28 de marzo de 2012

El coloso verde


 
Foto: Isaac Hernández

No todos los días tiene uno la ocasión de seguir los pasos apremiantes del "dueño" del Empire State a lo largo y ancho de sus 102 pisos, 73 ascensores y 1.850 escalones. Lo cierto es que Tony Malkin -al frente del "imperio" Wien & Malkin- es un tipo muy ocupado y con mucha prisa. Pero a pesar de todo desprende un aire cercano y saludable, acentuado por la corbata verde y por su planta atlética.
   
Tony Malkin no encaja precisamente en el cliché del magnate inmobiliario. Aprendió el negocio de su abuelo y de su padre, en la era en que la especulación tendía sus lianas en la jungla urbana. Durante un par de décadas decidió respetar las reglas del juego, pero no tardó en darse cuenta de que estamos en los abores de otra era: el Empire State, construido en trece vertiginosos meses hace 81 años, se había convertido en la viva imagen de la decadencia.
   
Pese a su aspecto imponente -de cohete a punto de despegar hacia del planeta Kripton- el gigante se resquebrajaba por dentro y estaba perdiendo inquilinos a la velocidad del rayo. Los nubarrones de la recesión despuntaban en el horizonte, pero Malkin decidió plantarle cara al futuro y se fijó una meta tirando a utópica: convertir el Empire State en el "coloso eficiente"...
  
"Queremos aprovechar el poder simbólico de este maravilloso edificio para lanzar un mensaje al mundo. Y queremos hacer de paso una advertencia a los empresarios y los políticos: lo verde no es sólo deseable, sino también "rentable"".
   
Veinte millones de dólares ha invertido Tony Malkin en el la "cura de eficiencia" del rascacielos (más los 500 millones en obras de renovación). Con el apoyo del Rocky Mountain Institute y de la Iniciativa Clinton para el Clima, el objetivo es reducir el 38% de su consumo eléctrico, ahorrar 4,4 millones de dólares anuales y dejar de emitir 105.000 toneladas métricas de CO2 en los próximos años.
  
A punto completar la cura de eficiencia, ha llegado la hora de hacer repaso a las grandes conquistas... Las 6.514 ventanas del rascacielos han pasado -una a una- por un taller habilitado en la quinta planta. Allí se reforz'o el doble vidrio con una película aislante y se rellen'o finalmente el espacio interior con gas argón/kriptón para mejorar la protección térmica. Una decena de "currantes" de la eficiencia cumpli'o la meta de cambiar hasta cincuenta ventanas diarias, bajo el cartel que advert'ia "Green Workers Get Serious" ("Los trabajadores verdes se ponen serios").
  
"Lo más fácil habría sido subcontratar el recambio de las ventanas a una empresa especializada", advierte Malkin. "Pero decidimos correr nosotros con la faena y hacerlo "in situ", para ahorrar tiempo, dinero y emisiones".

   
El aislamiento de las ventanas fue una de las sesenta propuestas iniciales de las que finalmente se han puesto en marcha ocho, como las barreras térmicas en los radiadores, los sensores para la iluminación de pasillos y zonas comunes o el sistema de Control Directo Digital (DDC) que permite conocer "on line" y en tiempo directo el consumo de energía planta a planta.
   
Pero la auténtica transformación del Empire State se ha gestado desde el sótano, en la "sala de máquinas" que alberga los sistemas de calefacción y refrigeración: un indescifrable laberinto multicolor de válvulas y tuberías, evaporadores y condensadores, puestos al día por los expertos de Johnson Controls y capaces de ahorrar por sí mismos el 10% de la factura de la energía.
   
Las oficinas se han resideñado para el máximo aprovechamiento de la luz solar, cuentan con lo último en dispositivos de iluminación leds y están equipadas con muebles con la certificación "cradle to cradle". Los 55 millones de kilovatios hora que consume al año el gigante serán además generados por el viento, según el acuerdo con la compañía texana Green Mountain Energy anunciado a bombo y platillo por el propio Malkin: "Lo más natural era hacer el cambio a la energía limpia y seguir marcando el camino a todos los rascacielos del siglo XXI. Es del todo injustificable que los nuevos  edificios no hagan lo mismo".
   
Hacemos un alto en la planta 42, en medio de tanta bajada y subida. Malkin quiere enseñarnos la última maqueta -a escala "humana"- de su coloso "verde", iluminado para la ocasión con su color favorito. Desde sus casi dos metros de altura, a sus 50 años, Malkin sufre una arranque de nostalgia y recuerda la emoción que le produjo ?y le sigue produciendo- caminar por los pasillos, tocar los mármoles o admirar el oro refulgente en el techo del recibidor "art decó", por donde desfilan todos los años cuatro millones de turistas...
  
"Desde 1931, el Empire State ha sido una referencia del potencial humano para todo el mundo. A todos nos han contado la historia del edificio que se levantó en poco más de un año, en medio de la situación económica más desesperada y entre dos guerras devastadoras. Ahora tenemos la ocasión de convertirlo en icono de un mundo más sostenible".
  
Concluimos por supuesto nuestro periplo en el observatorio, donde seguimos viendo inevitablemente a King Kong, zafándose de los aviones como si fueran moscas. El zumbido de la ciudad llega amortiguado a estas alturas. Se instala un silencio que invita a la reflexión, interrumpido sólo por las ráfagas del viento y por el "click" de las cámaras de decenas de turistas, contemplando con asombro el bosque implacable de hormigón, moteado ya por las primeras luces con la caída de la tarde.
  
"Más del 70% de las emisiones en las grandes ciudades proceden de los edificios", recalca Tony Malkin, en el contradictorio papel del promotor inmobiliario y "verde". "Va siendo hora de aplicar la lógica y la eficiencia a los edificios residenciales y de oficinas. Lo que estamos haciendo en el Empire no es sólo bueno para el medio ambiente, es también bueno para los negocios. Estamos demostrando que la ecología y la economía pueden caminar de la mano".

Carlos Fresneda
Publicado en blog EcoHéroes de El Mundo.es

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