18 de junio de 2011

El padre de la biodiversidad



Foto: Isaac Hernández

Edward O. Wilson, alumno aventajado de Charles Darwin, acaba de vislumbrar el otro futuro posible junto a las Islas Galápagos... “Estuve hace poco en Ecuador, uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Los derechos de la naturaleza están protegidos allí desde el 2008 por la Constitución, y ahora están buscando la fórmula para progresar económicamente preservando a toda costa el medio ambiente ¿Por qué no construir el futuro alrededor de esa riqueza?”

¿Y si otros países dieran el mismo paso? ¿Y si lográramos frenar el avance implacable de la marabunta humana y proteger al menos la mitad del planeta? ¿Y si “salvar la naturaleza” se convirtiera en el imperativo moral del siglo XXI?

Edward O. Wilson, el mayor especialista en el belicoso mundo de las hormigas, ejerce también de entomólogo de la especie humana. Desde su mirador en el Museo de Zoología Natural de Harvard y en incontables viajes de campo, el “padre” de la biodiversidad y de la sociobiología ha explorado como ningún otro las profundas conexiones entre la naturaleza del “homo sapiens” y nuestro comportamiento como especie...
    
“Y aunque no tengo demasiadas esperanzas en que nuestra naturaleza destructiva cambie, sí confío sin embargo en el poder de nuestra inteligencia”. Sostiene Wilson que la sexta extinción, provocada en gran medida por el hombre, está ya en marcha y es irreversible. El cambio climático, advierte, está acelerando peligrosamente la destrucción de los habitats. Aunque lo que sí podemos hacer es “ralentizar su marcha” y evitar que de aquí a finales de siglo puedan desaparecer la mitad de las especies del planeta.
      
“Vivimos en el paraíso absoluto y no nos damos cuenta”, asegura Wilson, fanático de “Avatar”, que acaba de contribuir al género de la ficción “ecológica” con “Anthill” (su libro número 25). “Las obras de ensayo te dan prestigio y algún que otro premio”, admite, “pero a la hora de la verdad la gente quiere ver o leer historias, y eso es lo que hecho. He vuelto a ser el niño fascinado por la naturaleza y por las hormigas en el sur de Estados Unidos, luchando esta vez contra los molinos de viento de la especulación salvaje que quiere talar su bosque”.
       
Con dos Pulitzer en sus espigadas espaldas (por “Las hormigas” y “Sobre la naturaleza humana”), Wilson anda tramando ahora el libro “total”, con el que cerrará la trilogía de la unidad del conocimiento... “En el siglo XX desmontamos el mundo como si fuera una reloj. En el siglo XXI nos toca integrar todas las piezas para que cobren finalmente sentido”.
       
Estamos empezando a entender que los ecosistemas son mucho más que la simple suma de sus partes”, asevera el gran “polinizador” de las ciencias. “Vivimos en sistemas tremendamente complejos, fruto de millones de años de evolución. El “homo sapiens” ha irrumpido en escena hace muy poco, y su afán por saberlo todo sólo es comparable a su capacidad para destruirlo... Pero aún somos unos ignorantes. Sabemos poco, muy poco, del mundo insectos. Y desconocemos casi todo sobre la vida de los microorganismos”.
       
Todo esto lo dice Wilson, el “naturalista” por excelencia, con la experiencia de haber catalogado más de 450 especies de hormigas. Cerca de su despacho está precisamente la mayor colección del planeta, con más de 5.000 representantes de otras tantas especies de ese micromundo que le apasiona y le inquieta: “La hormigas son maravillosas, pero es difícil llegar a amarlas. Si nos comportáramos como ellas, seríamos perfectos esclavos dentro de las colonias y estaríamos permanentemente en guerra”.
       
Como Navokov con sus mariposas, Wilson ha trascendido a sus hormigas y ha entrado a sus 82 años en el pabellón de los humanistas inmortales. Se distingue, eso sí, por su proverbial optimismo y por esa sonrisa sabia, antídoto contra el fatalismo al uso: “Si aprendemos las lecciones, podemos lograr que el siglo XXII sea el paraíso en la Tierra”.


Carlos Fresneda, Nueva York
Publicado en el blog Ecohéroes de El Mundo.es

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