4 de enero de 2013

Nuevo libro de Òscar Patsí y acción bicipoética por Barcelona (29D)


A los regalos de la familia –una funda para el móvil que no usaré por no óptima y que ya colocaré al primer objetivo que pille, un limpieza dental que ha servido para llenar de gracias el entorno de mi cuñada y un cava certificado eco que me beberé para celebrar el fin del mundo feo que lleva ya unos años agobiándonos, y alguna cosa más que caerá, a pesar de mi negativa a recibir detalles que no sean afectos (besitos, masajes, encuentros en lugares valiosos, disfrutes gastronómicos moderados, etc...)– me ha tocao sumar un libro de un colega que me encontré en uno de mis lugares de culto en BCN, de esos que visito por lo menos una vez al año y muchas veces en la vida. 

Tocó reparar bici (la Brompton con pinchazo en rueda trasera) en Espai Bici, y cuando voy a recogerla coincido con una fiesta en la tienda para celebrar deseos de ese mundo feo que ojalá se acabe mientras nos curramos un mundo mejor para todas y no solo para unos pocos y sus fieles servidores. Allá pillé al mecánico de bicis, David, que tuvo que explicarme dónde estaba, ya que cada vez que voy me pega un subidón con la contemplación de las novedades. 

Al acabar el tour, mientras la musiquilla sigue y el mundo conocido no cambia, por sorpresa me encuentro con don Òscar Patsí, al cual proceso una especie de devoción gamberra, por todo lo que hace, que es poesía, creación y bicicleta. 

Oscar es el autor de la decoración artística de un WC de culto, mismamente el aliviadero del local  –aquí visita guiada al WC– de un blog canalla aparcado hace un tiempo pero lleno de esencias, y de una obra afamada entre los amantes en y de bicicletas urbanas, La revolución de las mariposas, cuya portada ya avisa de qué va la delirante inversión (es una tesis recomendada por las autoridades de la bicicleta descontrolada a favor de la libertad, que son autoridades de reconocido prestigio en eso de la búsqueda de la felicidad humana a la velocidad de los insectos con alas de colores. Dejo enlace aquí al comentario de otro devoto del paisano Òscar, con enlaces incluidos a parte de su periplo.
Pillo a Òscar y no le suelto, y mira por donde recibo como obsequio su última obra, El coleccionista de emociones. No hago caso alguno al prologo del Jordi Miralles, que propone leerse una por semana de las 17 emociones, narradas con arte supremo, y me la he pulío de un tirón. Si eres abierto a lo creativo, igual te interesa conocerlo rápido. 

Òscar, el buen ciclista de la urbanidad y el artivismo, cuenta sus cosas desde que era un crío y espiaba con emoción en la tienda de medias de su madre, hasta cuando hizo la mili y no pudo con su integridad ningún mando especial, pasando por su mítico vuelo en avioneta hasta La Seu d'Urgell, donde lo parieron tiempo atrás, o cuando cayeron en sus manos acuarelas para pintar en casi todo lo que se le cruzaba, lo que sentía. Por aquellas fechas me cruce con él. La bici no llega hasta el capítulo 11, cosa curiosa, porque creo que Òscar ha tenido experiencias y emociones extremas con su bici desde mucho antes, pero en fin, ya nos contará. De momento, va y me manda imagen de su actual tecnorelación junto a la caja de un jamón y, digo yo, qué hace Oscar con la pata de un cerdo, y al poco me llega otra imagen con el contenido: la trilogía del buen colega escritor... ¡¡estos artistas¡¡






 
Aquí dejo presentación de su libro, por él mismo: 
Atentos, aunque sea convocatoria express: este sábado, para despedir el año, y para animar a ir al curro en bici a los profesionales de ese gremio tan necesario y tocado como tantos por lo actual, los sanitarios del grandioso y servicial Hospital Universitario de Bellvitge, el mismísimo Òscar hace de biciguía turístico, desde el susodicho centro sanitario a la ciudad que ama, donde propone descubrir desde la bici secretos ocultos y pasiones desenfrenadas... 
Vamos, yo ya llevo unos días emocionao con los momentos por llegar. Oscar me ofreció que, si se llena de mariposas la convocatoria, me ponga con el servicio de seguridad para la piña a pedales de felices humanos, a las órdenes del capitán poeta. Yo, al servicio de la diosa sostenibilidad y joer, para estar un poco más cerca del mundo guapetón que va construyéndose sobre la ruina de la usura y la confusión


¡¡El sábado 29 de diciembre, a las 9 h AM en el parking del Hospital Universitario de Bellvitge. Bicicletas, arte, libertad, amistad, convivencia, aprecios y pasión... Todos al poder!!  

Si no lo resistes y quieres apuntarte, ya sabes. Para más información, puedes dirigirte por email a Oscar.

Pero como ya ha pasao, aqui animado vídeo prueba judicial de que no pierde el juicio nadie que ama la bicileta.


Manolo Vilchez
Publicado en el blog El Ruta Solar de El Correo del Sol

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