Cómo evitar el colapso


            Foto: Isaac Hernández

Ante las estatuas de la Isla de Pascua -las que aguantaron de pie y las que están rotas en el suelo- Jared Diamond tuvo una sensación sobrecogedora... “¿Y si todo esto no es la metáfora del peor escenario posible en un mundo globalizado? Si un puñado de polinesios fue capaz de destruir una isla con herramientas de piedra, ¿qué serán capaces de hacer 7.000 millones de humanos armados con bulldozers, herramientas de metal y poder nuclear?”.
     
Desde lo alto de las pirámides de Chichén Itzá, contemplando las ruinas de la civilización maya en plena selva, Jared Diamond se frotó los ojos e intentó imaginar cómo la deforestación, la erosión del suelo y los problemas de agua llevaron a una sociedad como aquella a una situación límite, hasta el punto de tener que abandonar sus propias ciudades...
     
El tiempo ha dado la razón al autor de “Colapso”. Criticado en su día por su visión apocalíptica, Diamond insiste en que visión es en todo caso “realista”. Cuando hablamos con él, tras una lección magistral en el campus de UCLA sobre «la Coca-Colonización del tercer mundo», Diamond insistía en que aún había razones para el optimismo, y apuntaba los casos de sociedades al borde del precipicio (como Islandia y Japón) que se habían adaptado a los cambios y ofrecían esperanza a la especie humana.
       
La crisis ha sacado sin embargo a flote los peores presagios. Emulando a los reyes mayas, la elite política y económica exprimieron el día a día y no quisieron ver los problemas que despuntaban en el horizonte y que ahora nublan el presente y del futuro. Jared Diamon confía sin embargo en la capacidad de los ciudadanos para forzar el cambio político y social, aunque sea por una razón así de simple: “Nadie quiere verse en la peor de las situaciones”.

 
 
La palabra “colapso” asusta de entrada, pero el propio Diamond nos invita a perderle el miedo y a desmenuzar todo lo que ha habido siempre detrás... “A lo largo de la historia, los desastres ecológicos propiciados por el hombre han sido la causa de los colapsos. Pero casi siempre han ido asociados a otros factores, como el cambio climático, la existencia de enemigos o la alteración en los intercambios comerciales con otras sociedades. El quinto factor, también decisivo en un sentido o en otro, es la capacidad de reacción política, económica y social a los cambios”.
 
“Hoy por hoy sabemos que los grandes problemas ambientales están causados por la acción humana”, advierte Diamond. “Estoy hablando de las presión ejercida sobre el planeta por la sobrepoblación, la erosión del suelo, la sobreexplotación de los recursos, la emisión de gases a la atmósfera o la plaga de productos químicos”.
       
“La situación va a peor, pero si algo bueno tiene la globalización es precisamente eso: el flujo de información impide que una sociedad pueda colapsar en total aislamiento. Por primera vez podemos aprender rápidamente de los errores -y de los aciertos- de sociedades lejanas en el espacio y en el tiempo”.
         
Antes de llegar al “colapso”, y en su vertiente de naturalista, Jared Diamond cayó fascinad por el canto y el plumaje de las aves de Nueva Guinea (allí vuelve siempre que puede, para retomar el contacto íntimo con la naturaleza). De ahí pasó a explorar la condición humana en “El Tercer Chimpancé” y a cuestionarse siempre el papel de “La ecología en las comunidades”. Con “Armas, Gérmenes y Acero” (premiado con el Pulitzer) escribió la historia jamás contada de los últimos 500 años de “dominio” occidental. En “Colapso” indaga finalmente en las razones que propician la caída –o la supervivencia- de las civilizaciones.
         
Mientras el mundo gira a pesar de la crisis, y Europa cae atrapada en su propio laberinto, la auténtica batalla por el futuro se está librando en el otro extemo del planeta, advierte Diamond... “Si China se sube al “american way of life”, la Tierra no sería sostenible, así de simple. Si se incopora India, avanzaremos tres veces más rápido. Si todo el Tercer Mundo sigue el mismo camino, once veces más rápido.Tal vez no se produciría un colapso repentino y global, pero sí entraríamos en un era de progresivo declive del medio ambiente, menor calidad de vida, nuevas epidemias, guerras por el control de los recursos...”.
      
¿Cuál es pues la receta para evitar el suicidio ecológico? “Si queremos ser prósperos a largo plazo tenemos que consumir menos, apostar por un modelo de desarrollo que ponga menos énfasis en el consumo y más en el interés colectivo y en la protección de los recursos”, asegura Diamond. “La buena noticia es ésta: la habilidad para solucionar los graves problemas ambientales que hemos creado está en nuestras manos. Somos la civilización que más lecciones puede extraer de la historia”.


Carlos Fresneda

  • Versión liberada de "Colapso" en la red
  • Jared Diamond sobre los motivos del colapso de las sociedades, en TED, subtitulos en castellano



  • Primera parte del magnifico documental de Jared Diamond basado en el libro del mismo nombre, con subtítulos en español:

Quinua cocinada con innovación


Adoro la quinua. Desde hace tiempo, me fascina ver cómo ese grano se abre como una estrella, y luego están su sabor, textura y valores nutricionales, al mismo tiempo que su historia. 

El 2013 es el año internacional de este pseudocereal extraordinario, originiario de Bolivia y Perú, allá en las alturas, y que se da bien en EEUU. Y como lo acaban de presentar por todo lo alto, con el lema "Un futuro sembrado hace miles de años", yo me sumo. Aquí os dejo una joya técnica, el informe La quinua, cultivo milenario para contribuir a la seguridad alimentaria mundial.

Hoy toca celebración, y como llueve como para renovar en casi todo el relieve de este país del sur de la Europa patas arriba, no puedo utilizar la cocina solar (uno va de cocinero sin emisiones; mas limpio no se puede cuando con una parabólica se le sacan al Sol servicios energéticos). Así que en el laboratorio de alSol toca probar una de las primeras cocinas de leña eficiente, la Biolite Camp Stove, recién recibida, para ver de qué va esta joya energética para el procesado de alimentos. Por cierto, ha sido noticia porque está sirviendo en Nueva York tras el huracán Sandy para la recarga de moviles.

El combustible, astillas de madera del taller. Todas las pruebas iniciales superadas, combustión, flujo de aire al interior con control electronico y recarga de móvil, que puede sorprender.
El resultado: un salteado de verduras, ajo negro (de la alquimia de Vegetalia) y queso con un polvoreo de pimentón murciano de Ecoato, regado con el rico aceite de Bullas. Todo preparaíco con mínima biomasa y servicio hitec.

Nada, día de lluvia, día de celebración, con un superalimento para todos, para sembrar futuro cuanto antes y con una de las cocinas eficientes que debieran disfrutar todos los humanos que las precisen.
Tanto nos queda a todos los humanos para sentirnos bien, en fin. 


Manolo Vilchez

Encuentros en Biocultura y un "VIVA LA PAH"

Con el twitter en mano en viaje a Madrid, rumbo a sumergirnos en la feria Biocultura para nutrir conocimientos, relaciones y hasta complicidades activistas, me llega la noticia sobre el suicidio inducido por desahucio, de una ciudadana en Baracaldo. Ahora que escribo ya he percibido el impacto de la noticia y sus consecuencia sociales, pero cuando la lei recuerdo que se me ocurrió y comente con los colegas de viaje, que esto de maltratar desde los usureros y colaboradores a las victimas sociales, se acababa pero ya. Hacia unos días que Bruselas tiraba de las orejas a gobernantes con oídos sordos, llamando a la revisión de leyes actuales con mas de un siglo de vigencia, al poco me enterao que ya comienzan a llegar incluso denuncias desde los vigilantes del norte a este país donde hoy los dos partidos con mas votos intentan colgarse la medalla de salvadores de la situación, después de medio millón de desahucios, toneladas de hostias repartidas, jueces que piden clemencia y cambio de la ley y millones de gritos lanzados desde la PAH, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, la afortunada para todos, organización ciudadana que ha visualizado la injusticia en este momento histórico donde hay que cambiar por completo un sistema económico criminal y fallido.

!! Gracias PAH, mil gracias por todo y toda la fuerza para afrontar los siguientes pasos...¡¡

Nos dejes de escuchar la verdad: Insistimos: no tienen excusas. las soluciones están y las ignoran. Video-comunicado   


y desde la molestia de un ciudadano que hace lo posible para visionar salidas y rutas hacia el mejor futuro, y para con ese medio de comunicación recién parido por amor y ecología hacia el mismo escenario por llegar, desde El Correo del Sol, unos vídeos de calidad técnica amateur pero llenos de pasión y valor en contenidos

Para El Correo del Sol, y cámara en mano, me zambullo de lleno en todo lo bueno que ofrece Biocultura Madrid 2012. Desde las viviendas sostenibles y ecológicas de EcoHabitar a las delicias de la cocina vegana. Biocultura da mucho de sí para todo aquel que quiera apostar por lo ecológico, limpio y sano. Esto es lo que ha captado mi cámara de lo mucho que ha ocurrido hoy, viernes 9 de noviembre, en el gran pabellón de IFEMA dedicado a lo ecológico. (sigue)

Antes de hacer el repaso de lo que ha dado de sí el sábado en el pabellón ecológico de IFEMA, quiero recordar que mañana en Biocultura habrá una charla sobre el movimiento Transición. Javier Zarzuela hablará sobre las iniciativas de transición en España el domingo 11 de noviembre a las 14 horas en la Feria Biocultura de Madrid. Carlos Fresneda nos invita a todos desde su blog La Realidad Paralela a asistir a la charla y apuntarnos al cambio: Transición 2.0
Y, ahora, echa un vistazo a todas estas propuestas ecoimaginativas vistas hoy en Biocultura (sigue)
Últimos encuentros en Biocultura. Estos vídeos son solo una muestra de lo mucho que ha ocurrido en una feria que ha conseguido reunir a 700 expositores y 80.000 visitantes. (sigue)

Manolo Vilchez

Wiggins, hospitalizado tras ser atropellado cuando iba en bici

  • El campeón del Tour pasó la noche en el hospital con varias costillas rotas
Wiggins, en el Tour. | Efe

 Wiggins, en el Tour. | Efe

El campeón del Tour Bradley Wiggins fue arrollado por un coche cuando viajaba en su bicicleta, a la salida de una gasolinera en la localidad británica de Wrightington. El medallista olímpico fue trasladado urgentemente a hospital, donde se temió en principio por el alcance de las lesiones.

Los médicos han restado sin embargo importancia al accidente y han informado esta mañana que el ciclista de 32 años sufre contusiones y varias costillas rotas, aunque se confía en una "recuperación rápida" y no se espera que las heridas puedan dejar secuelas o comprometer su carrera.
El accidente ocurrió cuando la conductora de un Opel Astra blanco salió de la gasolinera sin percatarse de la presencia del ciclista. Yasmin Smith, empleada de la gasolinera, declaró a la BBC que salió disparada al escuchar un frenazo y un fuerte impacto...

"Vi a un hombre tumbado en el pavimento junto a la bicicleta y no me di cuenta de quién era al principio. Se quejaba mucho por el dolor y temía haberse roto las costillas. Tenía las manos amoratadas... Iban a trasladarle en un coche cuando llegó finalmente la ambulancia. Su mujer también llegó a intentó abrazarle, pero él la disuadió diciendo: "No, mis costillas...".

Wiggins abandonó el lugar del incidente en camilla, incapaz de caminar por su propio pie. Pasó la noche en el hospital, donde estuvo bajo observación con el pronóstico "estable".

El campeón del Tour, que acaba de publicar su autobiografía, se sumó recientemente a la campaña del diario Times por la seguridad vial, tras el preocupante aumento de accidentes mortales en bicicleta en las ciudades británicas. El atropello se produjo a cinco kilómetros de la casa de Wiggins en Eccleston, donde suele entrenar a diario por carreteras rurales.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

Nuestras verduras más frescas

fernando ros, de manolo vilchez


He comenzado a visitar semalmente al ecoagricultor de Bullas, población donde resido. El contrato que hemos pactao es suministro directo de verduras de temporada con algún apoyo de frutas y con la media de 5 euros semana. Fernando, encantao, y yo con mi bici me las apaño para recorrer los 3,2 km que nos separan (Fernando tiene su huerta en la Cañada del Prao, a las afueras del centro urbano).



He comenzao con lechuga y brócoli, y para mis experiencias con molinos manuales y jugos frescos, manojo de apio, de zanahorias y manzanas diversas.

Apoyarnos mutuamente nos reconforta, yo le pago por su trabajo local y nutricional, Fernando me aporta casi a precios de mercao, verduras más frescas no es posible y cultivadas con cariño y sin venenos.

Alimentos saludables y economía local, nada hay mejor. Seguro que cerca tienes a algún trabajador de la tierra y la nutrición que quiere escuchar tus propuestas y tramar complicidades.

Contacto Fernando Ros

Manolo Vilchez
Publicado en el blog En Ruta Solar de El Correo del Sol

Votar con el estómago



“Si comer es un acto político, hace muchos años que no vamos a votar”... Palabra de Franca Roiatti, autora de La revolución de la lechuga,el libro que da cuenta de esa explosión mundial de huertos urbanos –de Nueva York a La Habana, de Detroit a Nairobi– que son acaso la expresión más directa y auténtica de la sed de cambio a partir de lo más básico: los alimentos.
Estamos en el festival Terra Madre de Slow Food, donde estos días se ha hablado mucho de la necesidad de “votar con el tenedor” o “votar con el estómago”. Pues resulta que comer se ha convertido en el último acto de expresión política, y si no que se lo digan a los californianos, que en una semana votan sobre la necesidad de “desenmascarar” los alimentos modificados genéticamente.



El grupo Food First lleva encabezando esa lucha desde hace años en Oakland, uno de los bastiones de “justicia alimentaria”. En Nueva York, la gente de Just Food inició hace dos décadas el contraataque con su cruzada por los alimentos locales y su red de huertos urbanos. Aunque la “madre” de esta versión nutritiva de la democracia es sin duda Slow Food, extendido ya a 150 países y amplia ndo su radio de acción a África y Asia.



Recuerdo cómo hace veinte años, a punto de marcharme de Italia, conté por primera vez la rebelión contra el McDonald’s de Piazza di Spagna de Roma, y cómo aquel primer brote de insurrección contra el “fast food” (que ocurrió realmente en 1986) había encendido la mecha de un movimiento sin precedentes. Slow Food pertenecía entonces a esa realidad paralela que el común de los mortales desdeña como “lo alternativo”.

Slow Food está ahora en boca de todos. Con la lentitud y la persistencia del caracol, su fundador Carlo Petrini se ha convertido en una figura decididamente “política”, clamando no sólo por otro tipo de comida, sino por otro modelo de sociedad.
En uno de tantos discursos en Terra Madre, Petrini incidió en la paradoja de la triple crisis que vivimos –económica, ambiental y energética– y el despilfarro que todos los días se produce en nuestros países en crisis: “En Italia se desecha todos los años una media de 300 kilos de comida por cabeza. ¿Qué podemos hacer para reducir este desperdicio y satisfacer a la población que pasa hambre?”.
En Alemania, sin ir más lejos, Slow Food organiza las comidas colectivas para reaprovechar lo que desechan los supermercados y repartir alimentos gratuitos entre la población. En Londres, la asociación encabezada por Tristram Stuart (Feeding5k) celebra en noviembre el primer aniversario de la primera gran comilona en Trafalgar Square.

En el pueblo de Todmorden, a tiro de piedra de Manchester, los miembros de Incredible Edible han decidido ocupar espacios con el azadón y cultivar gratis para todo el pueblo (y el que venga de visita). En Sowerby Bridge ha brotado entre tanto la chispa de Totally Locally, en defensa de la utopía local.
El norteamericano Michael Pollan nos enseña a Saber Comer, y el propio Carlo Petrini nos previene contra la dieta al uso en Tierra Madre: cómo no dejarse comer por los alimentos... Otro libro reciente, Food Movements Unite!, nos habla precisamente de la convergencia de todos estos movimientos y de su alcance incontestablemente político, frente al poder de la agricultura industrial y de las multinacionales de la alimentación.

Una visión muy clara del “otro mundo posible” (desde el punto de vista alimenticio) es precisamente el que hemos tenido en el festival Terra Madre de Turín. La Vuelta al Mundo en 80 Proyectos nos ha llevado virtualmente a lugares tan lejanos como Tartar y Soibee, en Kenia, donde se produce un yogur mezclado con cenizas de cromwo, un árbol autóctono. Los campesinos etíopes del bosque de Harenna, inundaron el festival de Turín con el aroma de su café selvático, crecido a la sombra de los árboles a 1.800 metros de altitud. Los dos proyectos han sido “apadrinados” por Bilbao a través de Slow Food y dentro del programa 4cities4dev.
Sin salir de Terra Madre, pudimos recorrer uno de los “Mil jardines en Africa” impulsados también por la organización, con el mayor muestrario de berenjenas autóctonas que imaginarse pueda. Aurelia Weinz, del grupo Nawaya en Egipto, nos recordó la plantación simbólica de semillas en Tahir Square después de la “revolución”.
Cambiando de latitudes, Sayda Mendoza –del Valle del Colca en Perú– nos trajo los dulces elaborados con la variedad autóctona del maíz de Cabanita, “cultivado desde tiempos de los incas”.

En el pabellón de la biodiversidad en Asia admiramos unas treinta variedades de mijo y exploramos las miles de posibilidades del arroz. Los tubérculos yamagata de Japón, el chutney de Sri Lanka, el melón seco de Turkmenistán o las almendras shaftolicha de Uzbekistán podrían completar el menú suculento y "político" de la realidad paralela.
¡Que aproveche!

Carlos Fresneda
Publicado el el blog La Realidad Paralela de El Correo del Sol

El 'recambio' de la esperanza

Courtney Hight. Foto: Isaac Hernández

Courtney Hight tenía 28 años cuando se embarcó como voluntaria en la primera campaña de Obama, aquella del “cambio” y de la “esperanza”. Lo dejó todo durante unos meses para movilizar el voto joven en Florida. Lloró como tantos otros la noche de marras, en el parque Grant de Chicago, celebrando el ascenso del primer presidente negro.

Su esfuerzo tuvo una recompensa: en el 2009 fue nombrada asesora del Consejo Ambiental de la Casa Blanca. Y durante varios meses mantuvo vivas las esperanzas, creyendo que el cambio era posible desde dentro.

La frustración comenzó a mascarse durante las reuniones de política energética: “No tardé en darme cuenta que no había mucho que hacer frente al poder de los lobbies del carbón y del petróleo”. Su mosqueo creció con la tibia postura de Obama en la Cumbre de Copenhague y con la marcha atrás del cambio climático. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo...

“Aunque mi decepción final tuvo una fecha muy clara: marzo del 2010”, recuerda Courtney. “El suelo se abrió a mis pies cuando el presidente dio el visto bueno a las perforaciones petrolíferas a grandes profundidades en nuestras costas... Días después ocurrió el accidente de BP en el Golfo de México.”

La ex voluntaria y asesora ambiental salió finalmente de la Casa Blanca en plena “marea negra” y en una de las primeras “purgas” internas de jóvenes entusiastas, adiestrados ya en una asignatura obligatoria: los límites del poder.

Convencida ya de que el “cambio” tiene que producirse necesariamente desde fuera, Courtney Hight volvió a la militancia dura. Se puso al frente de la Coalición por la Acción Energética y se unió a la campaña de 350.org contra el oleoducto Keystone XL, que pretendía traer hasta Texas el petróleo de las arenas alquitranadas de Alberta en Canadá (posiblemente, la mayor aberración ambiental de Norteamérica).

En noviembre del 2011, tres años después de la elección de Obama, la entusiasta ex voluntaria de campaña fue detenida y esposada junto a la verja de la Casa Blanca por manifestarse contra el oleoducto. “Tuve que hacer un esfuerzo por reprimir las lágrimas”, confiesa. Bill McKibben y tantos otros activistas fueron arrestados en el mismo incidente, metáfora misma del triste “recambio” de la esperanza.

La persistencia de los activistas dio al final sus frutos, y Obama anunció la suspensión (temporal) del proyecto, pendiente de una evaluación final sobre su impacto ecológico. El presidente reculó lo justo para intentar recuperar el apoyo perdido de los miles de entusiastas que le llevaron en volandas hasta la victoria en el 2008.

Courtney Hight engrosó hace tiempo las filas imaginarias del “Partido del Desencanto”. Reacia al protagonismo, ha decidido mantenerse fuera de las “apuestas” multimillonarias entre Demócratas y Republicanos. Ahora, cuando escucha a Obama, le cuesta mucho reconocer a “su” presidente, aunque no puede evitar los escalofríos al recordar aquella noche de Chicago, hace cuatro años: “Él fue el líder que elegimos, pero no pudo plantarle cara a los lobbies todopoderosos que se resisten al cambio”.

Carlos Fresneda

Anarquía verde

            Foto: Isaac Hernández

Ahora que los norteamericanos vuelven a las urnas, conviene recordar lo que nos dijo en su día John Zerzan, a modo de oráculo anarquista... "Obama no prometió demasiado para empezar; no sé por qué la gente se sorprende a estas alturas. Su compromiso con el "cambio" era pura retórica. En el Pentágono mantuvo a los mismos hombres que Bush y decidió continuar la guerra en Afganistán. Obama es al fin y al cabo un político centrista y va camino de convertirse en un nuevo Clinton, que por cierto le prestó todos sus asesores económicos. En vez de cambiar de raíz el sistema, se puso de rodillas ante los bancos ¿Dónde está el cambio?".
     
John Zerzan es seguramente el pensador más radical en la otra orilla del Atlántico. Autor de "Contra la Civilización" y "El futuro primitivo", sus proclamas sirvieron para incendiar la mecha de las protestas en Seattle, allá por 1999. A través de Anarchy Radio y de la revista Green Anarchy, Zerzan ha adaptado su ideario a los tiempos de "Occupy" y ha recreado la historia de la plutocracia, desde el imperio romano a la crisis griega, en "Los orígenes del 1%".
"No se puede construir algo radicalmente distinto sin una carga de negatividad", insiste el anarquista verde. "Las reformas y las medias tintas no nos valen. Esta sociedad globalizada y mecanizada que hemos construido sirve sólo para enriquecer a unos pocos y alienar a la gran mayoría. La globalización nos está llevando por un camino suicida".
     
Nos imaginábamos a John Zerzan viviendo lejos de la civilización o en todo caso hostigando el fuego de la rebeldía desde su refugio en Eugene (Oregón). Pero ni el profeta del "anarcoprimitivismo" es tan fiero como se pudiera pensar por sus escritos, ni la cuna del anarquismo en Estados Unidos mantiene viva la llama de la rebelión contra el sistema.
   
Trece años después de la "batalla" de Seattle, un año después de las protestas de "Occupy", cualquiera diría que el río de la isurrección vuele a su cauce. La convulsión creada por el huracán Sandy ha servido en todo caso para remover algunas conciencias, pero hoy por hoy los norteamericanos claman por una vuelta a la "normalidad"...
    
"En este punto de la civilización, la única pregunta colectiva que nos queda por responder es ésta: ¿en cuánto tiempo queremos acabar con el planeta?", advierte Zerzan, entre el alarmismo y la urgencia. "Hay que empezar a actuar ya y avanzar hacia modelos totalmente descentralizados, hacia comunidades autosuficientes que eliminen las estructuras de poder y retomen el contacto con la naturaleza y con la esencia del ser humano".
    
"Lo que no nos vale es la autocomplacencia", palabra del anarquista norteamericano. "Tampoco nos basta con cambiar las bombillas y usar la bicicleta... Todos podemos ser los agentes de cambio, es cierto, pero lo que necesitamos es un cambio de paradigma, un giro radical que convulsione la sociedad. El sistema sigue intacto".
      
A sus 69 años, John Zerzan ha recorrido un largo camino hasta llegar a la anarquía verde. Fue detenido en durantes las protestas contra la guerra del Vietnam en Berkeley. Se dejó la melena en la eclosión del movimiento "hippie". Luego se hizo sindicalista de izquierdas, para simpatizar después con Guy Debord y los situacionistas franceses, y , finalmente convertirse en referencia obligada del pensamiento radical junto a su amigo Derrick Jensen.
     
Su relación epistolar con el Ted Kaczynski, el Unabomber, le sirvió para consquistar no pocas críticas... "Yo no defiendo ningún tipo de agresión que afecte a la vida humana. Pero considero que la destrucción de la propiedad no es violencia. Romper una ventana no causa dolor físico, no hace daño a ninguna criatura viva... En Seattle, además, los objetivos fueron los bancos y las corporaciones que practican un capitalismo depredador. Allí no hubo más heridos que los que causó la policía".
    
A Zerzan le acusan de no ser consecuente con su ideario, por utilizar la tecnología, viajar en avión y tener incluso un coche (compartido)... "Ya que tenemos estas herramientas, las utilizo aunque sea para clamar por otro mundo distinto. El anarcoprimitivismo aspira a erradicar toda forma de dominación, desmantelar el actual sistema productivista y recuperar la relación perdida con el mundo natural".
    
¿Se molesta si le llamamos utópico? "Soy utópico en el sentido de que tengo esperanzas en un mundo diferente. Tenemos posibilidades radicales que no estamos explorando y a las que podemos aspirar. Tiene que haber otros modos de vivir distintos al de esta sociedad postmodernista y patológica que hemos creado".
     
¿Y entre la complacencia y la ruptura total no cabe un témino medio? "Puede que lo haya, pero yo sinceramente no lo veo. La crisis actual ha servido para agudizar los problemas. El sistema se ha quedado sin respuestas y está haciendo aguas. Aunque la resistencia al cambio es muy fuerte y preferimos seguir actuando como si no pasara nada".

Carlos Fresneda

Pasión por cultivar comida


Son tres pinceladas. Una está unida emocionalmente a mi acontecer: allá, en el Bronx, vive su experiencia vital alguien a quien estoy muy unido, a punto de cumplir 18 años, todavía queriendo estudiar temas relacionados con el mundo de la aviación.

Sé que usa la bici con cierta frecuencia y que está trabajando con fuerza la conformación de su ideario. Quizás porque lo siento cerca, todas las noticias que pillo de allá no me pasan rápido, las ojeo y valoro. Hoy una me ha hecho irme al barrio recién movido por huracán Sandy, como volando y pasarle enlace al chaval.

Stephen Ritz es profesor de barrio en el sur del Bronx y se inventó o adoptó su particular máquina verde, la Green Bronx Machine, no solo para cultivar comida, sino también valores entre los chavales que educa.



Escuchar su reciente charla en un TED, aquí subtitulado, me ha cambiao la tarde, en la que, por primera vez desde Bullas, comienzo a participar en algo así como una cesta del huerto a casa. Escuchar y ver a Stephen Ritz y su pasión me han nutrido saludablemente. Si te interesa esto de cultivar en lo urbano comida y revolución, y te lo ves, no dudes en dejar tus comentarios.


Y es que no hacía más que un rato, buscando ideas vegetales, me encontré la portada del libro de Mark Ridsdill No space to grown? (¿Sin espacio para cultivar?), que por falta de acceso a suelo urbano cultivable y ganas locas por hacerlo, ocupó su balcón, ventanas, paredes y voladizos y en ellos plantó su particular granja vertical.
Y, nada, que le saca 1.200 euros al cesto de la compra cada año con lo que produce en el pequeño espacio, que no es poco, y más en estos tiempos. Otra dosis de "veguipasión".





Y como las buenas gentes de la Fundación Terra andan a punto de inaugurar una terraza llena de vegetales y un plan educativo, la Despensa Vital, y me voy na más pueda a BCN, resulta que hoy estoy de huertos urbanos, de esto de cultivar alimentos y activismo y revolución y salud y pasión por el cambio y buen rollo... Estoy como subido.



Manolo Vilchez
Publicado en el blog En Ruta Solar de El Correo del Sol

La 'revolución' de la lechuga


Donna Smith y Robyn Streeter, de Your Backyard Farmer, cultivando el huerto de un cliente. | Isaac HernándezDonna Smith y Robyn Streeter, de Your Backyard Farmer, cultivando el huerto de un cliente. | Isaac Hernández
  • Roiatti señala los huertos urbanos como una expresión contestaria ciudadana
  • En España, ya existen multitud de cooperativas 'granjeras'
  • En Portland, dos hortelanas ofrecen sus servicios a domicilio
En tiempos de crisis, brotan por doquier los huertos urbanos. Ocurrió en Gran Bretaña y Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, con la explosión de los 'victory gardens'. Ocurrió en Cuba tras el colapso de la Unión Soviética, cuando en el nombre de la autosuficiencia surgieron los 'huertos populares'. Está ocurriendo ahora, en todas las grandes ciudades del mundo industrializado, donde miles de ciudadanos han decidido tomar el azadón y meter las manos en la tierra.
"Cultivar un huerto se ha convertido hoy por hoy en una respuesta necesaria y creativa en estos tiempos que corren", sostiene la italiana Franca Roiatti, que dio la vuelta al mundo para tomarle la medida a lo que ella misma ha bautizado como 'La rivoluzione della lattuga' ('La revolución de la lechuga').

"Cultivar tus propios alimentos es también un gesto revolucionario, ante el poder de las multinacionales, de la agricultura industrial y de las grandes cadenas de distribución", advierte Roiatti. "Es una manera de 'votar' con el tenedor y apostar por otro modelo social y económico. Y es al mismo tiempo una manera de reconectar con la tierra y de valorar lo que cuesta realmente hacer crecer algo tan básico como una lechuga".

Respuesta ciudadana

De Nueva York a La Habana, de Detroit a Nairobi, de Acilia a Todmorden, Franca Roiatti da cuenta de esta 'revolución' que se ha ido gestando en las dos últimas décadas y que ha encontrado un nuevo sentido con la crisis: "Los huertos urbanos se han convertido en punto de encuentro y cooperación entre los ciudadanos. Son si acaso la expresión más sabrosa y palpable de eso que llamamos la democracia del bien común".

Franca Roiatti. | El MundoFranca Riotti presentó 'La revolución de la lechuga' en la reciente edición de festival Terra Madre de Slow Food. El fundador Carlo Petrini prologa precisamente el libro y habla de la dimensión política de los alimentos en la era de la triple crisis (económica, ambiental y energética).
"Se equivocan quienes minusvaloran el potencial de esta multitud de ciudadanos que, en toda su diversidad, exprimen una riqueza de ideas, de valor y de pragmatismo", escribe Petrini. "Hablamos de los huertos comunitarios en las escuelas, en los pueblos, en la ciudad; de los mercados de granjeros; de las cooperativas de consumidores; de la agricultura biológica de soporte comunitario; de las iniciativas para reducir el despilfarro de alimentos... Estamos ante una movilización creciente que acabará dando sus frutos en los años venideros. No me cabe duda de que estamos ante una nueva forma de hacer política", asegura Riotti.
                                                                                                            Franca Roiatti. | El Mundo

En España, la tierra la llevan labrando desde hace tiempo las cooperativas de consumidores y grupos como Bajo el Asfalto está la Huerta en la periferia de Madrid. La Plataforma de Huertos Sociales de Sevilla o la Red de Huertos Urbanos de Barcelona han tendido también el puente hacia iniciativas más recientes como Huertos Compartidos, que pone en contacto a quienes quieren cultivar sus frutas y verduras y a propietarios dispuestos a ceder un pequeño terreno (normalmente, a cambio de una parte de la cosecha).

Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. | C.F.

                     Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. | C.F.

La idea de los Sharing Backyards surgió hace años en el noroeste de Estados Unidos, con el grupo Seattle Tilth al frente de una auténtica 'revolución' alimenticia y educativa. "Estamos sembrando las semillas de las próximas generaciones", sostiene Lisa Taylor, autora de 'Tu Granja en la Ciudad'. "Casi todos los estudiantes de Seattle han pasado por nuestra granja-escuela, y muchos de ellos se han puesto ya manos en la tierra, creando sus propios huertos en los puntos más dispares de la ciudad".

Hortelanas a domicilio

En Portland, la ciudad con más gallinas 'per cápita' de Estados Unidos, prendió hace cinco años otra iniciativa que ha encontrado réplica en otras partes del mundo. Donna Smith y Robyn Streeter se ofrecen como hortelanas "a domicilio" con Your Backyard Farmer. Sus clientes superan ya el medio centenar.
"Mucha gente está deseando cambiar el césped de su jardín por un huerto comestible"
"Mucha gente está deseando cambiar el césped de su jardín por un huerto comestible, pero no se atreven a dar el primer paso porque les falta las nociones básicas", advierte Donna. "Nosotras les ofrecemos cear y cuidar su propio huerto. La tierra, las semillas, el riego, la cosecha... Todo corre por nuestra cuenta, aunque muchos aprenden sobre la marcha e involucran a sus hijos, y van creando conciencia en el vecindario".

En Vancouver, Alisa Smith y J. B. MacKinnon han popularizado la 'dieta de las 100 millas' y han impulsado la Declaración de Alimentos de la ciudad. En Nueva York proliferan los tejados-granja como Eagle Farm y Brooklyn Grange, y en Londres se propagan las Growing Communities (Comunidades de Cultivo) y los grupos de Incredible Edible (Increíbles Comestibles) que proporcionan cosechas gratis para todo el vecindario.

"La soberanía alimentaria se está convirtiendo en una reivindicación fundamental en estos tiempos de crisis", concluye Franca Roiatti, la autora de 'La revolución de la lechuga'. "El sistema actual no puede sostenerse por mucho más tiempo. Los ciudadanos han dejado de tragar con lo que les echen y han decidido fijar ellos mismos las reglas del juego".

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres
Publicado en El Mundo.es Economía (Ideas ante la crisis)