31 de marzo de 2012

Bienvenidos al Antropoceno: la era de un planeta acorralado por el hombre



  • 3.000 científicos advierten que hemos entrado en una nueva era geológica
  • "La presión humana está llevando al planeta a una situación límite"
  • Reclaman una serie de acciones urgentes ante la nueva cumbre de Río

Hace unos 12.000 años, el Pleistoceno dejó paso al Holoceno y el hielo se fue replegando. El planeta se convirtió en terreno abonado para el 'Homo sapiens', que se hizo sedentario y empezó a deforestar los bosques, a cultivar los campos y a construir las primeras ciudades. La civilización fue posible gracias precisamente a un clima más benigno y estable, que permitió la proliferación de nuestra especie.
Ahora, con más de 7.000 millones de humanos sobre la faz de la Tierra, con un crecimiento imparable de la superficie urbanizada, con una capacidad sin precedentes para alterar los ciclos del agua, del carbono y del nitrógeno, los científicos advierten que hemos entrado de lleno en una nueva fase geológica: el Antropoceno.
El nombre se le atribuye al premio Nobel de Química Paul Crutzen, convencido ya hace una década de que el planeta ha cambiado esencialmente por "la acción directa del hombre". Hay quienes sugieren que el Atropoceno arrancó realmente con la introducción de la agricultura, aunque la 'frontera temporal' más admitida es la del siglo XIX, con el advenimiento de la Revolución Industrial.
Otros, como el profesor Will Steffen, de la Universidad Nacional de Australia, hablan incluso de 'La Gran Aceleración' tras las Segunda Guerra Mundial como la última y definitiva prueba... "En los últimos 50 años hemos asistido sin duda a la transformación más rápida de la historia en nuestra relación con el mundo natural. La escala y la rapidez de los cambios han sido impresionsantes: todo esto ha ocurrido en el espacio de una vida humana".

Un planeta bajo presión

Will Steffen ha sido una de las voces más notorias en el cónclave de 3.000 científicos que esta semana han confluido en Londres para alertar sobre los riesgos y vislumbrar las soluciones en la era del Antropoceno. La conferencia 'Planeta bajo presión' ha servido de antesala al encuentro que se celebrará en Río el próximo 20 de junio, veinte años después de la primera Cumbre de la Tierra.
Como telón de fondo, la frustración de los científicos por el callejón sin salida en que ha acabado el debate del cambio climático. Coincidencia general: hay que cambiar de narrativa y hay que buscar maneras más efectivas de calar en la opinión pública, como el vídeo que explica el advenimiento del Antropoceno, la 'hiperpared' de la NASA que ilustra el aumento de las temperaturas en las tres últimas décadas o la insistencia en 'soluciones' ante la triple crisis social, económica y ecológica.
"Los científicos aquí reunidos son de alguna manera los doctores que someten a un chequeo al planeta", advirtió Lidia Brito, copresidenta de la conferencia y directora científica de la Unesco. "Y aunque han detectado una alta presión sanguíena, elevados niveles de colesterol y un estilo de vida no saludable, lo cierto es que hay tiempo para dar la vuelta a estas tendencias y seguir la receta para un futuro mejor".
"Pese a los cambios acelerados, algunas tendencias han empezado a cambiar o se están ralentizando", reconoció por su parte Diana Liverman, co directora del Instituto de Medioambiente de la Universidad de Arizona. "El crecimiento de la población global va a tocar techo a mediados de siglo, la intensidad de la energía y de carbono por unidad de producción está disminuyendo, la agricultura intensiva está en retroceso en algunas zonas y los bosques se están expandiendo en alguna regiones".
El ser o no ser del Antropoceno se jugará en cualquier caso en las ciudades, donde vive ya más de la mitad de la población, contribuyendo al 70% de las emisiones de CO2. Según las estimaciones reveladas en 'Planeta Bajo Presión', la 'huella urbana' aumentará de aquí al 2030 en más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados y ocupará la misma superficie combinada de Francia, Alemania y España.
"La reinvención de nuestras ciudadeds es acaso la necesidad más urgente para alcanzar la meta de la sostenibilidad global", advirtió Shobhakar Dhakal, director del Global Carbon Project en Tokio. "Las zonas urbanas en los países emergentes van a ser claves a la hora de replantearnos cuestiones tan básicas como la vivienda, el alimento, el transporte y los desechos en la próxima década".

Ciudades en transición y urbes post-carbono

El Centro de Resilencia de Estocolmo ofreció varios casos de respuestas de adaptación local a los grandes retos del planeta, de las innovaciones en captura y gestión del agua en Tanzania a las inversiones en capital natural en China y en el noroeste de Estados Unidos. Movimientos como las Ciudades en Transición o las Ciudades Post-Carbono ofrecieron en Londres su experiencia durante la última década.
Otro tema caliente fue la necesidad imperiosa de vincular economía, ecología y sociedad. Richard Wilkinson, autor de 'Desigualdad', insistió en "los efectos corrosivos" del bache creciente entre ricos y pobres en todos los indicadores ambientales y sociales. La premio Nobel de Economía Elinor Ostrom abrió precisamente la conferencia con una llamada colectiva a "los ciudadanos, los gobiernos y las compañías privadas para hacer causa común e impulsar cambios a gran escala que eviten el daño irreparable al planeta".
El Antropoceno, advierten los expertos, ha estado marcado hasta ahora por profundas alteraciones que son ya muy visibles desde los satélites: la retirada de las capas polares, la creicente deforestación, el avance implacable de la 'marabunta' urbana, el aumento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, las zonas muertas en las costas, la acidificación de los océanos, la pérdida de biodiversidad...
"Pero el capítulo final en esta nueva fase geológica está aún por escribir", advierte James Syvitski, experto en dinámica de modelos de la Universidad de Colorado-Boulder. "La narrativa dependerá de nuestra conciencia colectiva y de la capacidad para cambiar de rumbo. Si no lo hacemos, la presión interrumpida a la que estamos sometiendo al planeta puede llevarnos a una desestabilización sin precedentes".
Carlos Fresneda / Londres

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