27 de febrero de 2009

ALTO AL COCHE EN TIMES SQUARE

La hilera interminable de taxis amarillos bajo las luces de neón pasará pronto a la historia. El “Broadway Boogie Woogie” que inmortalizó Mondrian se quedará sin coches. Los peatones serán dueños y señores de Times Square. No se hable más.

El alcalde Michael Bloomberg, que fracasó en su intento de implantar un “peaje de congestión” para entrar en Manhattan, se ha obstinado en conquistar poco a poco el asfalto para los caminantes, abrumadora mayoría en la isla. El anuncio fue recibido como un auténtico clamor popular, y la única pregunta que nos hacemos ahora ésta: ¿Por qué tardaron tanto en peatonalizar la Plaza del Tiempo?

James Traub, autor de “The Devil’s Playground”, recuerda cómo Times Square ha sido el ágora indiscutible de la ciudad desde 1904, cuando se instaló aquí el periódico que le dio nombre y renombre (y también el primer anuncio de neón). En la época de “Taxi Driver” y “Midgnight Cowboy”, fue el emblema de la larga noche y de la mala vida. Giuliani decidió rebautizarla como Disneyork, a la medida impoluta y anodina de millones de turistas. Y en esto llega el discutible Bloomberg, y la reclama en usufructo para quienes la admiramos y la sufrimos todos los días.

Bloomberg, que baja en metro a la oficina, se ha propuesto reconquistar también la ciudad para los ciclistas: los domingos a dos ruedas en Park Avenue fueron un éxito tal que pronto se extenderán más allá del verano. La Octava Avenida marca entre tanto la senda verde, mientras los carriles-bici se propagan sigilosamente por la isla (pocas experiencias hay comparables a la de cruzar el puente de Brooklyn a pedales).

Ahora le ha llegado el turno al corazón mismo de la ciudad, siempre al borde del infarto. Las isletas marrones brotaron como la tierra en medio del asfalto. Después llegaron las sillas, las mesas y los bancos. De un modo natural, los coches empezaron a sentirse “desplazados”, y el 25 de mayo estarán definitivamente fuera de lugar.

La Gran Vía neoyorquina será exclusivamente peatonal entre las calles 42 y 47 (y también entre la 32 y la 35). El “experimento”, eso dicen, durará hasta final de año, pero va a ser muy difícil que los caminantes vuelvan a ceder al coche el terreno reconquistado.

El coche en la ciudad tiene sus días contados
. Lo que está pasando en Nueva York es el espejo de lo que ha ocurrido ya en Londres, o en París, o en Barcelona. Y lo que terminará sucediendo –mal que le pese a nuestros gobernantes- en ese Madrid estrangulado por las autopistas y agujereado por los túneles. Tiempo al tiempo.

Carlos Fresneda desde Nueva York
Publicado en Crónicas desde EE.UU de El Mundo

1 comentario:

el huerto al balcon dijo...

visitad mi blog a lo mejor os interesa

saludos