28 de noviembre de 2012

¿Cómo queremos envejecer?

Un anciano y su cuidador en el Parque de Doña Casilda, en Bilbao. | Iñaki AndrésUn anciano y su cuidador en el Parque de Doña Casilda, en Bilbao. | Iñaki Andrés
  • En España, el cuidado de los mayores recae en su mayoría en las mujeres
  • La crisis ha empañado los avances de la Ley de Dependencia
  • Cada vez son más los que llegan a fin de mes 'gracias' a la pensión del abuelo

Íbamos por buen camino, o eso parecía. Junto a la salud, la educación y las pensiones, el cuidado a las personas dependientes ('social care') despuntaba como la cuarta 'pata' del estado de bienestar. Pero la crisis lanzó por tierra todos los avances de los últimos años y aquí estamos, haciendo equilibrios con la silla mientras la mesa colectiva se tambalea.

Seis años después de la Ley de dependencia, miles de familias 'dependen' ahora de la pensión del abuelo para llegar a fin de mes, al tiempo que los hijos 'independizados' vuelven a casa porque no pueden pagarse la hipoteca, mientras los padres engrosan las filas del desempleo.
"La crisis está dejando en un estado muy precario a los pilares del estado del bienestar", certifica la socióloga Sara Moreno, que ha pasado varios meses en Londres con un proyecto de I+D del Instituto de la Mujer para comparar el modelo de 'social care' británico con el español. "Y si estamos sudando para proteger la educación, la salud y las pensiones, imagínate lo que ocurre con el cuidado de los mayores, que era la asignatura pendiente para una población envejecida como la nuestra y en la que las mujeres siguen llevando casi todo el peso".

"En España se dio un paso importante con la Ley de dependencia en 2006, pero con dos problemas: no se sabía de dónde íbamos a sacar el dinero y no se tenían en cuenta las resistencias culturales de una sociedad muy familista", recuerda la socióloga catalana. El caso británico es exactamente al revés, llevan años discutiendo cómo financiar el sistema de cuidados antes de su aprobación en el parlamento, apunta. "Ahora la ley no sólo se ha parado, sino que se va hacia atrás. Hay un parón general en cuestiones sociales, y no creo que la cosa cambie hasta que no salgamos de la crisis".

Sara Moreno. | C.F.Sara Moreno. | C.F.

"¿Qué hacemos con los mayores?" La pregunta obvia debería dejar paso a un planteamiento más amplio que nos afecta a todos en estos momentos de incertidumbre total ante el futuro: "¿Cómo queremos envejecer?".

Sara Moreno, que ha seguido de cerca los cambios vertiginosos de la última década desde el Centro de Estudios Sociológicos sobre la Vida Cotidiana y el Trabajo de la Universitat Autònoma de Barcelona, tiene unas cuantas respuestas tras culminar su periplo británico, pero antes quiere dejar claro el punto de partida del modelo español.

"Nada es genético en nuestros hábitos sociales, todo es cultural", insiste la socióloga. "Y lo cierto es que en España el cuidado de los mayores es una responsabilidad que recae casi siempre sobre las mujeres, al igual que el trabajo doméstico. Nunca tendremos igualdad hasta que las casas no se organicen de manera igualitaria, y en este terreno que avanzar aún mucho". Aunque la crisis ha golpeado tan duro en sectores 'masculinizados' como la construcción, que en muchos hogares los hombres han tenido que asumir involuntariamente la tarea porque es la mujer la que trae el pan a casa. Otra realidad, cada vez más cruda, es que la pensión del abuelo o de la abuela se han convertido en el "salvavidas" para que muchas familias puedan llenar la cesta de la compra o llegar a fin de mes.

 

La familia, 'colchón social'

 

"Paradójicamente, los británicos miran con cierta envidia el papel que la familia tiene como 'colchón social' en España", advierte Sara Moreno (que quiere agradecer de paso la colaboración de Mike Rigby, director del Center for International Business Studies de la London South Bank University). "Pero es también una mirada romántica del ideal de envejecer en el entorno familiar. Es verdad que en la sociedad anglosajona las familias están muy fragmentadas, pero también es cierto que en España se crean 'falsas solidaridades': al final son las mujeres las que están atrapadas en los cuidados a los mayores".
"En medio de la crisis y con los cambios demográficos, ni el Estado ni la familia pueden asumir la responsabilidad total de los cuidados a los dependientes"
"Si algo bueno tiene el modelo británico es precisamente el reconocimiento de la dimensión 'social' del problema. De hecho, ellos hablan de 'cuidados sociales', y reconocen y asumen el poder que tiene la comunidad ante las necesidades de una población envejecida".
"En medio de la crisis económica y con los actuales cambios demográficos, está claro que ni el Estado ni la familia pueden asumir al 100% la responsabilidad de los cuidados a las personas dependientes", concluye la socióloga. "La comunidad emerge así como la cuarta institución, junto al Estado, el mercado y la familia. Aunque los británicos tienden muchas veces a eludir la responsabilidad del Estado y a sobrecargar el peso de la comunidad".

La solución no es fácil, que se lo digan a millones de familias españolas con mayores en casa. Pero Sara Moreno está convencida de que la respuesta a la fatídica pregunta –¿Cómo queremos envejecer?- pasa necesariamente por una vejez de puertas abiertas, más allá de los confines de la casa y mucho más activa, con centros de día donde los mayores puedan seguir en estimulante contacto directo con la sociedad que les necesita. Y convirtiéndose de paso en un generoso motor de empleo. Sólo en el Reino Unido el 'sector mayores' da trabajo a 1,6 millones de personas y es lo de los pocos que está creciendo. A pesar de la crisis.

Carlos Fresneda (Corresponsal) | Londres
Publicado en El Mundo.es

Bicicletas 'made with love', de Rubí (BCN - Spain) a Copenhague (Dinamarca)


En plena pesadumbre con el acontecer de todo lo que me rodeaba, quizás en atisbos de un mix de temor, rabia, compasión, ilusión, tristeza, impotencia y ya paro, en plena reflexión va y me llega una piada al twitter, una noticia sobre bicis catalanas en Copenhague. Ya es sabido que no se me escapa casi nada de lo que ronda cerca de mi entorno que tenga que ver con la suprema máquina verde.

El enlace me llevó directamente a un vídeo, y anda, que se me acabó la turbiez, pero de golpe. Me veo una dama de acero blanca impoluta, un tablet, sobre el manillar para la gestión, un paisano del norte sonriendo a pedales, me miro las formas, sus curvas y andalé, pero si es una ¡¡Urbikes última versión!! Con cierto grado de excitación, los segundos pasan, con lugares de la bicimítica Copenhaguen discurren, aparece la estación de tren y la combinación de la máquina de los dos raíles con la máquina del equilibrio en la puerta esperando, código insertado y arreando. A ver qué modo de moverse da más... 



Me voy corriendo a Rubí, o más bien a la página de Urbikes, y allá pillo vinculación, o sea que ya excitao a tope, le pongo un email a Edu Senís, que lleva de relación con la citada más de 10 años, y yo unos 6 acompañando su acontecer, a sorbos largos, como de mirón emocionao.

De la máquina decir que es hermosa, estilizada, ergonómica, inteligente, seductora, que las hay con o sin motor eléctrico, que se han probado en comarcas cercanas al lugar del tecnoparto, y que con ella su diseñador ha sido reconocido con premios y elogios. Aquí enlace a cuando le entregaron el premio Delta 2009, al que tuve el honor de ser invitao. Puedes consultar el post en yocambio.org.

Del diseñador, decir que se la ha jugado todas con ella, que es un experto de sistemas de protección para la bicicleta, es decir, diseñador, fabricante, distribuidor y asesor a todos los niveles de ello y desde Modular. Que un día soñó que la bicicleta pública tendría que ser mobiliario urbano disponible para todos los ciudadanos, y que en ello anda. Que lleva 5 años hilvanando con primeros niveles de software, urbanistas y promotores internacionales de la bici como medio de transporte urbano. Allá, en tierra bicicletera, la innovadora Urbikes se llama con el concepto de implantación (comienzan con 2.000 máquinas ya mismo, una parte eléctricas) GOBIKE, e implanta poco a poco y en toda Dinamarca la empresa estatal de los ferrocarriles, casi ná.

Hay dos vídeos que me unen, el que grabamos cuando Urbikes estaba en gestación



y el que me alegró la tarde de sopetón...

  

En tiempos donde todo cambia, la inteligencia va posicionándose rumbo a un mundo humano más bueno, más limpio, más bicicletero. Enhorabuena Edu Sentís y gracias por colaborar a alegrar la vida urbana... Algún día todas las bicicletas del mundo estarán a disposición de todos los humanos del mismo, como mobiliario móvil, para hacer solo el bien mientras nos movemos casi sin parar...

Manolo Vílchez
Publicado en el blog En Ruta Solar de El Correo del Sol

La 'bestia' del clima


Foto: Isaac Hernández

"Soy la bestia del clima y estoy hambrienta"... La "bicha" en cuestión en una serpiente ornamental y vengativa, colgada a la entrada del despacho de Wallace Broecker -"Wally" para los amigos- el científico que en 1975 acuñó el término de "calentamiento global" en un famoso artículo en la revista "Science".
     
"Wally" posa con el látigo para simbolizar, ni más ni menos, lo que estamos haciendo los humanos con las emisiones de CO2, y ya pueden pensar lo que quieran los "escépticos" del clima...
El prestigioso geoquímico de 81 años, miembro de la Academia Nacional de las Ciencias, galardonado con el premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, admite que la credibilidad de los científicos ha sufrido un duro revés en estos últimos años, pero vaticina que la cruda realidad acabará llevándose por delante a todos lo que aún dudan si el planeta se está calentando.
        
Desde su observatorio acristalado en el campus de Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, "Wally" Broecker pudo comprobar y padecer los efectos devastadores del Sandy a su paso por Nueva York. El científico en el que converge la "tormenta perfecta" del conocimiento del planeta -geoquímico, oceanógrafo, paleoclimatólogo- confía en que sus compatriotas abran los ojos y que los políticos pase finalmente a la acción ahora que uede volver a hablarse del "calentamiento global"".
      
"Es cierto que usé ese concepto en el título de una investigación publicada en "Science", allá por 1975, pero no sé si fui realmente el primero", recuerda Broecker. "La teoría llevaba rodando desde el siglo XIX. El científico sueco Svante Arrhenius fue de los primeros en formularla de una manera muy elemental: quemando combustibles fósiles se calienta el planeta."
    
¿Cambio climático o calentamiento global? "Cambio climático es un concepto muy nuboso y difuso. Yo sigo defendiendo y creyendo en "calentamiento global" porque obedece a un principio de física: si seguimos aumentando los niveles de CO2 en la atmósfera, el planeta se va a calentar, nos guste o no nos guste, más tarde o más temprano".
     
Los "escépticos" sostienen sin embargo que después de 1998, cuando se registró la temperatura récord, entramos en una fase de "enfriamiento global"... "Estamos en todo caso en una fase estacionaria", precisa el científico del clima. "El calentamiento no se produce de una manera gradual, sino que pasa por muchas fases abruptas. Pero es muy posible que dejemos pronto atrás este ciclo y entremos en una fase de calentamiento natural que, mezclado con los niveles crecientes de CO2 en la atmósfera, pueda llevarnos a un aumento realmente alarmante de las temperaturas".
     
"Aunque si miramos hacia atrás, si vemos lo que ha sucedido desde 1976 y ponemos en contexto la evolución global de las temperaturas, no hay vuelta de hoja", advierte Broecker. "El hielo del Artico se está derritiendo y los insectos en nuestro jardín nos están confirmando la sospecha. Es evidente que el planeta se está calentando y que se va a calentar cada vez más".
     
Tanto como el calentamiento, a Broecker le preocupa "la respuesta del planeta para compensar lo que está sucediendo". A eso se refiere precisamente cuando habla de la "bestia" del clima... "Estamos ante un animal, capaz de actuar de un modo imprevisible y violento, sobre todo si los humanos la azuzamos con un palo, que es lo que estamos haciendo... Los sistemas terrestres tienden a responder de una manera amplificada. Los pequeños impactos pueden dar pie a grandes respuestas "naturales" como las que estamos viendo estos últimos años".
    
Los humanos, advierte "Wally", estamos empujando el clima hacia un territorio en el que no ha estado durante un largo tiempo..."Estamos avanzando hacia un planeta sin hielo. Somos como un hombre ciego que camina por una llanura, a sabiendas de que hay un acantilado. Pero no tenemos una idea clara de dónde está y por eso no sabemos hasta qué punto preocuparnos".
      
En su despacho, como si fuera una encrucijada, Broecker tiene una señal de direcciones múltiples, marcando lo que nos espera con distintos niveles de CO2... "Hay gente que dice que el límite seguridad está en las 450 partículas por millón (ppm) y que podemos parar en ese punto, pero yo lo veo muy difícil al ritmo que van las cosas. Nos estamos aproximando ya, y avanzamos de un modo preocupante. Yo creo que va a ser muy difícil pararse en los 600 si no hacemos urgentemente algo y seguimos funcionando con la inercia de estos últimos treinta años".
     
Ahí entra en serias discrepancias Broecker con su colega en Columbia, el climatólogo de la NASA James Hansen (a quien le reservamos este mismo espacio en una semana). Hansen sostiene que el límite de seguridad para evitar un aumento peligroso de las temperaturas es 350 partículas por millón y hace tiempo que ya lo dejamos atrás. Hansen declara la guerra abierta al carbón, mientras que Broecker propone capturar el CO2 para "mitigar el problema todo lo que podamos".
     
"Wally" ha entrado también en confrontación directa con Greenpeace y otros grupos ecologistas, a los que acusa de no ser "realistas"... "China, por más que avancen las energías renovables, va a seguir abriendo centrales térmicas de carbón a un ritmo trepidante. Y lo mismo va a pasar en India y en otros países en desarrollo. Hay que afrontar esa realidad, precisamente diseñando métodos para capturar el CO2".
     
Broecker defiende pues la captura como la práctica más "natural" de mitigación... "En Europa, y en el este de Estados Unidos, hay muchas formaciones geológicas muy aptas para el almacenamiento de CO2. En países volcánicos y con una gran actividad sísmica como Japón, se puede bombear hacia las profundidades de los océanos. Al fin y al cabo, los océanos han sido sido hasta ahora los grandes sumideros del CO2, aunque el proceso es muy lento y las capas superficiales están ya en capacidad máxima de absorción".
     
"Wally" es partidario se soluciones que bordean ya la "geoingeniería" blanda, como el "depurador" diseñado parcialmente por él mismo y consistente en una tolva cónica y rellena con una fibra de plástico. "El aire entra por un lado con 400 ppm de CO2 y sale con 280 partículas por millón, la proporción que había en la era preindustrial", explica el científico. "Con miles de dispositivos como éste, a gran escala, seríamos pues capaces de retener hasta el 30% del CO2.
      
¿Y no sería más razonable volcar todos los esfuerzos en acelerar el tránsito hacia las energías renovables? "Creo que la gente tiene una medida poco realista de la capacidad de las renovables a corto plazo. Haría falta una movilización como la que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial para suplantar el actual entramado energético por otro totalmente distinto. El futuro es de la energía solar, no me cabe duda, pero tardaremos posiblemente cien años en garantizar todo nuestro suministro con el sol".

Carlos Fresneda

¿Quiénes son los cerdos?



Portugueses, italianos, irlandeses, griegos y españoles han unido fuerzas en Londres y han creado los PIIGS Uncut, algo así como los “Cerdos sin recortes”, y a mucha honra...

“Hemos decicido darle la vuelta al insulto con ironía”, nos explica Víctor Olmos, portavoz de la Asamblea del 15-M en la capital británica. “Nos llaman cerdos, con ese término acuñado por The Economist, pero en realidad habría que preguntarse ¿quiénes son los cerdos?”.

La respuesta la vuelve a servir en bandeja el propio Víctor, que salió a la calle a finales de octubre y también el 14-N, en solidaridad con la jornada europea anti-austeridad: “Los cerdos son en todo caso los bancos, que causaron la crisis. Los cerdos son también las instituciones europeas, que están imponiendo las medidas de austeridad y arrojando por tierra 50 años de avances en el sistema de bienestar social”

El cerdo es pues la mascota oronda y rosácea, exhibida con cierta coña por esta piña de jóvenes que viven en el Reino Unido “por elección o por necesidad, expulsados muchas veces de nuestros países por el caos causado por la austeridad”.

 

En las manifestaciones por las calles de Londres, los “cerdos” cabalgan (es un decir) de la mano de los “plebeyos”, una manera como cualquier otra de revindicar el viejo orgullo de clase (otro día hablaremos de Chavs, el libro de Owen Jones que denuncia el hostigamiento de los trabajadores en estos tiempos que vivimos).

Los “plebs” y los “PIIGS” celebraron recientemente un banquete callejero en honor al nuevo Lord alcalde de la City de Londres, y sirvieron “sopa de austeridad” a los banqueros, los políticos y los empresarios que acudieron a la cita, agasajados a los gritos de “They do not represent us” (“No nos representan”).

El cerdo insurrecto se nos ha hecho ahora itinerante y va por la vida lanzando su mensaje de justicia social, empleo juvenil, sanidad pública, educación para todos y una “unión política democrática y real”, de Londres a Lisboa, de Atenas a Roma, de Madrid a Dublín...



“Todos sabemos quiénes han causado esta crisis financiera, y aún estamos esperando a que se exijan responsabilidades económicas y políticas”, cerramos con Víctor Olmos. “No nos tragamos este empeño por convertir la situación en una crisis de deuda pública y por culpar de todo a la población”.

Carlos Fresneda

21 de noviembre de 2012

El hombre salvado por un gato

La historia arranca en Covent Garden, que no ha cambiado mucho desde los tiempos de “My Fair Lady”. Entre floristas y turistas distinguimos la figura de James Bowen, sentado en la calle con su guitarra acústica y emulando a su ídolo Kurt Cobain. Junto a él, remoloneando en una manta y enroscándose en una de sus veinte bufandas, está el gato más famoso de Londres, de nombre Bob.
     
Entre canción y canción, no sólo llueven los billetes, también la comida, los regalos y la bufandas para el gato pardo, que lo agradece “chocando esas cinco” con los transeúntes y subiéndose ocasionalmente a los hombros de su amo. El cantante callejero aprovecha los descansos para firmar sobre la marcha ejemplares de “A Street Cat Named Bob”, el bombazo editorial del año en el Reino Unido.
     

Pese al renombre adquirido y la película en ciernes, la insólita pareja sigue fiel a su cita callejera dos veces a la semana. Así fue como fraguó su inquebrantable amistad, y así es como piensan seguir mientras el cuerpo aguante y el frío siga siendo más o menos soportable.
    
Atrás quedaron las penurias del pasado, cuando James vivía en la calle y se gastaba hasta el último penique en heroína. Atrás también el purgatorio de la metadona, los días de recaída, las horas sin rumbo bajo los nubarrones londinenses... Hasta que apareció Bob, como caído del cielo (o del tejado), en el descansillo del destartalado edificio de viviendas públicas en los altos de Tottenham, primavera del 2007.

“A veces miro hacia atrás y me pregunto si Bob y yo nos conocimos entra vida”, recuerda ahora James Bowen. “La conexión fue instanténa, algo nada usual... Pensé que se le habría escapado a alguien y me costó abrirle las puertas de mi casa. Yo luchaba entonces por cuidar de mí mismo, no me creía capaz de cuidad siquiera de tener un gato. El me lo hizo todo mucho más fácil. No quería quedarse en casa, prefería venir conmigo, a ganarse la vida en la calle. Un día me persiguió hasta montarse en el autobús, y en ese momento empezó nuestro largo viaje”.
       
James vivía entonces de la “voluntad” de los paseantes y lograba como mucho 25 libras al día. Curar las incontables heridas del gato (“daba la impresión de que se había peleado con un zorro”), ponerle antibióticos para evitar las infecciones y procurarle una comida decente le costó nada menos que 28 libras. “¿Pero quién no se gasta eso en ayudar a un amigo?”.



Bob le devolvió con creces el favor. Los ingresos del cantante callejero se multiplicaron por tres gracias a la presencia del felino de espíritu juguetón e irresistible ojos verdes. James, que siempre había vivido al minuto, aprendió a administrar mejor sus ingresos. Su vida cobró de pronto un nuevo sentido: “Por primera vez, sentí como si tuviera mi propia familia. El gato me dio la determinación para buscar un vida mejor, para mí y para él”.
     
La verdad es que James Bowen siempre se sintió como un gato errante. Nacido hace 33 años en Inglaterra, su familia emigró a Australia cuando aún no iba al colegio. Sus padres se separaron y el recuerdo de su infancia es el de una soledad insondable y un trasiego incesante, mudándose de una casa a otra con su madre, que intentó a duras penas abrirse paso con “pequeños negocios que nunca acababan de fraguar”.
     
A los 19 años, con las maletas cargadas de deudas emocionales, Bowen volvió a Londres con la intención de convertirse en una estrella del rock. Acabó tocando y durmiendo en la calle... “Cuando llevas ese tipo de vida, acabas rodeado de droga. Te la ofrecen para poder dormir o para sentirte mejor, y acabas diciendo “¿Por qué no? No tengo nada mejor que hacer...””.

Bowen ocó fondo antes de conocer a Bob, y en varias ocasiones confiesa que vio “la muerte desde muy cerca”. El gato, asegura, le ayudo a “limpiar” su vida en todos los sentidos: “Nunca volveré a las drogas. He aprendido mucho y he madurado en estos años”.
     
La recesión y el acoso policial, sin embargo, mermaron los ingresos callejeros de la pareja. Durante varios meses, James salió adelante gracias al sueldo extra como vendedor de “Big Issue”, la revista de los “homeless” londinenses. Hasta que un día, cerca de Covent Garden, se le apareció la agente literaria Mary Pachnos y le ofreció “la idea alocada de escribir un libro sobre mi vida con el gato”.


    
“A Street Cat Named Bob” ha llegado esta semana al número uno de los libros de “no ficción” en el Reino Unido. Con más de 250.000 ejemplares vendidos y ediciones en curso en varias lenguas, James y Bob han ganado de momento lo que en mil días cantando y deambulando.
     
Ahora está en tratos con Hollywood: los productores de “Marley y Yo” quieren llevar al cine la historia del hombre y el gato que recobraron la esperanza en las calles de Londres... “Bob podría hacer de él mismo. La gente me dice que Johnny Depp estaría bien en mi papel. Pero yo creo que es un poco viejo”...

Carlos Fresneda - Correponsal Londres
Publicado en la edición papel de El Mundo
 

Lo que las tecnologías hacen más allá de lo esperado

Hace dos semanas llegó al taller de alSol el fogón de leña tecnológico Biolite Camp Stove. Hemos invertido en ello porque andamos preparando un proyecto propio y desarrollo para la cooperación internacional donde el quemar leña de la forma más efectiva y con el mejor resultado energético es la premisa.



Es nuestra pequeña aportación para cuando pasen, que pasarán, situaciones de emergercia por causas naturales (agitadas algunas de ellas por el cambio climático, como ha sido Sandy).

El post de la quinua dejó referencia hace unos días y el análisis con expertos colegas en Biocultura también está disponible en versión videonota.
Claro que las gentes de Biolite, con su cuartel general en Brooklyn, se han encontrao de golpe con un test real de uso de su producto, y ello fue noticia internacional. Pero lo que les ha ocurrido es que los hechos les han alterado su cotidianidad, no menos ha hecho Sandy en la vida de millones de personas allá por donde arrasó, Haití entre otros países.

En Biolite, aparte de acabárseles el stock, se han lanzado a la cooperación, no lejos, sino en el mismo Manhattan y con organizaciones sociales: las estaciones de carga de móviles y preparación de tés calientes en el frío otoño postSandy donde la electricidad no llega está aliviando el acontecer de gentes del primer mundo.

Y más allá de lo esperado, una pequeña empresa con la ambición de servir al mundo se encuentra en su salsa donde menos lo esperaba. Aquí enlace al post donde narran y visionan la acción de estos días.

               

Yo, con las cocinas solares parábólicas que tenemos el privilegio de facilitar a una enorme diversidad de destinos, me he puesto también a imaginar que, ante una situación de emergencia energética local, estas servirían para lo que mejor hacen, coger del sol el limpio flujo energético y con tecnología base pasiva transformarlo en servicio de procesado de alimentos.

Y me he ido un poco más allá y ha aparecido la bicicleta para moverse, y los métodos de cultivos biointensivos urbanos para nutrirse, y la solar fotovoltaica para autoconsumir electricidad, y la maravillosa red de comunicación horizontal que por primera vez nos brinda ser una especie comunicada, para librarnos con la visualización de datos de todo lo canalla y animarnos para la más extraordinaria revolución, la de todas las personas de este mundo formando parte y en libertad de sus destinos.

La tecnología, cuanto mas avanzada y sostenible, mejor. Cuanto más nos envuelva, más garantías tendremos de enfrentarnos con alegría al incierto futuro del vivir sobre este hermoso planeta.

Manolo Vilchez