3 de diciembre de 2009

LA 'OTRA SARAH' DE ALASKA

Foto Isaac Hernández

'La población del Caribú se ha reducido de 189.000 a 100.000 cabezas'
'Bush sólo quería perforar nuestra tierra, Obama es nuestra esperanza'

"Soy la 'otra Sarah' de Alaska, pertenezco a la Nación del Caribú y vivo en la Tierra Sagrada donde la vida empieza..." Así se presenta en público Sarah James, 65 años, la 'voz' del Refugio Nacional para la Vida Silvestre del Ártico.

A diferencia de Sarah Palin (que ni siquiera nació en Alaska), las raíces de Sarah James se remontan a hace 20.000 años, cuando los Gwich’in llegaron a estas tierras espectaculares e inhóspitas siguiendo la ruta migratoria del Caribú, sustento alimenticio y espiritual de la tribu india más septentrional de América.

“La población del Caribú se ha reducido de 189.000 a 100.000 cabezas en apenas 20 años, y esa es para nosotros una cruel advertencia (...) La pérdida del Caribú sería como la pérdida del búfalo que acabó con muchas culturas indígenas en el Oeste hace más de un siglo”.

Los Gwich’in viven repartidos por 15 aldeas, y la Villa de Ártico (150 habitantes) marca desde tiempos inmemoriales el norte. Por encima de ellos quedan tan sólo los 'inuit' (esquimales) en Kaktovic. Entre unos y otros se extiende ese espacio indómito de 78.000 metros cuadrados, protegido en su día por Dwight Eisenhower y codiciado hasta bien recientemente por George W. Bush y Sarah Palin.

Explotación del petróleo

“La Nación del Caribú celebró un cónclave en 1988, y ya entonces decidimos oponernos a cualquier intento de explotar el Refugio para la búsqueda de petróleo. Pero la gobernadora jamás nos tuvo en cuenta, y ya sabemos cuáles eran las intenciones de Bush: perforar nuestra tierra, que es como perforar el corazón de nuestra existencia(...) El presidente Obama es ahora nuestra mayor esperanza: queremos protección permanente para el refugio”.

Sarah James invita a todos los escépticos a que suban hasta Alaska, a comprobar de primera mano los efectos del cambio climático: “Los animales están hambrientos, confusos y desorientados. Los caribús no encuentran el forraje con que alimentarse. La taiga se está secando y los incendios duran todo el verano. El “permafrost” (la capa permanentemente helada) se está derritiendo y emitiendo grandes cantidades de metano”.

Seis meses antes de la cumbre de Copenhague, los pueblos indígenas celebraron su propia cumbre en Alaska para reclamar sus “derechos humanos” en la era de cambio climático “Vivimos en las zonas más vulberables del planeta”, atestigua Sarah James, “y reclamamos la conexión sagrada entre la tierra, el aire, el agua, los bosques, los animales y las comunidades humanas que ven peligrar su propia supervivencia”.

Más de 20 años lleva Sarah James ejerciendo de embajadora permanente de la Nación del Caribú, viajando de la Cumbre de Río hasta el Capitolio, desde la Villa del Artico hasta el Canal de Panamá, en esa Marcha por la Paz y la Dignidad donde confluyen cada cuatro años los indígenas del hielo con los indígenas del sol: “Procedemos del mismo tronco, y nos entendemos por signos sin necesidad de traducciones”.

Galardonada por su activismo en el 2002 con el prestigioso Goldman Environmental Prize (el 'Nobel' del Medio Ambiente), Sarah James descendió hasta la bahía de San Francisco para asistir al reciente encuentro de Bioneers Con humildad pero con firmeza, hizo un llamamiento al “encuentro” entre la civilización occidental y las culturas indígenas, recordó cómo “no es posible la paz sin un aire limpio” y se despidió desgranando su propia e irreverente receta contra el cambio climático: “Reduce, Reuse, Recycle... Refuse (Reducir, Reusar, Reciclar... Rechazar)”.

Carlos Fresneda
Publicado en El Mundo.es América

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