'Feminomics': la economía es mujer

  • ¿Podrían las mujeres haber evitado la crisis?
  • Más voces reclaman el rol femenino en la empresa y el mundo financiero
  • Son más cautas ante el riesgo y calibran mejor los impactos a largo plazo
La economía, como el coñac, era cosa de hombres. Las mujeres no llegaban ni al 2,5% en el sector financiero cuando se produjo la gran debacle. Solos ante el peligro, con el riesgo por montera, banqueros, 'traders' y 'brokers' se dejaron arrastrar por el exceso de testosterona.

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Nina Simons, cofundadora de Bioneers. | Isaac Hernández

"¿Podrían haber evitado las mujeres la crisis?", se preguntaba hace tres años la economista Anne Sibert, profesora de la Universidad de Londres. La respuesta nunca la sabremos, aunque la antropóloga Melissa Fisher, autora de 'Las mujeres de Wall Street', tiene algo que decir al respecto: "Antes de la emancipación femenina, a las mujeres se las percibía como poco capaces para asumir responsabilidades en la sociedad. Después de esta crisis, son los hombres, impulsados por la codicia, por el riesgo y por el machismo, quienes empiezan a ser percibidos del mismo modo".

Lo que la economía necesita a estas alturas es savia femenina, está claro. El Premio Nobel de 2009 a Elinor Ostrom fue acaso un presagio de ese giro inaplazable. Frente al culto obsesivo a la propiedad privada, Ostrom reivindicó el valor de los bienes comunes. Antes de su muerte este mismo año, se empeñó en demostrar la utilidad de los recursos compartidos para evitar el colapso ecológico, en este planeta sobrepoblado y bajo presión.
"Las mujeres estamos más en sintonía con la Tierra como nuestro hogar", recoge el testigo Nina Simons, cofundadora de Bioneers y editora de 'Moonrise', una colección de ensayos sobre el liderazgo femenino. "Seamos madres biológicas o no, lo cierto es que nos une ese instinto de protección que debería ser un componente vital de la nueva economía".

Después de reivindicar el papel de las mujeres en la ecología, Nina Simons aspira ahora a reclamar al rol femenino en la economía. 'Feminomics' da título al seminario que el 22 de octubre se celebrará en San Rafael (California), reclamando una mayor participación de la mujer en el intrincado mundo de los negocios y las finanzas, diseñado por y para los hombres.

Nina Simons recuerda a una de las precursoras en el arte del 'feminomics': Anita Roddick, la fundadora de The Body Shop. "Anita fue un ejemplo increíble de liderazgo femenino en el mundo de los negocios. Supo aprovechar su sabiduría no sólo para atraer clientes, sino para crear una auténtica comunidad y promover el cambio social y político. Supo usar también sus tiendas para crear conciencia social y para construir una economía basada en las relaciones humanas".

Simons destaca la labor reciente de otra emprendedora en la vanguardia del 'feminomics': Judy Wicks, fundadora de The White Dog Café en Filadelfia e impulsora de la red BALLE (Alianza de Empresas por las Economías Vivas y Locales). Wicks se ha convertido en el motor de una gran transformación económica desde lo local en Estados Unidos, conectando a más de 30.000 emprendedores, a 450.000 trabajadores y a millones de clientes bajo un lema común: 'Prosperidad para todos'.
"Anita Roddick fue un ejemplo increíble de liderazgo femenino en el mundo de los negocios. Supo aprovechar su sabiduría no sólo para atraer clientes, sino para crear una auténtica comunidad y promover el cambio social y político".
Le preguntamos a Simons por la visión de la economía de otras dos mujeres, aún más notorias y poderosas: Angela Merkel y Margaret Thatcher. "A menudo, las mujeres se comportan perpetuando las jerarquías y la mentalidad dominante, que es la que funciona en sistemas patriarcales. Podemos ver también a algunas mujeres comportándose así en puestos de poder económico, pero en el fondo creo que estamos pasando por una transformación del modelo de liderazgo que trasciende incluso los géneros".

En el seminario de 'Feminomics', junto a emprendedoras y directoras ejecutivas, habrá también sitio para mujeres como Rebecca Anderson, economista de sangre cherokee y fundadora de First Peoples Wordlwide. "En las culturas indígenas, las mujeres son casi siempre las gestoras de los alimentos y los recursos", recuerda Nina Simons. "Los hombres habitualmente se sitúan en el perímetro, en el papel de protectores o guardianes. Nuestras culturas tienen sin duda algo que aprender sobre la apreciación de las cualidades de ambos géneros y, por supuesto, sobre la sostenibilidad. Necesitamos incorporar el concepto de la séptima generación y añadir el valor de los ecosistemas a la ecuación económica".

Hablamos finalmente de la desigualdad económica y de cómo se está ensanchando, si cabe, el bache de la desigualdad de género. Paradójicamente, y pese a ser las más perjudicadas por la medidas de austeridad, las mujeres están demostrando una mayor 'resiliencia' ante la crisis.
"Hay también una mayor presión para incorporar a las mujeres al liderazgo en grandes corporaciones y en el mundo de las finanzas", admite Nina Simons. "Existe ahora el convencimiento de que las mujeres son más cautas ante el riesgo y calibran mejor los impactos a largo plazo. Se está produciendo un rápido ascenso en las universidades y en puestos intermedios de trabajo. Las dinámicas de poder están cambiando. Estoy convencida de que las mujeres –y el lado femenino en todos nosotros- contribuirán a un mayor equilibrio en nuestra cultura y en nuestras instituciones, y que eso redundará en una economía de relaciones humanas, con mayor capacidad para la empatía y la cooperación. Esa es mi esperanza".

Carlos Fresneda, Corresponsal Londres
Publicado en El Mundo.es Economía

Y el mundo cambia

Foto: Isaac Hernández

Explorador del mundo cambiante. Así se define a sí mismo Alex Steffen, más de una década consagrado a la tarea de vislumbrar las tendencias y las innovaciones que están ayudando a construir un futuro más verde. "Worldchanging" dio nombre a su "manual de uso para el siglo XXI", condensado en esa "biblia" de 600 páginas que figura en las estanterías de todo ecologista que se precie. Desde su mirador en Seattle, Steffen se ha embarcado ahora en una cruzada para transformar desde dentro las ciudades.
  
"El 70% de la población mundial vivirá en ciudades en el año 2050", recalca Steffen. "El consumo de energía y las emisiones de CO2 se concentra en las ciudades. Lo que necesitamos realmente es una "revolución urbana" para reinventar el modo en que vivimos, consumimos y nos desplazamos en las grandes metrópolis. El modelo actual es totalmente insostenible".
     
Heredero del espíritu visionario Buckminster Fuller –el inventor de la cúpula geodésica- Alex Steffen propone una alianza sin precedentes entre la ecología y la tecnología, en un movimiento que él mismo ha bautizado como Bright Green Cities (Ciudades Verdes y Brillantes), con Seattle y Vancouver como grandes referencias.
    
"Los verdes "brillantes" proponemos una mayor apertura de la ecología a la situación cambiante", sostiene Steffen. "Entendemos el mundo de una manera más amplia y envolvente, y procuramos llegar a todo el espectro de la sociedad que antes quedaba fuera del dircurso ecologista, como los arquitectos, los ingenieros, los diseñadores industriales y los empresarios comprometidos".
     
"¿Cómo serán las ciudades del futuro?", le preguntamos al ecologista visionario. "Las ciudades funcionarán como auténticos ecosistemas", responde. "Aspirarán a la autosuficiencia energética, producirán gran parte de sus alimentos, reaprovechar'an sus residios, reducirán drásticamente la movilidad y las emisiones y serán mucho más habitables".
    
"Un buen ejemplo es Masdar, diseñada en el desierto de Abu Dabi por el estudio de Norman Foster, que aspira a convertirse en la primera ciudad de emisiones cero y "residuos cero"", sostiene Steffen. "Pero el trabajo más duro será sin duda adaptar las grandes ciudades que ya existen. Seattle se ha comprometido a neutralizar sus emisiones de aquí al 2020 y ha dado grandes pasos en la última década. Vancouver ha introducido el concepto de "ecodensidad" y está empeñada en disminuir los kilómetros "motorizados" de sus habitantes. Los edificios-árboles de Ken Yeang en Singapur son otro gran ejemplo. Hay que traer la naturaleza a la ciudad, y la tecnología puede sernos de gran ayuda".
     
El mundo cambia, sí, pero no tan rápido como algunos quisieran... "Sospecho que nos queda menos tiempo del que creíamos", admite Steffen. "Pese lo que sigan diciendo los escépticos, lo cierto es que cada evaluación del estado del mundo al cabo de una década es mucho peor que el anterior. No hemos conseguido darle la vuelta a ninguna tendencia. Todos los problemas se están acelerando, del cambio climático a la crisis energética, de la producción de alimentos a la sobrepoblación".
     
¿Y la crisis no ha servido acaso para frenar las tendencias que hace una década parecían imparables, como el giro a las renovables? "La lección más básica de la crisis es que las consecuencias de nuestras acciones pueden ser catastróficas",  responde Steffen. "Y hablo tanto de la economía como de la ecología, dos palabras que tienen la misma raíz y que hasta ahora han funcionado separadas. La noción del crecimiento económico con la que hemos vivido hasta ahora, centrada exclusivamente en el aumento del producto interior bruto, es totalmente perniciosa".
      
"Necesitamos redefinir el crecimiento económico, y en eso están indagando los expertos del apasionante campo de la economía ecológica. La riqueza consiste en algo más que en la acumulación del dinero. Necesitamos que todos los "costes ocultos" -desde la pérdida de recursos naturales al detrimento de la calidad vida- salgan a flolte. Hace falta una ecuación totalmente distinta para medir el crecimiento económico".
       
Las ciudades, precisamente, pueden ser los catalizadores de un renacimiento económico desde lo local, o eso cree Steffen... "Vamos a tener que adaptar por completo nuestro sistema de infraestructuras y transportes público, vamos a necesitar una reconversión energética y curas de eficiencia en los edificios... Está más claro que nunca que la ecología necesita de la tecnología, y viceversa. Es más, hemos llegado a un punto en que las dos van a tener que ir hermanadas para coseguir la prosperidad social, ambiental y económica".
      
Steffen se siente también deudor de Steward Brand, fundador del "Whole Earth Catalogue", pero traza personalmente dos líneas que prefiere no rebasar. La primera es la energía nuclear, a la que sigue viendo más incovenientes que ventajas. La segunda es la biotecnología, que en su opinión ha creado más problemas que los que ha resuelto...
      
"Nos han vendido la idea de que gracias a la biotecnología vamos a acabar con el hambre en el mundo, cuando la realidad es ésta: en el mundo se producen hoy por hoy suficientes alimentos para todos", concluye Steffen. "El problema del hambre no ha sido hasta ahora "tecnológico" sino político".

Carlos Fresneda

Cuando los hijos se ganan el pan

Lara y Jack Prince, en la cocina casera de The Pocket Bakery | Rii Schroer/The Daily Telegraph
 Lara y Jack Prince, en la cocina casera de The Pocket Bakery | Rii Schroer/The Daily Telegraph

  • Empezaron a vender a sus vecinos, pero cada semana llegan clientes nuevos
  • Jack ha encontrado una motivación y no descarta hacer carrera profesional
  • 'Microtrabajos' temporales, una alternativa útil en momentos de crisis
A esto se le llama ganarse el pan... Jack Prince, 17 años, y su hermana Lara, de 14, se acuestan bien temprano cada viernes. Se levantan el sábado de madrugada, bajan a la cocina familiar, calientan el horno, comprueban el estado de la levadura madre, amasan con esmero la harina y siguen al pie de la letra los secretos que les confió el 'maestro' Giuseppe Mascoli para elaborar (más que 'fabricar') un pan artesanal como los que ya no se hacen.

Empezaron vendiéndolo a conocidos y amigos, y no tardó en correr la voz. Todos los sábados, en el sótano de su propia casa en el sur de Londres, los chavales despachan a discreción las barras de levadura natural, las hogazas de pan de centeno, la esponjosa focaccia y las pequeñas pizzas que saben a gloria recién horneada.

Tal fue el éxito que decidieron crear una 'micropanadería', The Pocket Bakery, y montar un puesto una vez a la semana en el Doodle Bar de Battersea. La idea inicial era ganarse el dinero de "bolsillo" para dejar de pedir a sus padres, pero lo cierto es que el negocio va tirando y Jack Prince está pensando ya en independizarse.

 

Cuando el trabajo se vuelve pasión

"Antes de empezar con The Pocket Bakery yo me sentía desmotivado y perdido, como la mayoría de la gente a mi edad", confiesa Jack. "Ahora no sólo he encontrado algo que me permite hacer dinero, sino que encima me gusta y me hace sentirme útil para esta pequeña comunidad que hemos creado. A mis amigos les esperan quizás años de estudios y de desempleo, tal y como está la cosa. Yo empiezo a ver mi futuro más o menos claro".
Curtido como aprendiz en Bread Bread, una famosa pizzería de levadura natural del mercado de Brixton, Jack ejerce como 'micropanadero' por cuenta propia dos días a la semana y con la ayuda de Lara. El trabajo, aunque duro, se ha convertido en una inesperada pasión para Jack, que disfruta experimentando con la masa madre y con las proporciones que debe usar "para lograr un pan más o menos vivo".

Para Lara, hacer pan es de momento una manera de ganar "dinero de bolsillo" y aprovechar el tiempo hasta que descubra lo que de verdad quiere hacer en la vida. "Es pronto para saberlo, aún no estoy segura. La panadería me entretiene de momento. Aprendí más rápido de lo que nunca imaginé, gracias sobre todo a un buen profesor como Giusseppe. La parte que más me gusta es el amasado". Jack y Lara reconocen en todo caso que el "motor" de The Pocket Bakery, hasta que terminó de arrancar, fue su propia madre, Rose Prince, crítica gastronómica del 'Daily Telegraph'. Prince ha creado su propio 'Baking Club', para salir al encuentro del creciente interés de los lectores por el arte del pan casero. En las páginas del diario relató incluso el nacimiento accidentado de The Pocket Bakery, cuando sus hijos no demostraron excesivo interés al primer intento y ella misma –incapaz de usar la pala de panadero y de ajustar las baldosas cerámicas en su horno- acabó quemando la primera tanda.

Jack, en el puesto al que acude a vender sus panes. | C.F.Jack, en el puesto al que acude a vender sus panes. | C.F.

"Al viernes siguiente, Jack y Lara decidieron sin embargo tomarse las cosas en serio", escribe Rose en un artículo titulado 'Cómo mis hijos se ganan el pan'. "Nada más volver de la escuela decidieron ponerse con las manos en la masa, y partir de ese día ya no hubo que decirles nada. Nos convertimos en perfectos 'pizzaiolos'. Nos salió un pan maravilloso y se lo vendimos a los vecinos. Ellos ganaron sus primeras 18 libras por cabeza".

"En pocas semanas teníamos ya 20 clientes habituales y 30 que pasaban todos los sábados por casa", recuerda Rose. "De pronto descubrimos que estábamos rodeados de gente maravillosa, volcada en mantener viva nuestra pequeña panadería sin aditivos. Muchos vinieron a comprar siguiendo el olor a pan. Jack le vendió dos hogazas a dos testigos de Jehová que llamaron a la puerta".

 

Una salida para tiempos de crisis

Rose estuvo veraneando este verano en España con sus hijos y sabe de primera mano lo que está cociendo en nuestro país: "Vivimos tiempos muy difíciles y vamos a tener que ir pensando en soluciones distintas al paro juvenil. Una de ellas puede ser la creación de 'microempresas' y 'microtrabajos' temporales que sirvan a los jóvenes como alternativa y aprendizaje mientras llega la oportunidad de sus sueños. Los jóvenes necesitan herramientas y esperanzas para abrirse paso en medio de esta incertidumbre económica". Para lanzarse con The Pocket Bakery, Jack y Lara Prince no necesitaron más que una inspección municipal y unos pequeños ajustes en la cocina. "Mientras no vendamos grandes cantidades podemos funcionar como hasta ahora y haciendo el pan en casa", asegura Jack. "Creo que los jóvenes tendríamos que tener muchas más facilidades para empezar negocios así por nuestra propia cuenta, sin necesidad de una gran inversión y sin tanta burocracia".

Las 'micropanaderías', como respuesta sabrosa y sana a alimentación industrial, se están multiplicando como el pan y los peces por los barrios de Londres. La campaña Real Bread promueve la elaboración casera, los Clubs de Pan y la creación de Panaderías de Soporte Comunitario (siguiendo el mismo modelo que la agricultura urbana). Este fin de semana, sin ir más lejos, se celebra en el Southbank Center el Festival del Pan Real, la mayor convergencia de panaderos artesanales de Gran Bretaña.

"El pan siempre ha tenido siempre un papel primordial a lo largo de la historia", recalca Cal Courtney, escritor y ayudante ocasional de Jack Prince en The Pocket Bakery. "Es curioso que la gente vuelva a valorarlo ahora, en estos tiempos de crisis. Conviene no olvidar que el pan fue en realidad la mecha que encendió la revolución francesa".

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

El padre de la 'arcología'


             Fotos: Isaac Hernández

 Se supone que unos 5.000 vecinos deberían estar poblando a estas alturas Arcosanti. Pero la "ciudad experimental" concebida por Paolo Soleri en Arizona se ha quedado en los cimientos de hormigón, en medio del silencio telúrico del desierto, apenas roto por las ubicuas campanas metálicas diseñadas por el arquitecto italiano.
    
A sus 93 años, Soleri sabe que nunca llegará a ver materilizado su sueño: "No tengo planes de vivir en el futuro". El padre de la 'arcología' (arquitectura más ecología) ideó esta insólita comunidad urbana para 5.000 habitantes en medio de la nada, como antídoto al 'sueño americano' que empezaba a hacer agua en los años 70.
Al cabo de cuatro décadas, los vecinos de Arcosanti apenas sobrepasan el centenar, pero el mutante 'skyline' emerge como un auténtico milagro entre cipreses y peñascos, a tan sólo 100 kilómetros de ese espanto suburbano llamado Phoenix. 

"Solíamos estar más lejos, pero la ciudad sin límites creció hacia nosotros", bromea Soleri. "En el último medio siglo, y gracias al automóvil, hemos adoptado el modelo de expansión de los organismos más primarios. Las especies más complejas, como las abejas o las termitas, eligieron vivir hace tiempo en dimensiones compactas. ¿Por qué hemos sido tan estúpidos los humanos?".
Soleri, que nació en Turín, se estableció en Arizona a la sombra de Frank Lloyd Wright, con quien estudió en la cercana Taliesin West. El discípulo italiano se desmarcó pronto con sus alegatos contra el materialismo y empezó su propia búsqueda filosófica y arquitectónica en un laberinto cavernícola y gaudiano en las afueras de Phoenix llamado Cosanti a secas. Allí vive todavía, en una esa especie de pionera ecoaldea en la que, según la leyenda, se inspiró el mismísimo George Lucas para su ciudad en el planeta desértico de Tatooine.
    
Soleri necesitaba sin embargo un lienzo mayor mayor para plasmar sus ideas. Y así fue como embarcó a un puñado de seguidores en esa otra aventura de Arcosanti, en un terreno semiárido de 16 kilómetros cuadrados, junto a la autopista 17 y a la vera del río Agua Fría. El "laboratorio urbano" ha sido levantado con el sudor de más de 7.000 'aprendices', venidos de 35 países, pioneros en el arte de la bioconstrucción, la permacultura, la agricultura orgánica, la energía solar y eólica, las 'máquinas vivas' para la depuración de las aguas y otras ideas más o menos utópicas (con perdón). 

 




"No lo llaméis utopía; llamadlo laboratorio urbano", insiste el maestro, que sigue manteniendo lúcidos diálogos con los curiosos que vienen de visita fugaz, como esforzados voluntarios o simplmente a pasar la noch. "La utopía es el 'no lugar', el ideal inalcanzable. Arcosanti existe y está arraigado en la realidad. Es un lugar en permanente evolución, con una meta concreta: crear el 'efecto urbano' en un hábitat a la medida del hombre, pero en profunda armonía con la naturaleza"...
      
Cuarenta años después, tan sólo se ha construido el 'corazón' de hormigón de la miniciudad, apuntando al sur y en un barranco semiárido a la vera del río Agua Fría. El edificio comunal de cuatro pisos, el taller de cerámica, la 'piazza', el anfiteatro y la superestructura rematada por la 'sky suite' -donde pernoctó hace poco Francis Ford Coppola- tienen aún hoy un aire de futuro inalcanzable.
      
Soleri ha revisado una y otra vez su proyecto original, con esas torres acristaladas en forma de ábside que deberían crear el definitivo efecto urbano, compensado por los bancales donde los vecinos cultivarían sus propios huertos y el espacio abierto del alto desierto como referente.
     
"La ciudad debería ser la mejor expresión de la humanidad, el lugar donde trascienden todas nuestras limitaciones", palabra de Soleri. "Así ha sido siempre en todas las grandes civilizaciones, de Mesopotamia a los romanos... Lamentablemente, las ciudades que hemos construido en el último medio siglo son una receta para la catástrofe. El sueño americano de una casa y dos coches por familia se está reproduciendo en todo el mundo y está destruyendo el planeta". 

 
La edad no ha hecho estragos en la mente lúcida y visionaria de Soleri, que todas las semanas convoca en Arcosanti la Escuela de Pensamiento. Más de 30 alumnos circunstanciales participan en el cuerpo a cuerpo con el maestro, que responde así a nuestra pregunta sobre la utopía: "No he querido caer nunca en el idealismo irrelevante... Somos parte de la realidad, y hemos querido contribuir a ella con este laboratorio que es como un organismo vivo, con toda su complejidad, admitiendo sus imperfecciones y evolucionando, evolucionando siempre...".

Mary Holdey, 63 años, una de las primeras vecinas de Arcosanti, forcejea dialécticamente con el maestro, aunque admite que nunca ha tenido una vida tan plena como en su casa excavada en la roca y construida con sus propias manos bajo las directrices de Soleri.
Ed Werman, 61 años, ceramista mayor, se lamenta por la crisis que está haciendo estragos en la población flotante (para vivir en Arcosanti hay que trabajar en Arcosanti), pero asegura que la mera existencia del "laboratorio urbano" -por el que pasan anualmente 50.000 visitantes- es suficiente motivo de esperanza: "He pasado a lo largo de mi vida por muchas comunidades intencionales, y este lugar es único en el mundo, gracias a la visión y a la acción de Paolo. Haremos todo lo posible para mantener viva su llama cuando ya no esté con nosotros".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog EcoHéroes de El Mundo.es

La mayor granja eólica 'offshore' del mundo abastecerá Londres

Planta eólica 'offshore'. | London Array LimitedPlanta eólica 'offshore'. | London Array Limited
  • Generará energía suficiente para el 25% de los hogares de la capital británica
  • La primera fase de London Array se inaugura a finales de año
  • La pujanza de la eólica en las costas contrasta con el parón en tierra
La embocadura del Támesis siempre fue propicia para los fuertes vientos. Allí se construyó hace cuatro años la granja eólica 'offshore' Thamet, que ostentó durante un tiempo el título de la mayor del mundo. Y en esto llega la London Array, tres veces más grande, con 341 turbinas y una potencia de 1.000 megavatios, capaz de abastecer el 25% de los hogares de Londres.

La primera fase de London Array estará operativa a finales de año. Gran Bretaña confirmará en ese momento el primado mundial de la eólica 'offshore', por delante de Alemana, China y Dinamarca. El auge de las turbinas en la costas británicas contrasta sin embargo con el parón que se ha producido en tierra, donde se enfrentan a una férrea oposición por motivos 'paisajísticos', auspiciada hasta hace poco por el propio Príncipe Carlos.

La 'ventaja' de London Array es que las turbinas están a más de 20 kilómetros y ni siquiera se ven desde tierra, aunque ocupan una 'mancha' de 230 kilómetros cuadrados. El proyecto puso un especial énfasis en la evaluación del impacto ambiental en las aves migratorias y en la fauna marina. Las principales resistencias locales las han planteado los pescadores, pero el proceso de construcción ha discurrido como una 'balsa', en contraste con las protestas generadas por la eólica 'offshore' en lugares como España.

Obstáculos

Los principales obstáculos han sido si acaso los económicos. Con una inversión total estimada en 3.000 millones de libras (unos 3.700 millones de euros), la crisis estuvo a punto de dejar el proyecto en el alero. La retirada repentina de Shell fue cubierta sin embargo por el resto de los socios extranjeros (Dong, Masdar y Siemens) y por la subsidiria E.ON UK. El Gobierno británico dio el último impulso con el paquete 'extra' 700 millones de euros de apoyo a las renovables, antes de la marcha atrás iniciada en el 2010.

Con algunos meses de retraso -la idea original era inaugurar London Array para los Juegos Olímpicos-, la construcción de la primera fase ha entrado ya en el tramo final, con la mayoría de las primeras 175 turbinas en posición de espera.
"Nunca creí que acabaría trabajando en renovables, pero me cayó esa responsabilidad", admite al Daily Telegraph el gerente de London Array, Stephen Reynolds, abriéndose paso ente la neblina. Reynolds estaba especializado en pozos petrolíferos marinos, hasta que dio el salto a las energías limpias con la granja 'offshore' Thanet, 14 kilómetros hacia el sur.

Un centenar de operarios se desplazan todos los días en barco para completar la construcción, que ha sido posible gracias a un buque especial, el MPI Adventure, capaz de instalarse sobre el lecho marino y levantarse por encima de las olas como si fuera una plataforma, gracias a seis 'piernas hidráulicas' capaces de levantar su casco.

La construcción de las turbinas se realiza en tres fases: primero se clavan en el fondo la columnas cilíndricas, sobre las que van luego instaladas las piezas de transición. Una vez estabilizados los 'cimientos', al cabo de una semana, otro barco transporta e instala las torres metálicas de 90 metros de altura, acopla las palas y completa el cableado.

Sin apenas ruido, en todo caso un zumbido de fondo, London Array se dispone a entrar en la historia de las renovables en apenas tres meses y a relanzar a Gran Bretaña en momentos de gran incertidumbre para las energías limpias. El avance en el eólica 'offshore' contrasta con las resistencias feroces a las turbinas en tierra.

Por potencia total instalada en energía eólica, Gran Bretaña ocupa el octavo lugar en el mundo con 6,5 gigavatios, muy lejos de Alemania (29) y España (21). El viento, hoy por hoy, no supone aún más que el 4% de la tarta energética.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

Mi coche es tu coche


Chris Jones, a bordo del BMW que alquila a otros particulares.
Chris Jones, a bordo del BMW que alquila a otros particulares.
  • Permite un uso eficiente y amortizar el vehículo
  • Un coche se pasa aparcado el 96% del tiempo, dice un empresario del sector
  • 'Es como todo: hay que probarlo; yo empiezo a tomarle gusto', dice un usuario

"La primera vez te sientes un poco raro… Pocas cosas hay tan personales como tu propio coche, y es verdad que te lo piensas dos veces antes de dejarle las llaves a un extraño. Pero esto es como todo: hay que probarlo. Yo he empezado incluso a tomarle el gustillo: a mis clientes les dejo chocolatinas y otras sorpresas en la guantera".
"Lo más increíble es la relación personal que se establece. El trato directo te devuelve la confianza, algo que habíamos desterrado en las relaciones comerciales". -Chris Jones
Chris Jones, 28 años, vecino de Londres y programador informático, relata así su experiencia intransferible como propietario de un BMW 118d que ahora cede en alquiler a sus vecinos, o incluso a quienes vienen de paso por la ciudad y prefieren un coche "personalizado" como el suyo, que además resulta bastante más barato que el típico 'rent a car'.

Chris es uno de los 19.000 propietarios de coches que se han subido al carro de Whipcar, una de las empresas pioneras en el alquiler P2P (persona a persona). La idea, extendida por España por Social Car empezó a rodar hacer dos años en el Reino Unido y llega ya a 450 ciudades bajo el irresistible reclamo: "Amad a vuestros vecinos, alquiladles vuestros coches". Las empresas se llevan un 15% de comisión en las transacciones entre particulares.

"Un coche circula una media de 4,6 horas por semana y se pasa aparcado el 96% del tiempo", explica Vinay Gupta, cofundador de Whipcar. "Es absurdo tener algo si la mayor parte del tiempo no lo utilizas. Y es del todo necesario hacer un uso más eficiente del coche en la ciudades y reducir de paso las emisiones. Y eso por no hablar de la gran ventaja económica, tanto para los que tiene coche como para quienes no lo tienen".

350 euros extra al mes

 

Volvemos al asiento imaginario del BMW de Chris, que se esmera como nadie por ceder el coche al vecino o ir incluso a recogerle al aeropuerto. Sus tres clientes regulares y diez ocasionales le dan cinco estrellas por su servicio. En un buen mes, reconoce, llega a tener unos ingresos extra de hasta 300 libras (350 euros), suficientes para cubrir los gastos y algo más.

"Tener un coche para ti solo empieza a ser una carga económica, entre la gasolina, el mantenimiento y el parking", admite Chris. "Yo necesitaría en realidad el 10% de mi coche, y lo que hago ahora me da esa flexibilidad. Me lo reservo para cuando realmente lo necesito, casi siempre para escapar un fin de semana. Pero viviendo en el centro de la ciudad realmente no me hace falta".

Vinay Gupta, fundador de Whipcar.
Vinay Gupta, fundador de Whipcar.

Hasta ahora, y pese a que un seguro complementario cubre los rasguños y los accidentes de los usuarios de Whipcar, Chris no se ha llevado ninguna mala sorpresa en el momento de recoger su coche. "Lo más increíble es la relación personal que se establece, nada que ver con los fríos alquileres a los que estamos habituados. El trato directo te devuelve la confianza, que es algo que habíamos desterrado en las relaciones comerciales. ¿Quién me iba a decir hace dos años que iba a conocer a mis vecinos y a hacer amigos alquilando mi coche?".

Vinay Gupta, el cofundador de Whipcar, no tiene coche, aunque ocasionalmente usa los servicios de su propia empresa como conductor. A sus 35 años, recuerda cómo toda su ambición de adolescente en Nueva York consistía en cumplir los 16 años y ponerse al volante. "Esa mentalidad está cambiando profundamente. Los jóvenes de hoy en día no perciben el coche como una liberación, sino más bien como un peso. En cuanto al coche como símbolo de estatus, creo que ese 'interés' ha derivado hacia las nuevas tecnologías".

Según Gupta, la crisis económica ha sido curiosamente el motor de esa tendencia llamada indistintamente 'consumo colaborativo' o 'economía compartida'. "Empezamos con las casas, ahora con los coches, creo que acabaremos compartiendo muchas cosas más por una simple razón: la eficiencia. Las actitudes están cambiando más rápidamente de lo que creemos, y la tecnología nos permite posibilidades que antes eran impensables".
"Nuestro reto no es sólo económico: tenemos una responsabilidad social y es contribuir a una ciudad más sostenible, con menos emisiones y menos vehículos en las calles". -Alexandra Ramió, Social Car.
Asegura Gupta que los propios fabricantes se están lanzando al mercado P2P y planean introducir el software en los coches para facilitar el 'carsharing'. De momento, los usuarios no tienen más que acceder a la web, cumplir una serie de requisitos básicos (los coches no pueden tener más de ocho años, a los conductores se les puede pedir una edad mínima) y elegir entre un abanico de gamas y opciones: el BMW 118d de Crhis por 709 libras al mes, el Mazda 3 Sport de Ian por 35 libras al día, el Renault Clio de Kadie por ocho libras a la hora.

En España, la delantera la tomó en enero de 2011 Social Car, que cuenta ya con 6.000 usuarios y una flota de 1.500 coches. El alquiler medio es de 35 euros al día, y la mayoría de los usuarios están en ciudades grandes como Barcelona, Madrid y Valencia, aunque la tendencia se va abriendo paso por toda nuestra geografía.

Mar Alarcón, de Social Car.

Mar Alarcón, de Social Car.

"Fuimos de los primeros en Europa en subirnos al consumo colaborativo", recalca Alexandra Ramió, de Social Car. "La situación económica está llevando a mucha gente a replantearse cómo hacer un mejor uso del coche e incluso rentabilizarlo cuando no se está usando. Pero nuestro reto no es sólo económico: tenemos también una responsabilidad social, y es contribuir a una ciudad más sostenible, con menos emisiones y menos vehículos en las calles".

La mecánica del alquiler de coches entre particulares es muy sencilla: basta con darse de alta en la web, cumplir unos ciertos requisitos básicos como conductor, y modificar en todo caso el seguro del coche con la ayuda de la compañía, que orienta sobre los precios en función del modelo y del estado del coche y cobra una comisión por las transacciones (en torno al 15%).

La cofundadora de Social Car, Mar Alarcón, abrió las puertas de la economía compartida en el sector de las renovables con Social Energy y ahora se dispone a hacer lo propio con el mundo de la movilidad, convencida de que el futuro pasa por el P2P y por la optimización de los recursos en tiempos de crisis.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

La ciudad posible


Fotos: Isaac Hernández

Nueve de la mañana en la "Share-It Square" de Portland. Los planos de la ciudad dicen que estamos en una intersección cualquiera –Novena Avenida con la calle Shewett- pero los vecinos se obstinan año tras año en reinventar el lugar como la Plaza "Comparte-Lo". Dentro de unos minutos vamos a comprobar el porqué de tan curioso nombre.
         
Los niños son los que más madrugan y se apropian de la calle, aprovechando que  hoy no pueden pasar los coches. Los mayores llegan pertrechados con rodillos, brochas y botes de pintura, mientras la "madrina" Betty Beal prepara el desayuno comunal ("Tea for You") e invita a todos los voluntarios a reponer fuerzas. El día promete ser gratificante y largo.
        
El pintor Pat Wojciechowski saca de la carpeta el boceto del estanque de nenúfares que van a pintar entre todos sobre el duro asfalto. Uno de los círculos azules estará dedicado a la paz y a la sostenibilidad. En el rincón de los niños habrá un caimán juguetón, asomando entre los cañaverales. Una inmensa flor rosa marcará el centro de la intersección, que nunca volverá a ser la misma. 
      
Pedro y Adriana Ferbel-Azcárate pasarán allí todo el día, arrimando el hombro y "pasándonoslo padre, como cuando éramos niños". Su hijo Santiago, cuatro años, estampará sus huellas en plena plaza para que quede constancia de que él también contribuyó a la causa colectiva.
       
Robin Kinnaird, que trabaja en el departamento de planeamiento urbano, se apunta también a la movida vecinal con sus hijos Liam y Naomí y nos sirve en bandeja el gran secreto, la razón por la que Portland (Oregón) tomó hace tres décadas un rumbo muy distinto al de tantas ciudades americanas: "Nos atrevimos a plantarle cara a los especuladores: limitamos el crecimiento de la ciudad para mantenerla palpitante y vida".
        
A eso del mediodía se asomará por la plaza "Comparte-Lo" el arquitecto Mark Lakeman, que está construyendo a la vuelta de la esquina el Palacio Solar de los Gatos. Todo huele a pintura y a celebración conforme avanza la tarde, que culminará con un círculo de gratitud y una hoguera vecinal bajo la luz de la luna. 

    
A la mañana siguiente habrá que frotarse los ojos al pasar por la Plaza "Comparte-Lo". El sudor y la imaginación han quedado ya estampados en ese estanque colorista y casi tridimensional en plena calle. Los automovilistas no sólo ralentizarán la marcha, sino que sentirán la tentación de bajarse del coche, y chapotear en el asfalto como un niño más, o compartir tal vez un café o un buen libro con los vecinos, apostados en los parterres o sentados en los bancos de arcilla.
        
"Cambia tu barrio, cambia el mundo" es el lema que mueve desde 1996 a esta red  de activistas urbanos que obedece al nombre de City Repair. Capitaneados informalmente por el arquitecto y permacultor Mark Lakeman, los "Reparadores de la Ciudad" están redefiniendo desde dentro la vida urbana y construyendo la utopía a la vuelta de la esquina. 

    
La ciudad posible se llama Portland... "Nadie nos dio permiso, pero así es como comienzan las revoluciones", apunta Mark Lakeman. "Nosotros somos parte de la solución, y no podemos quedarnos cruzados de brazos mientras un puñado de políticos y urbanistas deciden cómo se hace una ciudad. Empezamos como un movimiento de resistencia civil, ocupando espacios y reinventándolos. Las autoridades nos miraban con recelo, pero acabaron subiéndose al carro".ç
        
Una vez al año se celebra la gran Convergencia Vecinal. Los "reparadores de la ciudad" se apropian de medio centenar de espacios, algunos de ellos tan emblemáticos como la Sunnyside Plaza (con un "mandala" amarillo y rojo que actúa como gran disuasor del tráfico). El activismo ecológico y social rezuma entonces por todos los poros de la ciudad, coincidiendo con el festival floral y con el Pedalpalooza (trepidante celebración de la cultura de la bicicleta).
        
Todo gira en torno una misma idea: crear comunidad. No en vano, el estudio de arquitectura de Mark Lakeman se llaman precisamente así –Communitecture- y entre sus más recientes obras está el arborescente Rebuilding Center, el mayor espacio consagrado a la reconstrucción con materiales usados en EEUU. 

     
Un par de horas en Portland, la herman aventajada y menor de Seattle, bastará para contagiarse de su peculiar energía humana. Conocida por su cerveza y por su pasado industrial, en contraste con el espectacular entorno natural, Portland ha estado en las últimas décadas en la proa "contracultural" y tecnológica del país (Intel y compañía).
       
Cuando tantas ciudades agonizaban, aquí supieron darle a tiempo la vuelta a la tortilla con el movimiento "smart growth": el crecimiento compacto e "inteligente", plantándole cara al urbanismo salvaje y la soga de las autopistas. Lo que hoy es el parque fluvial, atestado de bicicletas, fue en tiempos un congestionado "cinturón" de asfalto que bloqueaba el flujo natural entre la río y la ciudad. Frente a la especulación salvaje, la ciudad decidió crear un imenso anillo verde y traer la huerta al asfalto.
     
La revolución de la agricultura urbana ha calado en Portland, que presume de ser la ciudad con más más gallinas (y cabras) per cápita de Norteamérica. Y también la capital de la arquitectura y de la emprendeduría verde, con el Ecotrust como gran catalizador de iniciativas como la incipiente industria alrededor de las bicicletas, el medio natural de transporte de casi el 20% de la población.
        
"Hace treinta años, Portland parecía un lugar irrecuperable y condenado a muerte", apunta nuestro anfitrión, Mark Lakeman. "El momento mágico se produjo con la Plaza de los Pioneros, cuando la gente hizo piña para transformar un aparcamiento desolado en un gran espacio público. Esa fue la chispa que hizo prender el gran cambio. Aquello nos dio licencia para reinventar la ciudad, y en eso estamos...".

Carlos Fresneda / Londres

Diseñando utilidades con co-razón

Tengo pasión por los zapatos de punta anchurosa y siempre que he podido con ellos me ido haciendo, y aunque algún chavalín extorvertio y sin motivos aparente, a lo largo de mi periplo "calzao a mi criterio", se partiera de risa mirándolos, yo tan a gusto con ellos. 

En esa búsqueda me encontré con Irene Peukes que para Camper trabajo zapatos cómodos, amiga de mis amigos pase a ser admirador amigo de ella. La vida prosigue y ayer por esas cosas del currar fuera de casa ambos nos cruzamos por Madrid, café justo y solidario en el bareto de La Casa Encendida donde el movimiento de la Economía del Bien Común impartía conocimiento vital para activistas de lo que debe venir ...y nos junto el evento un rato. La diseñadora de zapatos hechos a mano y otras cosas arte y sanas, estaba con Bertha, vestida ella como visten las mujeres de su tierra Bangladesh. Las une el yute, ese vegetal que tanto ha hecho y hará por la Humanidad, Bertha esta de paso invitada por su pattner de aquí, allá y es la directora de CORR the Yute Works, potente cooperativa de trabajo con la buena planta.


Yo con mi ingles fatal le explico lo que me toca ya que me presenta Irene como activista de cacharros solares para cocinar, saco la foto mítica de una inundación en su país donde una parabólica encima de la techumbre prepara viandas para alegría de los afectaos, hablamos y conecto con la Global Alliance Clean Cookstoves, veremos de aquí a un tiempo.

En eso me ponen un vídeo de los zapatos Pla hechos a mano uniendo la tierra y artesanos de Bertha con los mismos de la que acoge a Irene, el Pla mallorquín, y aquí lo dejo

Irene se marcha en breve a tratar y diseñar con sus mujeres colegas de Guatemala, aquí la ropa colorida ya lleva algo de tiempo confeccionándose y viajando a una pequeña red de tiendas donde se vende artesanía textil exclusiva también hecha con las manos y con la razón que si le antepones "co" componen corazón y que desde Guate va Vest con su socia Araceli Iranzo vierte a sus clientes, nuestra diseñadora que quiere hacer todo lo mejor posible, y que seria artesana si le tocara elegir de nuevo.

Manolo Vílchez

La utopía compartida



Foto: Isaac Hernández

Fue un viaje de proporciones bíblicas: 69 autobuses escolares, atestados de familias 'hippies", a la busca de la Tierra prometida. Marcando el camino, en esta versión colectiva de 'En la carretera', iba un profesor de inglés con largas melenas, Stephen Gaskin, ensalzado por sus seguidores como el profeta de la espiritualidad ecuménica (sabia combinación de tantas religiones, más la sabiduría de la tierra y la no violencia).

Partieron de San Francisco en 1969 y, al cabo de dos años de peregrinación, echaron raíces como auténticos pioneros entre los robles, nogales y cerezos silvestres de Tennessee. Juntaron todos sus ahorros y compraron 700 hectáreas de tierra en Summertown. Fundaron The Farm, la mayor comuna de la que se tuvo noticia: más 1.200 almas (entre ellos 500 niños) deseando inventar un mundo distinto.

"Llegamos con un sueño más o menos concreto", atestigua Gaskin, 77 años, inundado de fotos y recuerdos en blanco y negro. "Pero no nos conformamos con hacer un experimento; queríamos construir una realidad... Aprendimos de nuestros errores y nos llevó tiempo, pero creo que acabamos consiguiéndolo".

La comuna pasó a la historia, pero sobrevivió la comunidad intencional. Atravesaron su gran momento de zozobra, allá en 1983, cuando la población encogió hasta los 200 miembros. "Pasamos grandes dificultades económicas y los típicos problemas de convivencia", admite Douglas Stevenson, 53 años, portavoz oficioso de The Farm. "Los resolvimos pasando de un modelo comunal a uno cooperativo, dando más espacio a la iniciativa individual".

"Pero nunca hemos renunciado a ese vínculo espiritual que nos trajo hasta aquí y que todavía nos une", recalca Douglas. "Para sobrevivir tienes que adaptarte, sin necesidad de renunciar a tus valores. La paz y la relación con la tierra siguen siendo nuestra esencia".
El líder espiritual, Stephen Gaskin, se cortó la melena y soltó las riendas de la comunidad, que acabó siendo un referente de la otra América. En los bosques cercanos a Nashville, entre el canto de las cigarras y una humedad asfixiante, se pusieron los cimientos de la permacultura, se practicó la agricultura orgánica, se popularizó la dieta vegana, se creó la primera lechería de soja, se reinventó el tofu y se gestó el renacimiento del parto natural.

La "madre" de toda las comadronas es precisamente la esposa de Gaskin: Ina May, recién premiada en Estocolmo con el Right Livelihood Award (el Premio Nobel Alternativo). En 1977 publicó el clásico 'Spiritual' 'Midwifery' ('Partería espiritua'l, en la reciente edición en español), y desde entonces da la vuelta al mundo defendiendo la dimensión grandiosa e íntima del alumbramiento.

Su trabajo didáctico lo alterna Ina May con la práctica en el celebérrimo Birth Center (Casa de Partos) de The Farm, la escuela obligatoria de decenas de comadronas en EEUU. "Cuando empezamos, se nos perseguían casi como si fuéramos brujas", recuerda. "Ahora estamos presentes al menos en el 10% de los nuevos nacimientos y vuelve a hablarse con relativa "naturalidad" del parto natural, pese a la resistencia de la clase médica".

El espíritu de la revolución contracultural sigue vivo en esta venerada y afable pareja, que lleva desde finales de los 60 construyendo su utopía compartida y cotidiana. Y ahí siguen, recogiendo la cosecha de todo lo sembrado en aquellos años, que no fue poco. Los dos vecinos más reconocidos de The Farm viven emboscados en una de las primeras casas de la 'comunidad' 'intencional', nada más entrar a la derecha.

Altísimo y afable, Stephen Gaskin tiene aún en sus ojos la impronta indeleble del Haight-Ashbury, la cuna del movimiento 'hippie' donde se granjeó la fama de profesor iluminado. Sus 'Clases del Lunes por la Noche' en la Universidad de San Francisco -donde combinaba política, filosofía y espiritualidad- llegaron a convocar hasta una millar de entusiastas alumnos que fueron el embrión de The Farm.
   
Sus experiencias quedaron reunidas en 'Monday Nigth Classes' y en 'The Caravan', dos clásicos de la época. Alternó luego la enseñanza espiritual con la música (es un consumado percusionista) y con el activismo a favor de la legalización de la marihuana. En 1980 recibió el Right Livelihood Award, el mismo que acaba de recibir su esposa.
  
Gaskin recuerda con nostalgia las gestas del pasado, con parada obligada en el verano del amor y en el peregrinaje 'hippie' del 69, y nos invita a seguirle mentalmente por el 'via' 'crucis' fotográfico que decora el salón de su casa. "El cambio social es m'as apremiante que nunca", advierte Gaskin. "Aunque el cambio más profundo y necesario es el que debe producirse a la altura de nuestra conciencia, antes de que sea demasiado tarde".
  
La meditación y la celebración de los solsticios sigue uniendo a los miembros de The Farm, que confluyen a todas las horas en el 'healthfood' 'deli' (tienda de salud) de Roberta Kachinsky. Las familias viven en casas de madera desperdigadas por el bosque, cada cual con su propio huerto. Los vecinos han creado empresas caseras, demostrando que la tecnología no tiene por qué estar reñida con la ecología. A través de la ONG Plenty International cooperan en proyectos de desarrollo en Suráfrica y en el Bronx, y con Farms Not Arms ponen la pica pacifista en el nuevo siglo.
  
The Farm tiene su propia y luminosa escuela, con medio centenar de niños aprendiendo en contacto directo con la naturaleza, ayudando en la recolecta de arándanos o dándose el último chapuzón del día en el bucólico estanque. La comunidad se proyecta ahora hacia el exterior con la Ecoaldea, que abre todos los veranos sus puertas con cursos de permacultura, agricultura orgánica, energía solar y construcción con balas de paja. Allí, como vestigio del legendario éxodo, está la herrumbre sagrada del autobús escolar en el que llegaron los pioneros, integrado ya en este paisaje de lo posible, en el profundo sur estadounidense.

Carlos Fresneda

'Nuestra ciudad, nuestro dinero


El alcalde de Bristol y un panadero de la localidad posan con una libra local. | C.F.


El alcalde de Bristol y un panadero de la localidad posan con una libra local. | C.F.

  • 400.000 vecinos pueden usar ya los billetes, equiparables a la libra esterlina
  • La idea es fomentar que la riqueza se quede en la localidad
  • El apoyo del Ayuntamiento y de un banco ha sido decisivo
  • Quieren propiciar desde lo local un giro a otro tipo de economía

Día de fiesta en Bristol. El 'lord' alcalde Peter Main se viste de sus mejores galas para presentar al mundo entero la moneda local y comprar con el primer y flamante billete una hogaza de pan. En medio de un repicar de campanas, a las puertas del mercado de St. Nicholas y ante decenas de cámaras y curiosos, se consuma finalmente la histórica transacción
De ahora en adelante, más de 400.000 vecinos pueden usar la libra de Bristol, la primera gran ciudad británica que ha decidido crear su propia moneda 'complementaria' o alternativa, por aquello de estimular la economía local.
"La gente percibe la banca y el dinero como un sistema implacable e impersonal, totalmente alejado de nuestras necesidades reales", asegura Ciaran Mundy, tres años embarcado en el difícil parto de la original divisa. "Lo que estamos intentando en Bristol es algo nuevo: queremos cambiar el ADN del dinero y reivindicar otro tipo de valores que han muerto aplastados bajo el poder financiero".
"La idea no es tanto subvertir el orden global, sino más bien propiciar un pequeño giro desde lo local hacia otro tipo de economía", precisa por su parte Mark Burton, de la red de Transición, que ya ha puesto en marcha monedas locales en pueblos como Totnes, Lewes y Stroud y en barrios como Brixton, al sur de Londres. En cualquier caso, el dinero complementario se había percibido hasta ahora como opción marginal y hasta cierto punto invisible para la mayoría de los británicos.

Todo queda en casa

Hasta que llegó Bristol, con su larga tradición progresista, y decidió embarcar a cientos de escolares y a decenas de artistas en el diseño de unos billetes radicalmente distintos, bajo el lema: "Nuestra ciudad, nuestro dinero, nuestro futuro".
En el de una libra vemos el nombre de la ciudad, dibujado los símbolos más reconocibles de su historia, su vegetación y su fauna. En el de cinco libras puede verse a un tigre escribiendo clandestinamente en una pared 'O Liberty!'. La moneda local puede cambiarse por libras esterlinas -a idéntica cotización- en varios puestos instalados en la calle. Todos los billetes llevan la estampa genérica del "Pueblo de Bristol".
[foto de la noticia]
Los billetes han sido diseñados por ciudadanos de Bristol. | C.F.
El apoyo del Ayuntamiento local ha sido decisivo para el salto cualitativo. El respaldo del Bristol Credit Union, que actúa como depositario y garante de las primeras 85.000 libras locales en circulación, fue también fundamental para superar los recelos iniciales del Banco de Inglaterra. Pero lo más importante ha sido sin duda el impulso de 300 comercios locales y de miles de ciudadanos, que se han comprometido no sólo a usar los nuevos billetes, sino a abrir cuentas personales de libra electrónica de Brixton usando el innovador sistema de 'pago por SMS' (txt2pay).
"En algunos sitios ha podido fracasar por falta de impulso o por desconocimiento, pero creo que si en alguna ciudad puede funcionar este sistema es precisamente en Bristol", asegura Joe Whitecroft, el panadero de Source que fue el primero en aceptar la divisa local. "Mi intención es ahorrar hasta las 1.200 libras de Bristol y comprarle una vaca a un granjero en las cercanías de la ciudad".
También en España las monedas sociales y complementarias se están abriendo paso como respuesta local a la crisis. En Villanova i la Geltrú, donde circula desde hace tiempo la 'turuta', se celebró en julio el primer encuentro estatal de iniciativas de este tipo. Los diferentes 'ecos' de Cataluña, el 'bilbodiru' en el País Vasco, el 'zoquito' de Jérez o el 'puma' de Sevilla son algunas de las alternativas incipientes que han despertado el interés de medios extranjeros como The Guardian y The Wall Street Journal.

Mezcla de tradición y tecnología

"Aquí pesa mucho el orgullo local y en estos tres años todo el mundo ha oído hablar ya de la libra de Bristol", explica Peter Main, el 'lord' alcalde de Bristol, del Partido Liberal Demócrata, que ha logrado el apoyo de todas las fuerzas políticas a la iniciativa. "La gente es consciente de que consumiendo en libras esterlinas en una cadena de supermercados, lo más probable es que su dinero 'vuele' a cualquier otro lugar esa misma noche. Con la libra de Bristol nos aseguramos de que una parte del dinero que gastamos permanece aquí, circulando entre los negocios locales".
Wesley Thorne, de la dulcería Treasure Islands y la chocolatería A bar of Chocolate, está deseoso de estrenar el sistema de 'pay by text', de ahí el poderoso reclamo de la entrada: "Orgullosos de aceptar libras electrónicas de Bristol". "Sinceramente, creo que es el sistema de pago del futuro, y aquí nos estamos precisamente adelantando. Con tu móvil conectas directamente con tu cuenta, marcas el código de la tienda y la compra está hecha".
Phone Junkies, Chaos Cycles, The Rock Shop y casi todas las tiendas intransferibles del mercado de St. Nicholas han abierto sus puertas a la libra de Bristol. Incluso en el Hot Sauce Emporium -el imperio de las salsas picantes- han lanzado una promoción especial para los usuarios de la moneda local, igual que en los concurridísimos restaurantes en las callejuelas de este mercado que tiene algo de intrincado bazar árabe.
"La libra de Bristol ha conquistado sin duda la imaginación de los vecinos y se ha convertido en un referente para todo el mundo", admite el cofundador del sistema, Ciaran Mundy. "Ahora sólo falta que el nuevo dinero circule, que funcione realmente como estímulo de nuestra economía local y que sirva de modelo para muchas otras ciudades en estos tiempos difíciles".
Carlos Fresneda
Publicado en El Mundo.es Econonomía