5 de abril de 2013

Otra historia del Bronx

            Foto: Isaac Hernández

Abu Talib fue taxista en Nueva York cuando los taxis no se atrevían siquiera a subir al Bronx, territorio Apache. Los tiempos cambian, y aquí le vemos con su mandil, reconvertido en granjero a la sombra del estadio de los Yankees, en este peculiar oasis urbano bautizado como Taqwa Community Farm: un jirón insospechado de verde entre bloques de ladrillo descolorido...
    
"Esto fue como volver a mis orígenes, en 1934, cuando nací en Carolina del Sur. Entonces había aún muchas granjas en las ciudades, y nos despertábamos con el canto del gallo, y los pollos correteaban por las calles. Depués llegaron los coches y todo lo aplastaron. Yo también di el salto a la jungla asfalto, y he trabajado en todos los oficios imaginables en Nueva York. Pero por fin he encontrado un propósito. Esta no es mi pasión, es mi "misión" en la vida".
     
"Imagina que no existe el hambre"... Lo lleva escrito Abu Talib en su camiseta negra, con la estampa de John Lennon. Y ésa es la "misión" a la que se entrega con devoción religiosa: traer verdura y fruta fresca (que tampoco falten los huevos) a estas barriadas pobres invadidas por el "fast food".
     
"Los chavales son los que más sufren esas carencias", recalca Abu. "Por eso trabajo especialmente con ellos. Vienen y me ayudan a mantener el jardín. Aprenden a cultivar y los fines de semana vendemos el sobrante, en el mercado de jóvenes granjeros. Hasta 500 personas comen de lo sacamos de aquí. Imagina una huerta como ésta a la vuelta de cada esquina".
    
Suda lo suyo Abu Talib bajo el sol neoyorquino, ultimando ya la siembra. No hay tiempo que perder y de aquí a mes y medio brotará la cosecha, incluidas las lechugas criadas por acuaponía y con la ayuda de un motor impulsado por placas fotovoltaicas para mantener el flujo constante. Las coles, las berenjenas, los tomates y los pimientos jalapeños darán la colorista bienvenida al visitante. Pero la auténtica especialidad de la casa son las fresas, los arándanos, las uvas y los árboles frutales: cerezos, manzanos, melocotoneros...
    
En el ángulo más remoto de la huerta están las colmenas: "Dejemos tranquilas a las abejas que no hacen daño a nadie; ellas se limitan a hacer miel y a proteger a la reina". Y finalmente, el cacareo incesante de sus queridas gallinas, que en opinión de su cuidador tienen un solo defecto: "Cagan mucho y en cuanto te descuidas...".
    
El gallinero anda hoy alborotado. Abu Talib entra sigilosamente y se lleva cuatro huevos de rigor. Vuelve luego, con la intención de coger en brazos a una gallina, pero todas huyen, espantadas por la presencia invasiva de la cámara. Presenciamos hasta a un amago de pelea entre ellas. Abu no tolera la falta de "disciplina".
"En cuanto alguna se pasa de la raya me la llevo allá fuera, a la jaula de castigo, que puedo desplazar fácilmente de un lado a otro de la huerta. Las dejó ahí solas y en pocas horas me abonan un pequeño lote. Las gallinas "malas" se redimen así de la mejor forma posible: fertilizando la tierra de un modo totalmente natural".
     
Abu Talib composta la basura orgánica y rara vez le da las mondas a las gallinas, prefiere alimentarlas con grano. Pero reconoce la capacidad de las aves para "reciclar" las sobras, y su habilidad para atraer y "educar" a su manera a los niños. Aunque nada se puede comparar, en su opinión, con el placer de cocinar y degustar los huevos del día.
   
"Quien controla tu cesta de la cocina controla tu destino", advierte Abu, miembro ilustre de Just Food, puntal de la agricultura urbana a la vera de los rascacielos. "Nada hay mejor para el bolsillo y para la salud que cultivar tus propios alimentos. Mucha gente se está dando cuenta y por eso las ciudades como Nueva York están cambiando desde dentro".

Carlos Fresneda

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