25 de enero de 2012

'Todas las respuestas están en la naturaleza'



“Pregunta al planeta: allí están todas las respuestas”... Es el consejo ancestral y práctico de Janine Benyus, la “madrina” de la biomímesis, ese concepto acuñado hace un par de  décadas, pero tan viejo como la vida en la Tierra. La sabiduría natural es una tupida enciclopedia,  y aunque los conocimientos de la biología se duplican cada cinco años, no hemos hecho más que empezar a catalogar los seres vivos y sus infinitas estrategias.
    
La Biomímesis no se plantea qué podemos extraer de los organismos y de sus ecositemas, sino qué podemos aprender de ellos”, asegura Benyus. “En este nuevo paradigma de la ciencia, los biólogos son nuestros ojos y los innovadores, los diseñadores industriales, los químicos, los arquitectos o los urbanistas son nuestras manos para encontrar las soluciones que tanto necesitamos en un momento tan crítico”.
     
Turbinas que se inspiran en la aletas de las ballenas. Células solares que aspiran a emular la fotosíntesis de las hojas. Sistemas de ventilación natural inspirados en los termiteros de Africa. Paneles de aislamiento que reprucen los hexágonos de las colmenas. Captadores de agua que replican el caparazón de los escarabajos del desierto...
 “El avión, al fin y cabo, se inventó intentando emular a los pájaros. Pero la tecnología no es buena o mala en sí mismo, y ya vimos cómo a los pocos años se utilizaron para bombadear a la gente desde el cielo”.
     
Desde que publicó “Biomímesis”, en 1997, Janine Benyus se ha convertido en la obligada referencia mundial de este nuevo mundo en el que la ecología y la tecnología avanzan de la mano. Desde su lugar en la tierra en Montana, Benyus dirige al alimón el Biomimicry Institute (centrado en la investigación y la educación) y el Biomimicry Guild (volcado en la asistencia a la inmensa panoplia de compañías que han decidido seguir el camino de la naturaleza).
“Ponemos como quien dice a los biólogos en la mesa de diseño, y en ese punto de encuentro surgen ideas e innovaciones que con el tiempo dan sus frutos. La idea primordial es aprender siempre de la naturaleza, que optimiza al máximo los recursos, que no produce residuos, que se adapta y evoluciona”.
     
A Benyus le gusta recalcar que Darwin ha sido malinterpretado, que la teoría de la evolución no se reduce a la “supervivencia de los más aptos” y que la naturaleza teje conexiones, fomenta la cooperación y la dependencia entre los organismos y construye así ecosistemas prodigiosos y resilentes...
“El primer nivel de la Biomímesis es la imitación de la forma, pero muchas veces no basta. El nivel más profundo es replicar el proceso natural, aunque existe aún tercer nivel, y es recrear el funcionamiento de un ecosistema. Porque no se trata sólo de innovar por innovar, sino de restaurar la mismo tiempo el equilibrio perdido”.
     
Por mera polinización, amplificadas por el poder de internet y por el intercambio cada vez más intenso entre la distintas ramas del saber “natural”, las redes de la biomímesis se han extendido en los últimos años por todos los continentes y por las universidades m'as prestigiosas. Janine Benyus, 52 años, con ese “ecantamiento” por la vida en todas sus manifestaciones que conserva desde niña, confía en que la próxima generación encuentre la definitiva respuesta: “Nos estamos acercando a los límite de tolerancia de la naturaleza ¿Vamos a ser capaces de vivir en el planeta sin llegar a destruirlo?”.

Carlos Fresneda

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