6 de diciembre de 2009

“ESTAMOS ANTE UN INTENTO IRRISORIO DE NEGAR LA CIENCIA”

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El climatólogo de la NASA David Shindell defiende el peso de la “evidencia” a la hora de probar el cambio climático

Arrecia la tormenta contra los científicos en vísperas de la cumbre de Copenhague. Drew Shindell, climatólogo del Instituto Goddard la NASA, capea el temporal aferrándose a la “evidencia”: “La última década ha sido la más calurosa de la que tenemos constancia... Posiblemente la más calurosa en los últimos mil años”.

Shindell, que acaba de alcanzar una gran notoriedad mundial con su estudio sobre los “otros” contribuyentes al cambio climático (metano, carbono negro, monóxido de carbono), sostiene que estamos ante “un intento irrisorio de negar la ciencia”. “Creo que todo esto representa lo desesperados que están ciertos sectores de la sociedad, ahora que parece que por fin se va hacer algo para combatir el problema”, asegura el experto de la NASA.

No hay nada de sustancia en los emails “pirateados” en Inglaterra”, afirma el climatólogo norteamericano. “En mi opinión, todo este asunto refleja la facilidad con la que los “escépticos” del clima pueden manipular a los medios, que prestan más atención a este tipo de historias que a la evidencia: los glaciares de están derritiendo, el hielo está desapareciendo en el Artico, los niveles del mar están subiendo, los ecosistemas se están desplazando”.

Opina Shindell que “la crebilidad de los científicos no debería verse afectada” por el impacto mediático, aunque admite que el auténtico “problema” será precisamente la credibilidad que la opinión pública llegue a dar a lo que ya se ha bautizado en EEUU como el “Climategate”.

En las paredes del Instituto Goddard de la NASA en Nueva York, y en las pantallas de los estudiosos del cambio climático en medio mundo, puede verse la irregular pero irrebatible progresión de las temperaturas en los últimos treinta años, a razón de 0,18 grados centígrados por década (14,01 en los años setenta; 14,59 en la medición provisional de los primeros años del siglo XXI).

Los “escépticos” sostienen que no ha vuelto a haber un año tan cálido como 1998, cuando sufrimos muy altas temperaturas por los efectos de El Niño”, y que en los dos últimos años se ha producido incluso un enfriamiento”, admite Drew Shindell. “Pero no reparan en las tendencias a largo plazo, que son las que al final importan y tienen un efecto duradero en los cambios que se están produciendo en el planeta”.

El cambio climático no es un problema en blanco y negro, sino un fenómeno muy complejo que se está produciendo y que aún no conocemos a fondo”, reconoce Shindell. Buena prueba de ello es su reciente estudio, que acaba de demostrar una relación muy estrecha entre la calidad del aire y el calentamiento de la atmósfera.

Hasta ahora le hemos declarado la guerra a las emisiones de sulfatos y óxidos de azufre, que resulta que enfrían la atmósfera, cuando lo que deberíamos combatir son sobre todo el monóxido de carbono y sustancias como el carbono negro... Hemos puesto también todo el énfasis en el CO2, cuando el mayor impacto inmediato es quizás el que podemos tener reduciendo las fuentes “antropogénicas” de metano, como los vertederos o las minas de carbón”.

En su opinión, sin embargo, la contribución humana al cambio climático sigue “inalterable”. Shindell coincide con las conclusiones del Comité Intergubernamental de la ONU, se remite a los datos recabados por otras instituciones científicas que estudian la evolución del clima y recuerda cómo en la NASA se trabajó en un clima de intimidación durante la era Bush (su propio jefe, James Hansen, fue censurado).

Ahora podemos trabajar por fin con una mayor apertura y con una libertad imprescindible para que avance la ciencia”, admite Shindell, que consiera que el viaje de Obama a Copenhague en un signo alentador: “La pregunta no es ya “¿debemos hacer algo?” sino “¿cuánto debemos hacer?”... Aunque en Europa no lo parezca, hemos avanzado mucho en diez meses”.

Carlos Fresneda, Nueva York Publicado en El Mundo, 6 noviembre 209
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