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EL “FRAUDE” DEL CLIMA

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¿Quién miente? ¿Quién distorsiona los hechos, manipula a la opinión pública y obedece a unos intereses muy concretos? ¿Estamos ante una conspiración global y un “fraude” cometido por miles de científicos? ¿O se trata de una nueva argucia de esa “cruzada” que no cesa para negar el cambio climático?

Los medios han reaccionado de muy diversa manera ante la noticia los emails sobre el cambio climático “pirateados” en la Universidad de East Anglia. Unos han preferido silenciar o “amortiguar” la información; otros han decidido amplificarla con el nombre del “Climategate”.


Un grupo de manifestantes protesta contra el cambio climático durante la celebración de la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático en Copenhague.| Efe

Desde aquí invitamos a los lectores a que comparen los dos extremos. El primer artículo es de John R. Lott, economista y autor de “Freedomnomics”, que sostiene que estamos ante “una campaña coordinada y sin precedentes para ocultar información científica”. El segundo lo firma Michael Le Page, en el portal del Newscientist, y es una “guía para perplejos” que enumera las “verdades” científicas y niega que exista una conspiración.

Ahora pongamos la historia en contexto. Recalquemos que todo esto ha ocurrido justo en vísperas de la cumbre de Copenhague. Y recordemos que los intentos para cuestionar, rebatir o sabotear la ciencia del cambio climático se llevan produciendo desde hace más de dos décadas y se intensificaron precisamente en la antesala de Kioto.

Ya en 1991, la Asociación Western Fuels unió fuerzas con la Asociación Nacional del Carbón en el engañoso Consejo de Información sobre el Medio Ambiente (ICE), uno de tantos grupúsculos urdidos para crear cofusión en la opinión pública, con mensajes de este calibre: “Algunos dicen que el planeta se está calentando; otros decían que la tierra era plana”.

Otra sospechosa entidad fantasma, la Greening Earth Society, difundió tiempo después un vídeo “educacional” en YouTube, cantando las excelencias de las emisiones y vaticinado que el CO2 contribuirá a un mundo más fértil y feliz.

Todo esto lo cuenta James Hoggan, un experto en relaciones públicas que decidió crear el blog para denunciar las manipulaciones “orwellianas” de la industria de los combustibles fósiles, a imagen y semejanza de las que utilizó la industria del tabaco para escurrir el bulto. Hoggan ha resumido todas sus pesquisas en un libro, “Climate Cover-Up”, cuya lectura arroja cierta luz sobre lo que está ocurriendo ahora.

Revela Hoggan cómo la industria ha recurrido sin escrúpulos a la práctica conocida como “astroturfing”, “para robar la credibilidad al público”. El intento más notorio fue en 1993, cuando se propuso la creación de la así llamada Coalición para el Avance de la Ciencia con Fundamento (TASSC), cuya misión era “crear una fuente creíble para los periodistas que cuestionen la validez de los estudios científicos”.

Hoggan denuncia la existencia de una red de “expertos” –como Fred Singer, Stephen Milloy o Frank Luntz- conectados con los “think tanks” conservadores como el Competitive Enterprise Institute, el Cato Institute o el Heartland Institute y consagrados a alimentar las filas del “escepticismo”. Públicos y notorios han sido también durante estos años los esfuerzos millonarios de ExxonMobil, hasta el punto que la Royal Society británica tuvo que hacer público un llamamiento: “¡Dejen de financiar a los negacionistas del clima!”.

Lejos de bajar la guardia, el lobby del petróleo y del carbón ha multiplicado sus esfuerzos en la antesala de Copenhague. El pasado mes de agosto, Greenpeace reveló una nueva estrategia, usada por el American Petroleum Institute y que coincidió nada casualmente con la “isurrección popular” contra la reforma sanitaria. Se trataba de reclutar a empleados, jubilados y personas afines a la industria como “Energy Citizens”. Se les embarcaba en autobuses, se organizaba masivos actos públicos y se hacía creer a los medios que existe un movimiento “energético” de ciudadanos en contra de cualquier intento de regular las emisiones de CO2.

Ahora salta la noticia de los emails “pirateados”, en la que ha faltado no sólo el contexto sino otro ingrediente aún más fundamental en cualquier información:

¿Quiénes son los “piratas”? ¿Fueron los servicios secretos rusos ? ¿Cuál era su objetivo? ¿Revelar toda la verdad sobre el cambio climático o contribuir aún más a la confusión? ¿Actuaron por cuenta propia o lo hicieron por encargo?

Se buscan respuestas.

Carlos Fresneda, Nueva York
Pubicado en blog Crónicas desde EE.UU, el 10.12.09

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DE SEATTLE A COPENHAGUE

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Hace ya diez años de la famosa “batalla” de Seattle, pero nadie parece acordarse. Allí estuvimos, con los ojos irritados por los gases lacrimógenos y algún que otro rasguño por la lluvia de cristales rotos....


Manifestación contra la celebración de la Cumbre de la Organización Mundial de Comercio en Seattle.(Archivo)

Abandonamos a tiemo el “bunker” de la Organización Mundial de Comercio. Contamos desde la calle el asedio al Palacio de Convenciones. Hubo 600 detenidos y decenas de heridos. El presidente Clinton declaró el estado de emergencia y más de mil “robocops” implantaron el estado policial entre las barricadas humeantes y los amasijos de escombros.

Diciembre del 99 fue una tardía secuela de mayo del 68. En Seattle brotó la chispa del movimiento “antiglobalización”, que dio mucho que hablar hasta que cayó el mazazo del 11-S, y nunca más se habló.

Pero las brasas han seguido ardiendo. El cambio climático se ha convertido ahora en el nuevo aglutinante del activismo social y ecológico, y Copenhague despunta en el horizonte como la secuela necesaria de Seattle. Aunque está por ver si las calles de la capital danesa echarán humo o si todo quedará en un rosario de pacíficas vigilias y manifestaciones en bicicleta,

Dos policías pasan junto a carteles de Greenpeace que reclaman resultados palpables en la Cumbre de Copenhague.| Efe

“Si te perdiste Seattle, no puedes perderte Copenhague”, advierte Tadzio Muller, de Climate Justice Action , una de las redes que aspira a dar la campanada en la capital danesa, donde las hordas británicas (Climate Camp , 10:10) librarán un pulso callejero con Greenpeace ., con la WWF y con el nuevo activismo norteamericano (350 , Tck Tck Tck ).

La Campaña Global del Clima y “Hopenhaguen” aspiran a darle el definitivo empaque mundial a las acciones que arrancan este fin de semana y que tendrá su primer clímax el lunes, cuando la premio Nobel Wangari Maathai entregue al premio Nobel Barack Obama y demás dirigentes los 10 millones de firmas en el nombre de la “justicia climática”.

A Obama no le esperarán con tulipanes en Copenhague. El presidente norteamericano está ya inmortalizado en una valla publicitaria, canoso y envejecido, mirando hacia atrás desde el 2020 y pidiendo perdón por la oportunidad perdida: “Lo siento: pudimos haber parado el cambio climático, pero no lo hicimos”.

La policía está avisada esta vez, pero siempre cabe la posibilidad de que los anarquistas “verdes” den la patada y se monte en la de Cochabamba en Copenhague. Al fin y cabo, como recuerda el anarquista John Zerzan en una entrevista que publicará El Mundo este sábado, nadie se acordaría a estas alturas de Seattle si no fuera por los escaparates rotos.

Naomi Klein, una de las heroínas de Seattle, estará por cierto el 12 de diciembre en Copenhague, escenificando la “inundación” del cambio climático. Desde San Francisco, el veterano Jerry Mander, del Fondo Internacional sobre la Globalización ha agitado también estos días el “espíritu de Seattle”: “Recordemos aquella victoria popular que hizo historia y preparémonos para el cambio que viene”.

Carlos Fresneda, Nueva York
Publicado en blog Crónicas desde EE.UU de El Mundo

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