de tamaño medio.”
Freecycle nació de la manera más insospechada en el 2003 como un simple grupo de Yahoo, con una veintena de miembros interesados en intercambiar objetos gratuitamente. La primera posesión que cambió de manos on line fue precisamente el colchón de soltero de Deron Beal, que acabó haciéndose sin desembolso alguno con el viejo sofá que aún cumple su función en pleno desierto de Arizona. 

     Deron Beal, de Freecycle.

Freecycle es el mayor grupo de trueque del mundo: “Todos los días reusamos el equivalente a 700 toneladas de materiales” 

Desde Tucson, y a la velocidad del rayo, los freecicladores se fueron propagando hasta llegar al millón en apenas un año. A este lado del Atlántico, calaron sobre todo en el Reino Unido. En España existen ya una veintena de grupos, desde Madrid (con 2.117 miembros) a Icod de los Vinos, en Santa Cruz de Tenerife (51 miembros). En el grupo Barcelona (963 miembros) se ofrecían estos días un cochecito de bebé, un somier, una bici estática o cuatro sillas de oficinas de Ikea; se buscaban entre tanto un kimono de aikido, una máquina de coser, un banjo y varios teléfonos móviles con cargadores.
“La gente intercambia sobre todo muebles y objetos domésticos, pero cada vez hay más aparatos electrónicos, con lo que también contribuimos a paliar el problema del e-waste”, señala Beal. “Y hay usuarios de todas las edades, desde el anciano de 92 años que coleccionaba piezas de bicicleta para luego fabricarlas él mismo, al niño que decidió crear un orfanato para hámsters abandonados”.

“La basura de unos es el tesoro de otros.” El viejo lema cobra una nueva dimensión en la era de internet. Freecycle tiene además la virtud de crear lazos materiales entre la comunidad virtual: “La sensación de desprenderte de algo que puede serle útil a otra persona es algo muy gratificante y casi olvidado en esta sociedad de usar y tirar que hemos creado. Y para los niños es un juego con el que aprender a reusar, compartir y apreciar el valor de las cosas”.

El siguiente paso de Freecycle es extender sus redes por los países en desarrollo haciendo accesible el contacto y el listado de los grupos locales por teléfono móvil. “El trueque es un valor universal que subsiste en prácticamente todas las culturas”, apunta Deron Beal. “La tecnología puede no sólo contribuir a reforzar los lazos sociales, sino mitigar el deterioro del medio ambiente.”


Enlace a post Freecycle

CONSUMO COLABORATIVO Y ECOLÓGICO, TAMBIÉN EN MUCHAS CIUDADES ESPAÑOLA,   por Rafael Carrasco

España no acaba de tomarse en serio la gestión de sus desechos y, pese a los 25 años –ahora se cumplen– que hemos tenido para aprender de Alemania, Francia y demás socios de la UE, seguimos aún muy lejos del resto de Europa o, incluso, de Norteamérica. Según los últimos datos de la oficina estadística europea –Eurostat–, España recicló en 2008 el 14% de los residuos urbanos que produjo y compostó un 20% de los desechos orgánicos, muy por debajo de la media comunitaria –40%–, emparejándose más con Malta, Polonia o Bulgaria que con sus vecinos del norte.

Cada año se genera en España una media de 575 kilos de residuos por persona, una cifra algo superior a los 524 kilos calculados en el conjunto de la Unión. El 57% de esa cantidad va al vertedero, mientras que en la UE sólo lo hace el 40%. Dicho en otras palabras: España está en la zona de los países que producen mucha basura, reciclan poco y recuperan menos.

El concepto de consumo colaborativo es prácticamente desconocido en nuestro país, aunque sí existen iniciativas contrarias al usar y tirar que en Norteamérica formarían parte de esa corriente. Las más conocidas tal vez sean las que tienen que ver con el transporte, y que han proliferado en estos últimos años de crisis económica para abaratar el uso del coche privado. Es el caso del carpooling (Ver Correo del Sol, página 8), que consiste en compartir los gastos de gasolina entre personas que realizan regularmente los mismos trayectos gracias a una página web de suscripción, generalmente, gratuita. Empresas como Amovens o Viajamosjuntos.com se dedican profesionalmente a esto y sus sistemas se desarrollan hoy en numerosos municipios de toda España –generalmente, la web del ayuntamiento es el vehículo que pone en contacto a las futuros carpoolers–.

En esta misma línea se inscribe el denominado carsharing, un sistema muy profesional que permite utilizar un coche sin ser ninguno de los usuarios propietario del mismo; éstos pagan a una empresa por el uso del coche, pero se olvidan de seguros, letras mensuales y demás.Con esta misma filosofía funciona el Bicing de Barcelona y otras experiencias de alquiler de bicicletas para moverse por la ciudad sin preocupaciones.

Pero en cuanto a residuos físicos los Ekocenter y almacenes de Emaùs son el mejor ejemplo de cultura de la recuperación. Son mercados estables donde se expone y se vende, con un fin social, toda clase de objetos en perfecto uso y a bajo precio. En ocasiones, los objetos son reparados, otras son reciclados, pero la mayoría de las veces son,simplemente, objetos de segunda mano. Emaùs es una
de la treintena de entidades agrupadas en la Asociación de Recuperadores de Economía Social y Solidaria (AERESS), una plataforma hacia la inserción laboral de personas marginadas o en riesgo de exclusión y que centra su actividad en la recuperación, la reutilización y el reciclado de materias desechadas. En su web se puede encontrar información de dónde y cómo llevar o adquirir objetos de segunda mano.

Mención aparte, por su originalidad, merece Makea, una iniciativa de la Asociación Cultural de Reutilización Creativa Makea, de Barcelona, que pretende fomentar una segunda –y hasta una tercera– vida de los objetos que normalmente acaban en la basura. Makea –que parodia los muebles y utensilios de usar y tirar por antonomasia, los de Ikea– no funciona como rastrillo virtual de objetos, sino que, a través de su recetario y de sus acciones de divulgación o demostración,pretenden avivar el ingenio de la gente para procurarse una silla a partir del tambor de una lavadora rota o un cabecero de cama con un palet de obra.

Las cooperativas y asociaciones de trueque, que en la Argentina del corralito permitieron sobrevivir con dignidad a seis millones de personas, son otra forma de plantar cara a la crisis económica y ambiental optimizando el uso de las cosas. El trueque vivió un gran auge a mediados de los años 90 y ha renacido gracias a internet y las redes sociales. Entre los cientos de iniciativas de trueque a lo largo de toda España, puede destacarse Adelita, una red madrileña con tienda real en la céntrica calle Arenal. Recientemente, se han incorporado al proyecto nuevos socios y planea crear una red de tiendas por todo Madrid donde cualquier persona podrá llevar objetos en buen estado para intercambiarlos por otros de segunda mano sin gastar un céntimo. Iniciativas como Freecycle –una red internacional con grupos en Madrid, Barcelona y otras ciudades– permiten también regalar cosas en desuso para que no vayan al vertedero cuando pueden ayudar a otras personas.

Yendo más allá se ha creado QueCambiamos.com, una web española que permite a sus usuarios poner anuncios clasificados sobre cualquier posesión que tengan y deseen cambiar. Desde permutas de vivienda a intercambio de casas vacacionales o videojuegos que se ofrecen a cambio de una bici. Algo parecido, pero con una intención más social,lo hace el blog sindinero.org, biotrueke.org (el mercado on line de segunda mano de Bilbao) o lanochedelosninos.org  (“una web para promover el intercambio de juguetes entre niñ@s madrileñ@s”).

Una forma excelente de reciclar nuestros conocimientos y aptitudes para que generen más beneficios a los demás son los bancos de tiempo, una institución muy arraigada ya en la cultura urbana de nuestro país. Se trata de un trueque de servicios donde la moneda de intercambio es el tiempo: una hora de trabajos de jardinería compra una hora de alguien que nos enseñe a cocinar. Julio Gisbert, autor del libro Vivir sin Empleo y del blog ha creado una lista en Google Maps con los 163 bancos de tiempo que funcionan en España, todos, con sus direcciones, teléfonos, emails y enlaces web.

CERO RESIDUOS
En Boulder (Colorado), a los pies de las Montañas Rocosas, los propios vecinos pasaron a la acción contra el derroche de los recursos y pusieron en marcha en 1976 uno de los programas pioneros de reciclaje en Estados Unidos: Eco-Cycle. Eric Lombardi, visionario de los desechos, tomó el mando de este centro innovador en el que trabajan 60 personas capaces de procesar hasta 40.000 toneladas de residuos al año.
El último apéndice del centro es el departamento de materiales difíciles de reciclar (de zapatillas deportivas a viejos aparatos de vídeo y faxes), con el objetivo de ampliar cada vez más el espectro. Aunque la auténtica meta de Lombardi es la de residuos cero: reaprovechamiento total.
“Llegar a residuos cero no es una utopía, sino un imperativo en la era del cambio climático”, sostiene Lombardi. “Los vertederos urbanos producen grandes cantidades de metano, que es un gas invernadero 72 veces más potente que el CO2. Una gran ciudad como San Francisco se ha propuesto esa meta para el 2020, pero el objetivo es mucho más asequible para ciudades pequeñas como Boulder.”

Lombardi ha diseñado su Parque de Residuos Cero con capacidad para reciclar o reaprovechar todos los desechos generados en una ciudad de 300.000 habitantes, incluida una planta de compostaje para
los residuos orgánicos, un centro para el reuso, otro para la recuperación de nutrientes tecnológicos, otro para reciclables difíciles y una última instalación para procesar los residuos finales.

“Se trata de una alternativa sensata a las incineradoras y a los vertederos”, asegura Lombardi. “No podemos seguir llamando basura a lo que no lo es. Hay que separarla en tres cubos: reciclables, compostables y residuos. Todas las tecnologías que propongo en mi parque de residuos cero son simples, de baja tecnología y están suficientemente probadas. Y lo que es mejor, es una opción tan ecológica como rentable”.

“Si no hacemos pronto la conexión entre nuestra economía y nuestro medio ambiente (que produce todos los recursos para fabricar nuestros productos), el planeta se encargará de hacerlo por nosotros”, vaticina Elizabeth Royte, autora de Garbage Land. Desde que cerró Fresh Kills, el megavertedero que despertó la conciencia ecológica de Annie Leonard, Nueva York exporta toda su basura diaria, a un altísimo precio...
“Todos deberíamos hacer el esfuerzo por visualizar el impacto de lo que desechamos”, sugiere Elizabeth Royte. “La visita al vertedero tendría que ser obligatoria en las escuelas para que los niños aprendan pronto la lección: la basura no desaparece mágicamente, sino que se acumula o se quema, que es aún peor. Hay que verla y olerla para hacer la conexión.” 

Royte decidió no sólo investigar su propia basura, sino seguirle la pista con vocación de periodista de investigación o detective. El MIT de Massachusetts, por cierto, ha puesto en marcha un proyecto, bautizado como Trash Tack, para seguir electrónicamente la pista a la basura y conocer el auténtico impacto de todo los que desechamos. “Nada hay tan personal y local como nuestra propia basura, y sin embargo nada tiene posiblemente un mayor impacto global”, asegura Royte, que se pregunta qué pensarán los arqueólogos en trescientos años cuando descubran la insospechada vuelta al mundo no sólo de las materias primas, también de los residuos. Royte se siente deudora del arqueólogo de la basura, William Rathje, que en 1973 lanzó el Garbage Project, con la intención de reconstruir la vida y milagros de los habitantes de Tucson a partir de lo encontrado en sus cubos... “Hurgar en nuestra propia basura es la última experiencia zen de nuestra sociedad”, escribía Rathje. “No sólo puedes verla, olerla y registrarla, sino que puedes llegar a una intimidad táctil con ella. De una manera o de otra, todo el mundo debería rebuscar en las inmundicias.”

Christine Datz-Romero, nacida en Alemania y afincada en Nueva York, no tiene ningún reparo en tocar la basura ajena, sobre todo si es orgánica. Cuatro veces a la semana, la furgoneta del Lower East Side Ecology Center (LESEC) despliega su carga de cubos en el mercado de Granjeros de Union Square, a donde los vecinos del Bajo Manhattan llegan con sus mondas de verduras, sus restos de arroz, pan o pasta o los posos del café, que también son compostables.

“Si todo esto lo sacara un camión fuera delaciudad, estaría llevándose sobre todo agua y nutrientes para la tierra”, apunta Christine. “¡Qué cosa más absurda! Quemar gasolina, recorrer cientos de millas, para transportar agua pesada a un lugar lejano. Por eso es tan importante dar una solución local al tema de los residuos”.

ARTE EN EL VERTEDERO
 
En Río de Janeiro se llaman catadores, en El Cairo se les conoce como los zaballeen. Su afán diario es el mismo: remover toneladas de basura y recuperar lo que otros tiran. Mucho antes de que las sociedades occidentales acuñaran el reciclaje, estos sufridos expertos en residuos (seguidores de la tradición de nuestros traperos y recuperadores) han ido marcando la senda ecológica.

Los 60.000 zaballeen hasta hace poco reciclaban el 80% de la basura que pasa ba por sus manos. Hasta que las autoridades municipales de El Cairo –con 18 millones de habitantes– decidieron repartir la tarta de las 4.000 toneladas diarias de residuos entre varias multinacionales y bajar el listón del reciclaje al pírrico 20%.

EL asedio de los gigantes de la basura a barrios enteros como Mokattan, donde se hacinan miles de zaballeen en casuchas a medio construir y en un sórdido laberinto de desechos, da pie a uno de los documentales más impactantes de los últimos años: Garbage Dreams. Adham, Nabil y Osama son los tres protagonistas adolescentes que sueñan con traer a su barrio lo mejor de las técnicas occidentales de reciclaje. En la otra punta del globo, tiAo, zumbim, Suelem, isis e irma se ganan la vida como catadores en Jardim Gramacho, el mayor vertedero del mundo. Unos 3.000 recuperadores cosechan allí hasta 200 toneladas de desechos reaprovechables, armados con guantes y cubos.

El artista brasileño VikMuniz los retrató insitu y los implicó en un singular proyecto de arte, fundiendo fotografía y basura. Más de un millón de visitantes pasó por la exposición en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro y contribuyó a la causa con 300.000 dólares, que han servido para sacar de las favelas a los ilustres catadores. Otro documental, Wasteland, de Lucy Walker, nos cuenta esta apasionante historia de arte en el vertedero que nos hará reflexionar sobre la dimensión humana de lo que desechamos. 


WASTE LAND Official Trailer from Almega Projects on Vimeo.

ALIMENTAR A LOS GUSANOS

Los dos centros de recogida del LESEC (el otro está en la calle siete) procesan todos los años 200 toneladas de basura orgánica. Los jardines comunitarios y las universidades se han apuntado al compostaje, pero el Ayuntamiento de Nueva York no acaba de subirse al carro, aunque más del 25% de los desechos diarios son pefectamente compostables. En San Francisco, la ciudad que presume de reciclar o reaprovechar el 75% de sus residuos, la recogida selectiva la realiza el propio camión de la basura. 


“En Nueva York, con la altísima densidad y la gente viviendo en apartamentos pequeños y de gran altura, es difícil compostar en casa”, reconoce Christine Datz-Romero. “La solución debería ser buscar barrio a barrio. Pero haría falta un esfuerzo mucho mayor: nosotros llegamos de momento a 1.500 familias. Nos financiamos básicamente condonaciones y con el dinero que conseguimos con las bolsas de tierra abonada.”
“Alimenta a los gusanos”... El reclamo es irresistible en el puesto de Union Square, donde más de 500 personas vierten cadasábado sus desechos. Para Christine, el compost es principio y fin: “Nada representa mejor el ciclo de la vida en la tierra. Las hojas caen, se degradan en la tierra, la abonan para la primavera. Con el alimento pasa lo mismo: si sabemos ponerlo de vuelta a la tierra, garantizará el crecimiento de la próxima cosecha. Estamos usando los recursos y poniéndolos en su lugar para que el ciclo continúe. En la naturaleza no existe lo que nosotros llamamos desperdicios”.

Carlos Fresneda
Enlace a pdf publicado



 Post con diversos vídeos de Annie Leonard, entre ellos La Historia de las Cosas

MAS CULTURA ACTIVISTA PARA EL CAMBIO

Tres publicaciones y un vídeo más dos enlaces, de interés general, recomendados por técnicos sanitarios, que no autoridades, en soluciones para la supervivencia de una especie estúpida en un planeta finito, con las únicas contraindicaciones de generar molestias a las minorías de la humanidad que se enriquecen mientras este mundo siga siendo un basurero material y humano, sin orden ni gestión.

Juantxo Uralde presentó ayer en BCN su libro El Planeta de los Estúpidos, ...casi un programa político, como definieron los colegas de la mesa, útil en su nueva etapa impulsando la Fundación Equo, antes de que sea una opción verde y ya necesaria como el agua, el aire y la tierra fértil, con papeleta de voto allá para el 2012. Narra en su libro el periplo de ciudadano activista desde peque hasta que desplego la pancarta allá en la cena de los lideres del mundo “clasico”, en Dinamarca, cuando el clima quedó tocao por la estupidez de todos, si de casi todos, ante el sistema de sociedad que tenemos montao, al servicio de los dueños de los recursos de la tierra, y que conste, sistema del que de momento las mayorías acomodadas somos fieles consumidores y muchos, accionistas y para con las mayorías en desarrollo, donde darle continuidad es imposible. Un viaje por lo vital de un equoactivista que sintetiza las amenazas ya en curso y alumbra soluciones desde la escala colectiva, que formada por individuos, tiene que armar un buena, desde ayer mismo, para el mejor mañana.

Juantxo sabe que, como trabajador de lo importante, maneja información de primer nivel sobre identidades y rectificaciones a los daños ambientales, que son daños a la humanidad sin derechos y la vida biodiversa, daños que nosotros como especie generamos en la casa común y a todo lo vivo que ella pulula, y que como en el libro subtitula, es ahora con salida, un estercolero por el tufo a mierda tóxica directa o figurada, de la mayoría de las estructuras que marcan el rumbo a nuestro muy posible colapso civilizatorio. La ecología social y política, económica, tecnológica, justa y solidaria es la salida no estúpida, si inteligente en el camino que tenemos delante. Aunque para ello debamos comenzar muchas cosas desde casi cero. Claro que no le faltan enemigos y burlones al reto, pero es aquí donde la pasión y la lucha ya lleva un buen tiempo, ahora toca la revolución ecológica, sin sangre es absolutamente posible y lo es simplemente para sobrevivir, que no es poco y todos, que no solo humanos, también las especias más humildes, como cita el equopaisano: sapos, abejas, gorriones... Y a esperar que nos parta un rayo cósmico mucho mejor que uno radiactivo, o parecido, allá en el camino ilusorio hacia lo eterno.

Claro que hice mi inversión en el libro, que como no podía ser de otra forma esta gestionado desde el bosque por el mejor camino, el del FSC, y es un libro amigo de la organización donde Juantxo se hizo mayor y político verde. Editado por Temas de Hoy de Planeta, con extensión a la red social, esa con película de cine.
Le pillo a Carolina la foto, ya que me quede sin batería, ...y es que la edad

Otra activista del copón ...ecológico, Annie Leonard, acaba de pasar a libro su archivo emocional y técnico de esos 21 minutos de vídeo (visto mínimo 12 millones de veces, donde explica la historia de los bienes de consumo, las cosas, que al hacerlas y tenerlas (digamos la mitad de la familia), han cambiado la seguridad y el clima de nuestras vidas (aquí de toda la familia humana). Parecida a Juantxo por sus edades de activismo, Annie Leonard no se corta un pijo, y le ha metido mano, cara, body, nombre y verdad verdadera en movimiento animado al ciclo de vida, industrias y consecuencias de los cosméticos, del agua embotellada, a los productos electrónicos, al mercado de emisiones, y sigue, a pesar de que su particular fascio le ataca todo lo que puede. Carlos la entrevisto no hace mucho (aquí el post del otro día y en breve más). En este están todos los vídeos apañaos para ser entendidos si no controlas el inglés). Juntos compartimos una paella sin emisiones allá cerca de donde vive en colectividad (que ello narra con detalle, como formula social para consumir menos mundo, osea, menos cosas). La Historia de las cosas ha sido editado por el Fondo de Cultura Económica, muy recomendable para estúpidos sin cura, para los estúpidos que estamos en cura intensiva y acelerada, y hasta para los ex-estúpidos, etc...

Desde Ecopolítica lanzan la edición traducida del informe 21 horas, por qué una semana laboral más corta puede ayudarnos a todos a prosperar en el siglo XXI, aquí disponible en pdf. Como indican es un ejercicio de prospectiva refrescante para dar otro sentido al "trabajo" en el marco de la crisis ecológica. Tienen previsto realizar presentaciones a nivel local. Puedo imaginar que si trabajamos menos, igual lo de la libertad es verdad de una vez por todas, y menos cosas mal hechas de las comentadas por Annie haremos, y que la hechas serán mejores y apropiadas, y que el resto del tiempo a currar restauraciones en este mundo patas arriba, con mas tiempo para amores lo que sean, para artes todas, para dar sentido divino a la era de la proestupidez vivida, para repartir las cosas de lo finito entre todos, para recordar a la ONU como un invento superado, en fin, paro.

Tim Jackson, autor del libro 'Prosperidad sin crecimiento' en mi sesión mensual de flipar con los vídeos de TED subtitulados, y menudo el menda, de economista de los subidos a portavoz ilustrado en la búsqueda de puentes entre las utopías radicales de la escuela de decrecimiento y el nuevo keynesianismo medioambiental , el tan cacareado New Deal Verde, ahora casi utópico). Me pillo interesantes comentarios y visiones , aquí y abajo embebo la sesión. Cuando citó al buscador Ecosía como modelo de empresa nuevo mundo, vaya, me alegré un montón, auqnue desde que lo descubrí lo he usado menos de lo previsto, llevo 124 m2 de bosque estimulado.


Recuerdo de Michael Pollan su performance de cuanto petróleo había en una hamburguesa, llenó tres vasos, uno por los recursos e infraestructuras, otro por transporte y otro por agroquímicos, pues bien, en la TVE de todos, desde ese programa con nombre de especie humilde y verde, se meten valientes en el coste medioambiental del comercio de alimentos, para que nos aproveche a todos. "Lo que vale un pimiento" se emitirá el 19 y 21 de noviembre en La 2; y el 26, 27 y 29 de noviembre en el Canal 24H. Consulta los horarios aquí desde el web del Escarabajo Verde y ya puestos, disfrutate los documentales pasados, sobre todo el de la factura del oro negro...



Bueno, dos libros necesarios para avanzar ilustrados hacia el más emocionante periodo de la historia humana ante las decisiones extraordinarias a tomar para las fases de cambios en tantas cosas que están podridas, luego un informe para con lo aprendido y más, trabajar y vivir como nunca hasta ahora hemos hecho, y remata un ilustrado agitador de los escenarios del casino económico con lección magistral para aplicar los sueños de Juantxo y Annie y de tantos, mientras un documental para aprender que comemos petróleo, (quizás compita en la parrilla, cuando le toca el domingo mira por donde, con toda Fórmula de la mierda nº 1), ese petróleo que es viejo sol pero que se acaba pronto. Mezclese  todo, porque es compatible y nutritivo y hágase la digestión aquí en la tierra mientras nos ajustamos de la mejor forma, en el inmenso universo humano.

Los políticos hablan (necesitamos el recambio del 90 %), los lideres actúan, (aquí toca  cambiar a  los falsos y seleccionar y animar rápido a los verdaderos) y los estúpidos van a menos, ...¿y tú, que tal? 

¡ Oye, una cosilla, ...que no se te ocurra venirme con estupideces !

Manolo Vílchez

LA CARA OCULTA DEL CONSUMISMO

Como la Luna, la Tierra tiene una cara oculta que casi nunca vemos. Todos los reflectores apuntan –24 horas al día- hacia el lado radiante de la sociedad de consumo. Pero una mano negra se empeña en esconder bajo la alfombra los estragos que le estamos causando al planeta.

“El estilo de vida americano es innegociable”, dijo Bush (padre) en los preámbulos de la cumbre de Río. “Nuestro estilo de vida ha tocado fondo y todo el sistema está en crisis”, replica Annie Leonard, la activista que se ha atrevido a hacer “visibles” los efectos de la sociedad de consumo, así la tachen de “antiamericana”.


"Ni antiamericana, ni anticosumista”, replica ella. “Lo único que intento es que la gente se replantee su relación con las cosas. Nuestra sociedad está llena de incentivos  perversos que nos llevan a acumular y acumular, y a producir toneladas de desechos, sin pensar mínimamente en las consecuencias”.

Más de ocho millones de internautas han seguido los viajes de Annie Leonard –arropada por los monigotes de los Free Range Studios- al fondo de la sociedad de consumo en “La historia de las cosas”. La película de animación se ha convertido ahora en un manual práctico, publicado en español por el Fondo de Cultura Económica y traducido simultáneamente a doce idiomas.

La Historia de las Cosas - Annie Leonard from Teotl Nahualli on Vimeo.

Pese al apremiante mensaje de fondo –“¡estamos dilapidando el planeta!”-, Annie Leonard tiene la virtud de contagiarnos su optimismo y su sentido común: “Creo realmente que el cambio ya está en marcha. El afán por adquirir más y más está dejando paso a un sistema basado en el “acceso”. Compañías como Netflix o ZipCar nos están demostrando que todo se puede compartir, del vídeo hasta el coche. Y lo bueno de esté proceso no es sólo que vamos a necesitar menos cosas, sino que vamos a comunicarnos con la gente que comparte nuestros intereses: vamos a crear comunidad”.

Recuerda Annie Leonard en su libro cómo la primera vez que ató cabos fue de niña, cuando comprobó cómo los bosques que rodeaban su Seattle natal iban desapareciendo año tras año para dejar paso a los centros comerciales. El momento decisivo fue sin embargo la visita al vertedero Fresh Kills en Nueva York, coronado por una montaña de basura 25 metros más alta que la estatua de la Libertad...

¿Quién inventó este sistema monstruoso?”, se preguntó Leonard. “¿Cómo permitimos que siga funcionando?”. Su empeño, desde entonces, fue dar la vuelta al mundo investigando todo el proceso. Bangladesh, Indonesia y Haití fueron algunas de sus paradas en los diez años que tardó en alumbrar “La historia de las cosas”, con toda su “sabiduría” concentrada en 20 trepidantes minutos...

“El problema está en que hemos concebido un sistema lineal en un planeta finito. Todo o casi todo está concebido para usar y tirar, sin tener en cuenta que los recursos se acabarán tarde y temprano. Si los 6.800 millones de habitantes del planeta siguieran el “sueño americano”, nos harían falta de tres a cinco planetas”.

“La solución empieza por leyes que exijan “reponsabilidad productiva” a las empresas. Tenemos que rediseñar la sociedad, siguiendo ni más ni menos que las pautas que marca la propia naturaleza, con sistemas circulares que permitan reaprovechar los recursos, en vez de acabar enterrándolos en un vertedero o, lo que es peor, quemándolos”.

Nosotros, uno a uno, somos también parte de la solución... “Pero la meta no es ya reciclar más, sino desperdiciar menos... Soy ambivalente sobre el reciclaje. Mucha gente piensa que reciclar es la “solución”, cuando en todo caso es el “último recurso”. Hay una razón por la que figura en tercer y último lugar en el famoso mantra de las tres “R”: reduce, reusa, recicla... Cuando estás frente a la pared y no hay otra opción, entonces recicla”.

El mensaje de Annie Leonard nos llega pues finalmente en libro y en todas las ramificaciones posibles en internet - (después del salto dejamos vídeos con traducción automática o subtitulada en español tras una búsqueda por los principales servidores de vídeo) (“La historia del agua embotellada”, “La historia de los cosméticos”, “La historia de los productos electrónicos”, “La historia de los bonos de carbono”). Su impacto es cada vez mayor en la sociedad y en las escuelas, y las voces de la América conservadora no han tardado en contraatacar: el mismísimo Glenn Beck, el “charlatán” de la cadena Fox, acusa a Leonard de adoctrinar a los niños en el “antiamericanismo”.

La autora de “La historia de las cosas” se defiende sin acritud: “Cuando concebí el documental no pensé en los niños, pero lo cierto es que miles de educadores de todo el mundo se han dirigido a nosotros. Creo que es bueno que el documental y el libro se usen para provocar el debate y enganchar a los estudiantes en un análisis crítico de los retos a los que tendr'an que hacer frente en el siglo XXI".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog En la Ruta Verde de El Mundo.es



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Recién salido este vídeo tiene la opción de una traducción al español en subtítulos simultáneos. Al activar el play aparece en la barra inferior un icono CC que pasa a rojo, al situarse sobre este aparece el desplegable con la opción "traducir subtítulos" que al clicar permite seleccionar múltiples idiomas en otro desplegable, aquí es posible elegir el español.

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