10 de abril de 2012

Safari anatómico al rojo vivo

Después de “despellejar” cientos de cadáveres humanos para las exposiciones intinerantes de “Body Worlds” (34 millones de visitantes en todo el mundo), el científico iconoclasta Gunther von Hagens, con su sombrero a lo Idiana Jones, decidió embarcarse en un reto de dimensiones “paquidérmicas”...
     
“Samba” murió en febrero del 2005 de una enfermedad cardiovascular en el zoológico de Neunkirchen. Su inmenso cadáver estuvo a punto de ser triturado para extraer la grasa animal. El doctor Norbert Fritsch paró a tiempo la macabra maquinaria y llamó por teléfono al Instituto de Plastinación de Heidelberg:
-“¿Aceptarían ustedes una elefanta?”
La aceptaron. Y durante tres años, el equipo de 30 expertos capitaneado por Gunther von Hagens consumió exactamente 64.000 horas en el laborioso proceso de embalsamado, extracción de los líquidos corporales, disolucion en acetona, impregnación de polímeros y resinas, posicionamiento del cuerpo y “curado” final.
    

El apabullante resultado es este “gentil gigante” de cinco toneladas, con los 40.000 músculos de su trompa en “carne viva”, que saluda desde esta semana a los intrépidos visitantes de 'Animals Inside Out' ('Animales por dentro hacia afuera') del Museo de Historia Natural de Londres. A su lado, una jirafa de más de cinco metros nos muestra las arterias de su cuello, dotadas con válvulas especiales para garantizar que la sangre le llega al cerebro en cualquier posición.
      
Más cerca, casi humano, tenemos al gorila “Artis”, que murió en el zoo de Hanover, y fue también plasnitizado en posición desafiante y vertical, con sus doscientos kilos de masa corporal sostenidos por una poderosa maraña de músculos que para sí quisiera un levantador de pesas.
      
“Tenemos pequeñas o grandes diferencias anatómicas, pero a fin de cuentas todos estamos hechos de la misma materia y formamos parte del reino animal”, sostiene Angelina Whalley, directora del Instituto de Plastinación y mano derecha de Gunther von Hagens en sus exposiciones en medio mundo.
       
La nueva muestra se titula “Animal inside out”, con un crédito al inicio aclarando que todos los animales expuestos fueron donados después de muertos. El escalofrío de “Body Worlds” deja paso aquí al asombro y a la incredulidad ante este peculiar safari bajo la piel de decenas de especies: de los tiburones a los calamares gigantes, de los antílopes a los caballos, de los bueyes a las cabras...
     
“La idea es desvelar el milagro de la anatomía, hacer ver lo extraordinario detrás de los ordinario”, asegura Whalley. “La controversia que crearon nuestras primeras exposiciones ya quedó atrás. La gente ha entendido que detrás de todo esto proceso hay un afán de infinita curiosidad... Ahora que sabemos mejor cómo funciona el cuerpo humano, vamos a explorar el interior de otras especies más o menos cercanas”.

 Un tiburón. | Gunther von Hagens/Institute for Plastination.
 
Cabeza de caballo.| Gunther von Hagens/Institute for Plastination.

Después del elefante y el gorila, Angelina Whalley muestra su predilección inconfesable por el tiburón, con la infinita red de vasos sanguíneos –rellenos de pintura roja- dándole una apariencia fosforescente en medio de la oscuridad de la sala. “Es el primer pez que hemos conseguido plastinizar”, explica Whalley, que nos invita a mirar con igual detenimiento el inmenso hígado del escualo, extraído y expuesto en la misma vitrina.
      
Richard Sabin, al frente del Departamento de Vertebrados, prefiere sin embargo la “configuración” de los vasos capilares del conejo: “Estamos ante una auténtica obra de arte de naturaleza... Creo sinceramente que va a haber un antes y un después de esta muestra. Nunca volveremos a ser capaces de volver a mirar el reino animal con los mismos ojos”.
      
Defiende Sabin la decisión de abrir de par en par las puertas al particular “safari” de Von Hagens en una institución con la solera y la reputación del Museo de Historia Natural: “Este es el contexto ideal. Aquí labró su fama Richard Owen, el padre de la anatomía comparativa y no puedo dejar de pensar ante este increíble despliegue que nunca habría sido posible sin la técnica de la plastinación”.
    
Un camello. | Carlos Fresneda.

Nos invita Sabin a admirar otra de las principales atracciones de la muestra, la jirafa “segmentada” que puede contemplarse casi como una obra de arte... “No hay ni un asomo de violencia o crueldad en los animales que aquí vemos. En todo caso percibimos su fragilidad como seres vivos, y su asombrosa belleza”.
 
Una de las particulares obsesiones de Gunther von Hagens son las cabras, por su condición prodigiosa de “acróbatas”: en “Animal inside out” descubrimos cómo sus patas anteriores no están unidas al pecho por articulaciones, sino por músculos y ligamentos que facultan su condición de “todo terreno”.
      
Grandes pulmones y un corazón fuerte son el secreto “volador” de los caballos, uno de los mejores ejemplos de adaptación animal a su medio por excelencia: la pradera. La cabeza del equino –su centro de mando- soprende al visitante partida en tres, para que podamos observar todo lo que esconde bajo sus hocicos.
      
El desierto ha forjado al animal resistente por excelencia: aquí tenemos al camello, patido en tres en el hall del Museo de Historia Natural, exhibiendo sin pudor el estómago en el puede almacenar de un largo trago hasta 100 litros de agua (suficientes para resistir sin beber dos semanas).
     
Las vacas tienen el mismo número de dientes que los humanos (32) y sin embargo mastican hasta 30.000 veces al día y son capaces de generar hasta 150 litros de saliva. No contentos con hacernos viajar al sistema digestivo de los rumiantes, Gunther von Hagens nos invitará finalmente a apreciar en todo su poderío un corazón de toro, que pesa exactamente 2,5 kilos, cinco veces más que el corazón humano.
 
Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

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