5 de diciembre de 2008

el cambio que no puede esperar

Tal vez se ha dejado el cambio climático en la chistera para la sorpresa final. O tal vez se desmarque Obama con otro de esos tibios nombramientos, ni fríos ni calientes, para contentar sobre todo a los republicanos y dejar las cosas más o menos como están.

Ya puede andarse con tiento esta vez. Ya puede hilar Obama fino a la hora de elegir el secretario de Energía, al director de la Agencia de Medio Ambiente y al embajador volante para el cambio climático, o los ecologistas que han puesto la fe ciega en él no se lo van a perdonar. Si hay un cambio que no puede esperar es precisamente éste, después de estos ocho años de ceguera absoluta e inmovilismo total.
Efectos del calentamiento global en las regiones más frías.

Treinta grupos han unido ya fuerzas para reclamarle a Obama que pase a la acción y ponga a Estados Unidos a la cabeza de la lucha contra el calentamiento global. Miles de ciudadanos han firmado la carta al presidente electo elaborada por Worldchanging y recordándole su compromiso de reducir las emisiones e impulsar las renovables.
La primera prueba de fuego la vemos estos días en la cumbre de Poznan, donde está John Kerry como emisario de Obama, midiéndose a los 'dinosaurios' Vaclav Klaus y Silvio Berlusconi, supervivientes de la era Bush, empeñados en anclar el mundo en el pleistoceno de los combustibles fósiles. Sólo faltaba que ahora que cambian los vientos en Estados Unidos, cambien también las tornas en Europa, pero en sentido contrario.

Dice Kerry que llega a Polonia con la misión de "liderar a la comunidad global a la hora de hacer frente al reto del cambio climático". Pero luego recula y advierte que habrá que "evaluar lo que es posible, dadas las circunstancias económicas". Los titulares agoreros ya lo anticipan: "La crisis puede limitar el movimiento hacia las energías limpias".

Obama anunció hace días el compromiso de crear 2,5 millones de trabajos impulsando la reconversión energética, pero procuró no hablar de un New Deal 'verde' ni exhibir una excesiva pasión. Nunca se ha destacado Obama por su entusiasmo hacia las renovables, todo hay que decirlo. Digamos que se subió sobre la marcha al coche híbrido de John Podesta, que ahora dirige su equipo de transición y que hace unos meses se desmarcó con una llamada a la Recuperación Verde.

Pero en su equipo hay fuerzas ambivalentes. Su estratega de campaña y futuro hombre para todo en la Casa Blanca David Axelrod fue asesor del gigante nuclear Exelon, que contribuyó muy generosamente a su campaña. Uno de sus consejeros más cercanos, Jason Grumet, aspirante a secretario de Energía, es un 'insider' de Washington muy vinculado a los dos partidos y a los lobbys de la industria.

Tiene también Obama asesores a la izquierda como el profesor de Berkeley Daniel Kammen, de la cuerda de Jeremy Rifkin y su tercera revolución industrial. Se habla de candidatos como la gobernadora de Kansas Kathleen Sebelius, impulsora de la energía eólica, o el gobernador de Pensilvania Ed Rendell, o el biólogo Dan Reicher, al frente del departamento de iniciativas energéticas de Google.

Al Gore parece haber dicho ya que no al puesto de embajador volante o 'zar' para el cambio climático. El puesto se lo disputan ahora el propio John Podesta y la ex directora de la Agencia de Medio Ambiente Carol Browner, con el permiso de Arnold Schwarzenegger o de su impagable asesor para asuntos ambientales Terry Tamminen, a quien entrevistamos hace tiempo.

Robert Kennedy es el nombre más deseado para dirigir la Agencia de Medio Ambiente
(pese a su oposición a la central eólica frente a la mansión de los Kennedy en las costas de Massachusetts), aunque la artífice de la Ley del Clima de California, Mary Nichols, viene también pisando fuerte.

El 'cambio' en el que podemos creer tiene una última y acaso definitiva oportunidad. Los molinos siguen girando a la espera.

Carlos Fresneda, desde Nueva York
Publicado el 3 de diciembre de 2008 en el blog Crónicas desde EE.UU

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