14 de marzo de 2010

AL GORE: "LA VERDAD SOBRE EL CAMBIO CLIMATICO ES MAS INCOMODA Y URGENTE QUE NUNCA"


.“Los escépticos se han realineado en una “coalición de los negacionistas”, con la intención de confundir a la opinión pública y evitar un compromiso político”

.“Yo no le he recomendado personalmente al presidente Obama que haga esa apuesta tan decidida por la energía nuclear”

.”Los españoles deberían estar orgullosos de haberse puesto en la vanguardia del mundo en energía eólica y solar”

No ha sido un invierno propicio para el cambio climático. Tal vez por eso Al Gore eligió el repliegue y hasta hace unos días no rompió el silencio proverbial que se trajo de Copenhague. Rastreamos su pista por su oficina en Nashville, coincidimos con él en la conferencia TED de Long Beach y finalmente logramos hablar durante media hora de su nuevo libro, “Nuestra eleccion” (Gedisa), y de sus planes para hacer frente a esa “coalición de negacionistas” que ha logrado darle la vuelta al mensaje. Contra vientos y tempestades, Al Gore repasa someramente las “soluciones” al calentamiento global, asegura que nos queda una década para pisar el acelerador y vaticina que las aguas volverán a su cauce en cuanto vuelvan a subir las temperaturas...

PREGUNTA: Tras la nieve caída desde Copenhague, mucha gente empieza a pensar que el cambio climático es una ilusión...

RESPUESTA: Yo sería el primero en celebrarlo si fuera así... Pero por desgracia la evidencia científica recopilada durante las dos últimas décadas sigue prácticamente intacta. Un invierno especialmente frío en nuestro hemisferio no puede hacernos perder de vista el problema global... No podemos “suprimir” el problema con tan sólo desearlo, mientras seguimos emitiendo 90 millones de toneladas de gases invernadero cada 24 horas en las atmósfera. Yo diría que la verdad del cambio climático es si cabe más incómoda y urgente que nunca.

P: Pero no negará que la credibilidad de los científicos del clima está bajo mínimos...

R: Los emails pirateados a los científicos de la Universidad de East Anglia y un error real –el cálculo sobre la desaparición de los glaciares en el Himalaya- no pueden comprometer los 22 años de trabajo del Comité Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC). Para reescribir la ciencia, los escépticos tendrían que rebatir miles de estudios científicos rubricados por las principales instituciones de todo el mundo.


P: La ONU ha decidido revisar esta misma semana el último informe del IPCC. Hay quienes piden la dimisión de su presidente Rajendra Pachauri, que compartió el Nobel de la Paz con usted en el 2007...

R: Pachauri está siendo víctima de los mismos ataques personales que sufrí yo. Es la vieja estrategia de “matar al mensajero”... Pero tengo mucha confianza en él y estoy seguro de que resistirá las presiones. La decisión de crear una comisión especial para revisar el informe del IPCC me parece acertada y creo que servirá para despejar las dudas. En un volumen de más de 3.000 páginas tiene que haber necesariamente errores. Pero la conclusión final, que el cambio climático es real y que se debe en gran parte a la acción humana, es incuestionable.


P: Phil Jones, el científico que dimitió tras el escándalo de la Universidad de East Anglia, admite sin embargo que no ha habido un calentamiento “estadísticamente significativo” desde 1995...

R: Me remito al último estudio de la NASA, que ha confirmado que la primera década del siglo XXI ha sido la más cálida registrada en la historia. Insisto: el consenso científico no se ha quebrado. Los escépticos de clima, eso sí, aprovechan cualquier elemento a su favor para seguir sembrando la duda, porque esa es su estrategia, que es la misma que utilizó la industria del tacabo para hacernos creer que los cigarrillos no presentaban ningún riesgo para la salud.


P: En cualquier caso, los “escépticos” están ganando la batalla de la opinión pública...

R: Los escépticos se han realineado en una auténtica “coalición de los negacionistas”, con la intención de confundir a la opinión pública y evitar cualquier intento de compromiso político. Y es cierto: están sacando mucho partido a la decepción general que ha quedado tras la cumbre de Copenhague. Pero la gente debe saber lo que hay detrás... Se trata de una campaña masiva para intentar convencernos de que el calentamiento global no es real y que por tanto no debemos precuparnos. Sólo en mi país, la industria del carbón y del petróleo se gastó el año pasado 500 millones de dólares en anuncios televisivos con ese fin. Hoy por hoy, hay cinco “lobistas” contra la ley del clima en Washington por cada congresista y senador.


P: Muchos piensan que el presidente Obama podría haber hecho mucho más ¿Qué le parece su papel en Copenhague? ¿Dónde está el líder en la lucha contra el cambio climático que tantos esperaban?

R: Obama ha hecho en un año más que ningún otro presidente por impulsar la energías limpias en Estados Unidos. El problema es que llegó a Compenhague con las manos atadas, sin un mandato claro del Senado, donde la ley del clima lleva estancada ocho meses. Esa fue, creo, una de las razones por las que ocurrió lo que ocurrió en Copenhague: muchos países llegaron sin haber hecho los “deberes”. El primero de ellos, Estados Unidos.


P: Y díganos, usted que ocupó un escaño durante ocho años ¿cómo se explica que la mayoría demócrata no sea capaz de sacar adelante la Ley del Clima?

R: Es un asunto complejo porque hay muchos intereses en juego. También hay que contar con el bloqueo parlamentario de los republicanos... Obama se ha reunido esta semana con un grupo de senadores de ambos partidos, de John Kerry al republicano Lindsey Graham. Creo que se está acercando por fin a un solución de compromiso. Es más, confío en que la Ley del Clima se aprobará en primavera y cambiará radicalmente la dinámica actual.


P: ¿A pesar de todas las concesiones a los “lobbys” del carbón, del petróleo y de la industria nuclear?

R: El texto está aún abierto, pero tengo la esperanza de que será el mejor posible, dadas las circunstacias. Aunque los grupos que trabajamos en el cambio climático no podemos bajar la guardia. Necesitamos reagruparnos para hacer frente a esa oposición masiva que sólo quiere ganar tiempo.


P: ¿Qué le parece el reciente impulso de Obama a la energía nuclear?

R: Yo creo que hay que situarlo en este contexto: Obama quiere encontrar un territorio común en el que se pueda alcanzar un compromiso con los republicanos.


P: Usted dedica todo un capítulo en su nuevo libro a la “Opción Nuclear” ¿Cuál es su “elección” personal: pronuclear o antinuclear?

R: Digamos que no descarto que la energía nuclear pueda jugar un papel en el futuro, similar o incluso superior al que tiene ahora. Pero hoy por hoy, el gigante nuclear se enfrenta a dos grandes obstáculos: el alto coste económico y la seguridad (la proliferación y el almacenamiento de los residuos). Después de treinta años sin construir un reactor, conseguir que la energía nuclear sea competitiva en Estados Unidos va a requerir mucho dinero y mucho esfuerzo. Quienes defienden a toda costa la opción nuclear hablan de la promesa de la cuarta generación de reactores, pero es una tecnología que aún está muy lejos... y lo que no nos sobra en la lucha contra el cambio climático es precisamente tiempo.


P: ¿Recomendaría usted al presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero que siga los pasos de Obama e incluya la nuclear en el “mix” energético del futuro?

R: Yo no le he recomendado personalmente al presidente Obama que haga esa apuesta tan decidida por la energía nuclear, y no creo que pudiera recomendárselo al primer ministro de un país del que no soy ciudadano...


P: Usted hace referencias constantes a España en “Nuestra Elección”, sobre todo en los capítulos dedicados a la energía solar y eólica ¿Somos realmente un “modelo mundial”?

R: Los españoles deberían estar orgullosos de haberse puesto en la vanguardia del mundo. España es la segunda potencia solar y la cuarta en energía eólica. El viento es ya más del 13% del suministro de energía. Creo que allí están demostrando que se puede tener energías renovables a gran escala, como está ocurriendo a ahora con las plantas termosolares... Con España tengo además un vínculo muy estrecho a través de The Climate Project, por el que han pasado decenas de empresarios y activistas comprometidos en las acciones contra el cambio climático.


P: En España hay también un debate intenso sobre el secuestro del carbono. Usted dijo no hace mucho que hablar del “carbón limpio” era como hablar del “cigarrillo saludable”...

R: Con respecto al carbón hay buenas y malas noticias. Las buenas noticias son que la tecnología para secuestrar el carbono se está desarrollando en varias partes del mundo y parece que funciona. Las malas noticias son que resulta muy caro y que el proceso consume además hasta una tercera parte de la energía que produce una central térmica. Si aplicáramos esa tecnología a todas las plantas que funcionan hoy en día, el precio de la energía se dispararía tremendamente, y no creo que eso sea algo que la gente esté dispuesta a aceptar. Estoy convencido de que el secuestro del carbono jugará al final un papel limitado. Hoy por hoy, el carbón es la fuente más sucia de energía y la que más estragos causa en el medio ambiente.


P: En EEUU hay también ahora un intenso debate sobre el mercado de bonos de carbono ¿se puede realmente “negociar” y especular con el derecho a contaminar?

R:Yo soy partidario de poner un precio al carbono. Creo sinceramente que el sistema de “cap and trade” -como aquí se le conoce- puede funcionar e incentivar a las empresas para reducir sus emisiones. Es un sistema que abre la puerta a una cooperación internacional sobre una base de mercado. Sé que tiene sus críticos, pero yo lo considero un mecanismo efectivo.


P: ¿No le precupa que le llamen “el millonario del carbono”?

R: Los conservadores me han llamado de todo y ya no me sorprende. A esta última acusación les respondo diciendo que llevo más de treinta años invirtiendo de acuerdo con mis creencias y mis valores.


P: ¿Ha introducido también cambios en su vida privada? En su día le criticaron por el elevado consumo energético de su mansión en Nashville y por sus viajes en avión privado...

R: El tejado de mi casa en Nashville está cubierto por paneles solares y usamos energía geotérmica para el agua caliente. Viajo menos para reducir mi huella de carbono y también para pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis nietos. Mis nietos son mi inspiración en estos momentos: pienso en el futuro que les espera y en qué pensarán de nuestra generación, y de esta “oportunidad” que aún tenemos en nuestras manos.


P: ¿Por cuánto tiempo más?

R: El plazo expiró en diciembre (risas)... No lo sé, eso habría que preguntárselo a los científicos. Pero la década que nos espera será crítica.


P: ¿No se arrepiente a veces de no haber hecho más contra el cambio climático cuando era vicepresidente?

R: Era un situación política muy complicada, con la mayoría republicana en el Congreso. Si es difícil sacar ahora una ley del clima, imagine como era entonces. La opinión pública en Estados Unidos tampoco estaba mentalizada... Pero posiblemente pude hacer más por transmitir la gravedad y la urgencia del problema.

Carlos Fresneda, corresponsal en EEUU/ Los Angeles

Publicado en edición papel de El Mundo, 13.03.2010
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