2 de diciembre de 2012

La 'bioeconomía' que viene


Valle de Biert, donde se planifica la producción agrícola ganadera de la Biorregión Autosustentable Catalana.
Valle de Biert, donde se planifica la producción agrícola ganadera de la Biorregión Autosustentable Catalana.


Guillermo Vetcher lo vio venir hace tiempo. En su doble faceta de emprendedor y humanista, curtido en proyectos de cooperación internacional en América Latina y en España, constató cómo el sistema político y económico avanzaba sin remedio hacia el colapso.
"Vivimos en un sistema económico basado en destruir más de lo que construye, y como tal está condenado a la bancarrota, arrastrándonos a todos nosotros y al planeta"
Durante dos lustros, con un pie aún en el viejo entramado, estuvo dándole vueltas y más vueltas al problema, hasta llegar a una conclusión tan evidente como alarmante: "Vivimos en un sistema económico basado en destruir más de lo que construye, y como tal está condenado a la bancarrota, arrastrándonos a todos nosotros y al planeta".
Vetcher le dedicó el mismo tiempo a explorar las soluciones a nuestro alcance. Unas las descartó como "poco prácticas y demasiado utópicas", y otras como "insuficientes y excesivamente cercanas a lo que ya existe".
Al final decidió elaborar su propia fórmula, condensada en un libro -'De ahora en adelante' (ediciones Ecohabitar)- y plasmada en una iniciativa bien concreta: DEC, la empresa humana. Su meta última es ni más ni menos que "construir una nueva economía" a partir de la interacción entre "biorregiones" como las que ya están despegando en el Valle del Biert en Cataluña y la provincia de Entre Ríos en Argentina.
Vetcher prefiere habar de "transición" e "innovación" antes que de "ruptura" o "revolución", pues es así como funciona la naturaleza… "La economía debe aplicar el sistema operativo de la vida, que es el Desarrollo Evolutivo Constante (DEC). En la naturaleza, todo cambia constantemente, en una especie de espiral creadora que da pie a organismos cada vez más complejos y adaptados. La economía, en cambio, ha suplantado ese principio por otro bien distinto, el Desarrollo Involutivo Constante (DIC), que es la desconsideración total hacia la vida en provecho de unos pocos".
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Guillermo Vetcher
Así llegamos a lo que el propio Vetcher define como"bioeconomía". A saber: un sistema que aplique a la economía el principio motor de la vida. En la "bioeconomía", todos seríamos actores en nuestra triple condición de productores, consumidores y microinversores". Y aunque el punto de partida sea local, la meta es construir una plataforma virtual que permita "fundir" las experiencias en las "biorregiones" en todo el planeta, gracias al efecto multiplicador de las nuevas tecnologías.
"No tenemos que esperar a que otros construyan por nosotros", asegura Guillermo Vetcher. "Ni siquiera tenemos que romper radicalmente con este sistema que está en vertiginoso descenso. Nos basta con sacar un pie y dar el salto a este otro sistema emergente que podemos construir entre todos. Los ciudadanos podemos llevarlo a cabo. En nuestras manos está cambiar la naturaleza de la democracia y de la economía".

Imitando la naturaleza de la que somos parte, sostiene Vetcher, los humanos podemos crear un "sistema orgánico" al que todos contribuiríamos y del que todos nos beneficiaríamos. El emprendedor argentino-español ha acuñado incluso un nuevo concepto, el del 'bien-SER-estar', que va más allá de lo que hasta ahora llamábamos "estado del bienestar", y que le resulta muy difícil de explicar a los ingleses y a los norteamericanos. 'To be or not to be'…
El ser o no ser de la "nueva economía", en opinión del autor de 'De ahora en adelante', se concreta en lo que él mismo llama la Unidad de Referencia Universal (URU) y que describe tal que así: "Es correcto que todo ser humano tenga ante sí la opción de poder alcanzar el nivel de bien-SER-estar que libremente decida, en tanto en cuanto ninguna consecuencia de sus acciones lesione o impida, directa o indirectamente, que otro ser humano, nacido o por nacer, pueda disponer del mismo tipo de opción y deber".
Amigo de los acrónimos, Vetcher asegura que el URU sería algo así como una declaración de principios o un punto de encuentro necesario entre las 'biorregiones', unidas en su increíble diversidad.
A su paso por Londres, le pedimos al ex empresario -afincado en Girona y con un pie permanentemente en Argentina- que haga un esfuerzo por sintetizar su envolvente teoría y nos cuente cómo se está poniendo en práctica. El primer paso es la creación de una "empresa humana" integrada aproximadamente por 30.000 familias, organizada en torno a 40 áreas productivas: desde el cultivo, procesamiento y venta de productos ecológicos a la reconversión de los residuos, pasando por la creación de sistemas de transporte, sanitarios y educativos.
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La ciudad de Victoria, en Argentina, donde se proyecta la primera Biorregión autosustentable en América Latina.
Con una inversión estimada de 135 millones de euros el primer año, a partir de las microinversiones de los socios coproductores del área metropolitana de Barcelona, Vetcher estima que su proyecto "piloto" podría dar los primeros pasos a partir del próximo año. En una masía en reconstrucción en Pujarnol, y en un terreno de 75 hectáreas, se están realizando ya los análisis para instalar una fase productiva de la Biorregión Autosustentable Catalana. En torno a Bagnoles se analiza la posibilidad de instalar un sector de producción del cuarto tipo (microempresas sociales), basados en una nueva forma de producir "en la que el puesto de trabajo deja sitio al puesto de vida".
En la provincia de Entre Ríos, Argentina, está proyectada la primera biorregión de América Latina, en torno a la ciudad de Victoria. A través de convenios locales de viculación pública y privada, Vetcher confía en extender la idea en los dos continentes. Su sueño, asegura, sería completar la fase inicial con una tercera "biorregión" en Estados Unidos o en el mundo anglosajón.
Consciente de que su propuesta puede sonar utópica, Vetcher está cocentrando sus energías en el desarrollo de una aplicación "en la que cualquiera pueda ver y comprender en forma de juego cómo su pueblo, su ciudad, su provincia o su país podría transformarse adoptando un proyecto económico productivo inspirado en el sistema operativo de la vida: el DEC o desarrollo evolutivo constante".
"Cada día que pasa está más claro hacia dónde nos está llevando este sistema artificial de gestión que llamamos economía y que fue creado de espaldas a la vida e ignorando todo lo que sabemos gracias a los avances de la ciencia", concluye Vetcher. "Lo que propongo es tan sencillo como pasar de una economía del desastre y la destrucción a una economía de la eficiencia y de la vida".

Carlos Fresneda / Londres
Publicado en El Mundo.es Economía

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