20 de septiembre de 2008

Comprando reciclado me siento mejor

Ilustración de Luis Parejo
Si hay un símbolo que me viene acompañando desde que comencé a ser mayorcito y que hoy en día me sigue seduciendo es el de las tres flechas mordiéndose la cola, el logo de la llamada al reciclaje. Llegó acompañado del contenedor verde para el vidrio y le han seguido después los azules papeleros, los amarillos plastiqueros, los marrones para los restos orgánicos… y siempre uno, de colores variables, para todo lo que no debe entrar en ellos con rumbo directo al vertedero.

Después de leer 'Cradle to cradle' (De la cuna a la cuna, de Michael Braungart y William McDonough editado aquí por MCGrawHill) confirmé mi patología de adicto sin remedio al reciclaje y al sueño de que algún día los iglúes de colores no ocupen tanto espacio y lo dejen para la creciente demanda de aparcamientos para bici.

Proponen los autores que rediseñemos la forma en que hacemos las cosas; que con nutrientes biológicos (por ejemplo madera y biopolímeros) y técnicos (por ejemplo aluminio) fabriquemos desde los embalajes y recipientes, hasta la mayor parte de los artefactos que nos rodean y los edificios que nos cobijan. Y que cuando acaben sus servicios, sus materiales nutran de nuevo a otros productos, mientras nos atrevamos a rediseñar las cosas para que funcionen como el reciclador vegetal número uno, el árbol. Que desde que nace hasta que vuelve a la tierra descompuesto no para de entregar valiosos servicios: limpia el aire y filtra el agua, reparte frutos y da sombra, captura CO2 y facilita muebles, aloja quizás miles de otras especies que lo habitan y es, como decía el poeta, el mango de nuestras herramientas, la puerta de nuestros muebles y el ataúd de nuestro final.

Todo lo anterior me ayuda cuando estoy en acto de consumo. Al encontrar el logo en algún producto de interés en el expositor o la estantería, me alegra la compra o la estancia, y mucho. Me pasó el otro día con una oferta promocional de la primera serie de bolis y lapiceros realizados con plásticos y materiales reciclados, de nombre Begreen de Pilot , o con la gama de Renova Green de servilletas y papeles domésticos. A punto estuve de comprarme las servilletas que no utilizo casi nunca.

En mi ruta hacia el consumo de cosas que fueron otras cosas antes me he encontrado con dos empresas que ofrecen materiales reciclados para la oficina y el hogar hechos con menos agua y menos árboles, Ecoreciclat, y Dinamo. También las que con plásticos hacen y ofrecen reci-maravillas, Zicla y Alquienvas. Y hasta para el aceite que precisan los vehículos Cator tiene reci-soluciones.

Y llego al reci-alucine cuando periódicamente visito la web de la Red de Compra Reciclado desde Cataluña y me miro el catálogo y me pongo a pensar lo rápido que tenemos que reciclar nuestra sociedad.


QUIÉN: Manolo Vílchez es colaborador de la Fundación Tierra y facilitador ecológico. Su interés es reducir el impacto ambiental en la vida cotidiana. Consejos: En este artículo alaba las virtudes del reciclaje y aconseja una serie de webs dedicadas a productos realizados con los restos de materiales usados previamente para otros fines

Publicado en Natura 28, el 13.08.2008
Enlace al pdf completo del Natura

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