18 de marzo de 2011

Itaca, el futuro posible

 

No hay una manera mejor de tomarle el pulso a la “otra” América que volver una y otra vez a Itaca. Allí, en esa pequeña gran ciudad emboscada entre lagos y cataratas, arrancamos nuestra “ruta verde” hace casi año y medio. Allí vamos a cerrar ahora el círculo en estos tiempos de crisis, con una de sus más ilustres vecinas marcando la senda del futuro posible.
     
“Choosing a Sustainable Future” da título al libro de Liz Walker, cofundadora de la ecoaldea de Itaca y exploradora de las mil y una iniciativas que convergen en esta ciudad vibrante y “verde” como pocas. Mientras gran parte del país se empantanaba en la recesión, el activismo social y ecológico de Itaca entraba precisamente en ebullición, como pudimos comprobar en nuestra última visita.

   
“Esta ciudad se ha convertido en el punto de encuentro de gente deseosa de mantener otra relación con la tierra”, sostiene Walker. “Y en los últimos años se ha acentuado lo que yo llamo el “efecto de racimo”, gracias al espíritu cooperativo y a la competencia sana. Aquí valoramos y apoyamos mucho la economía local, y eso nos ha permitido afrontar mejor los tiempos difíciles”.
       
El mercado de granjeros de Itaca fue uno de los pioneros entre los 5.000 que hoy por hoy existen en la geografía norteamericana. La popularísima Greenstar fue también la primera piedra de las cooperativas de comida sana. Allí se puede puede pagar por cierto con las “horas” de Itaca (“el tiempo es dinero”), la colorista divisa local. O abonarse al sistema de coche compartido (Ithaca Carshare). O tener el derecho a un seguro médico universal (Ithaca Health Alliance). O lograr líneas de crédito e interés para los pequeños ahorradores impensables en cualquier otro lugar de Estados Unidos (Alternatives Federal Credit Union).


     
Itaca, con una tradición progresista que se remonta casi a la época de los indios Cayuga (Liz Walker cree ver en ellos las raíces del pacifismo, el feminismo y la sostenibilidad), se aproxima tal vez a eso que cualquier militante del Tea Party llamaría despectivamente una “ecociudad socialista”.
   
En este país estamos viviendo una guerra civil política y cultural”, admite Liz. “Cada vez hay una bache más grande entre la gente que quiere vivir de un modo respetuoso hacia el medio ambiente y la extrema derecha que quiere acabar con todas la protecciones ambientales”.
    
Pero ahora que la mayoría de la población vive en ciudades, no nos queda más remedio que buscar nuevos modelos, y el que propone esta ciudad de apenas 50.000 habitantes (la mitad de ellos, estudiantes de la prestigiosa Universidad de Cornell o del Ithaca College) es sin duda esperanzador y estimulante.


   
Por así decirlo, Itaca abanderó el movimiento de “ciudades en transición” antes incluso de que existiera, apostando por la agricultura ecológica, por la movilidad urbana, por la eficiencia energética, por la energía solar o las edificicaciones “verdes” con una o dos de décadas de adelanto.
     
“Quizás más que niguna otra cosa, lo que el mundo necesita es inspiración”, escribe Liz Walker en “Eligiendo un Futuro Sostenible”. “Necesitamos saber que otra manera de vivir no sólo es posible sino que ya existe... y además funciona”.
      
Para Liz Walker, ese futuro “posible” empezó a forjarse en 1990, con la Caminata Global para un Mundo Vivible que emprendieron 150 activistas entre Los Angeles y Nueva York. Walker, que bebió de niña del progresismo de Vermont y estuvo muy involucrada en el activismo antinuclear en California, decidió que había llegado el momento de poner en práctica sus principios.
    
Junto a Joan Bokaer, y después de la eterna “caminata” de costa a costa, decidió echar raíces en los Finger Lakes. Allí arrancó en 1991 el proyecto de la Ecoaldea de Itaca que se ha convertido en un modelo mundial de sostenibilidad. A un kilómetro del centro de la ciudad, los “pioneros” compraron un terreno boscoso y le dieron la vuelta a los planes de “urbanismo”: el 90% sería espacio “verde” (bosque, agricultura y esparcimiento) y se edificaría sólo en el 10% restante.

    
La ecoaldea, con 170 vecinos distribuidos en dos barrios (Frog y Song), acaba de plantar el primer árbol de lo que será la tercera fase (Tree), con construcciones pequeñas, ultraeficientes y asequibles a casi todos los bolsillos. Hoy por hoy, los residentes de las ecoaldea de Itaca consumen un 40% menos de recursos que el americano medio, producen una parte de su energía y de sus alimentos, compostan la basura orgánica, comparten el transporte y mantienen rabiosamente vivo el espíritu comunitario.
    
“Como la ecoaldea, Itaca está llena de apasionantes ejemplos del futuro posible”, sugiere Liz Walker, invitándonos a acercarnos en la próxima visita a Nueva York. “Aquí estamos, a poco más de cuatro horas del Empire State...” .

Carlos Fresneda, Nueva York
Publicado en el mundo En la Ruva Verde de El Mundo.es

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