9 de abril de 2009

EL COLOSO EFICIENTE (Y EL COCHE DEL FUTURO)

Es la poderosa imagen con la que abro y cierro la carpeta de los días: el Empire State, marcando siempre el norte y confirmando que el mundo gira.


Pero el gigante, visible desde mi ventana, se resiente a lo lejos: son ya 77 años y muchas las energías derrochadas a lo largo de sus 102 pisos. Cuatro años harán falta para mejorar el aislamiento de sus 6.500 ventanas, poner al día sus entrañas de calefacción y aire acondicionado, cambiar miles bombillas e instalar sensores para reducir el consumo de electricidad.

Cuando acabe el “lifting”, el coloso “eficiente” consumirá un 38% menos de energía y se convertirá ejemplo vivo de la Nueva York “verde” (donde el 78% de las emisiones de CO2 provienen de los edificios). Se calcula que el Empire State dejará de emitir 105.000 toneladas de dióxido de carbono al año. El “rejuvenecimiento” energético (o “retrofit”, como dicen por aquí) costará 20 millones de dólares, creará decenas de puestos de empleo y se amortizará en apenas tres años.


Quienes aún no creen en el cambio climático, quienes ponen en duda el potencial de las energías renovables, difícilmente podrán rebatir la necesidad de ser más “eficientes”, aunque sólo sea por razones económicas (o por mero sentido común).

La eficiencia había sido hasta ahora la gran marginada en el menú energértico de los norteamericanos, tan propensos al derroche. Pero algo ha cambido en los últimos meses, gracias a campañas nacionales como Repower America y a iniciativas locales como Efficiency Vermont. La Agencia de Protección del Medio Ambiente ha decidido impulsar y promover la eficiencia con su programa Energy Star, que distingue a los edificios que logran reducir su consumo entre el 30% y el 40%.


Y de la eficiencia en el ladrillo pasamos a la eficiencia en el transporte. Durante toda esta semana han circulado por Mahattan y Brooklyn los primeros P.U.M.A., el prototipo eléctrico “biplaza” de dos ruedas con el que General Motors –artífice del monstruoso Hummer- aspira a lavar su imagen y revolucionar la movilidad urbana a partir del 2012.


El mini-coche del futuro es una evolución del Segway, el aparatoso vehículo de dos ruedas que se convirtió en el “terror de las aceras”. El P.U.M.A. (acrónimo de Movilidad y Accesibilidad Personal Urbana) está diseñado esta vez para viajar por calzada, con una autonomía de hasta 50 kilómetros. Su destino será abrirse paso entre los coches, guiado por un GPS que le permitirá seleccionar sobre la marcha las calles menos congestionadas. Con más P.U.M.As, más bicicletas y menos dinosaurios motorizados, los atascos de tráfico en las ciudades serán cosa de otro siglo.

Carlos Fresneda, publicado en Crónicas desde EE.UU de El Mundo

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