25 de agosto de 2009

LA ECLOSION DE LAS BICICLETAS

Hay una nueva manera de medir el progreso de las ciudades: contando las bicicletas. En Nueva York son ya 200.000 los ciclistas urbanos que un día cualquiera atraviesan el puente de Brooklyn, dan la vuelta a Manhattan o avanzan por los 650 kilómetros de carriles-bici que surcan la ciudad. En Madrid, mientras, seguimos contando con la mano a los intrépidos que deciden adentrarse en la marabunta motorizada o que se consuelan con los 62 escuálidos kilómetros de carriles-bici (los colistas europeos, y a poca honra).


Miles de ciclistas celebran en el "Summer Streets" en la Cuarta Avenida y la calle Ocho de Manhattan

Podríamos haber elegido como ejemplo Barcelona, San Sebastián o Sevilla, tres ciudades que se han subido a todo tren al carro de las dos ruedas. Pero elegimos Nueva York por lo que tiene de poderosa referencia urbana: lo que es posible aquí, es posible en cualquier otra gran ciudad del mundo (y quien intente justificar el retraso de Madrid por las cuestas y los repechos, que se vaya a San Francisco y cuente las bicicletas).


Nueva York ha despedido el verano con la tercera y última orgía ciclista a lo largo de Park Avenue: una serpiente multicolor que llegó a extenderse durante varias horas a lo largo de noventa calles, apurando hasta el último minuto de “libertad” provisional en la jungla de asfalto.


“¡Faltan diez minutos para que vuelva el tráfico!”, advertían por megafonía. Y las bicicletas se echaron a un lado para dar paso al monstruo rugiente, aunque la ciudad quedó ya poseída por ese pelotón cada vez más visible que avanza impetuosamente hacia el otoño (el uso de la bici ha aumentado un 35% en el último año).

“Montar en bicicleta nos devuelve el alma de niño y a la vez nos restituye la capacidad de jugar y el sentido de lo real”, escribe el antropólogo francés Marc Augé en “Elogio de la bicicleta”, de recomendadísima lectura más allá del verano. La bicicleta, según Augé, es “el símbolo de un futuro ecológico para la ciudad del mañana y de una utopía urbana que acabará reconciliando a la sociedad consigo misma”.


El libelo visionario de Augé coincide aquí con la publicación de “The Cyclist Manifesto”, de Robert Hurst, y con el estreno inminente de “No Impact Man”, del que hablaremos a fondo en otra ocasión.


Está cada vez más claro que el futuro de las ciudades está en las dos ruedas, y va siendo hora de que Madrid aproveche su gran ventaja en el transporte público para allanar el camino a las bicicletas y levantar de una vez barreras a los coches. Desde aquí hacemos un lejano llamamiento a los sufridos madrileños para que se sumen a la bici crítica y apoyen la labor de grupos como Pedalibre o asociaciones como Madrid Probici para avanzar silenciosamente y sin humos hacia esa utopía urbana que queda a la vuelta de la esquina.

Summer Streets en Park Avenue


Carlos Fresneda desde Nueva York, texto e imagenes
Publicado en blog Crónicas desde EE.UU de El Mundo

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