El portavoz del silencio


            FOTO: Isaac Hernández

En este mundo ruidoso que hemos creado, entre el fragor del tráfico, el sobresalto de los bomberos, el aullido de las alarmas, el martilleo de las obras, el zumbido de las calefacciones y el bramido del monstruo urbano, el "oficio" del portavoz del silencio es tal vez más necesario y urgente que nunca...
     
"La gente teme al silencio como le teme a la oscuridad. En el fondo, es un temor a lo desconocido, porque nos hemos habituado a vivir entre ruidos... Tenemos que aprender a "escuchar" el silencio, y lo que viene después del silencio: esa sucesión de pequeños e infinitos sonidos, que son el pálpito del maravilloso planeta en el que vivimos".
       
Gordon Hempton, de profesión "ecologista acústico", habla de una manera susurrante y casi hipnótica, por debajo de los 60 decibelios (que es lo que suele marcar su medidor de ruido durante un conversación normal). Su ideal de silencio está sin embargo por debajo de los 40 decibelios: lo que puede llegar a registrar –micrófono en mano- en ese santuario natural que él mismo ha encontrado no muy lejos de donde vive.
      
Estamos en las Olympic Mountains, el rincón más fascinante y silvestre del noroeste de Estados Unidos. Y nos disponemos a emprender una aventura insólita, a la busca de la mítica One Square Inch of Silence (una pulgada cuadrada de silencio).
      
La leyenda dice que Gordon Hempton ha sido capaz de alterar las rutas de los aviones que despegan de Seattle para que no interfieran en el "santuario" del silencio. El mismo desmiente el tópico y da fe de su lucha infructuosa por lograr que todos los parques nacionales preserven a toda costa su sonido "natural".
      
Hempton estuvo hace tiempo en Doñana, en la primera de sus tres vueltas al mundo a la busca del silencio, que cada vez se vende más caro. Ultimamente ha atravesado su país en un inaudito "cross country", a medio camino entre Jack Kerouac y John Muir, captando la sucesión de sonidos autóctonos, y escribiendo sobre la marcha un apasionante tratado de geografía acústica.
      
Su epifanía personal, recuerda, ocurrió durante un viaje parecido a los 27 años. Llevaba todo el día conduciendo y estaba agotado. Decidió tumbarse en un campo de maíz a dormir. Le despertó un trueno y sintió cómo le zarandeaba la tormenta. "¿Cómo he podido pasar tanto tiempo sin saber escuchar?", fue la pregunta que se hizo en el ecuador de su vida. Ya no le interesaba ser patólogo de plantas. La respuesta, mi amigo, está siempre en el viento, que diría Bob Dylan...
   
"Cada valle tiene un rumor distinto, una partitura peculiar que está marcada por la altitud y por la fronda de los árboles. Los ríos y los arroyos tienen también su propia música en función del caudal, que interpreta una melodía distinta en cada estación del año".
     
Silencio. Gordon Hempton despliega su micófono bajo el susurro de las coníferas. El viento agita las copas y las ramas chocan. El medidor marca 45 decibelios. El bosque respira hondo. Silencio.
Los alces flanquean la entrada al parque de las Olympic Mountains a cualquier hora del día. Comen el pasto y quiebran las ramas. Apenas irrumpen en el silencio natural. Si acaso cuando chocan sus cornamentas; estamos en época de celo... Pasamos sobre un riachuelo: el agua dispara el medidor a los 69 decibelios.
      
Conforme avanzamos, el musgo se apodera de las rocas y los troncos y lo cubre todo con un halo de silencio verde. Poco a poco nuestros oídos van calando en el misterio del bosque. Gordon habla lo mínimo e impresncindible en su habitat, atento siempre a sus mediciones, que registra puntualmente en un cuaderno, con el sigilo de un duende.
      
Sobre la marcha le formulamos algunas preguntas amortiguadas e indiscretas. Por ejemplo, su sonido favorito: "El de los pájaros al amanecer, en cualquier lugar del mundo... Es un sonido de júbilo, de invitación permanente a la vida. Le dediqué un documental al tema, "Vanishing Dawn Chorus". Un lugar donde los pájaros no cantan por la mañana es un lugar sin futuro".
     
¿Y el sonido que más detesta? "El de un avión a primera hora del día... Es como el eterno recordatorio: por aquí ha pasado el hombre. El ímpetu de la civilización no respeta ni los parajes más asombrosos, como mi querido Yosemite, profanado a todas las horas por los aviones".
     
Dicho y hecho. Apenas llevamos 38 minutos de caminata y el avión de Alaska Airlines (la única línea que sigue volando sobre el parque) altera por primera vez el sonido natural. Esta vez vuela muy alto, y el marcador apenas se inmuta. Cualquier ruido imprevisto puede hacer que se dispare por encima de los 75 decibelios –más o menos lo que detectará en una calle ruidosa de Nueva York- pero una especie de hechizo parace proteger a este bosque y a su defensor más callado y conspicuo.
     
Pasamos revista a los efectos indeseados de la contaminación acústica, a esa epidemia de insomnio, ansiedad, estrés y alta presión sanguínea tan común entre los habitantes de las ciudades. Pero el ruido va quedando atrás, y Gordon Hempton prefiere recordar en todo caso su experiencia cercana al silencio total: "Perdí casi totalmente la audición. Mi mundo se estaba cayendo en pedazos, creí volverme loco. Me di cuenta de lo que es renunciar al mundo de los sonidos. Recuperar el oído dio un nuevo sentido a mi trabajo".
     
De aquella crisis nació la idea de crear la Pulgada Cuadrada de Silencio, que acaba de cumplir ocho años. Decenas de visitantes, siguiéndole a él o dejándose llevar por su instinto, han logrado llegar hasta el lugar, flanqueado un árbol hueco que Gordon ha bautizado como Silence Gate. El medidor registra allí el mínimo de 32 decibelios en la Puerta del Silencio, el punto más cecano a la quietud total.
     
Casi en volandas llegamos hasta el "santuario", marcado con una pequeña piedra roja y una jarra que contiene los pensamientos finales de todos los peregrinos del silencio: "Gracias, Gordon, por crear este oasis de cordura en un mundo estrepitoso".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog EcoHéroes de El Mundo.es

Los 99 muros de Belfast


    El 'guernika' de Falls Road. | Carlos Fresneda VEA MÁS IMÁGENES
  • Se extienden a lo largo de 20 kilómetros y miden a veces más de siete metros
  • Sirven para segregar a protestantes y católicos...

Cayó el muro de Berlín, pero ahí están los 99 muros de Belfast. Se extienden a lo largo de 20 kilómetros y miden a veces más de siete metros de alto. Están hechos de piedra y metal, con alambres de espinos y cámaras de vigilancia que les confieren un aire de campo de concentración. Sirven para segregar a protestantes y católicos...

"Yo crecí en Belfast antes de que se levantaran los muros, pero las últimas dos generaciones han crecido entre ellos y lo ven como algo normal", reconoce Joe O'Donnell, ex vicealcalde de la capital norirlandesa y primer concejal católico (por Sinn Féin) del conflictivo este de la ciudad.
"Tengo 62 años y he vivido también muy de cerca los peores momentos de The Troubles, cuando media ciudad se enfrentaba con la otra media en las calles", admite O'Donnell. "Yo también aspiro a derribar algún día todos esos muros, pero aún nos queda bastante por hacer. Antes que nada hay que derribar los muros mentales".
"Yo crecí en Belfast antes de que se levantaran los muros, pero las últimas dos generaciones han crecido entre ellos y lo ven como algo normal"
Joe O'Donnell, ex vicealcalde de la capital.

O'Donnell dirige ahora el Proyecto Interface de Belfast, que trabaja con 50 comunidades locales intentando promover la aceptación, el entendimiento y el intercambio entre protestantes y católicos. Pese a todo el camino avanzado desde el Acuerdo de Viernes Santo, en 1998, los muros han seguido surgiendo por doquier. Y lo que es peor, la gente los sigue considerando "necesarios".
Según un sondeo del 2011, el 78% de los norirlandeses querría derribar las así llamadas "líneas de la paz" (un eufemismo al más puro estilo orwelliano). Pero el 69% de los residentes que viven en las zonas "limítrofes" de barrios católicos y protestantes siguen considerando las barreras como "necesarias" para garantizar su seguridad.

"Los muros sirven para perpetuar la mentalidad que da pie al conflicto", reconoce Peter Shirlow, profesor de transición post-conflicto en la Queens University de Belfast. "En Belfast, si un niño te pregunta: "¿Por qué está ahí ese muro?", lo más normal es que le respondan: "Para que la gente del otro lado no nos haga daño".

Peter Shirlow, profesor de transición post-conflicto.Peter Shirlow, profesor de transición 
post-conflicto.

Shirlow, 47 años, crecido en barrio protestante y testigo de la explosión de una escuela, pertenece a la primera generación que creció con los muros (erigidos desde finales de los sesenta). Casado con una católica, optimista a pesar de los recientes disturbios, Shirlow reconoce sin embargo que le cuesta imaginar un Belfast sin barreras: "Yo soy positivo sobre el proceso de paz y creo que las cosas irán a mejor en Irlanda del Norte, pero no pongo la mano en el fuego por la caída de los muros de aquí a seis, siete u ocho años".

 

Murallas infranqueables 

 

Los muros no son sólo la prueba palpante del conflicto, sino que siguen siendo la principal atracción turística de Belfast (y casi la única, hasta que construyeron hace un año la Experiencia Titanic). Decenas de taxistas descargan a diario a los turistas europeos, americanos o japoneses que vienen a hacerse la foto de turno junto al Guernika de Falls Road o junto a los graffitis de Cupar Way.
A un lado (el católico) persisten aún las llamadas a las armas, recordando que la paz no será posible mientras dure la ocupación británica. Al otro (el protestante), emergen los fantasmas de los paramilitares en medio de un ondear incesante de Union Jacks. A uno y otro lado, amortiguando la sensación siniestra, abundan los mensajes de esperanza como ese 'It´s all good' (Todo es bueno) en las vallas que rodean la calle Tres de Shankill Road.

En el norte del Belfast, la zona más segregada, el Interface Project ha censado 44 muros. Muchos de ellos fueron levantados en tiempos por el Ministerio de Justicia, secundado por el Departamento de Vivienda o por los propios vecinos, usando metales y materiales caseros. En algunos casos son vallas de apenas metro y medio, o tabiques más o menos gruesos. En otros son auténticas murallas infranqueables que proyectan su funesta sombra sobre las casas o que convierte los patios traseros en auténticas cárceles.

También abundan en los muros de Belfast las puertas metálicas, algunas chapadas a perpetuidad, otras abiertas sólo durante el día y cerradas en el "toque de queda" inaudible que suena en muchos barrios de la ciudad en cuanto cae la noche. Sobre todo en el este de Belfast.
"Los manifestantes lealistas se han empeñado en llevar sus protestas hasta Short Strand, una de las zonas más calientes entre católicos y protestantes", asegura Joe O´Donnell, el director del Interface Project. Allí, rodeados de 66.000 protestantes, viven 6.000 católicos, amparados por muros de siete metros como el que separa la calle Madrid (en memoria de la relación histórica entre españoles e irlandeses).
No hay un alma en Madrid Street en una mañana cualquiera. A nuestro paso se escuchan voces lejanas, postigos que se cierran, el ladrido de un perro. Sale por fin a nuestro paso un hombre entrado en años que ha salido de su casa a fumarse un triste pitillo. Estamos en el número 123, a los pies de la imponente muralla con alambres de espinos y sin ornamentos.
"En Belfast, si un niño te pregunta: "¿Por qué está ahí ese muro?", lo más normal es que le respondan: "Para que la gente del otro lado no nos haga daño".
"Es verdad que impone a primera vista, pero desde que la levantaron nos sentimos más seguros y protegidos", reconoce Phil Fermanagh, albañil jubilado, presto en enseñarnos los impactos de los adoquines y los clavos que frecuentemente "llovían" sobre su casa...
    
"Ahora por lo menos podemos dormir tranquilos y no ver a diario peleas en las calles, ni escuchar tiros por las noches. Yo mismo me he llevado unos buenos puñetazos en el barrio, sobre todo cuando era joven. Sé que no es muy católico, pero crecimos odiando al vecino, y viceversa. Madrid Street fue una de las zonas más calientes durante "The Troubles". Aunque no lo sé, seguro que si preguntas en el otro lado te cuentan otra historia".
    
Para llegar "al otro lado", al vecindario protestante, hay que recorrer el medio kilómetro de muro a lo largo de Bryson Street y persignarse ante la iglesia de St. Matthews (escenario de la famosa "batalla" entre católicos y protestantes que se cobró dos muertos y decenas de heridos en 1970). Doblando la esquina, se pasa por la iglesia presbiteriana de Westbourne y una sensación extraña se mete en el cuerpo...

 

Caen las barreras mentales 

 

"Loyalist East Belfast", leemos en el mural desde el que nos vigilan los "verdugos" de la Asociación de Defensa del Ulster, persiguiéndonos allá donde vayamos con los cañones de sus fusiles pintados. En otro mural, el espectro de la muerte, con una bomba en la mano, nos informa que estamos en "zona segura" para los niños. Un cartel pide justicia en el nombre de Jimmy McCurrie y Bobby Neill, asesinados por el IRA. Por todos los lados, una borrachera incesante de banderas británicas...
    
"Queremos ver la Union Jack ondeando todos los días en el Ayuntamiento y por eso nos manifestamos", reconoce Heather Murray, 37 años y vecina de Susan Street, al otro de lado del muro. Como la mayoría de los vecinos de su barrio, Murray reconoce que no se habla con sus vecinos católicos: "Vivimos en dos mundos distintos, queremos un futuro distinto para el Ulster y creemos en otras cosas. Aunque en el fondo pienso que le rezamos al mismo Dios y que alguna vez escuchará nuestra plegaria".

A pesar del ruido y el fuego, algo está cambiando en este Belfast de los 99 muros. Las barreras mentales están cayendo fuera de esas doce áreas segregadas. La mayoría de sus 270.000 habitantes han decidido seguir avanzando por una senda conjunta y lejana de los recientes disturbios. Hace exactamente un año se puso en marcha el Peace Walls Program, con el objetivo más o menos difuso de derribar los muros.

"La generación de mis hijos y mis nietos ven los muros como algo inevitable en Belfast", confiesa Joe O´Donnell. "Mi sueño es seguir trabajando para erradicar el virus del sectarismo y crear las condiciones para eliminar las barreras físicas y mentales que aún dividen Irlanda del Norte".

Carlos Fresneda (Enviado especial) | Belfast


 


 




 

 

Objetivos 2013 a partir de ya

Pero antes, GRACIAS agricultores ecológicos, por cuidar la tierra y cuidar la vida; GRACIAS, ingenieros, por conformar el sistema energético sostenible (a pesar de los bloqueos); GRACIAS, activistas sociales, por construir la nueva fase de la democracia; GRACIAS, trabajadores y defensores de todo lo público, de todo lo nuestro, gracias; muchas GRACIAS, economistas, políticos y hasta banqueros que trabajáis para el bien común y no para el bien de los tiranos; GRACIAS, plataformas sociales, stop deshaucios y yayoflautas, gracias por comenzar los cimientos del nuevo estadio democrático, GRACIAS, abogados y jueces, por sentar en el banquillo a lo peor de la ciudadanía hasta hace poco intocables; y GRACIAS, activistas de la bicicleta, que soñáis como yo una movilidad inteligente y limpia donde nuestras máquinas verdes cubran con alegría hasta los 5 km de media y hasta trasladen paquetes grandes y siempre a la velocidad de las mariposas; GRACIAS, creativos, ilustradores, poetas, músicos y artesanos, gracias por vuestras hermosas obras; GRACIAS, vecinos de Bullas, de Santa Coloma, de Huélago y del Mundo, por compartir especie y ganas de proteger la vida buena; GRACIAS, miembros del servicio postal de El Correo del Sol, por visionar ilusiones ecologistas, y entre ellas las mías...

He tenido el gusto estos días de preguntarles a algunos colegas qué harán este año nuevo de calendario que hemos comenzado.

Josep Pàmies me regaló una lufa y me explicó cosas sobre ella.

 Luego dijo esto:

En una fiesta por el nuevo mundo, me encontré con el bicipoeta Òscar Patsí y ya dejé constancia de la intensidad del encuentro. El otro día, le seguí en bicicleta por esa ciudad que más o menos a los dos nos tiene el corazón partío y dijo esto:



Más tarde me envió una foto con título "timbre de compromiso" que resultó ser el objeto con el que declaraba su complicidad para con su amada compa, que para nada es metálica con ruedas, sino humana plena de amor, según observé.
Yo le he copiado el detalle y ya tengo preparada una caja para el objeto. Y todavía no lo sabe, pero ya tengo la bolsa chachi para la Brompton, la mismita que él luce, aunque nunca tendré la habilidad de ponerle poesía a la vida, como él hace cada día.



Acudí a lugar de culto, la oficina de Intiam Ruai, me contaron maravillas actuales en eficiencia, renovables y cultura energética. Y Manel Rivero dejó esto:
Y con su socio Antonio, foto oficial al lado de algunos de sus premios:



Con Bran y Julio nos fuimos a ver a un cantante de rock (Txus, de Mägo de Oz) y el fan más puesto le preguntó cosas interesantes sobre los artistas y sus canciones.

Luego pesqué a Julio C. Gazquez de www.viridetum.org y a Enric Navarro (el rey de las ecozanahorias) comentando sobre el terreno lo que es un lugar mágico vegetal en l'Empordà.

Y volví a la bici, esta vez al esfuerzo vivo del diseño y el reto de fabricar objetos adorables e ideas para el mundo, y Eduard Sentís, breve y directo, lanzó esto:

Y junto a una de sus bicis y uno de sus colaboradores, Josep, mecánico de joyas verdes, en uno de sus sueños materializados desde www.urbikes.com, pactamos seguir realizando sueños alados.


Y el día que llegó el invierno, con un sol espléndido, visitamos un lugar en la ciudad donde se enseña a cultivar alimentos y pasiones. Allá siguen los dos domos de El Rebost Vital, propuesta agitada con arte cultural supremo por los colegas de Fundación Terra. Casi al final, entre flores, dos especiales.

Y Domingo Jiménez Bertrán, que entre otras actividades es vicepresidente de la Fundación Renovables y una de las personas que más tiempo lleva trabajando por la cultura de la sostenibilidad ambiental, y fue el primer director de la Agencia Europea de Medio Ambiente, lo tiene así de claro con respecto al 2013 energético:

Oyendo por radio a un ilustre yayoflauta de Madrid (ya son más 60 en el grupo) que, dirigiéndose a su hijo, le indicaba: ahora, hacer política ciudadana es una necesidad para no dejar en manos de los políticos de casta algo tan vital, tan valioso y tan necesario para mejorar como especie y familia humana... e inspirado en @fanetin le suscribo y amplío: Amig@s, en 2011 nacimos (muchos), en 2012 hemos aprendido y nos hemos encontrado, en 2013 toca cambiar y seguir avanzando hacia el mejor sistema que podamos crear, que estoy seguro será una mejora del actual y un paso más, esta vez crucial para nuestra humanidad.

Y a ti lectora persona, yo, sin vídeo te digo esto, que el miedo no te domine, que la crisis te anime a crecer y superar momentos con fuerza y decisión, que no dudes en cambiar efectos por afectos, que no dejes de participar en la finanzas éticas, en el uso de la mejor energía (gracias Som Energía por ser fuerza disponible para todas), que no dejes de sentirte tremendamente útil en el combate social para dejar a un lado lo mediocre y tirano para que caminemos hacia la justicia social, la equidad y la Paz… Y si te cuadra nos vemos en la Solarquedada allá por verano o nos vemos por aquí, o nos cuentas dónde quedamos de los lugares de tu activismo por la vida buena para todas.

Manolo Vílchez
Publicado en el blog En Ruta Solar de El Correo del Sol

La 'batalla' de las ideas

En la Batalla de las ideas se intenta dar respuesta a cuestiones clave. | C.F.En la Batalla de las ideas se intenta dar respuesta a cuestiones clave. | C.F.
  • Los debates están abiertos a la intervención de los asistentes
  • Tiene 'satélites' en Berlín, Amsterdam, Estocolmo, Budapest y Lisboa
  • En esta edición se plantearán cuestiones como '¿Nos aburre Europa?'
  • Su creadora asegura que 'no se piensa suficiente sobre lo que está pasando'

Perseguimos la Gran Idea como si fuéramos el capitán Ahab, a la caza de la ballena blanca. Buscamos desesperadamente la Fórmula Mágica y nos estrellamos a diario con la realidad cicatera, que pinta igual de mal en este año en ciernes... "En vez de ofuscarnos, lo que debemos hacer es ensanchar lo más posible el debate", asegura Claire Fox, al frente del Instituto de las Ideas. "Tenemos que superar la clásica dicotomía de izquierdas y derechas, dar cabida a voces 'disidentes' y sacar provecho de la suma de muchas y pequeñas ideas. La solución única a la crisis no existe: todo es mucho más complejo de lo que parece".

Claire Fox, directora del Inst. de las Ideas.Claire Fox, directora del Inst. de las Ideas.
 
Desde hace siete años, antes de que entráramos precisamente en esta espiral en la que estamos, se celebra en el Barbican de Londres la ya popular Batalla de las Ideas, auspiciada por el instituto del mismo nombre y con 'satélites' en Berlín, Amsterdam, Estocolmo, Budapest o Lisboa (con Madrid despuntando en el horizonte). Medio millar de pensadores se miden cara a cara en intensos debates abiertos al gran público, intentando buscar respuestas a las preguntas del millón: "Capitalismo: ¿matarlo o curarlo?"; "Austeridad: ¿se quedará con nosotros?"; "'Ocuppy': ¿radicalismo ilusorio?"; "El euro y la economía: ¿el final de la cuenta atrás?".

La idea no es buscar la solución instantánea o el remedio infalible, sino más bien crear el magma intelectual que no existe ni en el debate político, ni en los grandes medios, ni en las anquilosadas universidades.
"El Instituto y la Batalla de las Ideas nacen precisamente de la frustración ante la pobreza del debate público", explica Claire Fox. "No hay suficiente pensamiento sobre lo que está pasando. Hay además una tendencia peligrosa a simplificar los grandes problemas y atrincherarse en la viejas divisiones políticas. Todo esto se está exacerbando con la crisis, como queda muy patente en debates superficiales como el de austeridad 'versus' crecimiento".

"¿A quién le gusta realmente la austeridad?", se pregunta la fundadora del Instituto de las Ideas. "Es muy fácil declararse anti-austeridad y pro-crecimiento, pero cuando llega la hora de la verdad y en una situación tan crítica, las decisiones no son tan simples como elegir ente el negro y el blanco. Ya hemos visto lo que ha ocurrido a Hollande en Francia".

"Otra parte interesante del debate es ésta: '¿Es posible la prosperidad sin crecimiento económico?'", se pregunta Claire Fox, parafraseando a Tim Jackson. "Yo particularmente pienso que no, pero la cuestión está abierta, y sería preferible que nadie se parapetara tras las viejas etiquetas de la derecha y la izquierda".

Claire Fox sabe de lo que está hablando por experiencia propia. A sus 52 años, su propia trayectoria política se ha movido entre los dos extremos: de su militancia en el Partido Comunista Revolucionario y la dirección de 'Living Marxism', a sus posturas próximas al credo libertario, cuestionando el peso excesivo del Estado.

Un asistente observa un cartel en la 'Batalla de las Ideas'. | C.F.Un asistente observa un cartel en la 'Batalla de las Ideas'. | C.F.

Fox se ha ganado las críticas de sus viejos camaradas por sus críticas contra "ideas de moda", como el multiculturalismo o la sostenibilidad. Ella se defiende alegando que "no hay vacas sagradas" y que, en cualquier caso, la Batalla de las Ideas se nutre precisamente de planteamientos contrapuestos que sirven para alimentar el debate, más allá de lo políticamente correcto. Así, se abordan cuestiones como "Redes sociales, ¿buenas o malas?"; "La juventud de hoy en día ¿desempleada o no cualificada para el empleo?"; "Disturbios y revoluciones, ¿los nuevos radicales europeos?"; o "¿Nos aburre Europa?".
Por su experiencia en Portugal, Claire Fox está convencida de que el terreno está más que abonado para formular las mismas o parecidas preguntas por nuestras tierras. "Por mucho que se empeñen en negarlo los políticos, hay en la gente una ostensible fatiga europea. Y visto lo que está pasando, es perfectamente comprensible. No se puede llamar democracia a un sistema que niega a un país la posibilidad de dictar su propia política monetaria y económica. La Unión Europea se ha convertido en cierto modo en un macroestado que está comprometiendo las libertades de los ciudadanos. Creo que esa cuestión tendría que dejar de ser tabú y dar pie a un intenso debate".

El Instituto de las Ideas funciona como una organización sin ánimo de lucro y no recibe subvenciones oficiales. Se financia gracias a patrocinadores múltiples que van desde las multinacionales Price Waterhouse Coopers y SAB Miller a la Real Academia de Ingenieros o el Kings College de Londres.

Le preguntamos a Claire Fox, dados sus antecedentes políticos, por el valor de las ideas frente a las ideologías en el siglo XXI. "No creo que el neoliberalismo sea la última ideología, tal y como se pretende hacernos creer. Las ideologías de los dos últimos siglos han perdido fuelle, pero surgirán otras. Al fin y al cabo, la gente necesita una visión coherente del mundo y un sistema de pensamiento, y eso es lo que lo que ofrecen la ideologías, que no se merecen su mala reputación. El problema es cuando las ideologías nos ciegan y nos impiden tener en cuenta la opinión del otro, de ahí la necesidad permanente de un debate".

Y así llegamos hasta los intelectuales, otra palabra maldita que reivindica con renovadas fuerzas la fundadora del Instituto de las Ideas. "Lo que nosotros pretendemos precisamente es alumbrar la próxima generación de intelectuales. Al fin y al cabo, los hombres han tenido que hacer frente a muchos problemas "irresolubles" a lo largo de la historia, y si han conseguido avanzar ha sido precisamente gracias a ideas innovadoras. El problema, ahora, es que no pensamos lo suficiente. La mente nos ayudará sin duda a salir de donde estamos".

Carlos Fresneda (corresponsal) | Londes

El 'boom' del consumo colaborativo

Miembros españoles de Ouishare. | Kike Carbajal

Miembros españoles de Ouishare. | Kike Carbajal
  • 'La tendencia ha madurado en España y el paisaje ha cambiado en un año'
  • Lo más significativo en 2012 es que ha habido inversiones importantes
  • 'Hace falta un cambio de mentalidad colectiva y cultural importante'
Del intercambio de casas al coche compartido, del 'crowdfunding' al 'coworking', de los préstamos entre particulares (P2P) a los 'solucionadores' a domicilio. El universo del consumo colaborativo se expande día a día y en España ha tomado velocidad de crucero en 2012, a pesar de la crisis (o gracias a ella).

[foto de la noticia]Así lo certifica Albert Cañigueral, creador de www.consumocolaborativo.com y conector en Barcelona de Ouishare, la red global creada hace exactamente un año en Francia y que se ha convertido en el referente mundial de esta tendencia imparable: la alternativa más real a la economía del 'comprar por comprar'.

  

"La tendencia ha madurado en España y el paisaje ha cambiado radicalmente en un año", asegura Cañigueral. "La crisis ha obligado a la gente a buscar alternativas, no sólo para ahorrar, sino para hacer dinero al mismo tiempo. A esto se une la explosión de las redes sociales, ahí es donde todos comprobamos todos los días el poder de compartir. Cuanto más das, más recibes".

En apenas un año, el creador de Consumo Colaborativo ha rastreado en España más de 150 'startups' asociadas con eso que también suele llamarse la 'economía compartida'. El propio Albert, ingeniero multimedia, reconoce que las innovaciones tecnológicas y la sed de respuestas le han hecho experimentar con dinero propio en muchas de ellas.

"Se ha producido tal avalancha que aún es difícil distinguir la paja del heno", reconoce. "Aún nos faltan herramientas para poder cuantificar el dinero que mueve el consumo colaborativo en España. Pero lo más significativo en 2012 es que ha habido inversiones importantes, tanto a nivel de multinacionales como en iniciativas impulsadas por nuestros emprendedores".

Desde el otro lado de los Pirineos, el fundador de Ouishare, Antonin Léonard, atribuye el despegue fulminante del consumo colaborativo en nuestro país a dos factores: el auge de las redes sociales y el acicate de la crisis.
"España tuvo el movimiento de los 'indignados', que en Francia no fue tan fuerte", admite Antonin. "Ouishare es también un movimiento social, pero no nos indignamos (al menos en público), sino que proponemos. Vamos reuniendo cada vez más personas que se dan cuenta de la oportunidad que representa el consumo colaborativo. Más allá de la colaboración que permite Internet, podemos inventar otro tipo de sociedad".

'Reiniciar el sistema'

"Cada vez más personas que se dan cuenta de la oportunidad que representa el consumo colaborativo. Podemos inventar otro tipo de sociedad"
En Madrid, el conector de Ouishare es Luis Tamayo, analista de tendencias sociales y consumo, que asegura que estamos a las puertas de un giro profundo que va más allá de lo estrictamente económico: "Igual que nos enseñaron y nos alentaron a ser hiperconsumistas, a usar y tirar, nos tendrán que enseñar a compartir bienes. Estamos empezando a activar esta parte del ser humano que estaba aplastada por el exceso como valor, perdida en nuestro subconsciente".

"Compartir es algo tan natural como poseer", asegura Tamayo. "Lo que ocurre es que venimos de una hipertrofia de la propiedad privada, un exceso del individualismo donde el yo es insaciable y se confunde el ser con el tener. Confundimos consumo con identidad y nos olvidamos de que consumir es sólo eso, usar algo".

"La situación actual de producción y consumo es totalmente insostenible", concluye Tamayo. "Por eso el sistema hizo crack, y ahora estamos equilibrando la balanza. La economía colaborativa es un recurso para reiniciar el sistema, sanearlo, equilibrarlo o en definitiva hacerlo sostenible. Es una cuestión de supervivencia".

¿Está nuestra sociedad preparada para compartir o estamos aún muy arraigados a lo que nos queda? A la pregunta del millón responden por separado Luis Tamayo y Albert Cañigueral.

[foto de la noticia]
Luis Tamayo | Foto: Kike Carbajal

"Hace falta un cambio de mentalidad colectiva y cultural importante, y eso difícilmente se puede hacer sin que las grandes instituciones públicas y privadas apuesten por la economía colaborativa como un modelo complementario" (Tamayo).
"Se está produciendo una cambio de valores, de la propiedad al uso, y al mismo tiempo la gente se está dando cuenta de que todo son beneficios con el modelo colaborativo: eliminas intermediarios, creas comunidad, ahorras dinero, haces dinero 'extra'...". (Cañigueral).

Nueva moneda: la confianza

En el nuevo modelo, la confianza será la nueva moneda de cuño, tal y como advertían Rachel Botsman y Roo Rogers en el libro que abrió la espita, 'Lo que es mío es tuyo'. Albert Cañigueral reconoce que mucha gente desconfía de entrada cuando les hablas de cosas como "alquiler tu coche a un extraño" o "prestar tu dinero a un desconocido".
"Pero una vez compruebas por ti mismo que todo eso y mucho más no sólo es posible sino que es muy útil y deseable, van cayendo las barreras", certifica el creador de Consumo Colaborativo."La mejor demostración es que quien prueba repite". Y ahí tenemos bien fresco el 'boom' de 2012.
"Igual que nos enseñaron y nos alentaron a ser hiperconsumistas, a usar y tirar, nos tendrán que enseñar a compartir bienes"
Pese a los nubarrones que pesan sobre la industria del turismo, Airbnb ha llegado este año al millón de noches reservadas en España, con 22.000 casas prestas a ser "compartidas". En menos de dos años, Knok.com, con sede en Barcelona, ha llegado a los 14.000 usuarios del intercambio de casas en 145 países.

La movilidad compartida se ha disparado también en pocos meses. SocialCar abrió brecha con el alquiler de coches entre particulares y llega ya a los 7.000 conductores y 1.500 vehículos. Con Carpooling.es se han realizado 250.000 viajes compartidos en dos años, mientas que Amovens.com cuenta con 50.000 vehículos registrados. A otro nivel, Blablacar ha llegado a los 70.000 usuarios en España y a los dos millones en Europa (y eso por no hablar la reciente adquisición de Zipcar por Avis).
En el ya concurrido campo del crowdfunding, Verkami ha financiado colectivamente más de 700 proyectos en dos años. Lánzanos.com ha rebasado el millón de euros recaudados, con 100.000 usuarios registrados. En un año de actividad, Goteo ha recaudado 450.000 euros, con una media de 40 euros por cofinanciador y con 120 proyectos en marcha (además de haberse convertido en referencia mundial del "crowdfunding for crowdbenefits").

De la banca a los 'solucionadores'

España va a la cabeza mundial de espacios de 'coworking' (espacios de trabajo compartido) per capita, aunque Albert Cañigueral reconoce que puede haber una 'burbuja' en este campo, y previene contra la tendencia a confundir lo que realmente es una comunidad de 'coworkers' con un simple 'business center' o un 'despacho de boutique'.

Los mercadillos de intercambio en las redes se están disparando, de Nolotiro.org a Segundamanita.com, especializado en ropa y accesorios de niños. Bookcrossing está popularizando el trueque de libros, y HuertosCompartidos ofrece la posibilidad de compartir espacios de cultivo en las ciudades y en los pueblos.

Con cierto retraso con respecto al Reino Unido, donde Zopca se ha convertido en una alternativa reconocida a la banca, se están abriendo paso en España los préstamos entre particulares (P2P). Comunitae, con 1,5 millones de euros en transacciones y una rentabilidad neta media superior al 10%, es la iniciativa pionera por nuestras tierras. Cañigueral vaticina que en 2013 no sólo aumentará esta tendencia sino que se abrirá otra veta innnovadora: el préstamo directo de particulares a pequeñas y medianas empresas.

En 2012, Etece.es rompió también aguas en el campo de los 'solucionadores', siguiendo el modelo de 'taskrabbit' que tanto éxito ha tenido en Estados Unidos: tareas al mejor postor, desde colgar cuadros a montar muebles de Ikea (la más solicitada con diferencia). Busuu.com (la comunidad para aprender idiomas), Arttroop (el makerplace de arte) o FON.es (compartir el wifi legalmente) son otras tres iniciativas novedosas.

Aunque si hay un campo prometedor en España es precisamente el del turismo. "Imagina la de cocineros y cocineras excepcionales que hay en nuestro país y que podrían invitar a miles de turistas a degustar auténticos platos caseros en sus casas", sugiere Albert. La comida está servida, por gentileza de eatwith.com, mealisready.net, mealmeats.com y otros sabrosos experimentos del consumo colaborativo ya en marcha. ¡Que aproveche!

Carlos Fresneda | Londres

La mitad de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura


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  • Se tira entre el 30% y el 50% de los 4.000 millones de toneladas de alimentos
  • Son las cifras de un informe británico del Instituto de Ingenieros Mecánicos
La mitad de la comida que se produce en el mundo acaba en la basura o pudriéndose en el campo. Entre el 30% y el 50% de los 4.000 millones de toneladas de alimentos que se generan en el mundo nunca llegan a nuestros estómagos, según un demoledor informe del Instituto de Ingenieros Mecánicos (IME) británico titulado: 'Global Food: Waste Not, Want Not'.

La apabullante conclusión –de 1.200 a 2.000 millones de toneladas de alimentos desechados mientras 1.000 millones de humanos pasan hambre- es aún más alarmante de las cifras que barajaba hasta ahora la FAO y ha abierto en Gran Bretaña el debate sobre la inmoralidad, la ineficacia y los costes generados por la industria alimenticia.

Tan sólo en el Reino Unido se desechan siete millones de toneladas de comida, valorados en 10.000 millones de libras (unos 12.500 millones de euros), lo que supone un "desperdicio" equivalente a 600 euros por familia en tiempos de crisis.
"A lo largo de su vida, una familia media británica acaba arrojando a la basura el equivalente a 24.000 libras (29.000 euros) de comida", advierte Tim Fox, responsable de energía y medio ambiente del IME. "Si a los alimentos desechados añadimos el agua malgastada en los cultivos y la energía desaprovechada en el proceso, el coste es incalculable".

Las malas prácticas agrícolas, el deficiente almacenamiento y los problemas de distribución y transporte son las principales causas en los países en desarrollo. En los países desarrollados, sin embargo, gran parte de culpa la tienen los supermercados y los puntos de venta, con su estricta política de caducidad, sus "ofertas especiales", que hacen comprar más de lo necesario y la insistencia en la "apariencia" de los productos que obliga a desechar gran parte de las cosechas de frutas y vegetales.

Fin al despilfarro

"La crisis nos ha hecho despertar a la inmensidad de este problema", declaraba recientemente a ELMUNDO.es Tristram Stuart, impulsor de la campaña 'Feeding the 5.000' y autor de 'Despilfarro: el escándalo global de la comida'. Desde 2009, cuando Stuart publicó su insólita vuelta al mundo, denunciando el derroche y encontrado por el camino soluciones alentadoras, la ONU ha tomado cartas en el asunto y se ha propuesto la meta de reducir un 50% el despilfarro de comida de aquí al 2025.

La Unión Europea se ha subido al carro con la celebración en noviembre de la semana de Reducción de los Desechos. En España han surgido decenas de iniciativas para el mejor reaprovechamiento de los alimentos en tiempos de crisis, como la de Feeding Zaragoza, que ha llegado a organizar comidas gratuitas para mil bocas con las "sobras" de los agricultores y de los supermercados.

Carlos Fresneda (corresponsal) | Londres

No basta con cambiar las bombillas...

            Foto: Isaac Hernández

Cambiar las bombillas. Comprar biológico o local. Abonarse a una cooperativa de consumo. Compostar la basura en casa. Moverse en bici por la ciudad... Annie Leonard hizo todo eso y mucho más, pero no notó un gran cambio más allá de su entorno personal.
     
Las pequeñas acciones están bien, pero no son suficientes, ni van a servir para "salvar el planeta", como leemos en las portadas engañosas del perfector consumidor "verde". Si los cambios se quedan en uno mismo, si se limitan a los aspectos materiales,nos valdrán en todo caso para lavar nuestra conciencia de consumidores y poco más.
  
Al menos eso es lo que piensa la sagaz autora de "La historia de las cosas" en su última entrega de aún más largo alcance: "La historia del cambio"... "Las soluciones no están a la venta. Comprar mejor y de un modo más consciente no es suficiente. Tampoco basta con "ser el cambio que quieres ver en el mundo", como decía Gandhi. Hay que "hacer" el cambio, y eso sólo es posible pasando a la acción colectiva".
   
A sus 48 años, Annie Leonard se ha ganado a pulso su reputación como la comunicadora más directa, efectiva y popular al servicio de la causa ecológica. "La historia de las cosas" fue un auténtico viaje al fondo de la Tierra (y a todo lo que los humanos estamos haciendo con ella). El agua embotellada, los productos electrónicos o el endeudamiento personal pasaron luego bajo su peculiar y ácido análisis, ilustrado por los dibujos animados de Free Range Studios.
   
Con "La historia del cambio" (nacida de su frustración de estos cuatro años), Leonard se ha propuesto desmontar los últimos mitos de la "Economía Dinosaurio" y hacer una llamada a la movilización ciudadana para buscar alternativas reales.
     
Lo primero: reivindicar nuestra condición de ciudadanos... "Da la impresión de que hay un complot para reducirnos a la categoría de consumidores. Se diría que somos lo que consumimos y que hemos dejado de ejercer por desidia el "músculo" de ciudadanos. Nos olvidamos de que los grandes avance sociales en la historia se han producido precisamente por la presión de los ciudadanos, forzando los cambios políticos que en última instancia han permitido cambiar el sistema".
     
Annie reconoce que su preocupación por todo lo que hay detrás del "sistema" le viene de niña, cuando se preguntaba por la invisible conexión entre la desaparición del bosque y la expansión de los centros comerciales en su Seattle natal. Su verdadera iluminación ocurrió en el vertedero de Fresh Kills, que durante medio siglo digirió más de 11.000 toneladas diarias de basura en Nueva York.
  
"Cuando lo cerraron en el 2001, la montaña de desechos era 25 veces más alta que la estatua de la Libertad", recuerda. "Aquella visión impactante me dio mucho que pensar. ¿Quién puede haber concebido este sistema tan monstruoso? ¿Cómo permitimos que esto siga ocurriendo? Yo misma no acababa de entenderlo: tardé veinte años en hacer la conexión."
  
Su experiencia en Bangladesh, India y Haití fue vital para acabar de atar los cabos sueltos. Annie Leonard se remonta a los estragos de la extracción: de la deforestaciones masivas en el Amazonas o en Indonesia a la decapitación de las montañas Apalaches o las arenas de alquitrán de Alberta. Como ocurre con los desechos, el sistema tiene la virtud de esconder las consecuencias de lo que consumimos desde el lugar de origen, casi siempre remoto, casi siempre a expensas de la explotación laboral, la corrupción política y el deterioro ecológico...
   
"Y, aun así, hay una verdad fundamental que vale en todo el planeta. Lo que llamamos desechos son sobre todo recursos. Así, revueltos, no sirven para nada. Acabamos enterrándolos en un vertedero o, lo que es peor, quemándolos en una incineradora. Si los separamos, podremos volver a usarlos como papel, como metal, como vidrio, como compost para fertilizar la tierra".
     
En "La historias de las cosas", convertido de un auténtico fenómeno en la red con doce millones de "pinchazos", Annie exploraba el ciclo completo, de la producción a los residuos, pasando por la distribución y el consumo. Ya entonces se dio cuenta que, pese a todos los esfuerzos, nuestro poder como consumidores tiene un techo natural.
   
... "Por mucho que nos esforcemos en menguar el cubo de la basura, la mayor cantidad de desechos es la que produce la industria. Y ahí es donde la presión social y la acción política son fundamentales. Necesitamos leyes de responsabilidad productiva en todo el planeta: el 80% del impacto de un producto se decide en la fase de diseño."
      
La distribución es el tercer engranaje del sistema, y Annie Leonard nos recuerda como Walmart, la mayor cadena de supermercados del mundo, tiene un sistema informático de transporte y localización de sus mercancías que rivaliza con el del mismísimo Pentágono: "El movimiento de la relocalización ha empezado con los alimentos, pero se está extendiendo a otros campos, desde la extracción de recursos a la energía, como ocurre con el movimiento de Ciudades en Transición".
    
Llegamos de esta manera al cuarto piso de la pirámide, acaso el más importante, el que da sentido al sistema: el consumo. "No me gusta que me llamen anticonsumista", puntualiza la autora de La historia de las cosas, "pero sí quiero denunciar los efectos del hiperconsumismo, que se produce cuando tomamos más recursos de los que necesitamos y que el planeta puede sostener."

"Con el 5% de la población, Estados Unidos consume el 30% de los recursos y es responsable del 30% de los residuos", certifica Leonard, que posa para las fotos junto a las botellas de plástico compactadas por el Centro Ecológico de Berkeley, su pueblo adoptivo... "No hace falta ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que harían falta de tres a cinco planetas si los 7.000 millones de habitantes de la Tierra imitaran las pautas de consumo del sueño americano".
    
Conclusión: hace falta un nuevo paradigma (o un nuevo planeta), y en eso estamos: "La gente está cambiando su relación con las cosas. Ya no hace falta poseerlas y acumularlas, sino simplemente tener acceso a ellas: compartiéndolas, reusándolas, intercambiándolas, prolongando su uso para que no acaben en un vertedero... Y creando de paso comunidad."
         
El "consumo colaborativo", la tendencia imparable que se está abriendo paso también en España, ilustra precisamente su visión de cambio: una gran idea, compartida por el mayor número posible de gente y puesta en acción... "Así es como realmente construimos el poder para propiciar los cambios reales. Dejando atrás la preocupación, la frustración y el miedo y creando espacios para la acción ciudadana".

 
      
Todo esto lo dice Annie Leonard sin acritud y con una sonrisa abierta, en un tono muy lejano a la verborrea de los políticos al uso, que son gran parte del problema. La autora "La historia del cambio", criticada despiadadamente por republicanos y libertarios, no piensa sin embargo bajar la guardia y quiere seguir tendiendo puentes entre la crítica a la sociedad de despilfarro y la llamada a la acción "por un mundo posible y decididamente mejor".

Carlos Fresneda
Publicado en el blog EcoHéroes de elmundo.es

La economía del dar y compartir



Dar y compartir eran hasta ahora dos palabras proscritas por nuestro sistema económico. El enriquecimiento personal, la competencia salvaje y la zancadilla al prójimo fueron la regla de oro durante la década del “pelotazo”. Parece que algunos no han aprendido la lección después del “batacazo”, y vuelven a sacar la fusta con la vana esperanza de poner a galopar de nuevo al caballo con la misma fórmula.

Pero no le vamos a culpar a estas alturas a Adam Smith de todos los males que nos aquejan. Mucho ha llovido desde que publicó La riqueza de las naciones en 1776, y muchos lo han malinterpretado desde entonces, anteponiendo el afán de lucro y la prosperidad personal a todos los otros factores.
Estamos donde estamos y punto. Llevamos cuatro años intentando salir de la ciénaga de la recesión con los remos gastados. Escuchamos las mismas falsas promesas sobre el crecimiento económico que sabemos que no nos llevarán a ningún lado. Nos aferramos al bote salvavidas cuando a lo mejor va siendo hora de tomar el timón, y salir al encuentro de muchos otros que también están buscando respuestas en medio de la tormenta.

Curiosamente, el mensaje hiperconsumista que nos invade siempre por estas fechas está dejando paso a ese otro de “dar y compartir”, más a tono con los tiempos que corren y más fieles al espíritu original de estas fiestas.

La economía compartida, la economía del bien común y la economía del “regalo” (gift economy) son tres afluentes que confluyen en un río cada vez más caudaloso, paralelo a los cauces de la economía convencional que va poco a poco abriendo sus compuertas.
“Las empresas que se cierren en banda y sigan funcionando a la vieja usanza, están condenadas a la extinción”, vaticina Benita Matofska, “compartidora jefa” de Compare and Share, el primer agregador de economía compartida en la red. "En tiempos difíciles es cuando la gente busca soluciones y crea alternativas. Y la crisis ha servido sin duda para acelerar el cambio cultural que ya se iba gestando: estamos pasando de la cultura del 'yo' a la cultura del 'nosotros'. Y estamos aprendiendo finalmente a cooperar y compartir los recursos en un planeta finito”.
Desde su terruño en Bristol, Gran Bretaña, Benita se ha subido a la ola que golpea también fuerte en Francia con Ouishare y en Estados Unidos con Shareable Magazine. Se calcula que la economía compartida mueve ya en torno a 370.000 millones de euros en el mundo, y el futuro es tan ancho como el horizonte: alquiler de casas entre particulares, coche social, préstamos personales, reparaciones, trabajo compartido…

“Todo está cambiando muy rápidamente y se está haciendo más participativo”, asegura Rachel Botsman, madrina del “consumo colaborativo” y coautora de Lo que es mío es tuyo. “Más que ante una tendencia, estamos ante una fuerza que se está propagando a gran escala. Se está produciendo un definitivo giro de poder del centro hacia la periferia, con la ayuda insustituible de la tecnología de las redes".
“El estilo de vida 'colaborativo', hasta ahora asociado con lo 'alternativo', será cada vez más visible y más común”, asegura por su parte Roo Rogers, coautor del libro y emprendedor social. Rogers se remonta a los estudios del psicólogo Michael Tomasello, autor de Por qué cooperamos, que ha sido capaz de encontrar "respuestas de empatía y colaboración" en los niños a partir de los dos años. Contra la creencia acendrada del instinto posesivo ("¡mííííío!"), Tomasello asegura que los humanos somos “sociables y cooperativos por naturaleza”, y que va siendo hora que el sistema económico tome nota.



Algo parecido sostiene el austríaco Christian Felber, autor de 
 La economía del bien común, que estudió precisamente en Madrid y 
tiene una especial querencia por nuestras tierras. “Nuestra economía ha funcionado impulsada por el afán de lucro y por la competencia”, asegura Felber. “Ha llegado por fin el momento de incorporar
los valores humanos presentes en todas las culturas: la cooperación, la honestidad, la generosidad, la solidaridad, la compasión”.
Decenas de empresas en todo el mundo han empezado a aplicar la fórmula de Felber (“de todo un poco”), que se distancia tanto de neoliberalismo imperante como de la economía planificada. Su principio es tan simple como la proclama de la Constitución de Baviera: “Toda actividad económica servirá al bien común”. Y su objetivo es poner siempre las interrelaciones humanas en el centro de la ecuación económica.

Llegamos así al último afluente, que de alguna manera los envuelve a todos. Desde Harrisburg (Pensilvania), el profesor y pensador Charles Eisenstein ha sacudido los cimientos del sistema con Sacred Economies. Asegura Eisenstein que “la monetarización de nuestras vidas” ha tocado techo con la crisis, que debería servirnos para reevaluar nuestra relación enfermiza con el dinero y redescubrir la dimensión “sagrada” de la actividad económica.

“Cuanto menos usemos el dinero, menos tiempo pasaremos gastándolo y más tiempo dispondremos para dedicarlo a la economía del regalo””, escribe Eisenstein, que ilustra su visión formando “gift circles”, integrados por diez o veinte personas dispuestas a dar y recibir algo a cambio.

“Los círculos del don están emergiendo en internet en muchas variantes y es una manera de reclamar las relaciones humanas hasta ahora ausentes en el mercado”, concluye Einsenstein. “En los tiempos que vienen, y en la transición hacia otro modelo social y económico, vamos a necesitar la generosidad, el altruismo y la dedicación de mucha gente. En contraste con la era en la que todo se puede comprar con dinero, avanzamos hacia una realidad cada vez más clara: nos necesitamos unos a otros”.


Carlos Fresneda
Publicado en el blog La Realidad Paralela de El Correo del Sol

¡Ciudades sin coches!


Tragamos el humo de las calles como antes tragábamos el humo de los bares. Nos enfrentamos cada mañana al rugido incesante la marabunta urbana. Asumimos que cientos de peatones y ciclistas tengan que morir atropellados. Nos movemos por las aceras a trompicones, acosados a todas las horas por los reyes indiscutibles de la jungla de asfalto.


Y ahora imaginemos una ciudad sin coches... Lo primero, el silencio. El canto de los pájaros, el griterío de los niños, las voces humanas. Poder respirar por fin a pleno pulmón. Caminar a nuestras anchas, sin miedo a las fieras motorizadas. Recuperar la libertad, como peatones y como personas.
 
La ciudad sin coches no es una utopía inalcanzable, es una realidad palpitante y paralela. Una visita a Fez o a Venecia servirá para hacerse una idea. Ejemplos más recientes los tenemos en Vauban, el barrio sin coches de Friburgo, o en la ciudad holandesa de Houten, o incluso en las afueras de Chengdu, en China, donde está planeada la construcción de la Car Free City.

El movimiento Car Free Cities lleva casi dos décadas reivindicando y construyendo el sueño posible, espoleado entre otros por J.H. Crawford: “El uso del coche como instrumento de movilidad urbana ha llegado a un callejón sin salida. Casi todos los problemas ambientales, sociales y estéticos de las ciudades están asociados con el uso y abuso del automóvil. Va siendo hora de reclamar la ciudad para las actividades humanas”.

Curiosamente, la costa oeste americana se he convertido en uno de los puntales del movimiento, con la publicación de la legendaria “Carbusters”, resucitada por vía digital. Ciudades con Portland o San Francisco (donde de nació la “masa crítica” ciclista) han ido a la cabeza de una tendencia que ha arraigado en Nueva York, con la llegada de las mesas y las tumbonas a la mítica Times Square (huelga decir que el 70% de los habitantes de Manhattan no tiene coche).



En Europa, ya se sabe, la delantera la han llevado siempre los países nórdicos y centroeuropeos. En Holanda, la ciudad de Houten, al sur de Utrech, ha sido diseñada para convertir la bicicleta en el medio habitual de transporte y minimizar la máximo el uso del coche entre sus 45.000 habitantes.

En Vauban, en Friburgo, los automóviles han desaparecido por completo del mapa (aparcados y ocultos en dos garajes en los confines del barrio). El 57% de los vecinos decidió vender su coche antes de mudarse al barrio, donde los niños son los auténticos reyes de la calle con sus balones y sus bicicletas. Conectado con la ciudad por un tranvía eléctrico, Vauban es mucho más que una zona residencial, más bien un pequeño pueblo en el que todo queda a mano y caminando, de modo que sus vecinos puedan reducir sus desplazamientos y su impacto ecológico.

Una ciudad sin coches no es sólo más deseable sino que puede “ser más eficiente económica y socialmente que otra basada en el automóvil”, según la conclusión del estudio “Proposition de recherche pour une ville sans voiture”, coordinado por Fabio M. Ciufini y citado por Alfonso Sanz, uno de los mayores artífices de la revolución de la movilidad por nuestras tierras.



La celebración del Día Mundial Sin Coches (el 22 de septiembre) o la campaña reciente por “calles vivibles”, con la reducción de la velocidad urbana a 30 kilómetros por hora, son pequeños grandes pasos hacia esa visión de futuro. Digámoslos claro: las ciudades tuvieron que adaptarse para hacer sitio al coche y ahora deberán de hacerlo precisamente para permitir todo lo contrario.
¡La ciudad, para quien la camina y la pedalea!

(Y, por último, una confesión: yo también fui conductor empedernido, de esos que cogen el coche para ir y volver todos los días al trabajo, y para enfilar al centro comercial los fines de semana. El enganche al volante es como la adicción a la nicotina. Cuesta dejarlo. Y es mejor hacerlo radicalmente, de un día para otro. Mi tercer y último coche me lo robaron hace 20 años. Me hicieron un gran favor.)

Carlos Fresneda
Publicado en el blog la Realidad Paralela de El Correo del Sol

Nuevo libro de Òscar Patsí y acción bicipoética por Barcelona (29D)


A los regalos de la familia –una funda para el móvil que no usaré por no óptima y que ya colocaré al primer objetivo que pille, un limpieza dental que ha servido para llenar de gracias el entorno de mi cuñada y un cava certificado eco que me beberé para celebrar el fin del mundo feo que lleva ya unos años agobiándonos, y alguna cosa más que caerá, a pesar de mi negativa a recibir detalles que no sean afectos (besitos, masajes, encuentros en lugares valiosos, disfrutes gastronómicos moderados, etc...)– me ha tocao sumar un libro de un colega que me encontré en uno de mis lugares de culto en BCN, de esos que visito por lo menos una vez al año y muchas veces en la vida. 

Tocó reparar bici (la Brompton con pinchazo en rueda trasera) en Espai Bici, y cuando voy a recogerla coincido con una fiesta en la tienda para celebrar deseos de ese mundo feo que ojalá se acabe mientras nos curramos un mundo mejor para todas y no solo para unos pocos y sus fieles servidores. Allá pillé al mecánico de bicis, David, que tuvo que explicarme dónde estaba, ya que cada vez que voy me pega un subidón con la contemplación de las novedades. 

Al acabar el tour, mientras la musiquilla sigue y el mundo conocido no cambia, por sorpresa me encuentro con don Òscar Patsí, al cual proceso una especie de devoción gamberra, por todo lo que hace, que es poesía, creación y bicicleta. 

Oscar es el autor de la decoración artística de un WC de culto, mismamente el aliviadero del local  –aquí visita guiada al WC– de un blog canalla aparcado hace un tiempo pero lleno de esencias, y de una obra afamada entre los amantes en y de bicicletas urbanas, La revolución de las mariposas, cuya portada ya avisa de qué va la delirante inversión (es una tesis recomendada por las autoridades de la bicicleta descontrolada a favor de la libertad, que son autoridades de reconocido prestigio en eso de la búsqueda de la felicidad humana a la velocidad de los insectos con alas de colores. Dejo enlace aquí al comentario de otro devoto del paisano Òscar, con enlaces incluidos a parte de su periplo.
Pillo a Òscar y no le suelto, y mira por donde recibo como obsequio su última obra, El coleccionista de emociones. No hago caso alguno al prologo del Jordi Miralles, que propone leerse una por semana de las 17 emociones, narradas con arte supremo, y me la he pulío de un tirón. Si eres abierto a lo creativo, igual te interesa conocerlo rápido. 

Òscar, el buen ciclista de la urbanidad y el artivismo, cuenta sus cosas desde que era un crío y espiaba con emoción en la tienda de medias de su madre, hasta cuando hizo la mili y no pudo con su integridad ningún mando especial, pasando por su mítico vuelo en avioneta hasta La Seu d'Urgell, donde lo parieron tiempo atrás, o cuando cayeron en sus manos acuarelas para pintar en casi todo lo que se le cruzaba, lo que sentía. Por aquellas fechas me cruce con él. La bici no llega hasta el capítulo 11, cosa curiosa, porque creo que Òscar ha tenido experiencias y emociones extremas con su bici desde mucho antes, pero en fin, ya nos contará. De momento, va y me manda imagen de su actual tecnorelación junto a la caja de un jamón y, digo yo, qué hace Oscar con la pata de un cerdo, y al poco me llega otra imagen con el contenido: la trilogía del buen colega escritor... ¡¡estos artistas¡¡






 
Aquí dejo presentación de su libro, por él mismo: 
Atentos, aunque sea convocatoria express: este sábado, para despedir el año, y para animar a ir al curro en bici a los profesionales de ese gremio tan necesario y tocado como tantos por lo actual, los sanitarios del grandioso y servicial Hospital Universitario de Bellvitge, el mismísimo Òscar hace de biciguía turístico, desde el susodicho centro sanitario a la ciudad que ama, donde propone descubrir desde la bici secretos ocultos y pasiones desenfrenadas... 
Vamos, yo ya llevo unos días emocionao con los momentos por llegar. Oscar me ofreció que, si se llena de mariposas la convocatoria, me ponga con el servicio de seguridad para la piña a pedales de felices humanos, a las órdenes del capitán poeta. Yo, al servicio de la diosa sostenibilidad y joer, para estar un poco más cerca del mundo guapetón que va construyéndose sobre la ruina de la usura y la confusión


¡¡El sábado 29 de diciembre, a las 9 h AM en el parking del Hospital Universitario de Bellvitge. Bicicletas, arte, libertad, amistad, convivencia, aprecios y pasión... Todos al poder!!  

Si no lo resistes y quieres apuntarte, ya sabes. Para más información, puedes dirigirte por email a Oscar.

Pero como ya ha pasao, aqui animado vídeo prueba judicial de que no pierde el juicio nadie que ama la bicileta.


Manolo Vilchez
Publicado en el blog El Ruta Solar de El Correo del Sol