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'Huerting' a la carta

Josep Tamarit junto a Pedro Amigo en 'Bicihuertos'. | C. F.
Josep Tamarit junto a Pedro Amigo en 'Bicihuertos'. C. F.


Al oreo de la huerta valenciana ha echado raíces '2T-Huerting'
Se trata de un proyecto de Josep Tamarit que impulsa todo tipo de huertos

Al oreo de la huerta valenciana, en esa fértil confluencia entre lo agrícola y lo urbano, ha echado sus raíces 2T-Huerting. La idea surgió directamente de un "catálogo de soluciones antricrisis" elaborado por Josep Tamarit, diez años trabajando en el campo de la arquitectura del paisaje, y algunos menos estrellándose contra la "nueva realidad económica"

"Habíamos llegado un punto en que lo superficial y lo ostentoso se había apoderado de los espacios públicos. La banalidad lo había inundado todo y lo había hecho sin responder a las necesidades reales, sin planes de futuro, sin pensar en los costes y en el mantenimiento. No podíamos seguir haciendo las cosas así, y en ese sentido la crisis ha sido una bendición".

La crisis ha despertado la vena más creativa y "revolucionaria" de este arquitecto paisajista de 35 años, natural de Albuixech. Desde su cálido terruño, bañado por el Mediterráneo, ha oteado eso que él mismo llama "la revolución de la lechuga" y que ha decidido impulsar con grandes dosis de idealismo práctico.

Huertos de ocio públicos y privados. Huertos comunitarios. Huertos corporativos. Huertos escolares. Huertos terapéuticos. Huertos de integración social. Camas de cultivo en las azoteas. Mesas de cultivo en los balcones. Alcorques comestibles en las calles.

Menú
El menú de 2T-Huerting, algo más que una consultoría de agricultura urbana, es tan ancho como el horizonte. Y la "visión" de Josep Tamarit ha empezado a tomar cuerpo. En Torrent ha contribuido a uno de los primeros proyectos de 'Huertos Compartidos' ("tú cultiva y yo te dejo el terreno"). En Rocafort acaba de concluir un huerto de ocio y autoconsumo que pretende convertir el cultivo en algo "accesible, atractivo y funcional". En Córdoba se ha involucrado en el ambicioso proyecto social de 'Te Pongo un Huerto'

"Las razones económicas son muy poderosas, pero creo que lo que está ocurriendo en las ciudades es un auténtico cambio de conciencia", asegura Tamarit. "Pienso que asistimos a una auténtica revolución del verde urbano. La jardinería ha muerto. Lo caro y lo ornamental ya no nos sirve. Los parques en la ciudades se transformarán hacia lo agrícola o lo forestal".

"La agricultura urbana, bien interpretada, será la alternativa a la agricultura convencional y acabará siendo fundamental para garantizar la seguridad alimentaria en nuestras urbes", asegura el arquitecto valenciano. «Desde su humildad, lo agrícola puede transformar de paso la cultura urbana y cambiar radicalmente nuestra forma de vivir y relacionarnos».

Josep Tamarit concibe precisamente los "espacios huerto" como herramienta de cambio cultural: "El hecho de cultivar y tener un contacto directo con la tierra nos transforma como individuos. Y sirve también para crear comunidades y contribuir de algún modo a una sociedad mejor".

La huerta valenciana
Tamarit nos lleva a tomarle la medida a lo que se cuece en la huerta valenciana con una fugaz visita a 'Sociópolis', con más de 300 huertos urbanos extendiéndose a la pies de las torres residenciales. Allí nos encontramos con María José Palacios (madre e hija), azadón en mano, trazando surcos en su terrenito de 100 metros cuadrados donde cultivan zanahorias, patatas, lechugas, tomates y hasta melones. El calor pega fuerte y las dos reconocen: "Nada se puede comparar al sabor de lo que cultivas con tus propias manos. Aunque esto es más duro de lo que parece".


María José Palacios (madre e hija) en 'Sociópolis'. | C. F.
María José Palacios (madre e hija) en 'Sociópolis'. C. F.


Pedaleando desde Valencia por la antigua Vía Churra, se llega hasta los 'bicihuertos' de Meliana, donde la norma es la agricultura ecológica y las emisiones cero (siempre que se pueda). Manuel Martín, 59 años, suele llegar en bici pero hoy se ha venido con el coche para cargar con la cosecha: de los calabacines gigantes a las alcachofas, pasando por las acelgas, las espinacas, los rábanos y las fresas.

"Con lo que me da el huerto no necesito comprar verdura durante seis meses", admite Manuel, que reconoce que el cultivo para el autoconsumo es tal vez lo más revolucionario que se puede hacer hoy en día. "Para mí ha sido como un doble reencuentro: con la lucha social y con las labores del campo".

Pedro Amigo, cofundador de los 'Bicihuertos', admite que las peticiones han superado sus mejores previsiones. Empezaron alquilando parcelas de 50 metros cuadrados, pero los terrenos se les han quedado pequeños en poco más de un año. Sin salir del carril-bici podemos comprobar cómo se extiende prodigiosamente el manto de la huerta, con su sucesión de alquerías, acequias, ermitas y casetas. Comprobamos también los estragos del hormigón durante la fiebre del ladrillo, y esa 'tierra de nadie' en la que han ido surgiendo chamizos y construcciones dudosas.

"La huerta, si la descuidas, puede tender a la precariedad y a la marginación", advierte Josep Tamarit. "Por eso hay que pensar en los espacios-huerto como en infraestructuras socio-agronómicas, en espacios públicos plenos con un potencial tremendo".

Expansión
El creador de 2T-Huerting trabaja ya mano a mano con varios ayuntamientos de la comunidad valenciana y de Andalucía para avanzar hacia esa visión de parques comestibles y avenidas agrícolas. Entre tanto, trabaja también con organizaciones sin ánimo de lucro como Cocemfe y Bona Gent, para facilitar agricultura "accesible" a los discapacitados, o con World Vision, para el desarrollo de huertos familiares en Bolivia.

Sus raíces las tiene sin embargo bien presentes: Almássera, Benimaclet, Alboraya, Burjassot, Alaquás. "La huerta valenciana se tiene que sostener. En la orla urbana tenemos este auténtico vergel comestible, y la crisis ha creado precisamente esta oportunidad para valorar y dar forma a lo que tenemos. Si la Administración no lo entiende, la Ciudad Huerto seguirá su curso, y será la propia gente quien empiece a hacerla realidad con sus normas y sus leyes".

Carlos Fresneda / Londres
Publicado en Ideas ante la Crisis de El Mundo.es

Otra historia del Bronx

            Foto: Isaac Hernández

Abu Talib fue taxista en Nueva York cuando los taxis no se atrevían siquiera a subir al Bronx, territorio Apache. Los tiempos cambian, y aquí le vemos con su mandil, reconvertido en granjero a la sombra del estadio de los Yankees, en este peculiar oasis urbano bautizado como Taqwa Community Farm: un jirón insospechado de verde entre bloques de ladrillo descolorido...
    
"Esto fue como volver a mis orígenes, en 1934, cuando nací en Carolina del Sur. Entonces había aún muchas granjas en las ciudades, y nos despertábamos con el canto del gallo, y los pollos correteaban por las calles. Depués llegaron los coches y todo lo aplastaron. Yo también di el salto a la jungla asfalto, y he trabajado en todos los oficios imaginables en Nueva York. Pero por fin he encontrado un propósito. Esta no es mi pasión, es mi "misión" en la vida".
     
"Imagina que no existe el hambre"... Lo lleva escrito Abu Talib en su camiseta negra, con la estampa de John Lennon. Y ésa es la "misión" a la que se entrega con devoción religiosa: traer verdura y fruta fresca (que tampoco falten los huevos) a estas barriadas pobres invadidas por el "fast food".
     
"Los chavales son los que más sufren esas carencias", recalca Abu. "Por eso trabajo especialmente con ellos. Vienen y me ayudan a mantener el jardín. Aprenden a cultivar y los fines de semana vendemos el sobrante, en el mercado de jóvenes granjeros. Hasta 500 personas comen de lo sacamos de aquí. Imagina una huerta como ésta a la vuelta de cada esquina".
    
Suda lo suyo Abu Talib bajo el sol neoyorquino, ultimando ya la siembra. No hay tiempo que perder y de aquí a mes y medio brotará la cosecha, incluidas las lechugas criadas por acuaponía y con la ayuda de un motor impulsado por placas fotovoltaicas para mantener el flujo constante. Las coles, las berenjenas, los tomates y los pimientos jalapeños darán la colorista bienvenida al visitante. Pero la auténtica especialidad de la casa son las fresas, los arándanos, las uvas y los árboles frutales: cerezos, manzanos, melocotoneros...
    
En el ángulo más remoto de la huerta están las colmenas: "Dejemos tranquilas a las abejas que no hacen daño a nadie; ellas se limitan a hacer miel y a proteger a la reina". Y finalmente, el cacareo incesante de sus queridas gallinas, que en opinión de su cuidador tienen un solo defecto: "Cagan mucho y en cuanto te descuidas...".
    
El gallinero anda hoy alborotado. Abu Talib entra sigilosamente y se lleva cuatro huevos de rigor. Vuelve luego, con la intención de coger en brazos a una gallina, pero todas huyen, espantadas por la presencia invasiva de la cámara. Presenciamos hasta a un amago de pelea entre ellas. Abu no tolera la falta de "disciplina".
"En cuanto alguna se pasa de la raya me la llevo allá fuera, a la jaula de castigo, que puedo desplazar fácilmente de un lado a otro de la huerta. Las dejó ahí solas y en pocas horas me abonan un pequeño lote. Las gallinas "malas" se redimen así de la mejor forma posible: fertilizando la tierra de un modo totalmente natural".
     
Abu Talib composta la basura orgánica y rara vez le da las mondas a las gallinas, prefiere alimentarlas con grano. Pero reconoce la capacidad de las aves para "reciclar" las sobras, y su habilidad para atraer y "educar" a su manera a los niños. Aunque nada se puede comparar, en su opinión, con el placer de cocinar y degustar los huevos del día.
   
"Quien controla tu cesta de la cocina controla tu destino", advierte Abu, miembro ilustre de Just Food, puntal de la agricultura urbana a la vera de los rascacielos. "Nada hay mejor para el bolsillo y para la salud que cultivar tus propios alimentos. Mucha gente se está dando cuenta y por eso las ciudades como Nueva York están cambiando desde dentro".

Carlos Fresneda

La 'revolución' de la lechuga


Donna Smith y Robyn Streeter, de Your Backyard Farmer, cultivando el huerto de un cliente. | Isaac HernándezDonna Smith y Robyn Streeter, de Your Backyard Farmer, cultivando el huerto de un cliente. | Isaac Hernández
  • Roiatti señala los huertos urbanos como una expresión contestaria ciudadana
  • En España, ya existen multitud de cooperativas 'granjeras'
  • En Portland, dos hortelanas ofrecen sus servicios a domicilio
En tiempos de crisis, brotan por doquier los huertos urbanos. Ocurrió en Gran Bretaña y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, con la explosión de los 'victory gardens'. Ocurrió en Cuba tras el colapso de la Unión Soviética, cuando en el nombre de la autosuficiencia surgieron los 'huertos populares'. Está ocurriendo ahora, en todas las grandes ciudades del mundo industrializado, donde miles de ciudadanos han decidido tomar el azadón y meter las manos en la tierra.
"Cultivar un huerto se ha convertido hoy por hoy en una respuesta necesaria y creativa en estos tiempos que corren", sostiene la italiana Franca Roiatti, que dio la vuelta al mundo para tomarle la medida a lo que ella misma ha bautizado como 'La rivoluzione della lattuga' ('La revolución de la lechuga').

"Cultivar tus propios alimentos es también un gesto revolucionario, ante el poder de las multinacionales, de la agricultura industrial y de las grandes cadenas de distribución", advierte Roiatti. "Es una manera de 'votar' con el tenedor y apostar por otro modelo social y económico. Y es al mismo tiempo una manera de reconectar con la tierra y de valorar lo que cuesta realmente hacer crecer algo tan básico como una lechuga".

Respuesta ciudadana

De Nueva York a La Habana, de Detroit a Nairobi, de Acilia a Todmorden, Franca Roiatti da cuenta de esta 'revolución' que se ha ido gestando en las dos últimas décadas y que ha encontrado un nuevo sentido con la crisis: "Los huertos urbanos se han convertido en punto de encuentro y cooperación entre los ciudadanos. Son si acaso la expresión más sabrosa y palpable de eso que llamamos la democracia del bien común".

Franca Roiatti. | El MundoFranca Riotti presentó 'La revolución de la lechuga' en la reciente edición de festival Terra Madre de Slow Food. El fundador Carlo Petrini prologa precisamente el libro y habla de la dimensión política de los alimentos en la era de la triple crisis (económica, ambiental y energética).
"Se equivocan quienes minusvaloran el potencial de esta multitud de ciudadanos que, en toda su diversidad, exprimen una riqueza de ideas, de valor y de pragmatismo", escribe Petrini. "Hablamos de los huertos comunitarios en las escuelas, en los pueblos, en la ciudad; de los mercados de granjeros; de las cooperativas de consumidores; de la agricultura biológica de soporte comunitario; de las iniciativas para reducir el despilfarro de alimentos... Estamos ante una movilización creciente que acabará dando sus frutos en los años venideros. No me cabe duda de que estamos ante una nueva forma de hacer política", asegura Riotti.
                                                                                                            Franca Roiatti. | El Mundo

En España, la tierra la llevan labrando desde hace tiempo las cooperativas de consumidores y grupos como Bajo el Asfalto está la Huerta en la periferia de Madrid. La Plataforma de Huertos Sociales de Sevilla o la Red de Huertos Urbanos de Barcelona han tendido también el puente hacia iniciativas más recientes como Huertos Compartidos, que pone en contacto a quienes quieren cultivar sus frutas y verduras y a propietarios dispuestos a ceder un pequeño terreno (normalmente, a cambio de una parte de la cosecha).

Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. | C.F.

                     Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. | C.F.

La idea de los Sharing Backyards surgió hace años en el noroeste de Estados Unidos, con el grupo Seattle Tilth al frente de una auténtica 'revolución' alimenticia y educativa. "Estamos sembrando las semillas de las próximas generaciones", sostiene Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. "Casi todos los estudiantes de Seattle han pasado por nuestra granja-escuela, y muchos de ellos se han puesto ya manos en la tierra, creando sus propios huertos en los puntos más dispares de la ciudad".

Hortelanas a domicilio

En Portland, la ciudad con más gallinas 'per cápita' de Estados Unidos, prendió hace cinco años otra iniciativa que ha encontrado réplica en otras partes del mundo. Donna Smith y Robyn Streeter se ofrecen como hortelanas "a domicilio" con Your Backyard Farmer. Sus clientes superan ya el medio centenar.
"Mucha gente está deseando cambiar el césped de su jardín por un huerto comestible"
"Mucha gente está deseando cambiar el césped de su jardín por un huerto comestible, pero no se atreven a dar el primer paso porque les falta las nociones básicas", advierte Donna. "Nosotras les ofrecemos cear y cuidar su propio huerto. La tierra, las semillas, el riego, la cosecha... Todo corre por nuestra cuenta, aunque muchos aprenden sobre la marcha e involucran a sus hijos, y van creando conciencia en el vecindario".

En Vancouver, Alisa Smith y J. B. MacKinnon han popularizado la 'dieta de las 100 millas' y han impulsado la Declaración de Alimentos de la ciudad. En Nueva York proliferan los tejados-granja como Eagle Farm y Brooklyn Grange, y en Londres se propagan las Growing Communities (Comunidades de Cultivo) y los grupos de Incredible Edible (Increíbles Comestibles) que proporcionan cosechas gratis para todo el vecindario.

"La soberanía alimentaria se está convirtiendo en una reivindicación fundamental en estos tiempos de crisis", concluye Franca Roiatti, la autora de 'La revolución de la lechuga'. "El sistema actual no puede sostenerse por mucho más tiempo. Los ciudadanos han dejado de tragar con lo que les echen y han decidido fijar ellos mismos las reglas del juego".

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres
Publicado en El Mundo.es Economía (Ideas ante la crisis)

¡Increíbles y comestibles!


Estelle Brown (izda.) y Mary Clear, en un huerto de Incredible Edible. | Foto: C.F.Estelle Brown (izda.) y Mary Clear, en un huerto de Incredible Edible. | Foto: C.F.
  • Se plantan a discreción verduras, hierbas y frutales en 70 espacios públicos
  • Todo el pueblo puede servirse gratis cuando llega la hora de la cosecha
A veinte minutos de Manchester, en un frondoso y abigarrado valle, se está cociendo una sabrosa revolución que responde al audaz nombre de Increíbles y Comestibles. La idea es así de simple: se plantan a discreción verduras, hierbas y árboles frutales en 70 espacios públicos. Se mantienen gracias a la labor de 280 voluntarios que le dedican dos mañanas al mes a la faena. Y todo el pueblo puede servirse gratis y a placer cuando llega la hora de la cosecha.

El pueblo en cuestión se llama Todmorden, tiene apenas 15.000 almas y se ha convertido en el epicentro de un movimiento –Incredible Edible- que se está propagando por el Reino Unido a la velocidad de las esporas, bendecido en persona por el príncipe Carlos y replicado ya al otro lado del estrecho de Calais.
"El secreto está en que somos el movimiento más inclusivo del mundo"
"El secreto está en que somos el movimiento más inclusivo del mundo", asegura Mary Clear, una de las fundadoras. "Nuestro lema es así de simple: 'Si comes, estás dentro'. Aquí no discriminamos a nadie por sus diferencias alimenticias, ni se nos va el tiempo echando sermones. La diferencia se marca pasando a la acción. En eso estamos".

Tan persuasivos son los argumentos de Increíbles y Comestibles que tienen incluso a la policía cultivando maíz dulce y cebollas japonesas para todo el pueblo. Junto al hospital han plantado una "apoteca" de plantas medicinales. A las puertas del teatro local crecen las tomateras. Y junto a la iglesia unitaria, en la colina más alta del pueblo, se prodigan las coles y las acelgas.

[foto de la noticia]

Mary Clear ha subido hasta aquí para arrancar unas cuantas hojas para la cena. El vergel que ella misma ha plantado en el esquinazo de su casa, en la calle Cockpit, se lo cede generosamente a sus vecinos y a todo el que venga de visita: espinacas, brécoles, berros, guisantes, judías...
Nada más bajar de la estación de tren, los reclamos de Incredible Edible nos persiguen como una suculenta tentación, comparable sólo a la experiencia de ir arrancando manzanas y peras de los 800 árboles frutales, o a la de saborear lo mejor de la cosecha cocinada en The Bear, la cooperativa, café, restaurante y punto de encuentro local.
"Cuando empezamos, en 2007, hubo gente que veía todo esto como una excentricidad o un capricho"
Allí conocemos a Estelle Brown, anfitriona de excepción, que nos regala el primer paseo 'comestible' por el canal de Rochdale, con parada obligada ante los cerezos y el jardín de hierbas que ha plantado Mario, el dueño del garaje aledaño. "Cuando empezamos, en 2007, hubo gente que veía todo esto como una excentricidad o un capricho", admite Estelle. "Ahora, con la crisis, se empieza a ver casi como una necesidad: hay que estar preparados para los malos tiempos".

Crear jardines "artificialmente"

Recuerda también Estelle cómo al principio todo eran dudas sobre dónde plantar y a quién pedir permiso. "Con el tiempo nos dimos cuenta de que lo mejor era sembrar directamente y crear jardines 'accidentales'. Ni siquiera le llamamos a esto gerrillas 'verdes'. Lo que hacemos no tiene nada de 'bélico' ni de provocador, yo más bien diría que estamos haciendo una revolución gentil desde lo local. Y lo bueno es que los 'poderes' nos ven con buenos ojos, porque algo está cambiando profundamente en el pueblo".

[foto de la noticia]

El Ayuntamiento ha cedido el solar del viejo hospital, junto al río, donde han echado ya raíces los primeros árboles del futuro gran jardín comestible, con la ayuda de los trabajadores de VolkerStevin y de Considerate Constructors (Constructores Considerados). Todo parece tener un nombre sugerente en Todmorden, empezando por el pueblo, al que sus habitantes llaman cariñosamente 'Tod'.
En el aparcamiento del nuevo hospital, sobre varias camas de cultivo, crece el herbolario local, cuidado primorosamente por la 'boticaria' Helena Cook. Equinácea para fortalecer las defensas, achicoria para el aparato digestivo, romero para las enfermedades respiratorias, caléndula para las curar las infecciones.
Las ocho escuelas del pueblo se han hecho también "increíbles y comestibles", y en una de ellas se está habilitando una granja piscícola, donde también se cultivará por hidroponía. Entre tanto, el programa Every Egg Matters está llenando Todmorden de gallinas, con el objetivo de llegar en el 2018 a una producción de 30.000 nuevos semanales, suficientes para todo el pueblo.
"No vamos a conseguir la autosufiencia alimentaria, pero al menos estamos trazando el camino"
"Seamos realistas: no vamos a conseguir la autosufiencia alimentaria, pero al menos estamos trazando el camino", reconoce Mary Clear, la 'agitadora' del grupo, con todo el saber acumulado de sus años de trabajadora comunitaria y con el "sentido común" aplicado al arte del cultivo. "Nuestros huertos son pura 'propaganda verde', aunque el efecto que han tenido en estos años ha sido tremendo", asegura la enérgica Mary. "El consumo de productos locales ha aumentado tremendamente, los comercios que al principio nos miraban con recelo ahora quieren ser increíbles y comestibles".

Mientras toda Gran Bretaña se prepara para el atracón del jubileo, Todmorden, el pueblo que llegó a ser el centro textil del West Yorkshire, se viste estos días de gala para consagrar la primavera en el primer Desfile de la Polinización. Aunque la gran celebración del año llegará en octubre, en la Fiesta de la Cosecha a la que contribuye todo el pueblo, con todas las viandas locales servidas directamente del huerto al plato. ¡Que aproveche!

Carlos Fresneda (Enviado especial) | Todmorden (Reino Unido)
Publicado en Ideas para la crisis en El Mundo.es

De las finanzas a las lechugas



Nadie diría a simple vista que Ena McPherson ha consumido la mitad de sus 61 años contando billetes y gestionando fondos de inversión... "Y sin embargo esa fue gran parte de mi vida, trabajando para el sector financiero. Hubo un tiempo en que se supone que los bancos estaban ahí para ayudar a prosperar a la gente con sus ahorros y con sus negocios. Ahora ya vemos cómo nos han llevado a la ruina colectiva"...

Ena McPherson, nacida en Jamaica y curtida en Estados Unidos, se consideraba hasta hace poco "una inmigrante con suerte". "Mis raíces están en Kingston, pero este país me ha dado grandes oportunidades, no lo puedo negar", asegura Ena, con su sombrero de ganjera, sus gafas de sol y la sonrisa caribeña siempre a flor de piel. "Me llegó el momento de la jubilación anticipada y pensé: ¿Qué es lo mejor que puedo hacer para ayudar a mi comunidad?".
 Atrás quedaron las finanzas, por delante tenemos un vergel de lechugas en casi todas sus variedades: romanas, iceberg, de hoja rizada, de hoja de roble... Con el azadón en mano, al frente de un tropel de voluntarios, Ena McPherson se ha convertido en una de las activistas verdes por excelencia en Brooklyn, al frente de tres huertos comunitarios: "Digamos que he vuelto a la tierra para limpiar mi historial".
Ena no tuvo siquiera que aprender el oficio, le bastó con mirar hacia atrás y recordar el tiempo pasado en le huerto de su abuelo en Jamaica, conocido por sus vecinos como Tranquility Farm. La Granja de la Tanquilidad ha resucitado ahora en un solar abandonado de Brooklyn, desde donde la hortelana y ex banquera otea los brotes verdes que le están saliendo al asfalto...
"Nuestro barrio es lo que aquí se llama un "desierto de alimentos. Mira a tu alrededor: no hay manera de comprar productos frescos, todo es "comida basura", ultraprocesada o enlatada... Lo que sí tenemos en Bedfrod-Stuyvesant son solares vacíos, que pueden convertirse fácilmente en huertas con la ayuda de un rastrillo y un azadón".
Con las botas puestas -como Michelle Obama en el huerto de la Casa Blanca- Ena va sacando piedras y malas hierbas y preparando las camas de cultivo de Tranquility Farm... "En la ciudad tenemos un problema: los suelos pueden estar contaminados, sobre todo con plomo y metales si antes había una construcción. Por eso conviene "crear" suelo fértil con compost, y cultivar en lechos, y a falta de irrigación, estar lo más cerca posible de una boca de riego".
Gracias a la ayuda impagable de Green Guerrillas y Just Food, dos de los grupos que más han hecho por impulsar la agricultura urbana en Nueva York, los tres oasis comestibles de Ena siguen creciendo, cuidados por un equipo cada vez más nutrido de niños que nunca han visto una berenjena ni han saboreado las hojas de brocoli en su vida: "Para muchos de ellos, el campo es como si fuera otro planeta... Es aquí donde hacen la conexión y descubren por fin de dónde vienen los alimentos ".
 La última pasión de Ena McPherson son las gallinas... "Aún recuerdo cómo corría detrás de ellas en la granja de mi abuelo y quiero que los niños de Brooklyn experimenten la misma sensación. Para los chavales es casi un milagro eso de entrar en el gallinero con la cesta y recoger los huevos frescos, que esa misma tarde acabarán en la sartén".
Con las tres huertas en activo, y Bob Marley poniendo la música de fondo, Ena McPherson espera sacarle el máximo provecho al proyecto de CSA (Agricultura de Soporte Comunitario) que ha echado raíces en el barrio: "Para mí, la vuelta a la tierra ha sido como cerrar el círculo de mi vida. Aunque los fantasmas de la especulación, que es parte de mi pasada vida, siempre acechan. No podemos olvidar que estos terrenos que ahora cultivamos son "urbanizables" y que cualquier día podría venir la piqueta a llevarse por delante la Granja de la Tanquilidad".
Carlos Fresneda

Rebelión en el jardín















Fotos: C.F.
En rigurosa competencia con el té y el cricket, pocas cosas hay tan esencialmente británicas como el "gardening". Por eso no es de extrañar que las entradas al celebérrimo Chelsea Flower Show se agotaran hace meses, o que en la reventa te pidan 300 euros para ver y tocar la pirámide verde de Diarmuid Gavin, el jardín japonés de Kazuyuki Ishihara, las esculturas vegetales de Cleve West o el festival de orquídeas y verbasco de Joe Swift...
Hay mucha pasión, es cierto, pero también mucho pijerío y mucho elitismo en estos jardines anti-alergias que parecen diseñados con escalpelo, para que todo esté en su prefecto sitio, incluidas las abejas y las mariquitas.
Contra esta versión pulcra y milimetrada del "gardening" se rebela últimamente una nueva escuela de arquitectos del paisaje, jardineros varios y guerrilleros verdes. El festival Chelsea Fringe pone la ciudad a sus pies, y es apasionante recorrer el laberinto de Londres buscando los brotes que surgen por doquier...













En la City, junto al impresionante mercado de Smithfield, aparece estos días el Jardín de la Desorientación. Deborah Nagan, con su estudio Uncommon, ha diseñado un jardín vertical de menta colgante, entre cajones donados por los carniceros y en un espacio por donde corría la sangre y ahora fluye libremente el ron...
"Lo he llamado así porque la gente se siente un poco perdida, y eso es bueno", confiesa Deborah. "Aquí, cuando mencionas la palabra jardín, la gente piensa en el típica y pulcra versión inglesa, con ese sabor a viejo que todos conocemos... Creo que va siendo hora de "modernizar" lo que entendemos por jardín".
En su Jardín de las Desorientación, entre mojito y mojito, Deborah nos invita a dejar volar nuestra imaginación, o a permitir que se impregnen todos nuestros sentidos... "Me gusta la menta en todas sus variedades porque es una planta fuerte y resistente, que parece que nos esté pidiendo a gritos: huéleme, tócame, mast'icame...".
En este patio amentolado que tiene algo de cubano y andaluz, Jyll Braley exhibe sus retratos de gente con flores, Little Sparta deja sonar su música y la Modern Garden Company pone los asientos rabiosamente modernos. Salimos de allí con la sensación de que a Londres le falta un punto cardinal, algo posiblemente cierto...
Menos mal que el sur existe, y que por allí anda haciendo de las suyas Richard Reynolds, al frente del movimiento Pimp Your Pavement, que está llenando de girasoles hasta la última grieta en el asfalto de Londres. Lo que empezó hace cuatro años en Perronet House, como uno tantos de jardines de guerrilla, se ido extendiendo por toda la geografía urbana por simple polinizaci'on.
Siguiendo el rastro del The Biycicle Beer Garden, un vergel ambulante a pedales y sobre latas de cervezas, hacemos una parada obligada en el Garden Museum. Y alli nos vamos finalmente al barrio de Lambeth, donde ha echado raíces lo último en jardinería comestible, el movimiento Incredible Edible,fundado por un puñado de mujeres iconoclastas en el pueblo de Todmorden y con el lema más inclusivo que imaginarse pueda: "Si comes, estás dentro"
Seguiremos explorando...
Carlos Fresneda / Londres

Will Allen, el poder transformador de los alimentos


Se retiró del baloncesto y creó una granja urbana en Milwaukee que abastece de alimentos sanos allí donde solo había 'fast foods'

Las manos enormes de Will Allen están surcadas por infinitos surcos de tierra. El oficio le viene de familia,aunque su imponente altura –por encima de los dos metros– le llevó a triunfar antes como jugador de baloncesto y a descubrir la importancia de la autosuperación personal y del trabajo en equipo.

Cuando dejó los aros, se pasó, todo hay que decirlo, a la cancha del enemigo: Kentucky Fried Chicken. Después, fue jefe de ventas de la multinacional Procter & Gamble, y pudo muy bien haber ascendido en el escalafón corporativo, con su impactante presencia y sus dotes de comunicador. 


Pero algo le dijo que tenía que volver a sus raíces y redescubrir el poder transformador de los buenos alimentos. Llevar la agricultura a los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades y embarcar en la faena a cientos de adolescentes. “Porque ellos son la auténtica semilla del cambio...”

Cierto que en su infancia el campo, allá en Maryland, le parecía “una labor demasiado fatigosa”. Acabó no solo alejándose de ella, sino renegando contribuyen también a fertilizar la y prometiendo que nunca más metería las manos en la tierra. Hasta que tiempo después, en gira con su equipo de baloncesto, conoció en Bélgica a un grupo de agricultores ecológicos que le hicieron cambiar radicalmente su visión y su propósito.

“Mi misión ahora es que todo el el mundo en la Tierra tenga acceso a buenos alimentos”, asegura Will Allen a sus 62 años, al frente del equipo de más de 30 personas que trabajan en Growing Power, la granja urbana en Milwaukee (Wisconsin) que rescató del abandono y el olvido hasta convertirla en modelo internacional del emergente movimiento de agricultura en los barrios.

“La comida es lo que más une a la gente”, asevera Allen con su poderosa voz. “Y, sin embargo, en barrios marginales como el que estamos, Park Lawn, la gente no tenía la posibilidad de comprar verdura o fruta fresca en un radio de siete kilómetros a la redonda. Todo lo que había eran McDonald’s y establecimientos de fast food, o tiendas con comida ultraprocesada y llena aditivos. Y luego se preguntan por qué la obesidad se ceba de esa manera con los chavales negros e hispanos.”

Growing Power tiene una traducción de doble filo: el poder de cultivar o el poder creciente. Instalado desde 1993 en la que llegó a ser la última granja en suelo urbano de Milwaukee, Allen ha convertido la hectárea larga de terreno en un impesionante centro experimental para cultivar en zonas frías. Los 15 invernaderos funcionan prácticamente durante todo el año y, en combinación con otra granja rural quince veces mayor,producen el equivalente a 250.000 dólares al año. 


Por el centro de vermicompostaje de Growing Power pasan todos los años hasta seis millones de toneladas de basura orgánica. Cada cuatro meses, se producen 50.000 kilos de compost... “La tierra es la base de todo”, precisa Allen. “En las ciudades, los suelos son muy pobres y están contaminados. Por eso es muy útil cultivar en lotes o en camas de cultivo. Y tener bien cerca a las lombrices trabajando para cerrar el ciclo: lo que creció en la tierra, vuelve a la tierra.”

Veinte cabras, cincuenta patos, seis pavos y 250 gallinas granja contribuyen también a fertilizar la granja y a enriquecer su oferta con leche y huevos. Y, por último, están de las percas y las tilapias, criadas en tanques de agua dulce en varios invernaderos donde se cultiva por hidroponía...

“La idea es reproducir la circulación del agua en un río... Abajo tenemos a los peces, el agua pasa luego por un sistema de filtros naturales que rompen los componentes tóxicos de los excrementos y los transforman en nitrógeno que será usado como nutriente para las plantas. A este nivel usamos también nuestros populares berros como segundo sistema filtración. El agua es finalmente bombeada a las camas elevadas de cultivo, donde tenemos sobre todo tomateras, lechugas, espinacas y otras verduras.”

Allen mete la red en el agua y captura un hermoso ejemplar de tilapia, cotizadísima por la decena larga de restaurantes a los que abastece en Milwaukee y Madison... “No solo hemos creado cultura de comida local, sino que hemos enriquecido los horizontes y queremos seguir experimentando.”

La cosecha de Growing Power se vende en la propia tienda y llega a los mercados locales de granjeros, aunque el modo más popular y económico de distribución es sin duda la Cesta del Mercado, que por 16 dólares garantiza verdura y fruta durante toda una semana para dos o cuatro personas.

Pero, tanto como alimentar a 10.000 bocas urbanas, a Will Allen le interesan esos 3.000 agricultores en potencia que pasan por aquí todos los años, para aprender las reglas básicas para cultivar en la ciudad, o especializarse en cultivos hipodropónicos, o sacar un master en vermicompostaje.

“Digamos que growing Power es el germen de muchas otras historias”, palabra de Will. “Estamos asistiendo a un momento de cambio profundo y desde dentro en las ciudades. Al boom de movimientos como Slow Food o la comida local se une ahora la lucha contra el racismo ambiental, que ha hecho que muchos jóvenes en nuestras comunidades se interesen por primera vez en cultivar la tierra como una herramienta de cambio social.”

Will ha pescado para la faena a su propia hija, Erika Allen, que a sus 42 años está al frente de la granja que Growing Power ha abierto en la periferia obrera de Chicago. “Me siento muy orgullosa de recoger la antorcha de mi padre y de toda mi familia, que lleva 400 años dedicada a la agricultura”, asegura Erika. “Y siento también que nuestro trabajo es una gran contribución a la justicia social, para paliar las tremendas carencias que existen en nuestros barrios.”

Food From the Hood, en Los Angeles, People’s Grocery, en Oakland, o Just Food, en Nueva York son otros ejemplos de iniacitivas abanderan el movimiento de la justicia alimentaria, que también ha echado raíces en la ciudad industrial y decadente por excelencia: Detroit. El renacer de la agricultura urbana en los solares vacíos de Detroit ha dado pie a un documental, Urban Roots, que simboliza como ningún otro la nueva era de la autosuficiencia urbana.

En Milwaukee, entre tanto, Will Allen (wiki) acaricia el sueño de hermanar agricultura, tecnología y justicia social con un proyecto que pondrá definitivamente a Growing Power en el mapa mundial: “Queremos construir un centro que sea una auténtica revolución en agricultura urbana, con granjas verticales de cinco pisos. Seríamos el primer centro en la nación, aunque no tardarían en imitarnos”... 

Carlos Fresneda