Lo que las tecnologías hacen más allá de lo esperado

Hace dos semanas llegó al taller de alSol el fogón de leña tecnológico Biolite Camp Stove. Hemos invertido en ello porque andamos preparando un proyecto propio y desarrollo para la cooperación internacional donde el quemar leña de la forma más efectiva y con el mejor resultado energético es la premisa.



Es nuestra pequeña aportación para cuando pasen, que pasarán, situaciones de emergercia por causas naturales (agitadas algunas de ellas por el cambio climático, como ha sido Sandy).

El post de la quinua dejó referencia hace unos días y el análisis con expertos colegas en Biocultura también está disponible en versión videonota.
Claro que las gentes de Biolite, con su cuartel general en Brooklyn, se han encontrao de golpe con un test real de uso de su producto, y ello fue noticia internacional. Pero lo que les ha ocurrido es que los hechos les han alterado su cotidianidad, no menos ha hecho Sandy en la vida de millones de personas allá por donde arrasó, Haití entre otros países.

En Biolite, aparte de acabárseles el stock, se han lanzado a la cooperación, no lejos, sino en el mismo Manhattan y con organizaciones sociales: las estaciones de carga de móviles y preparación de tés calientes en el frío otoño postSandy donde la electricidad no llega está aliviando el acontecer de gentes del primer mundo.

Y más allá de lo esperado, una pequeña empresa con la ambición de servir al mundo se encuentra en su salsa donde menos lo esperaba. Aquí enlace al post donde narran y visionan la acción de estos días.

               

Yo, con las cocinas solares parábólicas que tenemos el privilegio de facilitar a una enorme diversidad de destinos, me he puesto también a imaginar que, ante una situación de emergencia energética local, estas servirían para lo que mejor hacen, coger del sol el limpio flujo energético y con tecnología base pasiva transformarlo en servicio de procesado de alimentos.

Y me he ido un poco más allá y ha aparecido la bicicleta para moverse, y los métodos de cultivos biointensivos urbanos para nutrirse, y la solar fotovoltaica para autoconsumir electricidad, y la maravillosa red de comunicación horizontal que por primera vez nos brinda ser una especie comunicada, para librarnos con la visualización de datos de todo lo canalla y animarnos para la más extraordinaria revolución, la de todas las personas de este mundo formando parte y en libertad de sus destinos.

La tecnología, cuanto mas avanzada y sostenible, mejor. Cuanto más nos envuelva, más garantías tendremos de enfrentarnos con alegría al incierto futuro del vivir sobre este hermoso planeta.

Manolo Vilchez

Transición 2.0


Encuentro Zarzalejo en Transición.

La palabra “transición” me remite inevitablemente a la adolescencia, a la sed cambio, al torrente de entusiasmo y de energía al final de una década (años setenta) en la que abrimos de par en par los ventanales de la libertad. El problema es que mucha gente se ha quedado estancada en esa “transición política” ya trasnochada, y esa gente es precisamente la que convoca los titulares en los periódicos, que viven cada vez más de espaldas a lo que ocurre en la calle.

En la Realidad Paralela ha ido cobrando fuerza entre tanto la Transición 2.0, la que propone un cambio profundo en lo social, lo económico y lo energético, pasando por supuesto por lo personal, que es acaso la “madre” de todas las transiciones.
Desde que Rob Hokins y Ben Brangwyn lanzaron la caña en Totnes, un pueblo de 7.000 almas al sur Inglatera, la Red de la Tansición se ha propagado como el pan y los peces por 34 países; entre ellos, España. El gran paso adelante se produjo la pasada primavera, con el “primer encuentro ibérico” al que asistieron más de 200 nuevos “transicionistas”.

Nuestra geografía de la transición arranca en Vilanova i la Geltrú, donde también se ha celebrado este año el primer encuentro de monedas sociales, y pasa necesariamente por Barcelona, Valencia, Bilbao, Vitoria, Mallorca, Logroño, Valladolid, Jerez, Fuengirola, Mijas, Coín, Argelaguer, Portillo, Santa Coloma, Tous y, por supuesto, Zarzalejo, el pueblo anfitrión, a tiro de piedra de Madrid.
Allí vive Javier Zarzuela, uno de los primeros promotores de iniciativas de transición por nuestras tierras. Javier habla el 11 de noviembre en el Biocultura de Madrid, con una charla que promete traer cola: “Cómo prosperar colectivamente en la era del decrecimiento”...

“La Transición es la adaptación de la sociedad a la nueva era de decrecimiento que hemos inaugurado en los países opulentos con la crisis financiera”, sostiene Javier, antes de darle la vuelta a la moneda... “Y es también una adaptación con prosperidad, porque fomenta la calidad de vida con una vocación de permanencia y continuidad en el tiempo, ajustándonos a un planeta finito”.

Se remonta Javier a los orígenes de esta segunda y auténtica transición, como respuesta al cambio climático y al pico del petróleo. Y en esto llegó la crisis económica, y lo que antes parecía un fantasma lejano es ahora una lacerante “realidad 'perpendicular”, que exige actuar ya y de una manera coordinada, aprovechando el poder de los grupos y de las redes...

El empoderamiento colectivo es la chispa. Juntos podemos crear realidades que garanticen la calidad de nuestra vida y que colmen además nuestro anhelo de respetar los límites del planeta. Éste es el espíritu de las iniciativas de Transición: acción para la creación colectiva, desde la sensación compartida de poder.

La transición es también una llamada al idealismo práctico en tiempos de crisis, con un abanico de acciones que se van multiplicando por contagio: cooperativas de consumo, cooperativas de energías renovables, iniciativas de economía compartida, apoyo al emprendimiento social, bancos de tiempo, monedas sociales, talleres de reparación, huertos urbanos, plantaciones de árboles frutales...
Las soluciones se adaptan a cada pueblo, cada barrio o cada ciudad, sin esquemas rígidos ni reglas precisas, pero con un espíritu de cambio y celebración en cada pequeño gran paso. “No hay dos iniciativas de Transición iguales”, sostiene Javier Zarzuela. “Las personas que entran y salen son las que tienen que entrar y salir. Y no os olvidéis nunca de celebrar y reír, alrededor de una comida compartida o una buena sesión de canciones y chistes. ¡La Transición en vuestra vida será ya placenteramente irreversible!”

Filipa Pimentel, la portuguesa que coordina desde Bruselas todos los “hubs” de transición y que también estuvo en el encuentro de Zarzalejo, recalca la importancia de empezar por uno mismo: “Hay que arrancar por lo personal, reevaluar nuestras necesidades básicas, incluida la necesidad de usar dinero para todo”. Filipa es teórica y práctica de la “gift economy” y en su patria chica de Potalegre ha puesto en marcha el círculo expansivo de “la economía de los 'cero euros”, de la que otro día hablaremos.


Juan del Río, un joven formador ambiental mallorquín afincado en Barcelona (donde ha cofundado Transición Sostenible), es otro de los impulsores incasables de esta transformación silenciosa que tenemos seguramente más cerca de lo que creemos: “En momentos tan duros como los que estamos pasando, hay que abrirse necesariamente y buscar soluciones con imaginación. Lo peor que podemos hacer ante la crisis es cerrarnos y ofuscarnos, y pensar que esto no tiene solución”.
Javier Zarzuela dará una charla sobre las iniciativas de transición en España el domingo 11 de noviembre a las 14 horas en el Festival Biocultura de Madrid.

Carlos Fresneda
Publicado en el blog Realidad Paralela de El Correo del Sol

'¡Paremos el despilfarro!'

Tristram Stuart, en Trafalgar Square, junto a una montaña de frutas y verduras desechadas. | Feeding the 5.000Tristram Stuart, en Trafalgar Square, junto a una montaña de frutas y verduras desechadas. | Feeding the 5.000
  • Cada europeo desecha al año de 95 a 115 kilos de comida apta para el consumo
  • Varias organizaciones sociales impulsan actos para cambiar esta actitud
  • Nadie ha batallado tanto en este campo como el británico Tristram Stuart
En época de vacas flacas, los europeos nos permitimos el lujo de tirar a la basura más de una tercera parte de la comida que producimos. El despilfarro es aún mayor en Estados Unidos, donde se desechan todos los años 40 millones de toneladas de comida, suficientes para alimentar con creces a los 1.000 millones de humanos que pasan hambre. Más de 43 millones de europeos están precisamente bajo la línea de 'pobreza alimenticia', agravada aún más por la crisis... Y sin embargo así seguimos, desechando todos los años una media de 95 a 115 kilos por cabeza de comida apta para el consumo.

"Aún nos queda un largo camino, pero puedo decir con franqueza que la crisis nos ha hecho despertar ante la inmensidad de este problema", reconoce Tristram Stuart, autor de 'Despilfarro: el escándalo global de la comida'. Nadie ha batallado tanto por el tema como Stuart, que empezó rescatando alimentos desechados por los supermercados y recuerda ahora la finalidad última del 'freeganismo': "El movimiento desaparecerá en el momento en que consiga su objetivo y no encontremos comida aprovechable en los cubos de la basura".

Desde 2009, cuando Stuart publicó su insólita vuelta al mundo, denunciando el derroche y encontrado por el camino soluciones alentadoras, la ONU ha tomado cartas en el asunto y se ha propuesto la meta de reducir en un 50% el despilfarro de comida de aquí a 2025. La Unión Europea se ha subido al carro con la celebración de la semana de Reducción de los Desechos y con actos programados estos días (del 17 al 25 de noviembre) en 25 países.

Hacer visible un problema

En Zaragoza, sin ir más lejos, la acción Feeding Zgz (convocada por la Alianza Aragonesa contra la Pobreza) consiguió alimentar el pasado mes de octubre a más de 1.000 personas con 3.000 kilos de comida desechada y en buen estado. Más de cien voluntarios contribuyeron a la preparación del banquete colectivo, en reconocimiento de los mil millones que pasan hambre en el mundo (y de las miles de familias españolas afectadas por las crisis y que sufre para poder llenar la cesta de la compra).
Este fin de semana se cumple precisamente un año del multitudinario 'Feeding the 5.000' en Trafalgar Square que puso definitivamente la 'patata caliente' del despilfarro sobre la mesa. Allí estuvo Tristram Stuart, encaramado a una montaña de frutas y verduras, incitando a los comensales a saborear por un día las toneladas de alimentos que, de lo contrario, estarían pudriéndose en los campos, en los cubos y en los vertederos.

Dos jóvenes se alimentan de comida en buen estado desechada. | Feeding the 5.000
Dos jóvenes se alimentan de comida en buen estado desechada. |
Feeding the 5.000



Las acciones colectivas de Stuart han servido sin duda para hacer "visible" un gran problema hasta ahora escondido... "Al menos se ha producido ya un reconocimiento a nivel político. Los medios han ayudado a propagar la voz y el mundo se está moviendo. Nos queda sin embargo una larga tarea de concienciación y cambio de hábitos. La cultura de 'usar y tirar' está muy arraigada y hacen falta muchas más campañas, y trabajar a nivel de educación para cambiar esa tendencia".

Stuart está convencido de que la solución empieza por nosotros mismos, en nuestros hogares, que tan despreocupadamente contribuyen al despilfarro: "Tenemos un gran poder como ciudadanos y consumidores. Cada cual es muy libre de seguir su propia receta para la acción, pero las opciones son muchas. Desde hacer la compra con una lista de lo estrictamente necesario, hasta no dejarnos seducir por la 'navidad perpetua' en las estanterías de los supermercados. Se puede cocinar para reaprovechar los alimentos y compostar los restos de basura orgánica. Y se puede presionar también a las tiendas, preguntar qué hacen con los desechos o con las cortezas del pan. O insistir en por qué todas las manzanas parecen iguales...”.

Sistema alimentario

Esa presión de los consumidores, según Stuart, ha servido para que una cadena de supermercados británica reduzca hasta un 40% de la comida desechada. O para que los consumidores tengan ahora la opción de comprar fruta de peor aspecto (pero perfectamente comestible) por menos precio. O para que organizaciones como FoodCycle, que organizan comedores populares para gente sin recursos, consiga reaprovechar el máximo posible de alimentos.

El contacto directo entre productores y consumidores contribuye a aliviar notablemente el problema, cuya raíz está precisamente en "nuestro alejamiento del sistema alimentario y la falta de valor que damos a la tierra, el agua, la energía y el trabajo humano". Stuart nos invita sin embargo a no rechazar de entrada los supermercados o a los restaurantes "como los malos de la película" y a intentar cambiarlos en todo caso. Admite el autor de 'Despilfarro' que si la comida llevara asociada su coste ecológico sería sin duda mucho más cara: "Pero tampoco me parece una solución que la gente tuviera que pagar más por lo que come, porque a la larga los más perjudicados van a ser siempre los más pobres".

Despilfarro desde el principio

El despilfarro, advierte, empieza siempre en el primer eslabón de la cadena alimentaria, en la granja industrial o en el barco de pesca ("ningún pez por la borda"). Si en los países rico el problema es el derroche de recursos y la falta de eficiencia del sistema, en los países en desarrollo se pierde mucha comida por los problemas de distribución o la deficiencia de las infraestructuras.
De principio a fin, insiste Stuart, el mensaje que debería guiar nuestros actos para evitar el despilfarro debería parecerse mucho a lo que dijo Jesucristo a sus discípulos una vez consumado el milagro del pan los peces: "Recoged los pedazos que han sobrado para que no se pierdan"...

Carlos Fresneda (corresponsal) | Londres
Publicado en IDEAS ANTE LA CRISIS | Campañas contra el 'escándalo global de la comida'