10 de enero de 2009

…Y EL MUNDO CAMBIA

“El futuro ya está aquí, pero aún no ha sido distribuido”.
William Gibson

Carlos Fresneda, enviado especial Seattle

El cambio se está gestando en los rincones más insospechados del planeta, pero no hemos podido verlo hasta ahora. El otro mundo posible existe ya en lugares tan remotos como Zimbawe (los edificios “termiteros” de Mick Pearce), Singapur (los rascacielos arborescentes de Ken Yeang), Niza (el coche de aire comprimido de Guy Negre) o Abu Dhabi (la primera ciudad de “emisiones cero” en Masdar). Como nunca antes, ecología y tecnología avanzan por caminos paralelos y confluyen en Worldchanging, algo así como la biblia del mundo cambiante.

Desde su atalaya en Seattle, ciudad-bandera de tantos movimientos sociales, Alex Steffen lleva cinco años oteando todo lo que se despunta en el horizonte: soluciones, modelos e ideas para reinventar el modo en el que vivimos en el planeta y que ya están ahí, esperando a que abramos los ojos y conectemos los puntos.

Worldchanging da nombre al libro (“manual de uso para el siglo XXI”) y sobre todo a a la red que une a cientos de expertos en todos los campos imaginables, arracimados en torno a ese movimiento que el propio Steffen ha bautizado como los “bright greens” (“verdes brillantes”). “Los ecologistas nos hemos peleado entre nosotros durante muchos años”, asegura Steffen. “Por un lado están los que yo llamo verdes “oscuros”, con raíces en los años sesenta, activistas con ideas de la ecología profunda que sienten un gran recelo hacia la tecnología y la industrialización. Luego vinieron los verdes “claros”, gente de generación, en torno a los cuarenta años, concentrados en el estilo de vida y en los cambios personales, que desconfían tanto del activismo como de la capacidad del Gobierno para cambiar las cosas”.

El tercer grupo, sin ánimo de ofender, es el de los verdes “brillantes”... “Y aquí entran quienes piensan que la tecnología no es sólo el problema sino posiblemente la solución. A este grupo pertenecen diseñadores, arquitectos, ingenieros, empresarios, gente que suele crear y construir cosas, y que busca el modo de actuar más en consonancia con la naturaleza. Digamos que apuestan por una manera más envolvente y amplia de cambiar el mundo”.

Los verdes brillantes son de algún modo herederos del espíritu de Buckminster Fuller, el pensador y visionario (inventor de la cúpula geodésica) que intentó responder una y otra vez a la pregunta: “¿Tiene la humanidad la posibilidad vivir de un modo duradero en la nave espacial Tierra?”.

Su testigo lo recogió entre otros Stewart Brand, fundador del Whole Earth Catalogue y pionero en el uso del internet como herramienta de cambio social. En los albores del movimiento ecologista, Brand defendía ya una visión “más racional y menos romántica” del activismo. Cuando unos propugnaban la vuelta a la tierra, él alababa las virtudes de la ciudad como el habitat humano por excelencia.

El autor de ciencia ficción Bruce Sterling, colaborador habitual de “Wired” y padre del experimento de diseño verde “Viridian Design”, es otro de los inspiradores del movimiento. Sterling sostiene que la naturaleza intacta “murió” en el siglo XX y que en este mundo profundamente alterado –con la amenaza añadida del cambio climático- el hombre no tendrá más remedio que practicar la “respiración asistida” al planeta.

“Entre los ecologistas ha habido siempre un recelo hacia todo lo que es tecnología”, admite Alex Steffen, el fundador de Worldchanging. “En campos como la biotecnología, que no servirá ni mucho menos para acabar con el hambre en el mundo, esa desconfianza está más que justificada. Pero no se puede ser sistemáticamente antitecnología o protecnología. Sin la “buena” tecnología, por ejemplo, nunca vamos a poder lograr la reconversión energética, ni garantizar el suministro de agua potable”.

El dilema de fondo –como bien apunta Ross Robertson en su semblanza del movimiento de los “bright greens”- es cómo conciliar nuestra profunda ambivalencia sobre la raza humana y nuestra presencia en la Tierra, cómo salvar esa dicotomía secular entre naturaleza y civilización.

Worldchanging pretende de tender puentes entre las distintas tonalidades de verde y unir en lo posible el abismo generacional en el movimiento ecologista. “Nuestro usuario medio en internet ronda los 25 años”, admite Steffen. “Los activistas de las organizaciones ambientales son bastante más mayores. Pero la situación ha llegado a un punto en que la acción no puede esperar: los cambios llevan tiempo, y tiempo es que lo que tenemos...”.

Paul Stamets aspira a limpiar los ecosistemas marinos del noroeste de Estados Unidos usando hongos como filtros biológicos. Mohamed Bah Abba ha cambiado la vida a decenas de miles de nigerianos con sus “neveras” de arcilla que imitan el efecto botijo. Los conos solares y los hornos parabólicos traen el agua potable y la cocina sin leña a remotas aldeas de Yemen hasta Uganda. Los “telecentros” de Brasil socializan el acceso a la tecnología en los barrios pobres. Los tejados verdes, como el que cubre el Ayuntamiento de Chicago, despuntan como la solución al efecto “isla de calor” en las ciudades.

"Algunas soluciones requieren tecnología compleja, otras son simplemente cambios sistémicos o de puro sentido común”, sostiene Alex Steffen. “El problema de fondo es que en el mundo industrializado todos los productos tienen un coste “oculto”, y hay que trabajar también por hacer visible ese coste, por hacer más “transparente” el modo en que vivimos”. Worldchanging cuestiona el consumismo voraz como una de la mayores causas del deterioro del planeta... “Si todo el mundo viviera como los americanos necesitaríamos seis planetas, para vivir como los europeos harían falta tres. Tenemos el deber moral de encontrar otro modelo que les dé esperanzas a esos dos mil millones de humanos que aspiran a vivir como nosotros, preservando al mismo tiempo el medio ambiente. La huella ecológica es una bellísima y útil metáfora que permite visualizar ese impacto que hasta ahora era invisible. Tenemos que aspirar necesariamente a la huella compartida de un solo planeta”...

Las ciudades funcionarán como ecosistemas y reduciremos necesariamente nuestra “movilidad”. Proliferarán las huertas urbanas y el consumo de productos estrictamente locales. La energía se descentralizará y circularán libremente en el “intergrid”. La tecnología limpiará su expediente y dejará atrás la segunda revolución industrial. Ecología y economía irán por fin por el mismo carril y emergerá la figura del “empresario social”.

Todo eso se intuye explorando las 600 trepidantes páginas de Worldchanging, compendio del presente palpitante, repaso actualísimo a lo último en inventos “verdes”, innovaciones sociales, eco-economía, activismo político, idealismo práctico... Más de setenta porteadores repartidos por todo el mundo renuevan los contenidos en la red, pero nada mejor que el manual imperecedero –diseñado por Stefan Sagmeister- que está ya traducido a media docena de idiomas y que posiblemente tengamos pronto en español.

“Tenemos un gran reto por delante y necesitamos una nueva visión para el futuro”, advierte en el prólogo de Al Gore. En eso anda la tribu de los verdes “brillantes”, con Alex Steffen a la cabeza, desde la siempre cambiante Seattle: “Imagina un futuro mejor. Encuentra aliados. Comparte herramientas. Constrúyelo. Empieza ahora”.

Worldchanging


Publicado en Natura 32, enero 2009


Bioneros
Steward Brand
Brand es fundador del 'Whole Earth Catalog', uno de los primeros compendios de herramientas y textos para ayudar a la creación de comunidades sostenibles. Pensador social y activista durante los años 60. Fundador de WELL ( 'www.well.com') una de las primeras comunidades 'online'. Impulsor de la 'Long Now Foundation' ('www.longnow.org'), consagrada al «pensamiento a largo plazo»... «La urbanización es el cambio más masivo y repentino en la historia de la humanidad. Los ecologistas serán recompensados si dan la bienvenida a las ciudades e intentan cambiarlas desde dentro».

Bruce Sterling
Bruce Sterling es autor de ciencia ficción, uno de los impulsores del movimiento 'cyberpunk' (y también del 'green punk', su faceta 'verde'), colaborador habitual de la revista 'Wired' y fundador en 1999 del 'Viridian Design Movement', abierto al gran público en la página web 'www.viridiandesign.org'. «El siglo XX acabó con la naturaleza. La alteración del clima alterará el equilibrio ecológico para cada criatura que respira. De ahora en adelante, la naturaleza está en la unidad de cuidados intensivos: cualquier movimiento que intente avanzar en el siglo XXI deberá afrontar esas consecuencias».


Alex Steffen

Pensador, periodista y creador en el 2003 de 'Worldchanging' ('www.worldchanging.com'), la mayor red de difusión de innovaciones ambientales con más de 9.000 artículos de los principales pensadores, condensada en un volumen de 600 páginas que está considerada como la 'biblia' del movimiento 'bright' 'green', donde confluyen ecología y tecnología... «El futuro tiene dos caras: una de ellas es negra e impensable, y la otra es verde y brillante, difícil de imaginar ahora mismo, pero seguramente alcanzable si logramos conectar la gente, las herramientas, los modelos y las ideas que lo van a construir».


McDonough/Braungart
William McDonough y Michael Braungart, arquitecto norteamericano y químico alemán respectivamente, son los autores del libro y del concepto 'Cradle' 'to' 'cradle'. Este manifiesto aspira a la transformación radical de los sistemas de producción para que no exista desperdicio alguno y todo vuelva a su lugar de origen: «De la cuna a la cuna»... «Con nuestro conocimiento cada vez mayor de los sistemas vivos, debemos ser capaces de crear productos, edificios y sistemas industriales que imiten la inteligencia natural». Así, el diseño debe reflejar un nuevo espíritu: la naturaleza y el comercio deben coexistir de forma provechosa.
www.mcdonough.com

Buckminster Fuller
Pensador, diseñador, visionario, futurista, está considerado como el precursor de los 'bright' 'greens'. Inventor de la cúpula geodésica y autor de 'Manual de Operaciones de la Nave Espacial Tierra', ha sido redescubierto por las nuevas generaciones (el MOMA le dedicó recientemente una exposición). Desde su muerte en 1983 a los 88 años, su legado sigue vivo en el instituto que lleva su nombre en Brooklyn ('www.bfi.org'), consagrado al «desarrollo de soluciones que avancen radicalmente el bienestar humano y la salud de nuestros ecosistemas a través de una nueva generación de diseñadores científicos».

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