- El alcalde, Boris Johnson, se propone emular a Amsterdam
- Un corredor urbano de 23 kilómetros que cruzará la ciudad de este a oeste
- "Montar en bici tiene que dejar de ser una lucha darwiniana"
- Los usuarios de bici en Londres se han duplicado en diez años
Pensamos y sentimos que por qué no lo imposible en tiempos ordinarios se puede convertir en factible en tiempos extraordinarios. Los ejes políticos y economicos, se manejan por una minoría hija predilecta del capitalismo. Indagar en la construcción de la resiliencia, reencontrar valores no rentables para pocos pero vitales para los muchos, anhelar un mundo sin perdedores, escribimos sobre personas y organizaciones que estimulan a cambiar hacia un mundo mejor. Carlos Fresneda y Manolo Vilchez
Londres invertirá mil millones de euros en infraestructuras para bicicletas
ELOGIO A TODOS LOS CICLISTAS URBANOS
Todos respiraríamos mejor por cada bici que sustituyera a un coche en la ciudad. La bici es un poderoso símbolo del cambio que se nos avecina.
Madrid, un cruce de calles en el barrio de Chamberí. Es el punto de encuentro con Carlos. Llego y lo primero que comentamos es que la ciudad está fagocitada por el coche. ¿Donde están las bicis? Me explica lo distinto que es Portland, Austin o la mítica Nueva York, llenas de miles de ciudadanos a pedales. Hablamos de la paralización de la bici pública de alquiler en la ciudad con motivo, alegan, de la crisis.
Pero ¿cuál de ellas? Si se analiza en profundidad, la bici puede ahora incluso cumplir una función práctica y económica para más personas. ¿Será una crisis de voluntad política o una crisis de dominadores culturales? Ninguna de estas crisis tiene remedio rápido.
Seguimos comentando sobre los movimientos en defensa de la bicicleta como medio de transporte urbano, que tienen en Madrid plaza activista bien reconocida, y sus memorables masas críticas así lo demuestran. Aunque llegamos a la conclusión de que, como en tantas ciudades, la batalla en el asfalto la tiene ganada, de momento, el vehículo de motor de combustión... mientras ruge alguna ruidosa moto y el compresor de los aires acondicionados de los coches que esperan la salida en el semáforo también aporta ruido y agua condensada. ¡Más calor y suciedad para la ciudad compartida y más fresquito en el habitáculo privado! Divagando, llegamos a la conclusión de que la batalla se pierde, de momento, porque con los indicadores igual nos hemos equivocado.
Pero si valoráramos como prioridad social la calidad del aire que respiramos en las ciudades, ¿no sería todo algo distinto? Si culturalmente el valor del aire de calidad estuviera instaurado en nuestra concepción de la vida urbana, tanto militantes de la bici, como militantes del caminar y hasta los usuarios del excelente contaminador móvil de la urbe, quizás todos tendríamos más claro que ensuciar el aire no debe ser gratuito. Ahora lo es.
Pensemos en un paisano estresado que entra por el norte de la ciudad rumbo a gestiones varias de su vida cotidiana. El tubo de escape llena metros cubicos del aire de todos desde el km0. Entre paradas de semáforos, posibles acelerones de salida de campeón de lo inútil y frenazos por ir demasiado rápido: más metros cubicos de basura áerea que inhalamos otros muchos miles de ciudadanos. Compras aquí y allá, gimnasio para cuidar la salud (!!!) y gestiones en la otra punta a mediodía. Comida con los colegas en la zona oeste, a la que va nuestro imaginario conductor cotidiano aprovechando túneles y serviciales preferencias. Por la tarde, a otras gestiones, rumbo al este para volver al párking del centro social donde hablará de lo mal que está el tráfico y de la subida del combustible, mientras lee en una revista la decadencia de la Fórmula 1 y las carreras de motos. Miles de metros cúbicos de aire que respiramos todos tienen la contribucción individual de un ciudadano motorizado que no hace nada por el bien común (usa la ciudad para sus cosas) y que llena de tóxicos el aire de todos, en la ciudad ahora enferma.
En Elogio a la bicicleta, Marc Augé reclama el retorno del mito del tour de Francia y recuperar el valor cultural y promocional de la bici, como sucede en la vuelta ciclista a españa (en la imagen).
Ahora que todo puede cambiar, que debe cambiar, el valor del aire de la mayor calidad posible deberíamos convertirlo en un valor sagrado de la urbanidad/humanidad. Algunos verían reducidas sus libertades de movimientos tóxicos y las mayorías apreciaríamos más la belleza artificial de la gran obra humana ciudadana. Todos respiraríamos un poco menos de contaminación por cada vehículo de combustión que dejara de usar la ciudad y todos los ciclistas serían héroes anónimos que desplazan sus cuerpos y hasta sus pequeñas mercancías con poco ruido por precisos, amplios y seguros carriles bici.
Carlos y yo acordamos meterle mucha más mano a la bici en estas páginas e intentar dar a conocer todo lo posible la diversidad creativa entorno a la máquina verde y sus conductores en las ciudades (bici héroes para nosotros en todas sus vertientes). Las bicis van a ayudar mucho a cambiar este mundo, estamos convencidos.
Lo que son las cosas, en el quiosco de la estación de tren, me pillo el último número de Integral y, mira por dónde, tienen a bien comentar un libro que me genera conmoción debido a lo sinérgico del día, poniendo broche de lujo a nuestras complicidades como comunicadores. Elogio a la bicicleta, de Marc Augé, antropólogo y etnólogo francés, se convierte en una búsqueda casi frenética por hacerme con un ejemplar como sea. Gedisa lo edita y no tardo más que un rato en solicitar un ejemplar que llega a mis manos en poco tiempo. El libro es menudo, de letra grande y de sabiduría revolucionaria. Pone puntos sobre las íes de nuestra particular conspiración, llevándome del mito a la epopeya y concluyendo en la utopía posible. El autor se va a su infancia y a las sensaciones vividas sobre la bicicleta. Reclama el retorno del mito del Tour de Francia en base a sus héroes de cuando joven y del valor cultural y promocional de la bici a recuperar en todas las vueltas ciclistas. Admira y analiza la irrupción de la bicicleta pública de alquiler en París y Barcelona , y desgrana las posiblidades de revolución urbana que tenemos delante. Indica que la bicicleta encarna una bella utopía, una promesa de felicidad, que podemos soñar y proyectar a grandes rasgos una ciudad utópica del futuro donde la bicicleta y el transporte público sean los únicos medios de desplazamiento.
"En su humildad –escribe MarcAugé en su libro 'Elogio de la bicicleta'– , la bici nos enseña a estar en armonía con el tiempo y el espacio"
A estas alturas, y desde la contraportada, yo me creo que he encontrado el bicigrial mientras le doy fuerza a los planes con Carlos ideados unos días antes (presentar a los biciacompañantes, descubrir métodos y tipos de trailers de los trabajadores sobre bicis, destacar las planificaciones urbanas más potentes...).
Algunos lemas del libro los hacemos nuestros enseguida:“El milagro del ciclismo devuelve a la ciudad su carácter de tierra de aventura o, al menos, de travesía”; “El ciclismo es puro humanismo: pedaleo luego existo” y “¡Arriba las bicicletas, para cambiar la vida!”. comenta augé que, en su humildad, la bicicleta nos enseña, ante todo, a estar en armonía con el tiempo y el espacio. Nos hace redescubrir el principio de realidad en un mundo invadido por la ficción y las imágenes. El ciclismo es un humanismo que abre con renacidos bríos las puertas de la utopía y de un futuro más esperanzador: el símbolo de un futuro ecológico para la ciudad del mañana y de un proyecto urbano que tal vez podría reconciliar a la sociedad consigo misma.
Al final del libro, el autor compara el efecto pedalada con el efecto mariposa, y describe un escenario futuro lleno de creatividad entorno a la bici: diseñadores extremos, mecánicos insuperables, tuneadores exquisitos... Imagina un mundo donde los investigadores multiplican los descubrimientos: bicis plegables, portátiles, todoterreno, musicales, acuáticas, bicis a vela... Los científicos están a un paso de descubrirla manera de capturar la energía desplegada por los ciclistas y, con ese propósito, se están construyendo carreteras especialmente equipadas, e incluso en el año 2036 una prestigiosa universidad organiza la conferencia internacional “La bicicleta y el fin de las ideologías” o, un año después, “La bicicleta y la muerte de Dios”... Cierro el libro y veo que la utopía ya es posible, además de necesaria. ¡Ciudadanos y ciclistas del mundo, uníos, que el cambio es sólo nuestro y lo mejor que nos puede pasar!
Manolo Vílchez
Publicado en Integral nº
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LA ECLOSION DE LAS BICICLETAS
Hay una nueva manera de medir el progreso de las ciudades: contando las bicicletas. En Nueva York son ya 200.000 los ciclistas urbanos que un día cualquiera atraviesan el puente de Brooklyn, dan la vuelta a Manhattan o avanzan por los 650 kilómetros de carriles-bici que surcan la ciudad. En Madrid, mientras, seguimos contando con la mano a los intrépidos que deciden adentrarse en la marabunta motorizada o que se consuelan con los 62 escuálidos kilómetros de carriles-bici (los colistas europeos, y a poca honra).
Podríamos haber elegido como ejemplo Barcelona, San Sebastián o Sevilla, tres ciudades que se han subido a todo tren al carro de las dos ruedas. Pero elegimos Nueva York por lo que tiene de poderosa referencia urbana: lo que es posible aquí, es posible en cualquier otra gran ciudad del mundo (y quien intente justificar el retraso de Madrid por las cuestas y los repechos, que se vaya a San Francisco y cuente las bicicletas).
Nueva York ha despedido el verano con la tercera y última orgía ciclista a lo largo de Park Avenue: una serpiente multicolor que llegó a extenderse durante varias horas a lo largo de noventa calles, apurando hasta el último minuto de “libertad” provisional en la jungla de asfalto.
“¡Faltan diez minutos para que vuelva el tráfico!”, advertían por megafonía. Y las bicicletas se echaron a un lado para dar paso al monstruo rugiente, aunque la ciudad quedó ya poseída por ese pelotón cada vez más visible que avanza impetuosamente hacia el otoño (el uso de la bici ha aumentado un 35% en el último año).
“Montar en bicicleta nos devuelve el alma de niño y a la vez nos restituye la capacidad de jugar y el sentido de lo real”, escribe el antropólogo francés Marc Augé en “Elogio de la bicicleta”
El libelo visionario de Augé coincide aquí con la publicación de “The Cyclist Manifesto”, de Robert Hurst, y con el estreno inminente de “No Impact Man”, del que hablaremos a fondo en otra ocasión.
Está cada vez más claro que el futuro de las ciudades está en las dos ruedas, y va siendo hora de que Madrid aproveche su gran ventaja en el transporte público para allanar el camino a las bicicletas y levantar de una vez barreras a los coches. Desde aquí hacemos un lejano llamamiento a los sufridos madrileños para que se sumen a la bici crítica y apoyen la labor de grupos como Pedalibre o asociaciones como Madrid Probici para avanzar silenciosamente y sin humos hacia esa utopía urbana que queda a la vuelta de la esquina.
Summer Streets en Park Avenue
Carlos Fresneda desde Nueva York, texto e imagenes
Publicado en blog Crónicas desde EE.UU de El Mundo


