26 de mayo de 2013

'¿Qué futuro estamos construyendo?'

El sociólogo Zygmunt Bauman. | Ione SaizarEl sociólogo Zygmunt Bauman. | Ione SaizarZygmuman. | Ion
  • La austeridad es 'pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos'
  • El sociólogo admite que hoy no hay alternativa viable al capitalismo
  • 'La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial'
Todo se diluye a nuestro alrededor. Cualquiera diría que la "modernidad líquida" que vislumbró Zygmunt Bauman se ha convertido en un torrente que todo lo arrastra. No va quedando nada sólido a lo que agarrarse. Y lo que es peor: cualquiera diría que hemos pasado de la fase "ultralíquida" a la gaseosa. Todo se está haciendo cada vez más etéreo.
"Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos", certifica el sociólogo y pensador polaco, que sigue trotando infatigablemente por el mundo a sus 87 años. "Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global... En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad".
Acudimos al reclamo del maestro en su terruño adoptivo de Leeds, donde lleva media vida afincado y desde donde observa el mundo con sus ojillos ávidos, entregado al ritual diario de la escritura y del tabaco en pipa. Aspira Bauman el humo por la boquilla, y ya pueden fluir sus largos y ponderados pensamientos sobre la vida líquida.
"La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión".
"Cuando usé la metáfora de la "modernidad líquida", me refería en concreto al período que arrancó hace algo más de tres décadas. Líquido significa, literalmente, "aquello que no puede mantener su forma". Y en esa etapa seguimos: todas las instituciones de la etapa "sólida" anterior están haciendo aguas, de los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, las empresas, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana. Es cierto, hay una sensación de liquidez total. Pero esto no es nuevo, en todo caso se ha acelerado".
Sostiene Bauman que el mundo sólido surgido de los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial ya no es viable. Admite que a él nunca le gustó el término de "estado del bienestar", que se ha acabado convirtiendo en un caballo de batalla ideológico.
"Yo siempre he preferido hablar del "estado social". Se trataba de crear una especie de "seguro colectivo" a la población tras la devastación causada por la guerra, y en esto estaban de acuerdo la derecha y la izquierda. Lo que ocurre es que el "estado social" fue creado para un mundo sólido como el que teníamos y es muy difícil hacerlo viable en este mundo líquido, en el que cualquier institución que creemos tiene seguramente los días contados".
La esperanza es inmortal, sostiene Bauman, que nos invita a defender la sanidad pública, la educación pública o las pensiones mientras podamos. Pero poco a poco habrá que hacerse a la idea de que el "estado social" se irá disolviendo y acabará dejando paso a otra cosa.

Un planeta social

"En este 'espacio de los flujos' del que habla Manuel Castells, tal vez tiene más sentido hablar de un "estado en red" o de "un planeta social", con organizaciones no gubernamentales que cubran los huecos que va dejando el estado. Yo creo sobre todo en la posibilidad de crear una realidad distinta dentro de nuestro radio de alcance. De hecho, los grupos locales que están creando lazos globales como Slow Food, son para mí la mayor esperanza de cambio".
"El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política".
Eso sí, el maestro quiere dejar claro que hay una diferencia entre "lo inevitable" en este mundo líquido y lo que está ocurriendo en la vieja Europa desde que arrancó la crisis: "La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión, por eso ha habido manifestaciones en las calles. Se ha roto el pacto social, no es extraño que la gente mire cada vez con más recelo a los políticos".
Una cosa es la dosis necesaria de austeridad tras "la orgía consumista" de las tres últimas décadas, y otra muy distinta es "la austeridad de doble rasero" que están imponiendo los Gobiernos en Europa. El autor de 'Tiempos líquidos' le ha dedicado al tema uno de sus últimos libros: 'Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global'.
"La austeridad que están haciendo lo Gobiernos puede resumirse así: pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos (los banqueros, los accionistas y los inversores). O lo que es lo mismo: austeridad para España, Grecia, Portugal e Italia, mientras Alemania hace y deshace a sus anchas. Como dice mi colega, el sociólogo alemán Ulrich Beck, Madame Merkiavelo (resultante de la fusión de Merkel y Maquiavelo) consulta todas las mañanas el oráculo de los mercados y luego decide".

Al albur de los mercados

¿Qué hacemos pues con los políticos? "Ése es el gran problema. La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial. Y la razón de fondo es que los políticos no tienen ningún poder, el estado no tiene poder. En el mundo globalizado en el que vivimos, las decisiones las toman los poderes económicos que no entienden de fronteras. El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política".
Pese a todos sus envites contra el sistema, Bauman reconoce que hoy por hoy no hay alternativa viable al capitalismo, que ha demostrado la capacidad de las anguilas para adaptarse a los tiempos líquidos.
"La naturaleza del capitalismo es la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro".
"El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización".

La generación de la incertidumbre

"Recordemos el famoso 'corralito' en Argentina", advierte Bauman. "Luego vino el colapso de Malasia, y la crisis del rublo, y finalmente la burbuja que estalló en Irlanda, luego en Islandia, y en Grecia, y ahora en España. Hasta que no revuelvan el país y lo dejen en una situación límite no dejarán de dar la lata. Mire lo que ha ocurrido en Chipre. El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas".
La última gran preocupación de Bauman es en todo caso la juventud. A la generación de la incertidumbre le dedica su último libro ('Sobre la educación en un mundo líquido'), con especial hincapié en el desfase del sistema educativo y la precariedad económica en estos tiempos ultralíquidos.
"Soy muy consciente del tremendo problema del paro juvenil, que es algo ya común a todos los países occidentales, pero que se manifiesta muy cruelmente en España. Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo, cuando a muchos de ellos no les queda más salida que salir al extranjero o ganarse la vida en trabajos 'basura', después de haber sacado títulos que no les sirven para nada, la gran pregunta es: "¿Qué futuro estamos construyendo?".
Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres

El futuro es colaborativo


El Ouishare Fest en el parque de La Villette, en París. | C. F.
El Ouishare Fest en el parque de La Villette, en París. | C. F.
  • La delegación más nutrida del Ouishare Fest, tras la francesa, fue la española
  • Una treintena de emprendedores, innovadores y conectores, en La Villette
  • "Es increíble la cantidad de iniciativas que están surgiendo en España"
  • Una nueva economía en la que el hombre y el bien común están en el centro
  • Pronostican cambios en el capital, el trabajo y la gestión de recursos
No tomaron la Bastilla, pero conquistaron el Cabaret Sauvage, que quedaba por allí cerca. Fueron en total unos treinta, entre emprendedores, innovadores y conectores "Made in Spain". La delegación más nutrida, después de la francesa, en el Ouishare Fest que ha convertido el parque de La Villette en inmejorable y delirante muestrario de la economía colaborativa.
Al fin y al cabo, nuestro país se ha convertido en uno de los motores de Ouishare, la comunidad internacional con epicentro en París, que en poco más de un año ha provocado una fulminante reacción en cadena en Europa y América.
"Es increíble la cantidad de iniciativas que están surgiendo en España", certifica el cofundador Antonin Léonard a pie de obra. "La crisis ha impulsado a la gente a buscar soluciones, pero también ha influido mucho el poder de las redes sociales y la mentalidad de la gente de nuestra generación, entre los veinte y los treinta, habituados como estamos a funcionar de otra manera".
"Para nosotros, compartir y colaborar es algo absolutamente normal", asegura el cofundador de Ouishare Fest
"Para nosotros, compartir y colaborar es algo absolutamente normal", asegura Antonin, con su español aprendido en Argentina. "La tecnología nos ha abierto muchas puertas, y ahora estamos intentando trasladar ese modelo a la economía. El consumo colaborativo, la financiación colectiva, la producción en código abierto, la cultura de los 'makers', los bancos de tiempo y las monedas virtuales… Todo eso son manifestaciones de una nueva economía en la que el hombre y el bien común vuelven a estar en el centro".
"Los cambios locales no son suficientes, hay que crear alianzas globales para transformar el sistema", proclamó bajo la carpa abarrotada del Cabaret Sauvage Michel Bauwens, fundador de la P2P Foundation y 'profeta' del movimiento. "Nuestras ciudades se llenarán de espacios en los que todos seremos productores en potencia", vaticinó el norteamericano Dale Dougherty, fundador del movimiento de los 'makers', echando raíces en Europa.

Puentes entre la vieja y nueva economía

La "avanzadilla" española abrió fuego con Javi Creus, de Ideas for Change, tendiendo puentes entre la vieja y la nueva economía y urdiendo estrategias para los "cambios radicales" que se avecinan en los tres frentes: el capital, el trabajo y la gestión de recursos. Frente al pesimismo rampante, Alfons Cornellá, de Infonomia, reiteró su fe en "un futuro con nuevos sistemas de colaboración entre la compañías" y esbozó su visión de la "co-society".
Tan intenso ha sido el intercambio de ideas e iniciativas del Ouishare Fest que casi se impone un descanso, antes de seguir las evoluciones del equipo español. Entre tanto, podemos reponer fuerzas (y bailar de paso) en el Disco Soupe montada por Slow Food, que ha ideado esta manera festiva y cien por cien "colaborativa" de recuperar la comida desechada en los mercados y convertirla en una celebración colectiva.
Podemos también participar en un taller de 'upcycling' (reciclar hacia arriba), meternos en una sesión de inteligencia colectiva, llevar a los chavales a un taller de "hackidemia" o ayudar a construir una casa de madera en cuatro horas con la gente de La Vie Share.
La 'confianza' se ve como nueva moneda de cuño en "una economía a la que todos podamos contribuir"
"De la misma manera que existen ya los espacios de 'co-working', en las ciudades están surgiendo espacios co-creativos y co-productivos que van a ser las bibliotecas del futuro", asegura Tomás Díez, del FabLab de Barcelona, que vaticina el advenimiento de los 'ciudadanos inteligentes'…
'Smart Citizens' se llama precisamente el sistema ideado por el FabLab de Barcelona, partiendo del 'hardware' libre de Arduino, para construir pequeños sensores inteligentes que podrán ser usados por los ciudadanos para medir la contaminación del aire y los niveles de ruido. El proyecto se está financiando a través de Goteo, fiel a su máxima de 'crowdfunding for crowd benefits'(financiación colectiva para el beneficio común).
Olivier Schulbaum, de Goteo, habló precisamente de su visión de una "crowd economy" en la que "todos podamos podamos contribuir". Del necesario cambio de nuestra mentalidad como consumidores y de la "confianza" como nueva moneda cuño se habló largo y tendido durante el Ouishare Fest.
"Yo misma tuve mis dudas a la hora de ceder en alquiler por primera vez mi propio coche a desconocidos", reconoce Mar Alarcón, cofundadora de Social Car, la empresa pionera de alquiler entre particulares en España, con más de 15.000 usuarios. «Al final lo acabas viendo como lo más normal, sabiendo que hay un seguro que te cubre los riesgos. Y es también una manera de hacer un dinero extra o de ahorrar, si eres tú quien lo alquila».

Tiempo para los que no tienen tiempo

La colaboración teje redes a todas las horas, y ahí tenemos a Social Cary a Etece, la compañía que ofrece "tiempo para los que los no tienen tiempo"… Los "solucionadores" de Etece se ofrecen a llevar los coches compartidos llave en mano, aunque las tareas más solicitadas siguen siendo los arreglos a domicilio o los montajes de muebles de Ikea. Ramón Blanco, que adaptó el modelo de Taskrabbit a las necesidades autóctonas, ha abierto brecha en Madrid, Barcelona y Valencia, y en junio llegará a Málaga y Sevilla, con Zaragoza y Bilbao a la vuelta del verano.
Los "solucionadores" llevan los coches compartidos llave en mano, aunque las tareas más solicitadas siguen siendo los arreglos a domicilio o los montajes de muebles
Tendiendo puentes entre la economía colaborativa y la precariedad laboral, la compañía Infojobs ha lanzado el banco de tiempo 'Prepárate', pensado para "mejorar la empleabilidad" de los españoles: yo te doy unas clases de alemán o francés, tú me enseñas a programar… Jaume Gurt y Anne-Cécile Ragot presentaron el proyecto en el Ouishare Fest, donde también estuvo Alberto González Pont, fundador de Workyland, que aspira a tender puentes entre profesionales de otros países ('workyhosts') dispuestos a recibir o acoger a profesionales que buscan experiencias o aspiran a trabajar en el extranjero ('wokyvisitors').
Llamamos finalmente a las puertas de Knok, la comunidad de intercambio de casas fundada por Juanjo Rodíguez y que en apenas dos años ha tendido sus redes por 159 países: "La nuestra es tal vez la forma más conocida de economía colaborativa que existe, aunque lo que faltaba era crear auténticas redes y un sistema con un seguro que protege la casa ante posibles daños. La gente ha descubierto que ésta en una forma más barata y más gratificante de viajar, con más espacio para ti y para tu familia y con un contacto que antes no teníamos con la gente local".
Cerramos este atropellado repaso al equipo español en el festival parisino con el gran 'conector', Albert Cañigueral, fundador de Consumo Colaborativo, desbordado por la intensidad y la rapidez con la que todo está pasando: "Estamos en una fase de experimentación total, y es muy difícil calibrar la auténtica dimensión y saber que lo que quedará. Alrededor de Ouishare orbitan muchas cosas, unas ya muy sólidas y otras aún no tanto. Pero una cosa es cierta: la economía colaborativa está aquí para quedarse".
Carlos Fresneda / París

11 de mayo de 2013

La concentración de CO2, en el nivel más alto de hace 3 millones de años

La estación de Mauna Loa en Hawai.| AfpLa estación de Mauna Loa en Hawai.| Afp

La concentración de CO2 en la atmósfera ha rebasado el techo simbólico de las 400 ppm (partes por millón), el récord de la era industrial, considerado por muchos científicos como el punto crítico que puede provocar un sobrecalentamiento excesivo del planeta.

Se estima que la última vez que la Tierra alcanzó semejantes niveles de dióxido de carbono fue hace más de tres millones de años, cuando no existía hielo en el Ártico, la sabana se extendía por lo que hoy es el desierto del Sáhara y los niveles del mar eran cuarenta metros más altos.

Varios observatorios en el Ártico habían registrado ya seis mediciones superiores a las 400 ppm en el mes de abril, pero la confirmación ha llegado finalmente de la estación de Mauna Loa, a 3.400 metros de altura en Hawai, donde se alcanzó el viernes el registro histórico.
La gráfica que muestra el ascenso de los niveles de CO2.

La gráfica que muestra el ascenso de los niveles de CO2.

 

'Hacer una pausa y pensar'

"Es un punto simbólico que nos debería llevar a hacer una pausa y pensar en lo que hemos estado haciendo y hacia dónde vamos", ha declarado el profesor Ralph Keeling, al frente del reputado observatorio en el volcán hawaiano, donde él mismo empezó las mediciones con su padre en 1958.
El observatorio hawaiano incorporará en los próximos días los datos a la espectacular curva de crecimiento desde 1960, cuando los niveles de CO2 rondaban los 310 ppm.

"Antes de la era industrial, los niveles de concentración eran de apenas 280 ppm", ha recordado Rajendra Pachauri, al frente del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC). "Esperemos que el hecho de superar este punto crítico sirva para crear conciencia del reto al que se enfrenta la sociedad humana".

Pachauri ha decidido romper el silencio desde el doble escándalo de los emails de la Universidad de East Anglia y de los errores de bulto en los informes del IPCC. El economista indio confía en que la Cumbre del Camblio climático de París, en el 2015, sirva para movilizar a la sociedad y a los gobiernos. Y ayude a romper el punto muerto desde la fracasada cumbre de Copenhague del 2009.

 

Un documental sobre las emisiones de CO2

El hito histórico ha servido para reactivar la campaña del grupo '350.org' de Bill McKibben, que lanza estos días un documental –'Do the Math'- para reclamar una reducción en las emisiones hasta los niveles que había a mediados de los 90: uno 350 ppm, considerado por el científico de la NASA James Hansen como el auténtico "umbral de riesgo".

Esta misma semana, el príncipe Carlos arremetía contra los escépticos del cambio climático y acusaba a "lobbies de las grandes corporaciones" de haber contribuido a la complacencia general y a la falta de acción de política.

"Estamos no sólo ante una cifra simbólica, sino ante otra clara evidencia científica de los efectos de la actividad humana sobre el planeta", ha declarado Edward Davey, secretario de Energía y Cambio Climático. "No podemos rebajar los esfuerzos: el mundo necesita un acuerdo en el 2015 para evitar los peores efectos"
.
Carlos Fresneda |  Londres

5 de mayo de 2013

Tasio, joven artista solar


Tasio tiene la edad que lo sitúa en esa generación que muy probablemente vivirá en un mundo algo mas complicao que el que lo es para sus padres, o no. Tasio está abierto, como todos los zagales, a experimentar con el acontecer del vivir, con sus posibilidades de hacer cosas nuevas, con la alegría de formarse para tiempos importantes, para él lo serán, serán sus tiempos, serán más líquidos que sólidos, pero serán suyos como partícipe de la evolución humana sobre este sagrado grano geológico en el universo. Cada vez que pillo a un zagal predispuesto al descubrimiento, intento compartir lo que tengo.


El otro día, en Móstoles, mientras su madre Laura Puy preparaba el papeo para unos 50 asistentes al taller de Ecología y Arte en el Centro de Arte Dos de Mayo, Tasio y yo, juntos y gracias a una curiosa mesa de dibujo cedida por Fundación Terra desde su actividad Los Colores del Sol, nos dio a mí por preparar el espacio y esperar algo ansioso y a Tasio por participar en todo lo que le propuse, con pasión, con ilusión, sintiéndose participe orgulloso y después guía de lujo, para los mayores, por la instalación. ¡¡Hasta montó su primera exposición!!.


Allá se puso Tasio a dibujar figuras concentricas, impulsadas por un pequeño panel solar fotovoltaico, utilizando acuarelas con pigmentos de frutos del huerto, creando su arte, mostrándolo, y yo creo que pensando, a ratos, en que en su futuro estará atento y partícipe en conectar el sistema energético a ese astro que nos mantiene vivos. Creo que su vida y la de sus coetáneos debe ser más prospera, sostenible y responsable que lo está siendo la nuestra.

Manolo Vílchez

1 de mayo de 2013

Bienvenidos a 'Granjattan'





Huele a cilantro en el centro de Nueva York. Y a hierbabuena, albahaca, perejil recién cortado. Y a puerros ilvestres, coles rizadas, bardanas arrancadas de la tierra la noche anterior y llegadas hasta el asfalto en los camiones de los granjeros, que llevan tres décadas trayendo lo mejor del campo hasta el Greenmarket.

Quienes vienen de fuera se frotan los ojos cuando caminan entre el paisaje y el paisanaje de Union Square, con sus puestecillos blancos y su olor a tierra fértil, en las antípodas de Times Square. Ahí tenemos los rábanos rojos y blancos, y las zanahorias amarillas y morardas, las berzas, y los bulbos, y las patatas de veinte variedades y colores.



















El Empire State se adivina a lo lejos, marcando el norte de donde viene la cosecha. Todo lo que se compra en el Greenmarket ha crecido a menos de 300 kilómetros a la redonda, siguiendo mucha veces métodos orgánicos o 'no convencionales', con la garantía impagable de ese granjero de piel curtida y manos cuarteadas que se levanta a las tres de la madrugada para que los vegetales lleguen frescos al puesto, y de ahí a la mesa.
John Gorzynski, 56 años, fue de los primeros en desbrozar el bosque urbano de Union Square, allá por 1979... "Cuando llegamos aquí, la plaza estaba tomada por los drogadictos y los maleantes. Los agricultores mirábamos Nueva York con recelo, pero pronto le perdimos el miedo. La gente del barrio no tardó en llegar, el eco recorrió toda la ciudad y así hasta hoy, que nos llegan los mejores 'chefs'... y los turistas japoneses".
Un raudal incesante de 60.000 almas recorre los más de 60 puestos del Greenmarket cuatro días a la semana. Gorzynski y familia se preparan a tiempo para la ruidosa riada urbana, tan lejos de la apacible granja en  Cochecton Center, a unos 200 kilómetros al norte de Nueva York...
   "Te voy a decir una cosa: el 80% de nosotros habría arrojado la toalla si no pudiéramos venir a la ciudad. La única válvula de escape de los pequeños agricultores es ésta: poder llegar directamente a los consumidores y contribuir de paso a la economía local. Si no fuera por los "greenmarkets", más de 200 agricultores locales estaríamos condenados a la desaparición. Nueva York ha cambiado... y nosotros con ella".
Hace 30 años, el espacio reservado cuatro días a la semana para el Mercado Verde de Union Square era un triste y desolado aparcamiento donde no crecían ni las malas hierbas. Los granjeros del río Hudson parecían mientras tanto abocados a la extinción, estrangulados por los mayoristas y condenados a los monocultivos. Hasta que el urbanista Barry Benepe tuvo la idea de conectar directamente al agricultor con el "urbanita", y encontró este espacio privilegiado que no tardó en germinar.
Hoy por hoy hay medio centenar de mercados de granjeros diseminados por Nueva York, y más de 5.000 repartidos por la geografía norteamericana, donde la asistencia semanal al 'mercado verde' es ya mucho más que un acto de rebeldía; más bien una necesidad en tiempos de crisis.
"La gente se lo piensa tres veces a la hora de gastar más, pero al final puede más la garantía de calidad y la confianza personal", asegura Gorzynski. "Muchos de nuestros clientes han venido con sus hijos a la granja, y han podido comprobar el esmero y el trabajo que hay detrás. Dependemos totalmente de su fidelidad y ellos lo saben".
Pese al terreno ganado, John Gorzynski arremete contra como las "operaciones cosméticas" de la Administración Obama, con Michelle cultivando (o haciendo que cultiva) en el jardín de la Casa Blanca: "Lo que hace falta es hincarle el diente al sistema: no podemos seguir dando subsidios a la agricultura industrial para producir esos alimentos 'basura' que llenan nuestros supermercados. Tenemos que dar herramientas a la nueva generación de agricultores, y facilitar cada vez más el acceso a directo a la gente que está deseando comer local y sano en las ciudades".    
Dejamos a John Gorzynski, junto a la salida del metro de Union Square, y nos dejamos arrastrar por una imaginario río verde sobre el asfalto... "¡Trina ha vuelto!" es el secreto a voces que van pasándose los asiduos al Greenmarket. Y Trina Pilonero, 56 años, con su sombrero de paja, celebra estar de vuelta un año más con el increíble surtido de semillas del Silver Height Farms: más de un centenar de variedades de tomates y pimientos (incluido los de Padrón), veinte tipos diferentes de albahaca, lechugas para las que no existe traducción. 
Más allá del puesto de la biodiversidad de Trina, tenemos los puerros silvestres de Nicole Bishop y la Mountain Sweet Berry Farm. El 'chef' Bill Telepan se deja seducir por el olor a tierra mojada y no se lo piensa más:"Llevo 15 años comprando aquí y no concibo la vida en Nueva York sin el Greenmarket". Algo parecido opina el famoso Mario Batali: "Todos los 'chefs' saben lo importante que es acortar la distancia entre la tierra y el plato".
  Uno de los puestos más concurridos es, sin duda, el de Linda Paffenroth y sus suntuosos 'jardines', donde crecen las ortigas, las chirivías, los cebollinos, las patatas del Yukon y las zanahorias rojas, amarillas y moradas. "La diversidad es uno de nuestros lemas", presume. "La gente viene buscando cosas que seguramente no va a encontrar en otro puesto".
Los ajos de Keith Farm, los calabacines de Cherry Lane, el cilantro de S&SO, los condimentos de Beth's, el sirope de arce de Deep Mountain, el pan biológico de Bread Alone... El maná incesante se prolongará más allá del verano y encontrará su dorado esplendor con las montañas de manzanas y calabazas en otoño, señal certera de ese oasis neoyorquino, apenas sospechado, que nos espera al sur de Central Park.


Las emisiones de CO2, en un punto crítico

Riesgo de que aumente la temperatura más de 2 grados

Manifestantes de Greenpeace protestando contra las emisiones de CO2. | EfeManifestantes de Greenpeace protestando contra las emisiones de CO2. | Efe

La concentración de CO2 en la atmósfera está a punto de rebasar el 'techo' simbólico de las 400 ppm (partes por millón), algo que no ocurría en nuestro planeta desde la era del Plioceno, hace más de tres millones de años. La responsable de la ONU para el clima, Christiana Figueres, ha expresado su "máxima inquietud" y ha hecho unllamamiento urgente a los gobiernos durante una ronda de negociaciones en Bonn.

Varios observatorios en el Artico han registrado ya seis mediciones superiores a las 400 ppm en la pasada semana, aunque los expertos esperan a que el registro histórico sea certificado por la estación de Mauna Loa, a 3.400 metros de altura en Hawai, donde la medición diaria llegó a las 399,72 ppm la semana pasada.

Al ritmo actual de aumento de las emisiones, se espera que el 'techo' de los 400 ppm podría superarse a mediados de mayo, mucho antes de lo previsto inicialmente por los expertos del clima, que consideran que la temperatura de la Tierra podría aumentar entre 2 y 2,4 grados por encima de esa cifra.

La 'Scripps Institution de Oceanografía' se ha sumado a la alerta general con la difusión de la vertiginosa curva con el aumento de las emisiones de Co2, de las 275 ppm antes de la revolución industrial a las 315 ppm en 1960 y 350 ppm en 1990.

"Ojalá no fuera verdad , pero todo parece indicar que vamos a alcanzar los 400 ppm sin perder el pulso y que vamos a llegar a los 450 a en pocas décadas", declaró el geólogo Ralph Keeling, de la Scripps Institution, de la que depende el observatorio hawaiano.

Límite a las emisiones"Las 400 partículas por millón deberían servir para hacernos despertar", declaró por su parte, oceanógrafo de la Scripps e invetigador del ciclo del carno. "Todos deberíamos apoyar en este punto la transición a las energías limpias para reducir las emisiones de gases invernadero, antes de que sea demasiado tarde para nuestros hijos y nuestros nietos".

La tendencia, sin embargo, va en sentido contrario. En los últimos cinco años, al rebufo de la crisis, los mercados han vuelto a apostar por los combustibles fósiles, especialmente por la obtención de gas natural por el controvertido sistema del 'fracking' (fractura hídrica) y por las perforaciones petrolíferas en los océanos a grandes profundidades.

En el plano político, la posibilidad de un acuerdo multilateral en el 2015, con el objetivo de poner un límite a las emisiones a partir del 2020parece cada vez más lejana. "El sentido de la urgencia es más fuerte", asegura sin embargo Christina Figueres, que confía en que se produzca un giro en el próximo encuentro auspiciado por la ONU en Varsovia a finales de año.

Para James Hansen, el científico de la NASA que advirtió hace 20 años sobre la de la necesidad de limitar y estabilizar las emisiones, el pico histórico del CO2 tiene una preocupante lectura y una difícil solución en la situación actual de parálisis política: "Si la humanidad desea preservar un planeta similar a aquel en el que las civilizaciones se desarrollaron y al que la vida en la Tierra está adaptada, debemos de reducir las emisiones hasta un máximo de 350 partes por millón".


Carlos Fresneda (corresponsal) | Londres

Publicado en El Mundo.es