20 de agosto de 2010

PAUL HAWKEN, ENTREVISTA

“El cambio acabará fraguando, pero la pregunta es: ¿cambiaremos a tiempo?”
“El liderazgo real nos corresponde a los ciudadanos”

Fue pionero de la revolución biológica con Erewhon, allá por los años sesenta, y de ahí pasó a vislumbrar la llegada de una nueva manera de crear riqueza y hacer las paces con el planeta en “La ecología del comercio”. Hizo luego tándem con Amory Lovins en “Capitalismo natural”, ese manual de título intencionalmente equívoco, reclamando la necesidad de incorporar la naturaleza a la ecuación de la economía.

Paul Hawken dejó hace tiempo los “negocios”, aunque sigue buscando soluciones a través de la “biomímesis” en Sausalito (California), con su aliada y amiga Janet Benius. Pero lo suyo es el activismo puro, con un trasfondo de sabiduría y esperanza que es difícil encontrar en ningún otro líder del movimiento ecologista norteamericano.

“Bendita inquietud” es su último libro, en el que da cuenta de ese movimiento anónimo e invisible, integrado más de un millón de grupos, que están intentando cambiar la sociedad desde la raíz en los lugares más distantes del planeta. Desde la deforestación del Amazonas a la privatización del agua, del cambio climático a la lucha contra la pobreza, de la igualdad de la mujer a los derechos de la infancia, Hawken asegura que nunca ha habido un estallido comparable del activismo, amplificado y compartido gracias a internet y a las redes sociales.

El cambio es inevitable, pero no inmediato, advierte. Hay que superar aún resistencias ancestrales e intereses muy poderosos, y hay que estar preparados para el “sufrimiento” en los estertores del viejo sistema. “El cambio acabará fraguando”, asegura. “Pero la pregunta es: ¿cambiaremos a tiempo?”

PREGUNTA: La primera década del siglo XXI ha sido decididamente funesta. Y la segunda década ha arrancado con los peores presagios: de desastres naturales como el de Haití, que sacan a flote todas las miserias humanas, a catástrofes causadas por la avaricia y el desdén por el medio ambiente, como el vertido del Golfo de México ¿Qué cabe esperar en los próximos años?

RESPUESTA: Hemos vivido y seguimos viviendo en tiempos oscuros. En momentos así me acuerdo del mito de Orfeo, cuando Hades –que representa nuestra parte de sombra- le dice a Orfeo que no mire hacia atrás si quiere volver a ver a Eurídice... Creo que la lección que tenemos que aprender es esa: hemos de aceptar nuestro lado oscuro e integrarla como parte del todo... Y creo, sinceramente, que nos esperan aún cinco, seis o siete años en la misma senda, con el predominio de las sombras. Porque el sistema que hemos creado está haciendo aguas, y los gobernantes no quieren darse cuenta. Claramente, hay aspectos de la civilización que no funcionan, que son dañinos para la gente y para el planeta. Lo sabemos ya de sobra; hemos padecido un gran número de desastres, y sin embargo reincidimos... Mucho me temo que tendremos más sufrimiento, pero el sufrimiento es un gran maestro. Los tiempos difíciles nos hacen mucho más creativos. Son momentos en los que miramos hacia dentro y vemos las cosas desde otra perspectiva, con más nitidez. Y ahora tenemos además una herramienta liberadora: somo capaces de crear, acceder y compartir información como nunca antes. Están aflorando realidades que durante mucho tiempo han permanecido ocultas. Y la gente está pasando a la acción. Por eso soy optimista. Quiero pensar que hemos entrado en una década luminosa.

P: ¿No tiene acaso la sensación de que la crisis económica está apagando el fuego del activismo, que nos está haciendo a todos más complacientes y cobardes?

R: Creo que la crisis, tanto en Estados Unidos como España, como en tantos países que la están padeciendo, obedece a una causa común: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No se puede vivir eternamente en deuda. Las deudas, tarde o temprano, hay que saldarlas. El problema es que al final acaban pagándolas quienes menos culpa tienen, quienes están en la base de la pirámide económica y se quedan en el paro... La recesión ha sido el síntoma de la patología profunda del sistema industrial con el que seguimos funcionando. Está claro que ya no funciona. Tenemos que reimaginar todo lo que hacemos en la Tierra, desde el modo que producimos al que consumimos, pasando por los residuos que dejamos en el proceso. Pero sobre todo hay que cambiar el modo en que pensamos... La gente está asustada ante la situación, es normal. Pero el miedo es paralizante; es el agente más destructivo del cambio. Hay que aceptar que nos hemos metido en un callejón sin salida y no vamos a salir de él con los mismos esquemas económicos y mentales. Cuánto más tardemos en aceptarlo, más tardará en llegar el poder transformador que necesitamos.

P: Hay quienes no le perdonan por haber acuñado el término de “Capitalismo natural”
¿Qué hay de “natural” en el capitalismo?

R: Quienes lo critican son seguramente quienes no han leído el libro. El título no es más que un juego palabras. Nunca quise hacer una apología del capitalismo, ni lavar la imagen a un sistema que en el fondo es “antinatural”, pero es con el que todavía funcionamos... Mi intención (y la de Amory y Hunter Lovins, que escribieron conmigo el libro) era reivindicar la importancia del “capital natural” como factor determinante del bienestar humano. Esbozamos cuatro principios, interconectados entre ellos, como base para cambiar la economía, la agricultura, la arquitectura y básicamente toda actividad humana para adapatarla a un hecho irrebatible. Tarde o temprano tendrán que aceptarlo los economistas y los políticos: vivimos en una planeta finito y con los recursos limitados.

P: La llegada de Obama disparó la expectativas, no sólo en Estados Unidos sino en gran parte del mundo ¿Han cambiado realmente algo las cosas?

R: A Obama le doy un aprobado justo. No es George Bush, pero tampoco lo que muchos esperaban: ese líder transformador que de veras fuera el principio de algo nuevo. Obama ha sido muy cauto y cuidadoso, al menos hasta ahora. No ha asumido prácticamente riesgos. Pero está trabajando con lo que tiene: una América profundamente dividida. La resistencia al cambio está muy arraigada en una parte de este país.

P: ¿Qué nos dice del escepticismo y la falta de acción ante el cambio climático?

R: Si nos atenemos a las encuestas, el porcentaje de “escépticos” del cambio climático es muy parecido al de la gente que cuestiona aún la teoría de la evolución de Darwin... Digámoslo claro: hay una parte de este país que, por razones políticas o religiosas, ha decidido vivir en la ignorancia. Esa parte es muy influenciable ante hechos como el supuesto escándalo de los emails que salió a la luz en la antesala de la cumbre de Copenhague. Era noticia vacía, sin ningún trasfondo, que sin embargo ha hecho mucho daño y ha comprometido el trabajo de los más de 1.200 científicos que trabajan por entender mejor el clima y que han coneguido reconstruir las temperaturas de la Tierra desde la última glaciación. Los grandes medios han tenido gran parte de culpa en todo lo que ha ocurrido. Los grandes medios sólo buscan polémica y confrontación para subir la audiencia.

P: Ahora que menciona Copenhague, y aunque ya pasó el tiempo de los lamentos ¿No fue acaso una gran oportunidad perdida?

R: Reunir a 190 países en torno a un problema “global” ya es un hecho importante. Que los gobiernos no llegaran a un compromiso concreto y real estaba dentro de lo previsto... Lo más importante, seguramente, es lo que no saltó a los titulares: las conexiones que se hicieron entre la infinidad de grupos y de activistas que coincideron allí. Los gobiernos, al fin y al cabo, no están más que para levantar la barrera cuando la presión ciudadana se hace insostenible. En todo caso, los gobiernos son el suelo sobre el que pisamos, pero nadie mira al suelo a la busca de inspiración. El liderazgo real nos corresponde a los ciudadanos.

P: ¿Cómo conciliar la transformación personal con el cambio social?

R: Ningún movimiento de cambio social tiene sentido si no pasa por el cambio personal. Si uno quiere cambiar el mundo, primero tiene que estar convencido de que el mundo le necesita. Uno tiene que repetirse y repetirse “Yo soy el mundo”, pero no de un modo narcisista... Sin un cambio interior, sin una mente abierta a nuevas posibilidades, no hay posiblidad de transformación. Lo mismo vale a nivel individual que a nivel social. El cambio afecta a todos los aspectos de tu vida: del modo en que comes al trabajo que desempeñas, al dinero que inviertes a lo que haces en tu tiempo libre o como voluntario.

P: A diferencia de “Capitalismo Natural”, “Bendita inquietud” es un título sin trampa ¿Cree de veras que existe una explosión planetaria de activismo social? ¿No estamos acaso experimentando un bajón como el que ocurrió tras la “batalla” de Seattle?

R: El activismo al estilo Seattle es el último recurso. Cuando la gente no tiene alternativa, se lanza a la calle. Para los grandes medios, tristemente, un problema no es noticia hasta que la gente no se lanza a la calle... Los medios ignoran sistemáticamente este otro activismo del que hablo en el libro y que es el que perdura: el activismo de barrio y de comunidad, el que se cuece en los pasillos y en las reuniones interminables... La idea me vino cuando fui recopilando tarjetas y contactos de cientos de personas que se me fueron acercando tras las conferencias que he ido dando en los últimos años. Cuando conecté los cabos resulta que tenía 100.000 organizaciones no gubernamentales. Son muchísimas más, más de un millón, y lo mejor de todo es que están conectadas, aprendiendo unas de otras, replicando soluciones de una punta a otra del planeta, creando un efecto multiplicador gracias al uso de las nuevas tecnologías. Nunca habíamos tenido nada ibgual hasta ahora... Cuando me levanto por las mañanas, procuro no dejarme hundir por el pesimismo de las noticias. Me consuelo pensando que hay muchísima gente trabajando por un mundo mejor y que no sale en la televisión ni en los periódicos.

P: ¿Y cuánto tardará en fraguar el cambio?

R: El trabajo, la inquietud y el impulso de toda esta gente está ahí. La historia no puede dar marcha atrás, aunque los avances no son siempre lineales. A veces parecerá que nos hemos parado o que estamos retrocediendo, pero el cambio es inevitable. Estoy seguro de que acabará fraguando, pero la pregunta es: ¿Cambiaremos a tiempo? ¿Lo haremos antes de que el daño que estamos causando al planeta sea irreversible?

Carlos Fresneda, Sausalito - California
Publicado en Integral 368, agosto de 2010

Paul Hawken en Bionners (en inglés):


1 comentario:

benesuelo dijo...

Saludos desde Guama, Estado Yaracuy, Venezuela
Después de más de 30 años de investigaciones, reflexiones y vivencias relacionadas con el tema de convertir al Planeta Tierra en un lugar sostenible, hemos llegado a la conclusión de que lograr esa meta antes de que acabemos con la humanidad ya sea por la vía de las guerras o por la destrucción de la biosfera, requiere de la transformación radical de algunas de nuestras costumbres más arraigadas en materia de religión, economía, formas de gobierno y libertades. Nuestra idea inicial consiste en el diseño de una ciudad virtual que reúna las características correspondientes a una sociedad sostenible y sea presentada en forma de maquetas, animaciones o producciones fílmicas, con la finalidad de lograr un cambio de mentalidad que conduzca a las rectificaciones necesarias.
En vista de que no poseemos habilidad alguna en materia de diseño y producción cinematográfica, apelamos a la participación en esta propuesta de personas sensibles a este tema que posean habilidades gráficas o capacidad logística para lograr dar vida a esa urbe imaginaria.
Quienes estén interesados en conocer sobre esta iniciativa o participar en ella, pueden visitar nuestros sitios web https://elmundofelizdelfuturo.blogspot.com/ (en el cual se encuentra todo el marco teórico) y http://proyectociudadsostenible.blogspot.com/ (que expone muy resumidamente el contenido del proyecto)
César Emilio Valdivieso París