16 de octubre de 2012

Y Escocia sigue igual…

Chubasqueros con la cruz de San Andrés en una tienda de 'souvenirs'. | C.F.Chubasqueros con la cruz de San Andrés en una tienda de 'souvenirs'. | C.F.
  • Gillian, dueña de una tienda de 'souvenirs', no comulga con la independencia
  • "Tenemos nuestra identidad, pero estamos mejor en Reino Unido", dice
  • Sólo una decena de curiosos se acercaron al edificio donde se firmó el Acuerdo
  • El Financial Times compara el caso catalán y el escocés
  • "Rajoy bloquea la posibilidad de que los catalanes voten su destino", dice
Cada mañana a las diez, brille el sol o caiga una lluvia del fin del mundo, se produce el simbólico y doble izado de las banderas de Escocia y de España en The Real Scot Shop.
Entre faldas y gaitas escocesas, entre paraguas con la cruz de San Andrés y reposavasos con las marcas predilectas de 'scotch', la concurridísima tienda de souvenirs de Edimburgo hace sitio a la roja y gualda.

 

Hermandad de España y Escocia  

 

Le preguntamos a la simpática dueña, Gillian, que si hay alguna razón política en esta curiosa 'hermandad' de la bandera escocesa y la española, que ondearon juntas en la famosa Royal Mile el mismo día de la firma del referéndum de independencia..."Tengo familia viviendo allá en España, concretamente en Barcelona", confiesa Gillian, que prefiere no dar el apellido ni salir en la foto. "A los escoceses nos tira mucho aquello, ya sabes: el sol, la comida... Y a mí Barcelona me resulta muy española, qué quieres que te diga. Aunque sé que tienen su lengua y su cultura, y que andan también dándole vueltas a la independencia".
"Yo también me siento muy escocesa, pero no comulgo con la independencia", agrega Gillian. "Creo que son ganas de sacar partido político a la situación, y todos los políticos son por definición corruptos...Nosotros tenemos nuestra identidad, siempre la hemos tenido, pero me parece que económicamente y en todos los sentidos estamos mejor dentro del Reino Unido".

 

"No me gustaría sentirme de pronto extranjera" 

 

"A mí me encanta bajar a Londres y pasar allí tres o cuatro días", seguimos con Gillian. "No me gustaría sentirme de pronto extranjera, o tener que usar otra moneda. Creo que la mayoría de los escoceses nos sentimos así. Particularmente, yo no conozco a nadie que esté a favor de la independencia".
Sorprende desde luego el escaso o nulo fervor político que la firma del referéndum ha despertado entre los vecinos de Edimburgo (y no digamos en los de Glasgow, los más reacios a descolgarse del Reino Unido).
Hace apenas dos semanas, unos 10.000 independentistas salieron a la calle con las banderas azules y el aspa blanca, en la última demostración de fuerza del Partido Nacional Escocés (SNP).
Pero este lunes, además de la bandera oficial, tan sólo había una insignia de apoyo a la causa secesionista, la que envolvía al corpulento Andrew McNab, el único que se atrevió a abuchear de lejos a David Cameron cuando puso el pie en la Casa de Andrés, sede oficial del Gobierno escocés.

 

"Tenemos que decidir sobre nuestro destino" 

 

"Ha llegado el momento de decidir nuestro propio destino", proclamó McNan, 37 años, dueño de un restaurante italiano en el casco antiguo. "Los escoceses pagamos en impuestos más de lo que recibimos. Tenemos derecho a decidir cómo vamos a salir de la crisis y a explotar nuestros propios recursos. No podemos dejarnos robar las riquezas del mar del Norte".
Junto a McNan, apenas una decena de curiosos se acercaron a las vallas de seguridad que protegían la Casa de San Andrés en el momento 'histórico', que no despertó la mínima pasión política en las calles.

 

Las cruces de 'souvenir' de San Andrés 

 

En la Royal Mile, eso sí, las cruces de San Andrés ondearon como de costumbre en las tiendas de 'souvenirs', estampadas en las faldas, en los chubasqueros y en los calcetines, formando parte indisoluble del paisaje internacional de este Edimburgo donde también relucen las barras y las estrellas..."Es que también tenemos familia viviendo en Estados Unidos", puntualiza Gillian, quitándole pólvora política a la cosa.
Más abajo en el Milla Real, antes de doblar hacia la imponente Silla de Arturo (la montaña que es la proa irresistible de Edimburgo), todos los caminos convergen en el modernísimo Parlamento de Holyrood, diseñado por el arquitecto catalán Enric Miralles, quizás la prueba más irrefutable del paralelismo entre Escocia y Cataluña.

 

La "tentación prohibida" de la independencia 

 

Gildeon Rachman, en el 'Financial Times', hace la comparación histórica más atinada entre los dos casos (desde la pérdida definitiva de la independencia a primeros del siglo XVIII a las veleidades europeístas de los dos nacionalismos). La principal diferencia, según Rachman, estriba en la "tentación prohibida" de la independencia: Cameron viene a Edimburgo para complacer y seducir a los escoceses, mientras que Rajoy bloquea la posibilidad de que los catalanes puedan votar sobre su destino.
"Espero que Gran Bretaña y España sean capaces de permanecer unidas, pero para que esto ocurra tiene que existir un consenso", escribe Rachman. "El Gobierno español debería dejar de esconderse detrás de la ley y permitir un referendum en Cataluña. Ningún matrimonio puede sobrevivir declarando el divorcio simplemente ilegal".

En la Milla Real de Edimburgo, entre tanto, la vida sigue igual a falta de dos años para el referéndum (parece que Salmond quiere convocarlo para el 14 de octubre del 2014, carambola). Las encuestas dan de momento una ventaja de 25 puntos al "no" sobre el "sí" a la independencia. Aunque en el Pub El Fin del Mundo, allí donde la ciudad volcánica y medieval se estrellaba contra las murallas, los escoceses apuran la última ronda de "malta sagrada" como si el futuro no existiese.

Carlos Fresneda (env. esp.) | Edimburgo

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