La 'redentora' de Nueva Orleans






























Jenga Mwendo estaba en Nueva York cuando golpeó el huracán Katrina. Trabajaba como dibujante en un estudio de animación, llevaba una vida ajetreada y vacía, sentía que algo le faltaba aunque se dejara arrastrar. Lo último que pensaba a esas alturas de su vida era "claudicar" y volver como si nada a Nueva Orleans.

Pero Jenga no podía dormir por las noches pensando en su familia y sus amigos en su ciudad natal, ahogada bajo las aguas. Sintió la desesperación de tantos otros ante el desastre, amplificada por ese personalísimo e intenso vínculo emocional que sólo quien haya vivido en Nueva Orleans puede llegar a entender.
En pleno éxodo del Katrina, cuando la ciudad era aún una ciénaga inhabitable, Jenga Mwendo tomó una decisión: regresar. Y allí sigue a sus 33 años y con su hija de siete, mojándose hasta el tuétano en la reconstrucción del Noveno Distrito Bajo, la zona que simbolizó la derrota amarga de una ciudad vapuleada y abandonada injustamente a su suerte.
Jenga (galardonada con el premio Cox Conserves Hero) simboliza ahora algo bien distinto: la esperanza en el futuro, incluso en una ciudad siempre al límite como Nueva Orleans. Al frente de la Backyard Gardeners Network, ha logrado devolver la vida a decenas de solares devastados por el huracán.
La historia cicatera no ha tenido nunca piedad con este lugar único en el mundo, enclavado en un peligroso paraíso (el delta del Misisipí) y sazonado por la vibración del jazz, la fiebre imcombustible del "mardi gras" y lo mejor de cuatro culturas superpuestas ("anglo", española, francesa y creole). Pese al olor a naufragio inminente -tantas veces anunciado y nunca consumado- generaciones sucesivas de "redentores" han acudido siempre al rescate de The Big Easy, y esta vez no podía ser menos.
"La ciudad ha recobrado la esperanza y la energía porque está habitada y forjada por auténticos supervivientes", certifica Jenga Mwendo. "Desde el Katrina, y pese a que nunca ha llegado a recuperar la población, se ha notado mucho la llegada de gente joven con ganas de empezar desde cero y hacer nuevas cosas".
El mérito de Jenga consiste precisamente en haber devuelto a la zona más castigada de la ciudad su pasado verde... "Yo recuerdo cuando paseaba de niña y veía a la gente cultivando en los patios. Ibas caminando y veías las tomateras, las lechugas, las sandías. Nadie pasaba hambre entonces; todo el mundo comía de lo que se cultivaba en los jardines".
"Pero la llegada de la alimentación industrial lo barrió todo", agrega Jenga. "Desaparecieron los huertos y el barrio se convirtió en un "desierto" de frutas y verduras. Los niños se alimentan básicamente de comida "basura", cuando tenemos un clima muy cálido y una tierra increíblemente fértil".
Sin apenas conocimientos agrícolas, aprendiendo sobre la marcha, Jenga rescató un pequeño solar junto a una casa en ruinas y creó uno de los primeros jardines comunitarios del época post-Katrina en el devastado Noveno Distrito Bajo. Echándole ganas e imaginación, el jardín Laurentine Ernst se convirtió con el tiempo en un centro de transformación social y ambiental.
"Hemos creado un espacio para la comunidad, un lugar en el que niños y adultos pueden reunirse, en contacto con la naturaleza", presume Jenga. "Hemos recuperado jardines y parcelas que estaban abandonados, y lo hemos hecho con el orgullo de estar labrando un cambio positivo para el barrio".
Se lamenta Jenga, y con razón, del abandono secular y de la poca ayuda recibida por parte de la ciudad o del Gobierno federal. La Red de Alimentos y Huertas de Nueva Orleans (Food and Farms Network) ha funcionado hasta ahora gracias a las donaciones y a la labor de decenas de voluntarios... "El nuevo alcalde (Mitch Landrieu) ha mostrado su interés, pero la ayuda no se acaba de materializar. Si miras alrededor, vivimos aún entre los escombros del Katrina. Todo está por rehacer en el barrio. Nueva Orleans ha salido a flote gracias a los activistas y a los grupos de base.Ahora le toca a los políticos ponerse a la altura".

La llamada a la acción ecológica del Príncipe Carlos de Inglaterra



El actor Robert Redford (i) y Carlos de Inglaterra en la presentación del filme. | Reuters
El actor Robert Redford (i) y Carlos de Inglaterra en la presentación del filme. | Reuters
  • Reconoce que tiene disputas con Camila por el ahorro energético
  • El Príncipe Carlos solía pensar en las turbinas de viento como una afrenta contra la campiña inglesa o "una mancha horrenda en el paisaje". Una visita a la ciudad alemana de Trendelberg, que se abastece al 100% con energías renovables, le ha hecho cambiar de opinión.
"Debo confesar que no soy un admirador de las granjas eólicas por su intrusión en el paisaje y que las prefiero en los océanos", reconoce en el documental 'Harmony'. "Pero las visitas a la campiña alemana, donde los viejos edificios y los castillos se funden con los paneles solares y las turbinas, me ha hecho reflexionar".
"Apoyo el compromiso de trabajar libremente con la naturaleza y conseguir energía limpia", concluye el heredero de la Corona inglesa. "Con la economía global en crisis, hay una tremenda necesidad y una gran oportunidad de pensar en cómo podemos proteger la naturaleza y crear puestos de empleo al mismo tiempo".

Contra el uso abusivo de pesticidas

El apoyo del Príncipe Carlos -en contraste con el anatema contra la energía eólica de su padre, el duque de Edimburgo- le ha enemistado con el 'Daily Mail', el diario conservador que más ha hecho por alimentar la fobia a las turbinas en Gran Bretaña. El Mail se pregunta si el cambio de opinión del Príncipe se debe a los intereses monárquicos –a través de Crown Estate- en varios proyectos energía eólica 'off shore'.
Pero Carlos es precisamente el único miembro de la familia real que no sacará partido personal del negocio. El Príncipe, eso sí, aspira a dar un nuevo impulso a su granja biológica de Duchy Home en Gloucestershire. En 'Harmony', Carlos arremete contra el uso abusivo de pesticidas en la agricultura intensiva y habla largo y tendido sobre su visión de futuro mientras repasa su cosecha de coles y lechugas...
"No quiero que mis nietos miren hacia atrás y se pregunten: '¿Por qué no hicisteis algo? Sabíais que existía un problema". Eso es lo que en realidad me preocupa y me motiva”.

Apoyo de Robert Redford

'Harmony' ha sido una de las películas estrella en la edición del Festival de Sundance en Londres. Robert Redford ha decidido dar un impulso al documental y ha recordado su pasión compartida con el Príncipe de Gales "por preservar el medio ambiente e identificar maneras innovadoras y realistas para poder llevar a cabo esa misión".
Redford advierte que el filme logra "transmitir la pasión y los logros de los innovadores sociales que están cambiando el mundo". Su director, el cineasta norteamericano Stuart Sender, recalcó cómo el Príncipe no se limitó a poner la voz sino que decidió "volcarse íntimamente en cada escena y poder una enorme dedicación en el proyecto".
En la escena inicial de la película, con el fondo de varias turbinas en un paisaje bucólico, la voz en 'off' del Príncipe Carlos advierte que el tiempo se está acabando y que ha llegado el momento de llamar a la acción: "La armonía ofrece una nueva manera de ver el mundo que puede llevarnos, de una manera práctica a comportamientos más sostenibles en muchas áreas".

Disputas con Camila por el ahorro de energía

En confesiones más íntimas, esta vez a la revista 'Good Housekeeping', el Príncipe Carlos admite que más de una vez ha tenido disputas domésticas con Camilla en su mansión de Highgrove por cuenta del ahorro energético y del termostato...
"Soy de los que prefiere estar un poco más abrigado en casa que poner la calefacción alta. Cuando la mayoría de la gente tiene frío, yo me siento estupendamente. Debe ser una cosa de la circulación de la sangre. Creo que lo heredé de la Reina Victoria, a quien le encantaba sentarse en medio de las corrientes".
El Príncipe Carlos reconoce también con buen humor que su obsesión por reciclar y reusar le lleva a veces a extremos poco usuales: "Por ejemplo, hace poco cambiamos las cortinas del baño, y yo no dejaba de darle vueltas a la posibilidad de hacer unos cojines con ellas. Odio tirar las cosas porque soy consciente de que siempre van a parar a algún sitio".
Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

Algo se mueve en el barrio



Sarah Nicholl y Alexis Rowell (en bicicleta) cofundadores de Transition Belsize.| C.F.
Sarah Nicholl y Alexis Rowell (en bicicleta) cofundadores de Transition Belsize.| C.F.


Primero llegan las carretillas con tierra abonada. Después aparecen los rastrillos y los azadones. Y finalmente los árboles frutales: manzanos, perales, ciruelos, cerezos, avellanos... La idea es transformar el aséptico aparcamiento de un hospital en un vergel que pueda alimentar generosamente en unos años a los vecinos de Belsize Park.
Sarah, Alexis, Helen, Anna y Pandora se van relevando en la dura tarea. A lo largo del fin de semana se dejarán caer decenas de sudorosos voluntarios. Los niños pondrán finalmente la pequeña gran semilla del cambio que acabará fraguando calle a calle, manzana a manzana, barrio a barrio...
Así trabajan los grupos de Transición como éste en Belsize Park, al noroeste de Londres, uno de los más dinámicos de los más de treinta que funcionan ya en la ciudad. Más de 1.600 vecinos se han embarcado en los últimos cuatro años en la ardua misión de transformar el barrio desde dentro.
La Feria Verde de Belsize.| C.F.
La Feria Verde de Belsize.| C.F.
Los tres acicates de Tansition Towns son el cambio climático, el pico del petróleo y la regeneración económica. Pero lo que une sobre todo a la gente son las ganas deconectar con su entorno, de sentirse parte de algo en movimiento, de contribuir al cambio visible y palpable...
"Hacen falta también grandes dosis de tiempo y de energía", apunta Sarah Nicholl, cofundadora de Transition Belsize. "No es fácil funcionar con grupos, cualquiera que lo haya intentado puede atestiguarlo. Al final, el éxito depende del impulso de unas pocas personas que han decidido salirse de los cauces convencionales y volcarse por completo en los proyectos para intentar cambiar las cosas".
Cada grupo de Transición tiene su propia receta, pero hay dos ingredientes que nunca deben faltar, y eso lo tiene muy claro Sarah Nicholl: "Organización y celebración. Las cosas no ocurren por sí solas, alguien las tiene que planificar. Y hay que procurar ante todo que sean atractivas para el común de la gente... Nosotros proyectamos películas y organizamos debates sobre problemas ambientales, pero no podemos quedarnos ahí. Tenemos que ofrecer un abanico de respuestas desde lo local y celebrar todo lo bueno que tenemos a mano".
La Feria Verde que desde hace tres años ocupa las aceras de Haverstock Hill ha sido uno de los grandes reclamos del grupo. Las gallinas, las ovejas y las cabras se convierten ese día en la gran atracción de las aceras, donde también hay sitio para los apicultores urbanos, los jardineros "verticales", los constructores de balas de paja, los mecánicos de bicicletas, los instaladores de placas solares o los "cazadores de corrientes" (en el nombre de la eficiencia energética).
La Feria Verde de Belsize.| C.F.
La Feria Verde de Belsize.| C.F.
Lo más "revolucionario" del barrio salta ese día a la vista, incluido el ManCan, el robot de productos reciclados construido por los niños de Transition Kids. Aunque lo más importante es la labor invisible de las decenas de voluntarios que durante todo el año se reúnen en Olviver's, donde semana tras semana se reinventa el "arte" de socializar.
Lo que ha puesto definitivamente a Transition Belsize en el mapa de Londres es el grupo de "Draught Busting", que ha contagiado a todo el barrio su obsesión por la eficiencia energética. "Nuestras facturas eléctricas podrían reducirse del 15% al 25% con una simple mejora del aislamiento", recalca Sarah, "y ese es un mensaje que ha calado en los responsables políticos de nuestro distrito y sobre todo en las escuelas".

Convertir ideas en proyectos

"Draught Busting" se ha convertido también en el germen de una empresa social que en el último año ha reforzado el aislamiento de 700 ventanas en seis escuelas del barrio, y las que aún quedan... "Otro de los retos de los grupos de Transición es la capacidad de convertir ideas en proyectos que sean rentables y contribuyan a la economía del barrio", asegura que Sarah, que cede la palabra al cofundador Alexis Rowell.
Por su experiencia como concejal y su infatigable militancia ambiental, Alexis es algo así como el motor (sin emisiones) del barrio. Sin bajarse de la bici, nos invita a que le sigamos desde la "frutería" recién plantada junto al hospital Royal Free hasta el aparcamiento de un hotel cercano donde crece uno de los dos mini-huertos urbanos del grupo.
Entre coles, hierbas y tomateras, Alexis nos habla de la "proposición radical" que a su entender une a los grupos de Transición: "A simple vista, podemos parecer un movimiento amigable y positivo de agricultores urbanos y productores caseros de mermelada. Pero en el fondo nuestro mensaje es muy subversivo, yo diría que revolucionario".
Alexis Rowell, en su huerta.| C.F.
Alexis Rowell, en su huerta.| C.F.
"La pregunta de fondo es:¿Podemos salirnos total o parcialmente del sistema económico?", reflexiona Alexis. "¿Pueden los grupos de Transición ayudar realmente a la gente a hacer ese salto revolucionario? ¿Estamos creciendo suficientemente rápido y a un nivel profundo? ¿Qué nivel de interacción deberíamos tener con la política convencional?".
"La proposición es buena, pero aún no tenemos un veredicto", admite Alexis, que ha llegado a dedicar más de 20 horas semanales a Transition Belsize, como complemento inseparable de su personalísima cruzada contra las emisiones, Cutting the Carbon. Hace unos años le nombraron "Eco Campeón" del distrito de Camden, y ahí sigue, a golpe de pedal, involucrado ahora hasta el tuétano en las elecciones municipales de Londres que están al caer...
"Aún somos pocos los "transicionistas", pero me pregunto si con el tiempo podremos incluso convertir nuestra pasión personal en un modo de vida. Nuestro Gobierno está yendo exactamente en la dirección equivocada: austeridad, privatización, crecimiento, globalización... Honestamente, creo que no los necesitamos. Lo que sí necesitamos es llegar a los gobiernos locales, o hacerles entender todo lo que podemos hacer en momentos críticos como éste. Necesitamos que las comunidades locales den un paso adelante y tomen el futuro en sus manos".
Carlos Fresneda (corresponsal) | Londres

¡Residuos cero!



En Boulder (Colorado), a los pies de las Montañas Rocosas, lleva gestándose desde hace cuatro décadas una revolución inodora y silenciosa. Corría el año 1976 cuando los vecinos de este bastión de la América verde decidieron pasar a la acción contra el "derroche de los recursos". Así nació uno de los programas pioneros de reciclaje en Estados Unidos: Eco-Cycle.

Eric Lombardi, "visionario" de los desechos, tomó el mando de este innovador centro en el que trabajan 60 personas, capaces de procesar hasta 40.000 toneladas de residuos al año en un incesante ir y venir de furgonetas. "Lo que usted no quiera, para nosotros es", viene a ser el lema de Eco-Cycle, aliado insustituible del ayuntamiento en la gestión de los residuos urbanos.

Todo lo que remotamente se puede reaprovechar acaba siendo "digerido" en estas inabarcables instalaciones de las afueras de Boulder, que cobra a los vecinos una pequeña entrada a cambio de la impagable labor... El último apéndice es el departamento de materiales "difíciles de reciclar" (de zapatillas deportivas a viejos aparatos de vídeo y faxes), con el objetivo de ir ampliando cada vez más el espectro. Aunque la auténtica meta de Lombardi es la de "residuos cero": reaprovechamiento total.
"Llegar a residuos cero no es una utopía, sino un imperativo en la era del cambio climático", sostiene Lombardi. "Los vertederos urbanos producen grandes cantidades de metano, que es un gas invernadero 72 veces más potente que el CO2. No podemos seguir enterrando cantidades ingentes de basura bajo la alfombra y pensar que nunca tendremos que pagar la factura".

Para Lombardi, "residuos cero" es algo más de una simple meta material, más bien una filosofía de vida... "Hay que replantearse el sistema de producción de principio a fin, de modo que todo o casi todo se pueda reaprovechar. Así es como funciona la naturaleza y así es como deberían funcionar las comunidades humanas. Por eso trabajamos mano a mano con las empresas y con la escuelas, y dedicamos muchos esfuerzos a concienciar la población: no basta con reciclar, hay que llegar mucho más allá".

San Francisco ha sido la primera gran ciudad en fijarse la meta de "residuos cero" para el año 2020. La idea se ha propagado por Europa; en San Sebasti'an se celebra precisamente el encuentro de grupos de "residuos cero" el pr'oximo 11 de mayo.
"El objetivo es mucho más asequible para ciudades pequeñas como Boulder", asegura el director de Ecocycle. "Movemos cantidades más manejables de residuos, los desplazamientos son menores, no hace falta tanta infraestructura".

Lombardi ha diseñado su Parque de Residuos Cero con capacidad para reciclar o reaprovechar todos los desechos generados en una ciudad de 300.000 habitantes, incluida una planta de compostaje para los residuos orgánicos, un centro para el "reuso", otro para la "recuperación" de "nutrientes tecnológicos", otro para reciclables "difíciles" y una última instalación para procesar los residuos finales.

"Se trata de una alternativa sensata a las icineradoras y a los vertederos", asegura Lombardi. "No podemos seguir llamando basura a lo que no lo es. Tenemos la capacidad para convertir un grave problema ambiental en una fuente inagotable de recursos. Todas las tecnologías que propongo en mi parque de "residuos cero" son simples, de bajo impacto y están suficientemente probadas. Y lo que es mejor, es una opción tan ecológica como rentable: el mayor filón de la economía verde".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog Ecohéroes de El Mundo.es