22 de septiembre de 2008

El agua (y el aire) que nos roban

Primero nos robaron el agua y después el aire. ¿O fue al revés?

Hasta aquí llega el runrún causado por Esperanza Aguirre al anunciar su intención de privatizar el Canal de Isabel II, coincidiendo con el proceso nacionalizador de George W. Bush para salvar a su país de la rapiña de los mercados financieros. El mundo al revés.

Coincide también la noticia con el estreno en Nueva York de Flow (www.flowthefilm.com ), el documental que da cuenta de las batallas libradas por los ciudadanos de todo el mundo para reclamar el derecho al agua. Cochabamba, sin ir más lejos http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_Agua_(Bolivia).

“El problema de agua es el gigante dormido del siglo XXI”, advierte Robert Redford en la antesala de la película. “Las multinacionales han decidido que el agua es más importante que el petróleo”, nos alerta la activista canadiense Maude Barlow, impulsora de una campaña mundial para crear la conciencia azul (www.blueplanetproject.net).

En Flow, de Irena Salina, asistimos a las disputas libradas no sólo en Latinoamérica, Suráfrica, India y otros enclaves elegidos por el Banco Mundial para abrir las compuertas del agua a corporaciones como Suez, Vivendi o Coca Cola. También presenciamos la lucha de los ciudadanos del condado de Mecosta, en Michigan, para impedir que Nestle Waters explote sus acuíferos y los venda como agua embotellada (http://stopnestlewaters.org).

Ya pueden ir tomando nota los vecinos de Extremadura, Rioja, Cataluña y otros lugares de la península donde la misma multinacional vende la promesa “del manantial al consumidor”. Agua para hoy, sed para mañana...

Y Madrid, por supuesto. Esperanza Aguirre ya adelantó sus intenciones cuando decidió privatizar el aire del Parque de Santander, reconvertido de la noche a la mañana en primer campo de golf urbano, con césped artificial y torretas metálicas de treinta metros de altura. El parque que prometió Ruiz Gallardón para los vecinos de Chamberí quedó reducido a su mínima esencia, mientras los amigos golfistas de la señora Aguirre practican el swing.

Lo de ahora es aún más grave, y no es extraño que el alcalde se plante. Todos los ciudadanos deberían seguir sus pasos y decirle que no a la presidenta, que Madrid no acabará como Cochabamba, con el precio del agua multiplicado al cubo mientras se secan los pantanos y unos cuantos inversores sin escrúpulos se reparten las últimas gotas.

Somos agua, ya se sabe. Y conviene venerar el preciado líquido, y recordar de paso que más de mil millones de humanos no saben lo que es un grifo. En el nombre de todos ellos, y de las generaciones venideras, podemos sumarnos a la campaña para añadir un nuevo artículo –el derecho al agua limpia y potable- a la Declaración Universal de la ONU (http://article31.org).

Carlos Fresneda. New York

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