11 de diciembre de 2009

EL “FRAUDE” DEL CLIMA

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¿Quién miente? ¿Quién distorsiona los hechos, manipula a la opinión pública y obedece a unos intereses muy concretos? ¿Estamos ante una conspiración global y un “fraude” cometido por miles de científicos? ¿O se trata de una nueva argucia de esa “cruzada” que no cesa para negar el cambio climático?

Los medios han reaccionado de muy diversa manera ante la noticia los emails sobre el cambio climático “pirateados” en la Universidad de East Anglia. Unos han preferido silenciar o “amortiguar” la información; otros han decidido amplificarla con el nombre del “Climategate”.


Un grupo de manifestantes protesta contra el cambio climático durante la celebración de la Cumbre de la ONU sobre el Cambio Climático en Copenhague.| Efe

Desde aquí invitamos a los lectores a que comparen los dos extremos. El primer artículo es de John R. Lott, economista y autor de “Freedomnomics”, que sostiene que estamos ante “una campaña coordinada y sin precedentes para ocultar información científica. El segundo lo firma Michael Le Page, en el portal del Newscientist, y es una “guía para perplejos” que enumera las “verdades” científicas y niega que exista una conspiración.

Ahora pongamos la historia en contexto. Recalquemos que todo esto ha ocurrido justo en vísperas de la cumbre de Copenhague. Y recordemos que los intentos para cuestionar, rebatir o sabotear la ciencia del cambio climático se llevan produciendo desde hace más de dos décadas y se intensificaron precisamente en la antesala de Kioto.

Ya en 1991, la Asociación Western Fuels unió fuerzas con la Asociación Nacional del Carbón en el engañoso Consejo de Información sobre el Medio Ambiente (ICE), uno de tantos grupúsculos urdidos para crear cofusión en la opinión pública, con mensajes de este calibre: “Algunos dicen que el planeta se está calentando; otros decían que la tierra era plana”.

Otra sospechosa entidad fantasma, la Greening Earth Society, difundió tiempo después un vídeo “educacional” en YouTube, cantando las excelencias de las emisiones y vaticinado que el CO2 contribuirá a un mundo más fértil y feliz.

Todo esto lo cuenta James Hoggan, un experto en relaciones públicas que decidió crear el blog para denunciar las manipulaciones “orwellianas” de la industria de los combustibles fósiles, a imagen y semejanza de las que utilizó la industria del tabaco para escurrir el bulto. Hoggan ha resumido todas sus pesquisas en un libro, “Climate Cover-Up”, cuya lectura arroja cierta luz sobre lo que está ocurriendo ahora.

Revela Hoggan cómo la industria ha recurrido sin escrúpulos a la práctica conocida como “astroturfing”, “para robar la credibilidad al público”. El intento más notorio fue en 1993, cuando se propuso la creación de la así llamada Coalición para el Avance de la Ciencia con Fundamento (TASSC), cuya misión era “crear una fuente creíble para los periodistas que cuestionen la validez de los estudios científicos”.

Hoggan denuncia la existencia de una red de “expertos” –como Fred Singer, Stephen Milloy o Frank Luntz- conectados con los “think tanks” conservadores como el Competitive Enterprise Institute, el Cato Institute o el Heartland Institute y consagrados a alimentar las filas del “escepticismo”. Públicos y notorios han sido también durante estos años los esfuerzos millonarios de ExxonMobil, hasta el punto que la Royal Society británica tuvo que hacer público un llamamiento: “¡Dejen de financiar a los negacionistas del clima!”.

Lejos de bajar la guardia, el lobby del petróleo y del carbón ha multiplicado sus esfuerzos en la antesala de Copenhague. El pasado mes de agosto, Greenpeace reveló una nueva estrategia, usada por el American Petroleum Institute y que coincidió nada casualmente con la “isurrección popular” contra la reforma sanitaria. Se trataba de reclutar a empleados, jubilados y personas afines a la industria como “Energy Citizens. Se les embarcaba en autobuses, se organizaba masivos actos públicos y se hacía creer a los medios que existe un movimiento “energético” de ciudadanos en contra de cualquier intento de regular las emisiones de CO2.

Ahora salta la noticia de los emails “pirateados”, en la que ha faltado no sólo el contexto sino otro ingrediente aún más fundamental en cualquier información:

¿Quiénes son los “piratas”? ¿Fueron los servicios secretos rusos ? ¿Cuál era su objetivo? ¿Revelar toda la verdad sobre el cambio climático o contribuir aún más a la confusión? ¿Actuaron por cuenta propia o lo hicieron por encargo?

Se buscan respuestas.

Carlos Fresneda, Nueva York
Pubicado en blog Crónicas desde EE.UU, el 10.12.09

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