Cómo rediseñar el mundo desde la cuna


 
                   Foto: Isaac Hernández

No es fácil cambiar el mundo. Que se lo digan al arquitecto William McDonough, más de una década predicando el concepto de 'cradle to cradle' junto a su socio y cómplice, el químico alemán Michael Braungart. Más de una década vaticinando la definitiva 'revolución' tecnológica: un cambio radical en la manera de pensar, diseñar y hacer las cosas...
    
Siguiendo los principios de la naturaleza, donde no existe el concepto de 'residuo'. Tratando los materiales como 'nutrientes'. Creando un flujo continuo para reusar y reciclar todo lo que producimos. Generando una 'economía circular' que sustituya a este nefasto modelo en el que llevamos anclados desde hace más de un siglo: usar y tirar, quemar y enterrar, 'de la cuna a la tumba'.
   
Escuchamos al visionario McDonough en aquellos primeros encuentros de los Bioneros, cuando la idea del 'cradle to cradle' ('de la cuna a la cuna') empezaba a levantar el vuelo. Coincidimos en la conferencia de TED, y allí nos anunció la creación del Green Products Innovation Institute (GPII), la definitiva mutación del concepto, con la esperanza de convertir California en el gran laboratorio mundial de productos verdes.
    
A sus 61 años, de vuelta de su experimento fallido en China (la ciudad ecológica de Huangbaiyu que nunca llegó a despegar), William McDonough ha perdido parte del viejo entusiasmo, pero no la fe en sus ideas. De acuerdo con sus cálculos, unos 30.000 productos deberían haber logrado la certificación 'cradle to cradle' en el 2012. De momento son algo más de 300, suficientes (según él) para demostrar que el concepto no es una utopía, sino "un ideal alcanzable, beneficioso y rentable".
    
Como arquitecto, sigue fiel a sus principios: un edificio debe aspirar a ser como un árbol, y aportar lo más posible a su entorno. Lo demostró en su día con la regeneración de la planta de Ford en Dearborn, Michigan, con el tejado verde de 100.000 metros cuadrados. Lo intenta probar ahora con la Base de Sostenibilidad de la NASA en California, capaz de producir más energía (solar y geotérmica) que la que necesita y de consumir el 90% menos de agua que un edificio de sus características.
     
McDonough se ha implicado también hasta el tuétano en el renacimiento de Nueva Orleans, con el diseño de la Flow House y la colaboración con Brad Pitt y la fundación Make it Right, que ha aplicado los principios del C2C ('cradle to cradle') a las casas ecológicas que construye en el Noveno Distrito. El arquitecto pondrá también una pica en Hospitalet del Llobregat, con el centro de investigación y desarrollo de Ferrer que aspira a ser un modelo de construcción biosostenible.
     
Pero su niño mimado sigue siendo 'de la cuna a la cuna' Y su sueño irrenunciable es "convertir el imperativo ecológico en el imperativo económico"...
"Las empresas siguen creyendo que lo verde y sostenible no es rentable. Muchos empresarios te escuchan con interés, pero acto seguido te preguntan: "Me parece muy bien, ¿pero cuánto me va a costar?". No me canso de decirles que la innovación no sólo es beneficiosa, sino que a medio plazo es muy rentable y convierte a las empresas en algo social y ecológicamente relevante. No podemos seguir funcionando como en la vieja revolución industrial; tenemos que cambiar radicalmente nuestros modelos productivos y mentales".
       
Le pedimos a McDonough que haga un esfuerzo didáctico y simplifique el concepto del 'cradle to cradle' (C2C) para profanos... 'Hay que rediseñar las cosas siguiendo las pautas de la naturaleza, donde todo son nutrientes. El residuo es un invento humano, acaso el más pernicioso. Tenemos que pensar en todo momento en el uso presente y futuro de los materiales. Una parte de ellos volverá a la biosfera, otra parte se quedará necesariamente circulando en la tecnosfera".
    
"El primer requisito es pues separar los materiales por su metabolismo. El segundo es lo que yo llamo un plan de gestión de nutrientes: determinar qué se va a hacer con ellos tras su uso. El tercer criterio es que estén fabricados con energías renovables, y el cuarto es minimizar el uso del agua y que pueda ser reaprovechada. El quinto, y no menos importante: que los productos sean fabricados con criterios de  responsabilidad social".
     
El listón del C2C es bien alto, pero está técnicamente nuestro alcance, sostiene McDonnough. La silla Think de Steelcase, uno de los primeros productos en lograr la certificación, es un claro ejemplo: fabricada con el 37% de material reciclado, el 98% de sus materiales son reciclables. Edificios enteros, cubiertas exteriores, materiales de construcción, alfombras, césped artificial, tejidos, teclados reciclables, pañales compostables... El universo del 'cradle to cradle' se ha expandido desde la publicación del emblemático libro, hace diez años, aunque no todo lo rápido que sus impulsores habrían querido.
    
"El concepto está ya muy arraigado en países como Alemania y Estados Unidos, pero nos falta dar un salto cualitativo", admite McDonough. "El terreno está muy abonado también en India (donde se identifica con la idea de la reencarnación) o en China (donde se traduce como 'economía circular'). Cada país debe adaptar el concepto a su propia cultura, pero nuestro objetivo es lograr un estándar global. Y lograr que el 'cradle to cradle' se eleve a la categoría de ley, que sea algo así como la certificación pública de la ecoeficiencia".
     
A McDonough le acusan de un excesivo celo con su certificación. También le critican por el revés sufrido en China, donde sus planes se estrellaron con los deseos de los promotores y con 'problemas de comunicación', pero donde sus ideas de un urbanismo en simbiosis con la naturaleza han echado raíces.
     
El C2C evoluciona entre tanto y da pie a tendencias como el 'upcycling' (el reciclaje 'hacia arriba' de los materiales más valiosos) en contraste con el 'downcycling' o el reciclaje 'hacia abajo' que ha sido hasta la ahora la moneda corriente. McDonough no se cansa de citar el ejemplo inmejorable del aluminio: "Reciclando el aluminio usamos el 95% de la energía y ahorramos el 95% de las emisiones que nos costaría fabricarlo por primera vez. No es de extrañar que sigamos usando el 75% del aluminio producido desde 1888...".
     
Sin renunciar a su pasión por la arquitectura, el artífice de 'cradle to cradle' -hermanado en la distancia con Michael Braungart- sigue dándole vueltas por las noches a cómo 'diseñar' un mundo mejor desde la cuna.

Carlos Fresneda - Londres
Publicado en el blog Ecohéroes de El Mundo

Día de celebración, Fukushima nunca más

El lunes 5, día mundial de la eficiencia energética y el domingo 11 de marzo, aniversario con dolor, de Fukushima. Pues nada, celebrarlo o mejor sentirlo se nos ocurrió hacerlo entre medio de los dos días, y claro, toco entre el sector energético limpio de Bullas. A la llamada ni se lo pensaron parte del equipo de Gehrlicher Solar, ni los integrantes de Automatismos Mofer y el cocinero oficial de la recién llegada a la localidad, alSol. Este último tiró las cocinas solares por la puerta de la nave de Mofer en busca de fotones (en alusión a lo de la casa por la ventana) y con sus mejores galas y echando mano de la despensa nutrida por Vegetalia y proveedores locales de frutos de la huerta, el aceite local Atalayas y un vino llegado de lejos para cata, ni más ni menos que un mítico Spira, intruso en la bodega natural de Bullas, todo sirvió para que sacando servicios energéticos de unas cocinas parabólicas que nada tienen que ver con Iberdrola o Gas Natural, en la celebración se honrara desde la acción directa eso de la eficiencia energética que porque no símil de inteligencia humana y se brindó por todas las victimas de la tecnonucleocracia, afectadas algunas y desde hace un año por una central con seis reactores puesta en un sitio por locos especuladores donde una ola grande causo el mayor accidente nuclear de la historia y va pa largo.


Veguifideua de primero, con ensalada de autor de acompañamiento y bizcocho de postre dulzón con toque de stevia y todo sin emisiones, más eficiente energéticamente no se conoce y menos radiactivo no  es posible. El chef agradeció a los empresarios de la economía solar de Bullas, la acogida, los espacios y las atenciones recibidas na más llegar alSol al lugar, hace ahora un mes y medio. Los aromas expandidos por el polígono levantaron alguna visita, y TeleBullas no se lo quiso perder, y ya en la mesa que si oleeeé por el comunicado de la Fundación Renovables, a rehabilitar toda la obra mal hecha, que si, que es casi toda, para que las viviendas ahorren de verdad, a pesar de los que reparten dividendos gracias a que los kw se van por las paredes, y para ello datos que sorprenden de empleo, ahorro e inteligencia, no te lo pierdas. A media fideua los de Gehrlicher lanzan datos de su plan para el autoconsumo fotovoltaico, que ya pica a la puerta a pesar de que al 5º poder le mosquea y que ellos este viernes lanzan del largo y con brindis de honor se oye otro oleeeé de ilusión por el potencial de la herramienta que si bien la acertamos, podremos comenzar con ella el cambio del modelo energético, que suena a maravillas cuando millones de ciudadanos compartan compromiso de autoproducir y consumir desde sus tejados y lo que sobre a insuflar kw más verdes no se puede, a la red eléctrica de todos manejada ahora por unos pocos. 


Por Fukushima, nos pusimos una careta unos cuantos, porque las victimas somos todos. Los que vean TeleBullas imagino que van a flipar viendo a unos paisanos con careta solar entre cazuelas a reventar hablar de Fukushima con dolor y dar gracias a la energía del Sol. 

¿Este domíngo tienes plan?, mira esto, sólo bueno energético allá podrás encontrar. Fukushima, nunca más

Manolo Vílchez, un agradecido ecologista en Bullas

Un ecologista en Bullas

Inspirado por aquello de que quizás parte de lo más importante en la relación con los demás es amar el lugar donde uno vive, el alcanzable con la vista y aunque el anhelo te lleve a querer ver todo el planeta de un tirón, bajo a lo más sensible para intentar mantener esa relación sincera con el entorno y sus devenires, las gentes y sus ilusiones, los recursos locales y sus servicios vitales, en una población con algo más de 12 mil almas y de nombre Bullas, en el sureste murciano.


Amar el lugar donde un vive, donde te toca vivir la mayor parte del tiempo en el ahora, aunque suene romanticón es quizás una prueba de fe en el aprecio al resto de lugares, tan cercanos ya, donde habitan el resto de los miembros de la familia humana. Amar el lugar y sus contenidos, puede parecer idealista pero igual sirve como poco para encontrar la identidad y otorgarle personalmente lo mejor que uno pueda dar para el bien compartido, el bien común. el bien que importa.

Porque no atreverse a imaginar que allá donde uno se identifica, se busca la vida, la comparte, se desarrolla entre miedos y euforias, allá donde mirando como al horizonte a la vida se la ve pasar, o bricar, o volar... y allá donde cada cual la acompaña con toda la intensidad que precise y pueda, porque no enamorarse de la imperfecta obra humana legada que te rodea con todas sus taras remendables, o del agua que te llega mágica y limpia, para sobrevivir, o del sol que manda energía a raudales para que se enamoren tensamente de él las plantas alimentarias y las que les acompañan o incluso las tecnologías humanas. Porque no imaginar que acortado las distancias a lo que se alcanza placidamente en pocos minutos a golpe de pedal, es suficiente espacio para descubrir maravillas, para no perdelas, para recuperar las que fueron y para despejar a las que llegarán.

Si uno coge y define a la ecologia como una historia de amor entre lo humano y su entorno, ser ecologista en Bullas se me antoja un hermoso deber y un privilegiado derecho cual novio apuesto. Y ya en onirico sobrepasao llega uno a imaginar que una tropa de amantes de todos los lugares de este hermoso planeta deciden de golpe, cada uno en su lugar, narrar lo hermoso, lo feo, lo mejorable, lo necesario, lo inutil, lo acertado, lo equivocado, lo sorprendente, lo emocionado y mandarlo a una base común de datos de amantes globales, que se emocionan, inspiran o incluso dudan entre ellos. Yo he decidido mirar con amor el lugar donde ahora más me toca estar, y no se porque me han entrao unas ganas desproporcionadas de contar detalles de mi subita pasión. Aquí comienzan pinceladas de una enamorao ecologista en Bullas y en la columna de la derecha, se apilará la relación de ellas. Venga, ponte tu también, que enamorarse de lo imposible deja más fácil hacerlo de lo posible y hay veces que lo pide a gritos.
 
Manolo Vílchez

Las bicicletas llegan al Parlamento


Jon Irwin, pedaleando en las calles de Brixton/ Fotos: C.F.

Las bicicletas llaman a las puertas del Parlamento de Westminster. Ochenta diputados acuden a la convocatoria. Todos ellos suscriben el manifiesto del periódico “The Times” por una mayor seguridad para las dos ruedas. Y el país entero se pone a rodar, decidido a impulsar nunca antes el método más eficiente y menos contaminante para moverse por las ciudades.
    
 “Todos los elementos se están confabulando a favor de la bicicleta”, certifica sobre el sillín Jon Irwin, miembro del London Cycling Campaign. “Se está produciendo una cambio definitivo de mentalidad en la opinión pública. Ahora sólo falta ver acciones decisivas y visibles para que aumente aún más el número de ciclistas urbanos”.
      
El punto de partida fue un trágico accidente, el que sufrió la periodista de “The Times” Mary Bowers, arrollada por un camión cuando acudía con su bici al trabajo en la Torre de Londres. Bowers quedó malherida, como otros 2.660 ciclistas al año en el Reino Unido. Con 111 muertes, el 2010 fue un año luctuoso para las dos ruedas. La campaña del Times insiste en que los ciclistas son hoy por hoy los más expuestos a los accidentes, seguidos de lejos por los peatones, aunque las estadística se prestan a todo tipo de lecturas.

“Si hablamos sólo del peligro, la gente no va a perderle el miedo”, amite Jon Irwin, nuestro activista londinense. “La verdad es que las cosas van mejorando para los ciclistas en Londres, pero más lentamente de lo que debieran. En Nueva York han bastado tres años para duplicar las infraestructuras y ganar espacio para las dos ruedas. Aquí, y pese a la apuesta del alcalde Boris Johnson por la bici pública, hemos ido a veces hacia atrás. La prioridad sigue siendo que fluya el tráfico motorizado”.
     
Londres figuraba hasta bien recientemente como caso “ejemplar” de pacífica convivencia entre los coches y las bicicletas. Pero los últimos accidentes, causados sobre todo por los camiones, han sacado a la luz las asignaturas pendientes.
     
“Aun así, Londres me parece una ciudad bastante más segura para los ciclistas que Madrid”, precisa Javier Arias, varios meses fogueándose en el asfalto londinense. “Los coches circulan más despacio por el centro porque las calles son más estrechas. Y los conductores son más conscientes porque hay más bicicletas circulando, y eso es lo que marca realmente la diferencia”.

     
Javier asegura que no ha tenido un sólo amago de accidente en Londres, donde el secreto está en “hacerse visible” y dejar de paso claro que “se quiere una ciudad llena de ciclistas y no de coches”. El ciclista asturiano ha certificado en Londres su adversión a los “carriles bici”: “No los quiero en las aceras, tan de moda en Madrid, porque invaden el espacio a los peatones y favorecen que los ciclistas se comporten de manera agresiva con ellos. No los quiero en la calzada porque, como ciclista, me ponen en una situación de peligro, sobre todo si me obligan a circular por ellos”.
     
En cualquier caso, está claro que Londres (con un 2,2% de los desplazamientos en dos ruedas) está aún muy lejos de Amsterdam o Copenhague (por encima del 33%). Otra campaña de nuevo cuño, Go Dutch, propone precisamente que las calles londineses  sigan el ejempo holandés y resten espacio al coche, en beneficio de los ciclistas y los peatones...
     
“No nos vale la excusa de que las calles de Londres son demasiado estrechas para hacer sitio a la bicicleta”, replica Jon Irwin. “Distintas calles requieren distintas soluciones. Y creo que está bien que existan “superautopistas” para bicicletas (que en realidad no son tales) y que haya también calles donde se comparta el espacio con los automóviles”

.
    
Otra iniciativa que está ganando fuerza en Gran Bretaña es “Twenty is Plenty”, clamando por un máximo de velocidad de 20 millas por hora en las ciudades, lo que disminuiría notablemente el riesgo de accidentes mortales.
 “Un total de 77 peatones murieron el año pasado en Londres”, certifica Irwin. “Se trata de hacer calles menos peligrosas no sólo para los ciclistas, también para los peatones. Y de disuadir al mismo tiempo el uso del coche: la mitad de los desplazamientos en automóvil en Londres son de menos de dos millas, una distancia que se podría cubrir en bicicleta”.
     
Las bicicletas, pues, no sólo llaman a las puertas del Big Ben, sino que extienden sus tentáculos rodantes en todas las direcciones: de Brixton a Camden, de Kensington al East End... “La bici sirve para mejorar la calidad del aire, para aliviar el tráfico, para reactivar la economía local, para reconectar con tu barrio, para combatir la obesidad”, apunta Jon Irwin, presagiando la revolución imparable en nuestras calles.  “¿Existe acaso mejor solución para todos los males que aquejan a las ciudades?”.

Carlos Fresneda · Londres

¡Salvemos el Supermercado del Pueblo!


Interior del supemercado. | C. F.
Interior del supemercado. | C. F.
  • La cooperativa más simbólica de Londres corre el riesgo de cerrar
  • Sus 1.200 miembros tienen descuentos por trabajar cuatro horas al mes
En mayo del 2010, el 'chef' Arthur Potts Dawson y una veintena de entusiastas decidieron plantarle cara a la crisis en el corazón de Londres con una idea rompedora: el Supermercado del Pueblo.
The People's Supermaket fue la respuesta desde la base a los supermercados convencionales. Mitad cooperativa de consumidores, mitad cooperativa de trabajadores, sus 1.200 miembros han podido gozar de descuentos de hasta el 20% a cambio de cuatro horas de trabajo mensuales en la tienda, que apuesta claramente por los productos locales y por el comercio justo, al tiempo que reivindica "el servicio a la comunidad y al medio ambiente".

La respuesta popular fue tan fulminante que el Canal 4 de televisión les dedicó un documental seguido por millones de espectadores. La voz llegó hasta el propio David Cameron, que vino hasta Holborn con la cesta de la compra para visitar el Supermercado del Pueblo y usarlo como escaparate de aquello que aún se llamaba The Big Society.

Un año después, nadie se atreve a volver a hablar de la 'Gran Sociedad'. La ira popular, hasta ahora concentrada en los bancos, empieza a sonar cada vez más fuerte contra las grandes cadenas de supermercados (Tesco, Sainsbury y demás) por los salarios multimillonarios de sus directivos y por la sistemática explotación laboral.

Y repentinamente, pese a las cooperativas de nuevo cuño que han surgido en el país imitando su modelo, The People's Supermarket anuncia que corre el riesgo de cerrar su puertas porque no puede renegociar los impuestos que deben.
"El sistema con el que funcionamos no permite que florezcan las empresas sociales", denuncia Tara Mulqueen, una neoyorquina que se unió al proyecto con la experiencia cercana de la Park Slope Food Coop. "Aquí tienes que ser por fuerza un negocio o una organización caritativa, no hay lugar para un término medio. Nadie valora nuestro servicio a la comunidad, al medio ambiente o a los productores locales".

"A la hora de tributar nos miden por el mismo rasero que cualquier supermercado", se lamenta Tara, con la soga del cierre pendiendo sobre la colorista y simbólica tienda, que ha calado en lo más hondo del vecindario. "¡Salvad vuestro supermercado!", puede leerse estos días en la pancarta de la entrada, a modo de S.O.S. dirigido a las autoridades municipales.

Michael Mulcahy, Tara Mulqueen y Craig Jobbins en la puerta del Supermercado del Pueblo.Michael Mulcahy, Tara Mulqueen y Craig Jobbins en la puerta del Supermercado del Pueblo.

Cocina y floristas

Pese a las dificultades para lograr créditos, el proyecto nació con una inversión inicial de 180.000 libras. Y aunque la facturación ha llegado a superar 1,5 millones de libras, la deuda acumulada con el distrito municipal de Camden ronda las 50.000 libras anuales (la cantidad que ahora están intentando renegociar).

Aunque hay ya en marcha un proyecto para abrir otro Supermercado del Pueblo en el barrio de Hackney, el cierre de la tienda original sería un mazazo para los fundadores. "No sólo pondrían en la calle a 23 trabajadores y causarían un gran perjuicio económico", advierte Michael Mulcahy, despachando en la caja. "Si cerramos, dejaríamos un gran espacio vacío precisamente en el momento en que más necesitamos alternativas a los modelos convencionales".

En las estanterías de The People's Supermarket, los productos más o menos reconocibles se codean con la Leche del Pueblo, los Huevos del Pueblo o la Carne del Pueblo, procedentes de granjas cercanas. Los vegetales y las frutas son también de procedencia local, aunque no falta la Coca-Cola, los Corn Flakes u otros productos típicos de cualquier supermercado.
Como ingrediente añadido, 'La Cocina del Pueblo' se ha convertido también en un poderoso reclamo para el vecindario. Vincent Manzanilla, que trabaja como voluntario, certifica que no sólo se sirve todas las semanas cientos de comensales, sino que se aprovechan más de 200 kilos de alimentos que de otra manera acabarían en la basura.

En el sótano de la tienda, las Floristas del Pueblo -Annette Sackar y Denise Walker- trabajan esta semana a destajo para completar a tiempo los ornamentos para un funeral: "Esperamos no tener que hacer los arreglos florales para nuestra propia despedida... Este es un proyecto en el que la gente ha puesto demasiada energía e ilusión como para que pueda morir".

Las Floristas del Pueblo Annette Sackar (sentada) y Denise Wolker (en primer plano). | C. F.Las Floristas del Pueblo Annette Sackar (sentada) y Denise Wolker
(en primer plano). | C. F.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

Judias cocinadas sin carbón

Me cuenta Jorge que se llevó un día a los chavales a la playa, y que les hizo unas fotos y que en una de ellas cuando la visionó en la pantallica vio un bucólico barquillo a vela, al fondo del encuadre. Se acercó, y la carga parecía que eran unos sacos de rafia blanca. Me sigue contando que en mercado del pueblo más cercano por donde ha andado estos últimos tres meses no pudo sacar una foto que perseguia. Fue dos veces pero no. 

Los chavales de la playa estaban viviendo en un orfanato, el mar de la foto era el Caribe, la barca del fondo llevaba carbón vegetal en sacos, en el mercado quiso y no pudo fotografiar el comercio energético de árboles carbonizados, Jorge ha estado tres meses de voluntario, por su cuenta, en Haití.


El menú de El Vergel es de ensueño como siempre, yo cuando estoy en Madrid no tengo otro sitio donde ir, siempre vuelvo al mismo, porque creo que nunca me cansare de disfrutarme sus menús del día. Jorge lleva un rato en Madrid, ha sido casualidad la conexión, acaba de llegar y se ha pasao tres meses en el orfanato, entre otras cosas,  ayudando a cocinar la comida de los 30 a 50 comensales del lugar. El 90% de las veces han sido judías a palo seco, para luego mezclarlas con arroz, pero también se ha puesto con bizcochos, cereales, platos típicos y hasta panes. Disfruta en la mesa, se le nota, aunque lo observo y come lo justo, con agradecimiento nombra los sabores y colores que tiene sobre el plato, no pide postre, se toma una tila mientras yo me extasio con el flan de agar agar y me encuentro en mi copa el resto de su cerveza 00.


Me cuenta como con un colaborador de 25 años, haitano de toda la vida y panadero formado, se atrevieron con unos panes receta local, y de como el chaval le dijo, que de todos los panes de su vida el que acababan de sacar de la cacerola función horno de aire caliente en una cocina solar parabólica, ese fue el pan más gustoso que con sus manos pudo preparar hasta ese día.

Jorge es ingeniero electrónico, esta preparando su proyecto fin de carrera que trata sobre un aparato para seguir el sol para que un horno o cocina solar rinda más, y lo más automáticamente posible. Ya andaba con ello cuando Haiti se vino más abajo por lo telúrico, allá se fue volao y ayudo en todo lo que pudo, al volver llamó y dijo que volvería pero con una cocina solar bajo el brazo porque lo que vio del carbón, le pareció muy negro. Y así fue, además de llevarse en la maleta unos kits educativos de solar fotovoltaica y en los huecos todos los juguetes y libros ilustraos que pudo, en su segundo viaje ha hecho todo lo que ha podido ademas de cocinar con el sol durante 3 meses, hablar con los locales de todo tipo y condición y llegar a la conclusión de que allá las cocinas solares no son importantes solo para el medio ambiente sino que quizás mucho más para la cartera. Cada saco de la bucólica barca a vela de la foto cuesta entorno a 20 euros, son unos 18 kg de carbon que multiplicados por 6 kg de media dan el peso de lo que en su dia fue un árbol. Con el entusiasmao panadero llegaron a tramar que con 20 cocinas solares a 5 panes al día por unidad, 100 panes eran ya una empresa considerable, donde lo mejor de todo era que no había que pagar por carbón, nada y que sacando números, los panes iban además a competir sin duda en el mercado. Quizás el tercer viaje, que ahora no sabe cuando será, vete a saber si no se hace socio con él del pan y ponen un cartel de Panadería sin emisiones, panes solares, o parecido...

La foto de los chavales en la playa con el transporte energético al fondo me rememora la primera foto que hice en Haiti, después de una mañana intentando pasar la caravana por la frontera de Malpaso, a los 100 días del terremoto y percatarme desde la ventanilla que la barquilla donde remaba sudoroso un chaval de ojos blancos y piel oscura, que llegaba a la orilla podría llevar en esos sacos, el tan nombrado carbón vegetal. Al otro lado del lago esta República Dominicana, y los de la caravana asistimos en primer plano al contrabando energético, uno de los pocos negocios bollantes del dólido país donde no queda en pie y a pesar de la protección, más del 1% de los árboles que un día daban sombra, evitaban riadas y garantizaban alimentos y mucho más, a ese paraíso extinto.


Rumbo al metro nos para la policia, nos piden el carnet con guantes en las manos y nos hacen las preguntillas típicas, ambos, eso si, con pinta desenfadada y sonrientes bien nutridos de papeo e ilusiones, no llego a saber que vieron en nosotros, felices de con nuestras actividades no hacer daño a nadie y yo preguntándole en ese preciso momento a Jorge si ha calculao cuantos kilos de judías procesó, sin gastar un gramo de carbón, ensuciar el aire y los pulmones de la gente del orfanato, cuidando Haití como pocos. Le digo a un agente que venimos de alla al lao, de El Vergel, de comernos un menú, y sale Jorge y me dice, a 4 kilos por día, 60 días en total, 240 kg de judías, que no es poco. Creo que los jóvenes currantes del orden, se dieron cuenta que tenían delante a dos ciudadanos algo especiales. Nos despedimos y me comenta que tiene que acabar el informe para pasarlo a las gentes del Casal Prosperitat de Nou Barris en Barcelona, que con la donación de la caja hecha en la jornada por Haiti que celebran cada año, como que se fueron también con Jorge a Haiti, poniendo en sus manos la cocina solar y el caceroleo que servirá durante mucho años, a los chavales del orfanato y los cocineros que les preparen las viandas.

Manolo Vílchez

Lo que Occupy nos dejó



Fotos: C.F.

Han tardado poco en borrar el rastro de los “ocupantes”. Las porras de la policía dejaron paso a las mangueras, gentileza de la Corporación de la Ciudad de Londres. El olor a humanidad sucumbió bajo el poder de los desinfectantes. Los alrededores de la Catedral de St. Paul recobraron su aspecto aséptico y pétreo, a tiempo para la inminente visita de la Reina.

Y en el interior el templo, día de plegaria y reflexión. Al menos tuvieron el detalle de no cobrar 12,50 libras a la puerta y dejar entrar gratis a la gente: otro los de “logros” impagables de Occupy London, que ha hecho temblar los cimientos de las finanzas y de la Iglesia Anglicana.

     
¿A quién le importaba lo que cobraban los banqueros hace cinco meses? ¿Quién se atrevía a desafiar a “los ídolos de las altas finanzas”? ¿Quién hablaba del “precio corrosivo” de la desigualdad económica?
     
Contra viento y marea, los “indignados” londinenses han logrado poner sobre el tapete los temas más candentes en plena crisis económica. Ridiculizados como “una panda de haraganes y fumetas” por los "tories", hostigados hasta el último momento por la prensa conservadora, los miembros de Occupy London han dejado su huella indeleble sobre el granito de St. Paul.
    
“Este no es más que el principio”... Podía leerse en uno de los últimos mensajes que llegaron a dejar con tiza los últimos “indignados”, que volvieron por la tarde a las escalinatas en son de paz, para tramar los siguientes pasos... “¿Y ahora qué?”.

“Ahora es el momento de reflexionar, recargar baterías y poner en práctica todo lo que hemos aprendido durante todo este tiempo”, asegura Nafisa Shamsuddian, preocupada aún por los doce detenidos que seguían en las dependencias policiales. “No nos vamos a dispersar de la noche a la mañana; volveremos a la acción”...
      
“Mayo es uno de nuestros meses favoritos”, podía leerse en el comunicado de Occupy London, insinuando acaso una nueva y sonada acción global coincidiendo con el aniversario del 15-M. Algunos de los más de doscientos desalojados han trasladado de momento sus bártulos a Finsbury Square, el campamento paralelo al otro lado de la City. Pero incluso allí, los ánimos empiezan a decaer tras un largo invierno.
       
Mientras los “indignados” londinenses deshojan su estrategia primaveral, The Guardian recuerda en su editorial de hoy cómo la mayoría de los británicos han acabado comulgando con el idealismo del movimiento y cuestionan los poderes económicos como nunca antes.
       
En St. Paul, mientras, se ha instalado un inquietante silencio de piedra, presagio tal vez de lo que está aún por llegar. Como dice una de los lemas más repetidos del movimiento: “Esto no es una protesta, es un proceso”...

Carlos Fresneda - Londres
Publicado en Blogoterráqueo de El Mundo




 

20 detenidos en el desalojo de los 'indignados' de Londres

  • Se lanzó la operación a la medianoche y los 'ocupantes' montaron barricadas
  • Los 'indignados' acusan a la catedral de haber 'traicionado' al movimiento
  • 'No es el principio del final, sino el final del principio', afirman
La policía esperó a las campanadas de la medianoche en St. Paul para desalojar a los 'indignados' que llevaban acampados desde el pasado 15 de octubre en las escalinatas de la catedral londinense. Unos levantaron con resignación sus tiendas de campaña y formaron círculos de plegaria. Otros levantaron barricadas y opusieron resistencia.


Uno veinte miembros de Occupy London fueron detenidos en el forcejeo con la policía, que se empleó a fondo para "limpiar" el campamento y dejar el menor rastro posible de la "ocupación" pacífica que ha golpeado la conciencia de la City.

Los manifestantes acusaron a las autoridades de la catedral de haber claudicado ante la Corporación de la City y de haberles "traicionado" en el último momento. Aunque lo cierto es que las decenas de "indignados" que resistían a los pies de la catedral llevaban contando las horas desde la pasada semana, cuando un tribunal londinense dio el visto bueno a la orden de desalojo.

"No es el principio del final, sino el final del principio", declaró ante las cámaras de la BBC George Barda, uno de los cinco miembros de Occupy London que decidió llevar el desalojo ante el Tribunal Supremo.
"No podemos permitir el drama eclipse las cuestiones importantes que afrontamos en este país y en todo el mundo", añadió Barda. "No me cabe duda de que, conforme la situación económica siga empeorando, más y más gente se va a unir a nuestro movimiento".


Otro 'indignado', Ed Green, plantó resistencia hasta el último momento y se unió a un grupo parapetado tras lo que había sido la cocina colectiva del campamento: "Hay gente que elige la resistencia pacífica, pero yo pienso que no hay nada malo en ejercer la autodefensa".
La policía actuó ayudada por potentes reflectores. A las dos de madrugada hubo un apagón general, aprovechado por algunos miembros de Occupy London para atrincherarse en las puertas de la catedral. La policía reveló poco después que tenía el permiso explícito de St. Paul para evacuar a los "indignados" de las escalinatas, usadas durante los cuatro últimos meses como anfiteatro en las asambleas populares.

Poco después del desalojo, y antes del amaneces, muchos de los 'indignados' se trasladaron con sus bártulos al segundo campamento de Occupy London en Finsbury Square, al otro lado de la City, donde recalcaron su mensaje con nuevas y viejas pancartas: "No podéis desalojar una idea cuyo momento ha llegado".

Los miembros de 'Occupy London' que protestaban entre otras cosas por los excesos de la Banca y las grandes corporaciones, han pedido a través de sus cuentas en Twitter "la necesidad urgente de observadores legales" y denuncian que las fuerzas del orden están llevando a cabo arrestos.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

'Mueve tu dinero'

Pancarta de protesta ante la sede de Barclays en Londres.

   Pancarta de protesta ante la sede de Barclays en Londres.
  • Pretende usar el poder ciudadano para generar un cambio en el sistema
  • 'Los grandes bancos siguen actuando como si nada'
Michael Shepard quiso ser el primero en la cola del banco. A las nueve de la mañana, a la misma hora en que el Barclays anunciaba unos beneficios de 5.900 millones de libras (unos 7.000 millones de euros), Shepard daba por cancelada su cuenta corriente de poco más de mil libras en señal de protesta.

"No quiero ser parte de esta cultura, quiero que me devuelvan hasta el último penique", se lamentaba el profesor de 35 años. "No me gusta en que mi banco invierta mi dinero en armamentos o en asuntos sucios. Pero ahora me han dado la excusa definitiva: no quiero que mis ahorros vayan a engordar los 'bonus' millonarios que se reparten los banqueros".

Shepard no estaba solo en la cola. Tras él, unos cuarenta clientes del Barclays acudieron a la sucursal del Southhampton Row con la misma cantinela: "Queremos cerrar nuestras cuentas". "El servicio al cliente del banco es atroz, a ver cómo se portan", se lamentaba en la cola Leomi Potter, 25 años, también profesora. "La verdad es que llevaba tiempo queriendo dejar el Barclays, voy a experimentar una tremenda sensación de alivio".

Práctica nueva en Reino Unido

Sumándose a la cola -aunque sin intereses en el banco- Jessica Sinclair Taylor desplegó la pancarta de 'Move Your Money', la campaña que incita a "mover tu dinero" de los grandes bancos y desviar los ahorros a la banca ética, a las mutuas o a las cajas de ahorro. La singular iniciativa acaba de despegar en el Reino Unido, aunque lleva ya más de dos años circulando en Estados Unidos, donde se calcula que más de 10 millones de clientes han cancelado sus cuentas en los grandes bancos.
"¿Qué puede hacer el ciudadano medio para cambiar el sistema financiero?", fue la pregunta que lanzó ingenuamente la periodista Arianna Huffington (antes de la fusión con AOL) a un grupo de influyentes amigos a finales del 2009. La respuesta se la dio Rob Johnson, del Roosevelt Institute: "La gente puede mover su dinero".

"Sacar el dinero de un banco es algo más que una acción simbólica", sostiene Jessica Sinclair Taylor, recogiendo el testigo europeo del movimiento. "Nuestra idea es usar el poder colectivo que tenemos como ciudadanos para generar un cambio en el sistema. De alguna manera estamos 'votando' con nuestro dinero para que el sector bancario, que fue el que nos arrastró a la crisis y luego recibió miles de millones de dinero público, cambie de una vez por todas".

[foto de la noticia]
Robert Deakin y Porta Roelofs. | C.F.



                                          
Robert Deakin y Porta Roelofs. | C.F.

La 'paga antiausteridad'
Michael Shepard, el profesor 'mileurista', ayudaba entre tanto a completar el cartel informativo a la entrada del banco, con especial hincapié en el reparto de las jugosas primas entre los directivos y empleados: 1.500 millones de libras. La última casilla, la que corresponde al pedazo de la tarta que se lleva el director ejecutivo del Barclays Bob Diamond, se quedó finalmente en blanco.

"Estoy aquí para anunciar los resultados, y no para hablar de los bonus", dijo Diamond en la presentación del ejercicio del 2011. Se calcula que su prima podría superar los 3 millones de libras, de modo que sus ingresos anuales estarán por encima de los 11 millones de libras (12 millones de euros). A eso le llaman "paga antiausteridad".

"Los grandes bancos siguen actuando como si nada, mientras somos los ciudadanos quienes pagamos el precio de la crisis", se lamenta Porta Roelofs, estudiante universitaria, que la semana pasada retiró sus ahorros del Banco de Santander. "Lo cierto es que el banco me estaba exprimiendo, mientras que cada vez me cuesta más costearme los estudios. He metido mi dinero en el Cooperative Bank, porque me tratan mejor y al menos sé que tienen un compromiso ético".

Como tantos otros, y pese a no ser clienta del Barclays, Porta entregó en la ventanilla la petición de 'Move Your Money', expresando su "preocupación" y su "frustración" por el funcionamiento del sitema bancario y anunciando que animará a sus familiares y amigos para que "muevan" su dinero a otro banco.

El variopinto cortejo monetario convocó no sólo la atención mediática a la puerta del Barclays, también la de decenas de londinenses, entre la curiosidad y el despiste... "Yo tengo una cuenta en ese banco, ¿es que se van a quedar con mi dinero?", preguntó con un inquietud un paseante. "Tranquilo, te lo están quitando poco a poco", respondió otro, "y se lo están repartiendo como beneficios".

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

Villar de Cañas Antinuclear, 12 de febrero del 2012

MANIFIESTO DE LA COORDINADORA ESTATAL ANTINUCLEAR CONTRA EL ALMACEN TEMPORAL CENTRALIZADO
 
La gestión de los residuos nucleares es uno de los asuntos no resueltos por la industria nuclear. Después de décadas de operación de estas instalaciones, el debate sigue abierto. ¿Qué hacer con los residuos nucleares? Los enormes plazos temporales que se manejan no permiten afirmar que ninguna de las opciones contempladas sea segura, ni el AGP (Almacenamiento Geológico Profundo), ni los almacenamientos temporales (ATC – almacén temporal centralizado- o ATIs -almacén temporal individual), ya sean en seco o en piscina.

La energía nuclear es contaminante, cara, peligrosa, y socialmente inaceptable, por lo que debe detenerse cuanto antes su funcionamiento. Dejar de producir residuos altamente radiactivos es el primer paso para dar lugar a un debate social, público, transparente, y con la suficiente información y tiempo sobre su gestión.

El debate es necesario, y debe tomarse su tiempo. La urgencia con la que se impone la decisión tomada no es real. Las piscinas de las centrales de Garoña y de Ascó se saturarán entre 2013 y 2015, por lo que difícilmente se concluirá la construcción del ATC antes de esa fecha. En el caso de los residuos vitrificados del reactor de Vandellós I, el dinero que se paga a Francia en concepto de aval será devuelto cuando los residuos retornen a España, descontado el coste de almacenamiento. Por lo tanto hay tiempo suficiente para llevar a cabo un debate amplio que, en cualquier caso, debe darse tras el anuncio de un calendario de cierre de todas las centrales nucleares en el estado.

Por contra, el gobierno español aprobó en 2006 el Sexto Plan General de Residuos Radiactivos, en el que se contemplaba la construcción de un Almacén Temporal Centralizado, y en diciembre de 2009 se abrió el plazo de presentación de candidaturas. En todo el proceso ha habido un importantísimo déficit democrático y de participación pública, dándose varios casos, como el de Villar de Cañas, en los que los plenos de los ayuntamientos en los que se aprobó la candidatura fueron convocados de forma extraordinaria a finales del plazo de presentación.

Desde el punto de vista de las organizaciones que integran la CEAN, el proceso incluso incumple la legalidad vigente, como el artículo 6 del "Convenio de Aarhus”, sobre el acceso a la información, la participación del público en la toma de decisiones y el acceso a la justicia en materia de medio ambiente, del que España es signataria. La ciudadanía y las organizaciones sociales no han tenido, en ningún momento, acceso al proyecto de silo nuclear.

También se viola el acuerdo aprobado en el Congreso el 24 de febrero de 2010, recogido en una iniciativa no legislativa por amplia mayoría de los grupos parlamentarios, en el que se instaba al gobierno a elegir el destino del ATC con un amplio consenso social, territorial e institucional.

Estamos aquí para demostrar que no existe ese consenso, que numerosas organizaciones y personas de la región se oponen al emplazamiento en Villar de Cañas de un “vertedero” de residuos radiactivos. El deterioro que supone para la imagen de la región dificultará sus posibilidades de un desarrollo verdaderamente sostenible, basado en los recursos naturales, en la agricultura y la ganadería, o en el turismo rural. El dinero con el que se intenta comprar voluntades no solventará los problemas laborales, de salud, o de abandono de las zonas rurales, como se ha venido dando en las zonas afectadas por centrales nucleares en España. Ese dinero, además, fomentará el caciquismo. El empleo generado será de alta cualificación y especialización, por lo que no beneficiará a las personas que habitan la región.

La construcción del almacén de residuos radiactivos supondrá la posibilidad de aumentar la vida útil de las centrales nucleares por encima de su vida útil de diseño, incluso más allá de los 60 años, y la posibilidad de construcción de nuevas plantas nucleares, ya que el ATC es modular, permitiendo su ampliación. Es inadmisible la imposición a la población de cualquier región de algo que no se conoce, ni su grado de peligrosidad, ni su cantidad, ni su futuro.

Por todo ello, la Coordinadora Estatal Antinuclear, se suma a la lucha de la población afectada por la instalación del ATC, y reclama la suspensión del procedimiento de asignación del Almacén Temporal Centralizado, así como un compromiso de cierre de las centrales nucleares en España, con fechas concretas y comenzando de forma inmediata por la central nuclear de Garoña, así como el necesario debate posterior sobre la gestión de los residuos generados.
12  de febrero de 2012