10 de marzo de 2013

La fresquera negavatios de Josep Matés

Fue en el año 2000 cuando a Mohammed Bah Abba le dieron un premio Rolex: su fresquera de cerámica exudante cautivó al jurado por conseguir una ganancia considerable en los plazos de conservación de alimentos, por ejemplo, las berenjenas pasan de 3 a 27 días y los tomates, a más de tres semanas.

El funcionamiento físico precisa de arena y agua, los contenedores son dos vasijas cerámicas, una de menor tamaño introducida en el interior de la mayor y se rellena la cámara de aire con arena de río. La arena será humedecida periódicamente para que vaya evaporándose al ser ventilada por la circulación exterior de aire seco, y también se humedece la tapa del recipiente.
En fin, aquello no pasó al olvido para los que nos excitamos con el ahorro de energía y el empleo de las mejores fuentes.

Cuando participé en la campaña Botijos contra el cambio climático desde Fundación Terra, apareció de nuevo la fresquera para alimentos, colgamos los botijos y aquel verano se aliviaron la sed muchos ciudadanos que nunca habían utilizado el objeto que simboliza la primera nevera portátil de la historia humana.

Llegar al taller de Josep Matés, en Fonteta, requiere de orientaciones in situ. Una vez se pilla el campo de frutales indicado, aparece el taller y, dentro de él, el artesano alfarero al que un minicomentario sobre fresqueras cerámicas me llevó directo en un viaje energético por Girona.
Lo de la cerámica negra por fin lo aprendí, humo de leña una vez cocida en el mismo horno la cerámica con sus formas. Profesor en la escuela de cerámica local, recuperador de objetos cerámicos ancestrales, innovador e investigador, Josep coge barro, activa el torno, le mete mano a la masa, moldea formas y cuece la obra como antaño...  Crea belleza de bajo impacto.
Indagando en en su web, y antes de la visita, me enteré antes de sus trabajos en el campo del filtraje de agua pensando en Haití. Vamos, que mira que estaba yo contento de estar delante de tanto barro cocido útil para lo humano.

Desde ese día, soy propietario de una fresquera de las medianas (25 litros de volumen) que pesa lo suyo y entra en funcionamiento de aquí a poco. Los 10 grados aprox de diferencia entre temperatura exterior e interior, la cualidades higiénicas de la cerámica negra, las mejoras que Josep ha incorporado y las ganas de probar el sistema –hoy en el taller de alsol.es– me tienen unido en lo imaginario a las fresqueras centroafricanas, y curioso estoy en eso de refrescar con el mínimo impacto posible, sin generar vatios para ello y disfrutando de la obra de arte y la energía solar (horno de leña apañao utiliza el artista Josep). Este verano comento resultados.

Manolo Vílchez

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